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24 de septiembre

Beato Ermanno el Contrato

Monje de Reichenau

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y primeros años

Ermanno nació el dieciocho de julio de 1013 en Althausen, en la región de la Svevia. Según los registros tradicionales, era uno de los quince hijos de Eltrude y de Goffredo, conde de Althausen de Svevia. Fuentes alternativas sugieren que su padre pudo llamarse conde Wolfrat de Altshausen, perteneciente quizás a la familia de los Berholdinger, mientras que su madre se llamaba Hiltrerd, era originaria de la Borgogna y probablemente estaba emparentada con la familia de los Welfen. No se conoce con certeza si nació con aquella condición o si la zoppia y la deformidad derivaban de una parálisis infantil. Los documentos describen a Ermanno como un hombre deforme con los miembros retorcidos que le impedían caminar con normalidad y encontrar descanso al estar tendido o sentado, motivo por el cual fue obligado a usar una silla construida apposta para él.

A la edad de siete años, en el año 1021, Ermanno comenzó a frecuentar la escuela junto a los monacos de San Gallo, según refiere el cronista Bucelino. Posteriormente, habría vestido el hábito monacal de la misma comunidad de San Gallo. Las páginas redactadas por estudiosos posteriores describen al pequeño como un niño confiado a los cuidados de los religiosos y convertido en un compañero precioso para ellos. A la edad de treinta años, Ermanno ingresó de manera definitiva en el monasterio de Reichenau, donde recibió la ordenación sacerdotal. Su enfermedad no generó en él ningún rastro de cinismo, sino que dio lugar a una humanidad rica, rigurosa y profundamente cautivadora. La biografía lo describe como una persona agradable, amigable, conversevole, siempre sonriente, tolerante, gaio y un verdadero galantuomo.

Formación y labor intelectual en Reichenau

En la abadía de Reichenau, Ermanno trabajó intensamente hasta los últimos años de su vida en las disciplinas aprendidas de sus insignes maestros, el abá Bernone y los monacos Kerung y Burcardo. Sus maestros lo iniciaron en la astronomía, la poesía, la historia, la música y la liturgia. Tuvo que aprender a escribir tras un largo y paciente entrenamiento para conseguir que sus manos respondieran dócilmente a su mente. Sus valiosos tratados fueron redactados durante las largas noches insonni pasadas en el monasterio insular. Sarò por su dedicación que desarrolló plenamente su talento en la liturgia, mereciendo ser ensalzado como un auténtico milagro de su tiempo y como uno de los músicos más modernos de su época. Introdujo una nueva división en el sistema de las notas musicales e inventó una nueva escritura para las mismas. A su genio se atribuyen las antifone Salve Regina y Alma Redemptoris mater, así como el Oficio de algunos santos entre los cuales figuran Gregorio, Afra y Wolfgango. También se le deben las Secuencias de la Cruz y de la Pascua, tituladas respectivamente Grates, honos, hierarchia y Rex regum, Dei agne. A la liturgia se refieren asimismo sus tratados teóricos De musica y De monochordo, además de obras de índole matemática con aplicaciones litúrgicas. Escribió además composiciones poético-didácticas con un claro propósito pastoral destinadas a los monacos y a las monjas de su propia abadía y de otros monasterios, destacando entre ellas la obra titulada De octo vitiis principalibus.

