25 de julio
San Santiago el Mayor
Apóstol
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Vocación y temperamento de un hijo del trueno
San Santiago el Mayor recibió este sobrenombre para ser distinguido del apóstol homónimo, Santiago de Alfeo, a quien la tradición llama el Menore. Nacido en Betsaida, una humilde localidad situada en la ribera del lago de Tiberíades, creció en el seno de una familia trabajadora, siendo hijo de Zebedeo e de Salomé, y hermano del evangelista san Juan. Ambos hermanos fueron llamados por Jesús entre los primeros discípulos y se mostraron inmediatamente listos para seguirlo, dejando atrás las redes y la seguridad del hogar paterno.
En los Evangelios, San Santiago es constantemente insertado entre i primi tre apóstoles, gozando de una cercanía singular con el Maestro. Su temperamento, al igual que el de su hermano san Juan, era pronto, impetuoso y ardiente. A causa de esta naturaleza apasionada y enérgica, Jesús los sobrenombró Boànerghes, que significa hijos del tuono. Este carácter decidido se manifestó cuando, con un celo intempestivo, San Santiago pidió hacer descender fuego del cielo sobre los samaritanos que se negaban a acoger a Jesús, una actitud por la cual recibió un severo reproche de su Señor.
Asimismo, su ambición lo llevó a mirar hacia los primeros puestos en el reino de Jesús, declarándose listo para beber el mismo cáliz. Esta petición suscitó la indignación y la reacción de los otros apóstoles, lo que motivó el célebre llamamiento de Jesús a un primado basado exclusivamente en el servicio y en el martirio.
Testigo de los misterios del Señor
San Santiago es annumerado entre los discípulos predilectos de Jesús, junto a su hermano san Juan, a san Pedro y a san Andrés. Esta predilección le permitió ser testigo presencial de algunos de los momentos más significativos e íntimos de la vida del Salvador. Junto a san Pedro y san Juan, San Santiago asistió a la resurrección de la hija de Jairo, contemplando el poder de la vida sobre la muerte, y presenció también la repentina curación de la suegra de san Pedro en su casa de Cafarnaúm.
De igual manera, el apóstol fue testigo de la Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor, donde la divinidad de Cristo se manifestó en una luz deslumbrante ante sus ojos. En un plano más escatológico, junto con otros tres apóstoles, San Santiago interrogó a Jesús sobre los signos de los tiempos que habrían de preceder al fin del mundo. Finalmente, en el umbral de la Pasión, fue llamado por Jesús, junto a san Pedro y san Juan, a velar y orar en el huerto de Getsemaní, siendo así testigo excepcional de la dolorosa agonía de Jesús Cristo antes de entregarse por la salvación de la humanidad.
La misión en Hispania
Una antigua tradición que se remonta al menos a san Isidoro de Sevilla relata que San Santiago se dirigió a España para difundir el Evangelio. En aquella época del primer siglo, existía un intenso comercio de minerales, entre los que destacaban el estaño, el oro, el hierro y el cobre, que se transportaban desde Galicia hasta las costas de la lejana Palestina. Las naves comerciales que retornaban a Galicia solían transportar objetos ornamentales, valiosas lastras de mármol, especias selectas y otros productos adquiridos en Alejandría y en diversos puertos orientales.
Se cree que San Santiago aprovechó esta ruta y viajó desde Palestina hacia España en una de estas naves comerciales, desembarcando inicialmente en las costas de Andalucía para dar comienzo a su predicación. Desde allí, el apóstol prosiguió su difícil misión evangelizadora adentrándose en tierras de Coímbra y de Braga, llevando la luz de la fe a los confines del Imperio Romano.
La tradición añade que el santo pasó también a través de Iria Flavia, en el Finis Terrae hispánico, para continuar anunciando la palabra de Dios. Este relato encuentra eco en el Breviario de los Apóstoles, un documento que se remonta a finales del siglo VI, el cual atribuye por primera vez a San Santiago la evangelización de la Hispania y de las regiones occidentales. Este texto subraya el papel del apóstol como un instrumento extraordinario para la difusión de la tradición apostólica y menciona su sepultura en la Arca Marmorica. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo VII, el monje inglés Beda el Venerable citó la evangelización de San Santiago en su obra, indicando con exactitud el lugar de Galicia en el que se encontraría el cuerpo del apóstol.
