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11 de febrero

Beata Virgen María de Lourdes

Beata Virgen María de Lourdes

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

El contexto y la vidente

A Lourdes se recuerdan las apariciones marianas más famosas de la historia. Las apariciones acontecieron en el año 1858. La protagonista de estos acontecimientos extraordinarios fue una niña nacida en el año 1844, una chica de catorce años de edad llamada Bernadette Soubirous. Bernadette era una muchacha gentil, delicada y de gracilísima y cagionevole salud, que padecía asma. La joven había crecido en el seno de una familia pobrecísima. Al tiempo de las apariciones, la familia de Bernadette habitaba en un lugar muy húmedo y malsano. La modesta habitación de la familia de su propiedad había sido precedentemente una prisión. Aquella vivienda había sido abandonada con anterioridad por resultar demasiado inospitale incluso para los detenidos. En la casa de los Soubirous no quedaba ya leña para encender fuego.

Las vicisitudes de Lourdes son conocidas con total precisión gracias a las detalladas deposiciones ofrecidas por Bernadette ante la Comisión Diocesana encargada de examinar escrupulosamente los hechos. Las apariciones se verificaron en la gruta de Massabielle, situada entre los montes Pirineos, sobre la orilla del río Gave, muy cerca de la localidad de Lourdes. En aquel lugar existía un refugio para los cerdos conocido como el sitio donde el agua depositaba madera y otros detritos. Incontables multitudes de fieles acuden con profunda devoción a este mismo lugar de las apariciones.

La primera aparición y los hechos iniciales

La primera aparición tuvo su inicio en la jornada del jueves 11 de febrero del año 1858, coincidiendo con el jueves graso y en un día particularmente frío. En aquella fecha, Bernadette se dirigió a recoger leña seca en el greto del río Gave en compañía de una hermana llamada Toinette y de una amiga. El pequeño grupo de niñas llegó hasta una gruta costeggiando la orilla del río. Un pequeño canal separaba al grupo de la gruta propiamente dicha. Las compañeras de Bernadette atravesaron el canal sin dudar ni vacilar. Bernadette, en cambio, no pudo poner los pies en el agua helada a causa de su salud sumamente delicada y de su frágil complexión. Las acompañantes caminaban con los zuecos sin medias y se los quitaron para entrar en el agua fría del arroyo. La amiga se negó a llevar a Bernadette sobre sus hombros y descendió hacia el río en compañía de Toinette. Al quedarse sola, Bernadette se disponía a quitarse los zuecos y las medias cuando su atención fue repentinamente llamada por un fuerte ruido similar a un golpe de viento. Bernadette se giró hacia los árboles pensando que el ruido procedía de allí. La joven observó con sorpresa que los árboles se hallaban completamente inmóviles. Seguidamente se produjo un segundo ruido y la muchacha comprendió que este provenía del rosal silvestre ubicado en el interior de la gruta. Una quercia abbarbicata a la roca se agitaba con gran violencia a pesar de la total ausencia de viento. En ese instante, la gruta se llenó de una nube de oro y apareció una espléndida Señora sobre la roca. Bernadette vio una figura altísima y blanquísima con el aspecto de una joven de dieciséis o diecisiete años.

La misteriosa Señora vestía una túnica blanca ceñida por una banda azul y llevaba un velo blanco que cubría sus cabellos hasta la banda. Del brazo de la Señora pendía un gran Rosario con grani bianchi y una cadenita de oro brillante. Sobre los pies desnudos de la aparición resplandecían dos rosas de oro lucente. La fanciulla se arrodilló de manera instintiva y extrajo su corona de Rosario del tascone. Bernadette comenzó a recitar el Rosario y la Señora se unió a la oración haciendo deslizar los granos entre sus dedos. Al término de cada posta, la Señora recitaba en voz alta el Gloria Patri junto con la pequeña Bernadette. Al concluir el rezo del Rosario, la aparición desapareció repentinamente retirándose hacia la hornacina de la roca. Las compañeras de la vidente no habían visto absolutamente nada ni habían sospechado de cosa alguna. La respuesta de las acompañantes a las preguntas de Bernadette fue completamente negativa. En el camino de regreso, Bernadette comentó algo brevemente con su hermana. La misma tarde, Bernadette habló franca y abiertamente con su madre. La madre intentó convencer a la fanciulla de que había sido víctima de una simple alucinación y le ordenó terminantemente no volver jamás a la gruta. Sin embargo, la hermana no guardó el secreto y se lo contó a sus propias compañeras. De este modo, muchas personas vinieron rápidamente a conocimiento de aquello que Bernadette había visto.

Las visitas a la gruta y el agua milagrosa

Tres días más tarde, el domingo 14 de febrero, Bernadette se sintió misteriosamente llamada hacia la gruta. Diversas chicas de la misma edad le pidieron que regresara a la gruta con ellas. Bernadette se negó inicialmente para no desobedecer a su madre. Las jóvenes hablaron entonces con la madre de Bernadette y obtuvieron de ella el oportuno permiso. En el ánimo de Bernadette crecía simultáneamente el temor de que se tratara de espíritus malignos. Por este motivo prudencial, Bernadette corrió previamente a la iglesia para procurarse agua bendita. Al llegar a la gruta provista de una botellita de agua bendita, se produjo una nueva aparición. Bernadette asperso la gruta con el agua bendita por tres veces consecutivas. La Señora no se movió en absoluto y se limitó a sonreír con bondad ante la aspersión. La muchacha extrajo nuevamente su corona y comenzó a recitar el piadoso Rosario.

