2 de noviembre
Beata Margarita de Lorena
Duquesa de Alençon, clarisa
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La infancia y la vocación temprana
Margarita nació en la localidad francesa de Vaudémont en el año 1463, en el seno de una familia noble vinculada a las más altas esferas de la realeza europea. Su abuelo materno era el Rey Renato de Sicilia, quien ostentaba asimismo los títulos de Duca d'Angiò e di Lorena, y la consideraba su nipotina preferida. Durante su niñez, el soberano angioino fomentaba su espíritu piadoso haciéndole leer las Vites dei Padri del deserto. El soberano no se mostraba ni sorpresivo ni contrariado ante la precoz inclinación ascética de la pequeña. A la edad de diez años, mientras realizaba un paseo por el bosque, la niña se encubrió con algunas coetáneas, provocando una notable aprehensión entre las personas de su séquito debido a su prolongada ausencia. La pequeña fue finalmente localizada antes de que cayera la noche. Tras su hallazgo, confesó sin ambages que su deseo era retirarse a la vida eremitica, una intención que no causó gran asombro entre las pocas personas que la rodeaban. Margarita era todavía una adolescente cuando su querido abuelo falleció, acontecimiento tras el cual hizo su definitivo regreso a Lorena.
El matrimonio, la viudez y el gobierno del ducado
Unos años después de su retorno a Lorena, Margarita contrajo matrimonio con el Duca d'Alençon, que llevaba el mismo nombre de su abuelo, es decir, Renato. La vida coniugale de la pareja estuvo profundamente gravada por las dificultades derivadas de los desastres de la Guerra de los Cien Años, que afligían con dureza al pequeño ducado. La muerte de su esposo, acaecida en el año 1492, la dejó viuda a la edad de treinta y dos años, con tres hijos pequeños a su cargo. Tras la desaparición del marido, Margarita se dedicó por entero a la educación de sus tres hijos orfanos. Los parientes de la duquesa habrían querido arrebatarle la tutela de los menores, pero ella logró mantenerla con firmeza y hacer crecer a sus hijos entre los jóvenes de sangre real más prometedores y admirados, asegurándoles además excelentes matrimonios. Una vez terminado el exhaustivo cometido de educar a su descendencia, Margarita quiso liberarse por completo de la pesada gestión del territorio, habiendo gobernado el ducado con abnegación durante sus veintidós años de viudez. En ese momento, dividió sus bienes personales en tres partes exactas: una destinada a los pobres, otra a la Iglesia y la última para su propio sustento.
El fervor ascético y las obras de caridad
Desligada de sus obligaciones temporales, Margarita se retiró a vivir al castillo de Essai, el cual se transformó rápidamente en un verdadero y propio monasterio laico. En aquel lugar, la duquesa mantuvo un estrecho contacto con las Clarisas de Alençon e hizo construir un monasterio de la misma orden en Mortagne, en Normandía. Tras quedarse viuda, profesó la obediencia a la vida regular en el monasterio que ella misma había hecho erigir. Su celo ascético la llevaba a pasar noches casi insomnes en continua oración, a vestir ásperos cilicios y a practicar rigurosos y largos ayunos. Con estas severas penitencias, Margarita se castigaba corporalmente con gran rigor para experimentar de manera directa un pequeño fragmento de la Pasión de Jesucristo. Tan extrema era su conducta que el Vescovo de la Diócesis intervino formalmente para invitarla a moderar su excesiva práctica ascética. Margarita aceptó con humildad la exhortación del prelado y modificó sus costumbres. A partir de entonces, comenzó a dedicarse de forma constante a la cura de las llagas de los enfermos, atendiéndoles en un dispensario que ella misma había fundado en Mortagne.