La aparición de la Virgen del Pilar y el regreso
El viaje de retorno de San Santiago a la Tierra Santa se desarrolló a lo largo de la vía romana de Lugo, atravesando la península ibérica y pasando por las ciudades de Astorga y Zaragoza. Al llegar a Zaragoza, el apóstol se encontraba profundamente desconfortado y cansado ante las dificultades de su misión, sintiendo la pesadez del desierto espiritual de aquellas tierras.
Fue en ese momento de debilidad quando recibió el consuelo de la Santísima Virgen María, quien se le apareció para infundirle ánimo. Según la tradición, esta maravillosa aparición de la Virgen a San Santiago ocurrió el dos de enero del año 40 de la era cristiana, sobre las orillas del río Ebro, manifestándose Ella sobre una columna romana de cuarzo. Durante este celestial encuentro, la Virgen pidió a San Santiago que construyera una iglesia en ese preciso lugar.
Esta aparición mariana explica la posterior fundación de la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza, la cual se ha convertido en la actual basílica y en un célebre santuario mariano de resonancia universal. Confortado por la Madre de Dios, San Santiago partió de Zaragoza y, pasando nuevamente a través del río Ebro, se dirigió probablemente hacia Valencia, para luego embarcarse en un puerto de la provincia de Murcia o de Andalucía, emprendiendo su regreso definitivo a la Palestina.
El martirio en Jerusalén
San Santiago hizo su retorno a Palestina en un período comprendido entre el año 42 y il 44 después de Cristo. Al volver a la patria, se convirtió rápidamente en una de las columnas portantes de la Iglesia Primitiva de Jerusalén, trabajando activamente junto al grupo de los Doce y ocupando un rol de gran importancia dentro de la comunidad cristiana de la Ciudad Santa. Sin embargo, este fue un tiempo de fuerte inquietud religiosa, donde las autoridades buscaban erradicar el cristianismo naciente, prohibiendo terminantemente a los apóstoles predicar en público.
San Santiago ignoró con valentía este divieto de predicación y continuó anunciando el Evangelio a todo el pueblo, entrando sin temor en las sinagogas y discutiendo con sabiduría la palabra de los profetas. Su gran capacidad comunicativa, su dialéctica encendida y su personalidad atrayente lo convirtieron en uno de los apóstoles más seguidos y respetados en su misión. Ante esta situación, el rey de Judea, Erode Agrippa I, decidió intervenir de manera drástica.
Para aplacar las protestas de las autoridades religiosas, complacer a los judíos y golpear con dureza a la comunidad cristiana, Erode Agrippa I decretó la persecución contra los miembros de la Iglesia y eligió a San Santiago el Mayor, por ser una figura fuertemente representativa, para ser condenado a muerte por decapitación. El martirio se consumó en la ciudad de Jerusalén, históricamente en el año 42 después de Cristo, en los días cercanos a la fiesta de Pascua, convirtiendo a San Santiago en el primer apóstol en sufrir el martirio dentro del colegio apostólico, siendo este el último dato que el Nuevo Testamento nos ofrece sobre su vida.
La conversión de Josías y el traslado a Galicia
La tradición refiere que un escriba llamado Josías recibió el encargo oficial de conducir a San Santiago hacia el lugar del suplicio. Durante el trayecto, Josías fue testigo de un hecho prodigioso: un hombre paralítico invocó con fe al santo apóstol y, al instante, obtuvo la curación completa de sus miembros. Conmovido profundamente por este milagro, Josías se arrepintió de sus actos, se convirtió de corazón al cristianismo y pidió de rodillas el perdón del apóstol.
San Santiago, conmovido por su fe, pidió como última gracia un recipiente con agua y bautizó a Josías en ese mismo camino. Poco después, ambos, San Santiago y Josías, fueron decapitados en el año 44 de nuestra era. Tras el martirio, la leyenda narra que dos fieles discípulos de San Santiago, llamados Atanasio y Teodoro, recogieron con devoción el cuerpo y la cabeza del santo para transportarlos vía marítima desde Jerusalén hasta Galicia. La navegación de los discípulos duró siete días de viaje bendecido, hasta que finalmente arribaron a Iria Flavia, una localidad muy cercana a la actual población de Padrón.