El 18 de febrero, la aparición habló por primera vez a Bernadette pidiéndole que regresara a la gruta durante quince días consecutivos. La celestial aparición le confió además tres secretos que debía mantener estrictamente reservados y no revelar jamás a nadie. La celestial visitante prometió a Bernadette la felicidad, precisando con claridad que no sería en este mundo terrenal sino en el otro. La noticia de las apariciones se difundió con extraordinaria rapidez en toda la población de Lourdes. Muchos curiosos acompañaban a Bernadette a la gruta, donde ella afirmaba ver a Aquéro. Como Bernadette no conocía el idioma francés y hablaba únicamente el patois, es decir, el dialecto local, en aquel idioma la hermosa aparición era llamada Aquéro, término que significa precisamente aquella. El afluente de personas a la gruta aumentó de manera progresiva.

Durante la aparición del 24 de febrero, la Virgen repitió hasta tres veces la palabra penitencia y exhortó a rezar fervientemente por los pecadores. Al día siguiente, la Signora invitó a Bernadette a ir a lavarse y a beber en la fuente. En aquel lugar indicado no existían ni fuentes ni manantiales de agua. La Señora indicó entonces a Bernadette un punto preciso en el suelo donde debía cavar. La fanciulla se dirigió al lugar señalado y comenzó a escarbar con sus propias manos al no ver agua alguna. Durante la excavación, Bernadette se embarró la cara y llegó a comer hilos de hierba. Todos los presentes se burlaron abiertamente del extraño comportamiento de la muchacha. Poco después, de aquel pequeño agujero abierto por las manos de Bernadette comenzó a brotar agua en gran abundancia. Un hombre ciego se mojó los ojos con aquella agua y recuperó la vista de forma instantánea. Desde aquel momento, la célebre sorgente no ha cesado jamás de brotar. La Señora pidió asimismo que los sacerdotes se recitaran en procesión a la gruta y que se edificara en el lugar una capilla. El agua de Lourdes cura prodigiosamente males espirituales y físicos sin transmitir contagios a los enfermos que se sumergen en las piscinas. Esta agua constituye el recuerdo más querido que cada peregrino lleva consigo al regresar a su hogar desde la ciudadela de María.

La revelación del nombre y el reconocimiento eclesiástico

Un momento sumamente importante aconteció durante la aparición del 25 de marzo, festividad litúrgica de la Anunciación. A la repetida y constante petición de Bernadette para que revelara su identidad, la Virgen permaneció inmóvil durante esa jornada. La aparición se mostró exactamente en la actitud de la Virgen representada en la medalla milagrosa revelada a santa Catalina Labouré. La Señora levantó las manos, las conjuñó a la altura del pecho y elevó sus benditos ojos al cielo. En ese instante, la Signora dijo finalmente su nombre en el dialecto local. La aparición respondió a Bernadette diciendo con claridad Que soy era Immaculada Councepciou, lo que significa Yo soy la Inmaculada Concepción.

Cuatro años antes de aquel acontecimiento, el Sumo Pontífice Pío IX había declarado solemnemente la Inmaculada Concepción como dogma de la fe católica. La declaración de la Virgen confirmó plenamente el dogma del concepimento immacolato de María promulgado por papa Pío IX el día 8 de diciembre del año 1854 mediante la bula Ineffabilis Deus. El dogma de la Inmaculada Concepción había sido proclamado exactamente cuatro años antes de las apariciones de Lourdes. La joven Bernadette ignoraba por completo la definición dogmática proclamada por el Papa en Roma. Temorosa de olvidar aquella expresión tan incomprensible para ella, la muchacha corrió velocemente hacia la casa del abad Peyramale, el párroco de Lourdes que se mostraba inicialmente escéptico. Bernadette repitió toda de un aliento la frase recién escuchada en la gruta. El abad Peyramale quedó profundamente sconcerto y no abrigó ya la menor duda sobre la absoluta veracidad de los hechos. El reconocimiento oficial de las apariciones procedió con gran rapidez tras la revelación del nombre. El día 18 de febrero de 1862, el obispo de Tarbes firmó una memorable carta pastoral que consagró para siempre a Lourdes como santuario mariano internacional tras una rigurosa y detallada encuesta.