La consagración final y el tránsito hacia la eternidad
Cumpliendo plenamente con su anhelo espiritual, Margarita ingresó en el monasterio de las pobres Clarisas de Argentan. Con este paso decisivo, la Beata coronó su vocación religiosa compartiendo la dura y exigua vida comunitaria de la orden. La comunidad de las Clarisas venera a Margarita como su entrañable Beata, reconociendo su profunda entrega. Sin embargo, apenas dos años después de haber entrado en el monasterio, la salud de Margarita comenzó a quebrantarse y se amoló gravemente. A quienes le sugerían que se trasladara a otro lugar para cambiar de aires y buscar mejoría, ella respondió con sobriedad que era sumamente doveroso obedecer la Regola, pero no indispensable seguir viviendo. Su tránsito terrenal no se prolongó mucho más tras el surgimiento de la enfermedad. Margarita de Lorena afrontó la muerte confiándose totalmente a la Madre Superiora, para que esta la entregara directamente al Salvador. Falleció efectivamente como una verdadera clarissa la tarde del día de los difuntos del año 1521, a la edad de cincuenta y ocho años, en la localidad de Mortagne-au-Perche, Francia. En el momento solemne de su muerte, los asistentes descubrieron sobre su pecho una cruz de hierro provista de tres afiladas puntas que le penetraban profundamente en la carne, testimonio mudo de su penitencia constante. Margarita de Lorena es reconocida formalmente como Beata por la Iglesia católica.
Su camino de fe
La vida de Margarita de Lorena se desarrolló entre los siglos quince y dieciséis, un periodo de grandes cambios donde ella supo mantener un equilibrio ejemplar entre su dignidad de duquesa y su vocación de servicio. Tras el matrimonio con el duque Renato de Alençon en 1492, su existencia tomó un rumbo de gran responsabilidad social. Al quedar viuda, asumió la carga de gobernar el ducado durante más de dos décadas, una labor que desempeñó con prudencia y rectitud. Su gestión no fue puramente administrativa, sino que estuvo impregnada de un espíritu de misericordia que la impulsó a abrir un dispensario para atender a los enfermos en la localidad de Mortagne, buscando aliviar el sufrimiento de los más vulnerables en sus tierras.
Más allá de las exigencias del poder, su corazón anhelaba una entrega más profunda a Dios. Esta aspiración la llevó finalmente a retirarse del mundo para ingresar en la Orden de las Clarisas, específicamente en el convento de Argentan. Allí, en el silencio y la oración, encontró el refugio definitivo para su alma. Su partida de este mundo ocurrió el dos de noviembre de 1521, coincidiendo con la conmemoración de los fieles difuntos, un detalle que resalta la sobriedad y la espiritualidad con la que vivió sus últimos años. Su legado perdura como un testimonio de cómo la fe puede orientar todas las etapas de la vida humana, desde las responsabilidades públicas hasta la clausura, manteniendo siempre una mirada atenta hacia el prójimo.
Memoria y devoción
La figura de la Beata Margarita de Lorena es honrada por la Iglesia como un modelo de virtud en el estado laical y religioso. Su memoria se celebra cada año el día dos de noviembre. Su devoción es especialmente significativa dentro de la familia franciscana, ya que es reconocida como patrona de las Clarisas, quienes encuentran en su historia un ejemplo de renuncia a los bienes terrenales en favor de la vida contemplativa. La sencillez de su tránsito hacia la vida eterna, unido a su labor de caridad en lugares como Vaudémont, Lorena, Alençon, Essai, Mortagne y Argentan, consolida su lugar como una figura de referencia para quienes buscan vivir la caridad con sobriedad y rectitud.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festejva la Beata Margarita de Lorena?
La memoria litúrgica y la festividad de la Beata Margarita de Lorena se celebran cada dos de noviembre.
En Mortagne, en Normandía, beata Margarita de Lorena, que, antiguamente duquesa de Alençon, tras quedar viuda, profesó la obediencia a la vida regular en el monasterio de Clarisas que ella misma hizo construir. — Martirologio Romano