La tradición popular coloca la presencia de las sagradas reliquias de San Santiago en las cumbres cercanas al valle de Padrón, un área que en la antigüedad estaba vinculada al culto de las aguas. En el siglo XVI, el cronista Ambrosio de Morales describió en su célebre libro titulado Viaggio Santo una iglesia situada a media costa en la montaña, donde se aseguraba que el santo apóstol solía orar y celebrar la santa misa. Bajo el altar mayor de esta iglesia fluye una fuente de agua fría y delicada que se extiende hacia el exterior del edificio. Este histórico lugar de culto en la montaña existe todavía hoy y es conocido con afecto por los fieles como O Santiaguiño do Monte.
La reina Lupa y el milagro de los bueyes
En el relato tradicional de la sepultura del apóstol interviene de manera decisiva la figura de Lupa, una rica e influyente noble pagana que residía en el castillo Lupario, también conocido como castillo de Francos, situado cerca de la actual Santiago de Compostela. Los discípulos Atanasio y Teodoro se presentaron ante ella para solicitarle el permiso de sepultar el cuerpo de su maestro dentro de las tierras de su feudo. Lupa, desconfiada, los envió ante el gobernador romano Filotro, quien residía en Dugium, cerca de Finisterre, para que tomara una decisión.
El gobernador Filotro rechazó con hostilidad la petición de los discípulos y ordenó su inmediato encarcelamiento. Sin embargo, la tradición narra que un ángel del Señor los liberó milagrosamente de la prisión. Al percatarse de la huida, los soldados romanos iniciaron una persecución, pero durante la fuga, el puente de Ons, también llamado Ponte Pías, sobre el río Tambre, se derrumbó de forma providencial inmediatamente después de que los discípulos lo cruzaron, impidiendo así el paso de los perseguidores.
Ante este prodigio, la reina Lupa fingió un cambio de actitud y condujo a los discípulos hacia el Monte Iliciano, conocido hoy en día como Pico Sacro. Allí les ofreció un carro y unos bueyes salvajes que vivían en estado indómito para trasladar los restos del apóstol desde Padrón hasta su destino final. Para asombro de Lupa, los bueyes salvajes se dejaron colocar el yugo de manera mansa y dócil. Este extraordinario prodigio conmovió el corazón de la reina Lupa, quien decidió abandonar el paganismo y convertirse sinceramente al cristianismo.
La leyenda añade que los bueyes se encaminaron solos, sin guía alguna, y en un momento del trayecto se detuvieron fatigados por la sed. Al golpear el suelo firmemente con sus cascos, hicieron brotar una fuente de agua fresca. Esta fuente milagrosa corresponde a la actual fuente del Franco, ubicada en las cercanías del Colegio Fonseca, memoria que motivó la edificación de una pequeña capilla dedicada al apóstol en la calle que hoy lleva el nombre de rúa del Franco. Finalmente, los bueyes retomaron la marcha y se detuvieron definitivamente en un terreno propiedad de Lupa, el cual la noble donó generosamente para la construcción del monumento fúnebre. Sobre este suelo sagrado se levantó con el paso de los siglos la imponente catedral de Santiago, corazón espiritual de la ciudad.
El nacimiento de la devoción y las peregrinaciones
Durante el siglo IX, en plena época de la ocupación árabe en la península ibérica, los cristianos españoles desarrollaron un culto sumamente intenso hacia San Santiago, a quien comenzaron a considerar como un defensor de los oprimidos y un guerrero invencible. Esta representación medieval del San Santiago guerrero se aparta sensiblemente de la dulzura de la figura evangélica y, en ocasiones, se confunde con el otro apóstol, Santiago de Alfeo. Sin embargo, la fe inquebrantable en su patrocinio y protección sostuvo espiritualmente a los cristianos españoles durante las duras pruebas de la ocupación.