El mensaje doctrinal y los errores del tiempo

En la época en que tuvieron lugar las apariciones, la patria de Bernadette, es decir, Francia, era el centro del positivismo filosófico. El positivismo filosófico sostenía con firmeza que únicamente la conocimiento sensible permitía conocer la auténtica verdad. Esta corriente representaba un materialismo y un sensismo radicales con profundas repercusiones sobre el hombre y sobre su libertad. El positivismo afirmaba que el ser humano estaba totalmente determinado por la sociedad, convirtiéndose en bueno o malo exclusivamente en función de ella. Frente a esta mentalidad, la Virgen en Lourdes confirmó el majestuoso dogma de la Inmaculada Concepción recordando la perenne verdad del pecado original, de la libertad y de la responsabilidad humanas. El hombre había demostrado ser capaz de pecar incluso en el mismo paraíso terrestre, evidenciando así su condición de criatura verdaderamente libre. La sociedad puede ciertamente influir en el individuo, pero jamás determinarlo por completo. Antes de actuar sobre las estructuras sociales es indispensable actuar sobre el propio corazón del hombre para lograr su continua y sincera conversión.

El Papa Pío IX había explicado a los venerables cardenales el profundo valor del dogma de la Inmaculada Concepción el día posterior a su solemne promulgación. El Pontífice afirmó que el privilegio de la Inmaculada Concepción confuta radicalmente a quienes niegan la corrupción de la naturaleza humana debida a la primera culpa. Pío IX auspicó con fuerza la destrucción del racionalismo, definido como un error perniciosísimo que aflige tanto a la sociedad civil como a la Iglesia católica. El concepto del racionalismo fue expresado por el Papa en su alocución Singulari quadam dirigida al Consistorio el 9 de diciembre de 1854. Por su parte, el insigne pensador español Donoso Cortés afirmó categóricamente que todos los errores y las utopías nacen precisamente de la negación del pecado original. En una de sus cartas, Donoso Cortés sostiene que negar el pecado original constituye un dogma fundamental de la propia Revolución. Según este autor, suponer que el hombre no ha caído en el pecado original equivale a negar la Redención, la sagrada Encarnación y el Verbo divinal. Negar la eficacia de la gracia y suponer la integridad natural de la voluntad humana significa negar la acción santificante de Dios y la obra del Espíritu Santo. La negación del pecado original arrastra inexorablemente la idea de que el hombre es bueno por naturaleza y resulta corrompido únicamente por las estructuras sociales defectuosas. Ciertas teorías modernas sostienen que la creación de una sociedad perfecta conduciría al triunfo absoluto e incondicional del bien. La utopía contemporánea pretende de este modo que el hombre pueda convertirse en salvador de sí mismo a través de la pura acción política y social. La Santísima Virgen en Lourdes señala inequívocamente al Cielo como el único fin último del hombre y la eliminación del pecado como el propósito principal del obrar humano. La Inmaculada advirtió a Bernadette que no le prometía la felicidad en este mundo pasajero, sino en el Paraíso eterno. La falaz esperanza de mejorar indefinidamente la vida terrena no puede sustituir jamás la exigencia evangélica de eliminar el mal del propio corazón. Las estructuras sociales y el progreso científico tienen un valor meramente relativo si se comparan con la santidad a la que todos estamos llamados.

La vida religiosa en Nevers y la gloria de los altares

Tras los acontecimientos de la gruta, Bernadette Soubirous se trasladó a la localidad de Nevers para vivir como religiosa, encarnando plenamente el mensaje de oración y penitencia recibido en Massabielle. En Nevers, la humilde vidente gastó su existencia en el silencio, la abnegación y el servicio a los enfermos. Bernadette falleció santamente el 16 de abril del año 1878 a la edad de treinta y tres años. Esta edad de su muerte resultó particularmente significativa debido a las enormes y continuas sufrimientos físicos y morales que marcaron indeleblemente su corta vida. A causa de su ejemplar entrega y de sus virtudes heroicas, la humilde religiosa fue beatificada en el año 1925 y posteriormente canonizada en el año 1933.

Paralelamente al desarrollo de la devoción, en el santuario de Lourdes se constituyó un organismo especial denominado Bureau médical, encargado de examinar con rigor científico e imparcialidad las numerosas curaciones extraordinarias que comenzaron a verificarse de forma inmediata. Los milagros reconocidos oficialmente por la Iglesia en Lourdes son aproximadamente una setentena, si bien aquellos reales y ocultos son numéricamente mucho más abundantes. Las conversiones espirituales ocurridas en el recinto del santuario superan todavía en número a las propias curaciones físicas. Lourdes se ha consolidado así de manera definitiva como una luminosa oasi de la sofferenza física y espiritual, donde innumerables peregrinos hallan cada día prodigiosas curaciones, fortaleza interior y la profunda comprensión de la relatividad de esta vida terrena frente a la eternidad de Dios.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia la Beata Virgen María de Lourdes?

La memoria litúrgica se celebra el 11 de febrero, recordando la primera de las célebres apariciones marianas en la gruta de Massabielle.

Di cosa es patrono la Beata Virgen María de Lourdes?

Es patrona de Lourdes, de los enfermos y de las pastorelas.

Beata María Virgen de Lourdes, que, a cuatro años de la proclamación de la Inmaculada Concepción de la beata Virgen, la humilde doncella santa María Bernardita Soubirous más veces había visto en la gruta de Massabielle entre los montes Pirineos en la orilla del Gave cerca de la ciudad de Lourdes, donde innumerables multitudes de fieles acuden con devoción. — Martirologio Romano