20 de agosto
San Bernardo de Claraval
Abad y doctor de la Iglesia
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
De los inicios en Cîteaux a la fundación de Chiaravalle
A los veintidós años, San Bernardo de Claraval decidió consagrarse a Dios y se hizo monaco, ingresando en el monasterio fundado por Roberto de Molesmes en Cîteaux junto a una treintena de compañeros, entre los cuales arrastró consigo a una trentina de parientes. A los veinticinco años fue enviado a fundar un nuevo monasterio en Chiaravalle. Aquel lugar despoblado se convirtió en la Clara Vallis, un espacio de oración y trabajo para él y para los monacos. De carácter reservado y casi tímido, pero dotado de una fuerte personalidad, dirigió sapientemente a los monacos con la vida, la doctrina y el ejemplo. A sus cistercienses les exigía menos funciones, menos lecturas y tanto trabajo, empleando a sus monacos como dissodadores y apostoli con la zappa para trabajar tierra, agua y animales. Mostró severidad con los monacos de Cluny, a quienes consideraba demasiado levigados y con iglesias demasiado adorne mientras el pobre pasa hambre. A pesar de los momentos amarios, las dificultades en la Orden, la difusión de eresías y la sofferenza física de sus últimos años, y tras haber muerto a causa de un tumore allo stomaco en el territorio de Langres en Francia, fue sepultado en la iglesia del monasterio. Durante la Revolución francesa sus restos fueron dispersos, excepto la cabeza, que actualmente se conserva en la catedral de Troyes.
Acción pública, paz y misiones en Europa
El papa y la Iglesia representaban sus estrellas fijas, aunque muchos eclesiásticos le iban de traverso. A menudo fue llamado a misiones de vértice como capo, recorriendo toda el Europa para ristabilirvi la pace e l'unità. Recorrió el continente europeo para hacer reconocer al papa Inocencio II, quien estaba insidiado por el antipapa Anacleto II. Aquel cisma concluyó felizmente gracias a su prestigio, a su vigor persuasivo y a su humildad. Posteriormente, fue llamado por el papa Eugenio III —su discípulo Bernardo dei Paganelli, elevado al pontificado en el año 1145— para predicar la segunda cruzada en defensa del reino cristiano de Jerusalén. No obstante, la segunda cruzada terminó por fallar delante de Damasco. Cada vez que llegaba a una ciudad, las calles se llenaban de gente para acogerlo con fervor. Su influencia también se extendió al gobierno de la Iglesia, pues llegó a enviar a papa Eugenio III un tratado con la invitación a desconfiar de las personas interesadas y venales que lo rodeaban. En el plano doctrinal, atacó duramente la doctrina trinitaria de Gilberto Porretano, obispo de Poitiers, y logró hacer condenar la enseñanza de Pedro Abelardo.
Escritos luminosos y el retorno a la regla
Iluminó toda la Iglesia con sus escritos y sus esortaciones. Dejó trescientos treinta y uno sermones, quinientos treinta y cuatro cartas y tratados famosos sobre la gracia, el libre albedrío, el bautismo y los deberes de los obispos. Escribió textos muy afectuosos sobre María, madre de Jesús, a quien definió como mediadora de gracias, aunque no reconoció la doctrina de la Inmaculada Concepción. Cuando regresaba de sus arduas misiones y tareas al monasterio, se sometía rigurosamente a la regla monástica, alternando la oración, el ayuno y el trabajo manual, manteniendo hasta el final la fidelidad a su vocación inicial.
Su camino monástico
La vocación de San Bernardo se manifestó con una fuerza extraordinaria durante su juventud. A los veintidós años, tomó la firme decisión de ingresar en el monasterio de Cîteaux, no sin antes convencer a treinta compañeros para que le siguieran en esta senda de austeridad y oración. Este grupo inicial fue el germen de una reforma espiritual que marcaría profundamente la historia de la vida religiosa. Pocos años después, a la edad de veinticinco, fundó el monasterio de Chiaravalle, lugar que se convertiría en su hogar definitivo y en el centro desde el cual irradiaría su sabiduría a toda Europa.
Su vida no se limitó al recogimiento del claustro, pues su carisma lo llevó a intervenir en los asuntos más críticos de la cristiandad. Fue un firme defensor de la ortodoxia, oponiéndose activamente a las doctrinas de Pietro Abelardo y de Gilberto Porretano, a quienes cuestionó con la intención de preservar la integridad de la fe. Asimismo, su lealtad al pontificado lo llevó a mediar exitosamente en la resolución del cisma de Inocencio Segundo, restaurando la paz en la Iglesia. Más adelante, respondiendo a la petición del Papa Eugenio Tercero, recorrió diversos territorios predicando la segunda cruzada, demostrando una vez más su total disponibilidad ante las necesidades de la Iglesia, hasta su fallecimiento en el año mil ciento cincuenta y tres.
El culto y la memoria
La veneración a San Bernardo de Claraval se consolidó rápidamente tras su muerte, siendo reconocido oficialmente como santo por la Iglesia apenas dos décadas después de su partida. Su memoria litúrgica se celebra el veinte de agosto, día en que se conmemora su tránsito a la vida eterna. A lo largo de los siglos, su figura ha sido honrada no solo por su labor doctrinal, sino también por el impacto de su espiritualidad en la vida cotidiana de los fieles. En la tradición popular, se le reconoce como el santo patrono de los apicultores y de los candelai, vinculando su nombre a oficios que requieren paciencia, laboriosidad y luz.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Bernardo de Claraval?
Su memoria litúrgica se celebra el 20 de agosto de cada año.
Di cosa è patrono San Bernardo de Claraval?
En los datos proporcionados no se menciona ningún patronazgo específico atribuido al santo.
Memoria de san Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, que, entrando junto con treinta compañeros en el nuevo monasterio de Cîteaux y llegando a ser después fundador y primer abad del monasterio de Claraval, dirigió sabiamente con la vida, la doctrina y el ejemplo a los monjes por el camino de los preceptos de Dios; recorrió Europa para restablecer en ella la paz y la unidad, e iluminó a toda la Iglesia con sus escritos y sus ardientes exhortaciones, hasta que reposó en el Señor en la región de Langres, en Francia. — Martirologio Romano