En el siglo X, esta profunda devoción se propagó con rapidez por el resto de la Europa cristiana, dando origen a las célebres peregrinaciones hacia Compostela. Los peregrinos europeos acudían atraídos no tanto por las antiguas leyendas, difíciles de verificar históricamente, sino por la viva realidad de fe, penitencia y esperanza que aquel santo lugar simbolizaba. Un autor de los sermones contenidos en el célebre Códice Calixtino expresó esta veneración escribiendo que la tierra de Galicia envía al cielo estrellado a Santiago, hijo de Zebedeo, glorificado por todas las gentes.
En la época contemporánea, este flujo de fe ha sido confirmado por los sucesores de san Pedro. El Papa Juan Pablo II peregrinó a Santiago de Compostela en el año 1989, y posteriormente, el Papa Benedicto XVI realizó también su peregrinación apostólica el seis de noviembre del año 2010. Ambos pontífices visitaron la santa catedral en ocasión del Anño Santo Compostelano, una gracia jubilar que se convoca cada vez que la festividad del apóstol, el veinticinco de julio, coincide en día domingo.
El llamado y el camino
La vida de Santiago cambió para siempre cuando, en su juventud en Betsaida, escuchó la voz del Maestro que lo invitaba a dejar las redes. Junto a su hermano Juan, respondió con prontitud y generosidad, integrándose al grupo más cercano de los discípulos. Esta intimidad espiritual le permitió presenciar acontecimientos extraordinarios que marcaron la historia de la salvación. Contempló la gloria divina en la Transfiguración sobre el monte Tabor y, más tarde, acompañó al Señor en el dolor profundo de su agonía en el huerto de Getsemaní, compartiendo así tanto el gozo celestial como el misterio del sufrimiento.
Impulsado por el mandato de anunciar el Evangelio, la tradición sostiene que sus pasos lo llevaron a predicar la buena nueva en tierras de España. Su celo apostólico y su valentía lo condujeron finalmente de regreso a Jerusalén. Allí, en el año 44, bajo el mandato del rey Herodes Agrippa I, sufrió la condena a muerte por decapitación, convirtiéndose en el primer apóstol en derramar su sangre por amor a Cristo. Sus restos mortales fueron trasladados posteriormente a Santiago de Compostela, lugar que se convertiría en el corazón de su veneración universal.
Su legado espiritual
La memoria de san Santiago permanece viva a través de los siglos, uniendo a pueblos de diversos continentes en una misma fe. Su santuario en Compostela es un epicentro de devoción donde la gracia divina se manifiesta de manera especial, particularmente durante el Año Santo Compostelano, el cual se celebra solemnemente cada vez que el 25 de julio coincide con el día domingo. Su figura inspira a los creyentes a emprender su propio camino interior con sobriedad y constancia.
Como protector de quienes caminan y buscan, el apóstol acompaña espiritualmente a los viandantes en sus fatigas cotidianas. Su patrocinio abarca una inmensa geografía que une a España, Portugal y Guatemala con ciudades italianas como Pisa, Pesaro y Pistoia. Asimismo, su intercesión es invocada tradicionalmente por diversos gremios, incluidos farmacéuticos, droguistas, sombrereros y calceteros, quienes encuentran en su fortaleza un modelo de entrega y servicio.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo si celebra la fiesta de San Santiago?
La solemnidad de San Santiago el Mayor se celebra litúrgicamente el veinticinco de julio de cada año.
¿De qué causas o lugares es patrono San Santiago?
San Santiago es patrono de España, Portugal, Guatemala, y de las ciudades de Pisa, Pesaro, Pistoia y Compostela; asimismo, protege a los peregrinos, viandanti, questuanti, farmacéuticos, droguistas, sombrereros y calceteros, siendo invocado contra los reumatismos y para pedir el buen tiempo.
Fiesta de san Santiago, Apóstol, que, hijo de Zebedeo y hermano de san Juan evangelista, fue junto a Pedro y Juan testigo de la transfiguración del Señor y de su agonía. Decapitado por Herodes Agripa en proximidad de la fiesta de Pascua, recibió, primero entre los Apóstoles, la corona del martirio. — Martirologio Romano