Estudios científicos y crónicas históricas

El espíritu de Ermanno permaneció siempre abierto y atento a los acontecimientos cercanos y lejanos de su patria y del mundo. Su fama llegó a cruzar las fronteras de su monasterio, llamando la atención del emperador Enrique III, quien visitó Reichenau en el año 1048, y de papa León IX, que peregrinó al mismo lugar en 1049. A petición de muchos amigos, escribió un tratado científico dedicado a la construcción de los astrolabios, instrumentos que representan los lejanos antecesores de los relojes modernos y que servían para localizar la posición del Sol, la Luna, los planetas y las estrellas, permitiendo además determinar la hora a través de la longitud. En sus escritos, con notable humildad, Ermanno se definía a sí mismo como el ínfimo de los pobres de Cristo, el último de los filósofos diletantes y el seguidor más lento de un caracol o de una tortuga. Como historiador, compuso dos libros sobre las gestas de Corrado II y Enrique III, y redactó una Crónica de la Svevia, considerada probablemente un trabajo de juventud. En su edad madura elaboró la monumental Crónica Universal, una obra que presentaba la singularidad de tomar como punto de partida la muerte de Cristo en lugar de la muerte de Abraham, como era costumbre hasta entonces, y que abarcaba los acontecimientos hasta el año 1054. En esta empresa, Ermanno aprovechó por primera vez y elaboró científicamente material procedente de anales monásticos e imperiales, vidas de santos, listas episcopales y otras fuentes documentales. Su exposición histórica se distinguió por ser profunda, precisa, objetiva, imparcial, sencilla, clara, dotada de un seguro intuito para lo esencial y redactada en un latín sumamente elegante, escribiendo de manera muy circunstanciada sobre los hechos de su propio tiempo. Es muy probable que, a pesar de sus intensos sufrimientos físicos y de la fatiga del trabajo intelectual, haya realizado diversos viajes.

El tránsito y la memoria de los discípulos

En sus últimos días, Ermanno estuvo asistido fielmente por su amigo Bertoldo, quien tenía el encargo de ayudarle en las tareas cotidianas y se convirtió en el testigo privilegiado de sus momentos cruciales. Bertoldo le acompañó durante los días de la pleurite que lo condujeron inexorablemente hacia la muerte. Durante aquella enfermedad final, Ermanno confió a su amigo que se sentía cansado de vivir y que deseaba ardientemente la paz de la liberación del cuerpo terrenal. El fiel discípulo escribió una biografía de Ermanno rebosante de vida pulsante y continuó la redacción de su Crónica Universal. Bertoldo lo recordó siempre como un hombre paciente, lleno de caridad, obediente, puro, sabio, constantemente dedicado al trabajo y a la oración, además de compasivo y gentil. Ermanno se consideró siempre a sí mismo como un gran pecador y mantuvo un pensamiento constante en la muerte. Su obra continúa siendo admirada en la actualidad, con mayor razón si se toma en consideración la brevedad de su existencia terrenal. Entregó su alma al Creador a la edad de cuarenta y un años el veinticuatro de septiembre de 1054. Fue sepultado inicialmente en Althausen, aunque en la actualidad su tumba exacta permanece desconocida, conservándose algunas de sus reliquias en la misma localidad de Althausen, en Zúrich y en otros lugares. Su figura inspiró representaciones artísticas conservadas en el coro de Zwiefalten y en Andechs, mientras que en un antiguo fresco del techo de la destruida iglesia de Montecassino fue representado con el título de Doctor Marianus. El interés por su vida trascendió los siglos, atrayendo la atención de figuras como el jesuita inglés Cyril Martindale, quien se apasionó por su historia tras descubrir un volumen en latín sobre su vida en la biblioteca de Oxford, texto que posteriormente fue citado en una obra de don Luigi Giussani titulada Santi y publicada por la editorial Jaca Book. En el ámbito eclesiástico, en el calendario benedictino fue recordado como beato a raíz de una celebración litúrgica introducida por el cronista Bucelino, si bien el obispo de Friburgo declaró posteriormente inammisible el culto público hacia su persona como beato, permitiendo no obstante la continuación del mismo en el territorio donde ya se venía practicando desde antiguo.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia el Beato Ermanno?

El Beato Ermanno se recuerda en el calendario benedictino el veinticuatro de septiembre.

Di cosa è patrono il Beato Ermanno?

Los documentos históricos y los hechos biográficos proporcionados no mencionan ningún patronazgo oficial atribuido al Beato Ermanno.