12 de octubre
Santi Amelio y Amico
Mártires
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
El nacimiento y el bautismo en Roma
Durante el tiempo de Pipino nacieron dos niños que destacaban por ser extraordinariamente similares entre ellos en su aspecto físico. Uno de los pequeños nació de un conde de Alvernia, mientras que el otro niño nació de un soldado de Berico. Ambos infantes fueron conducidos posteriormente hacia la ciudad de Roma para recibir el santo bautismo. Durante el viaje emprendido hacia la Ciudad Eterna, los dos niños se encontraron fortuitamente en la localidad de Lucca. En aquella ciudad toscana, los dos niños hicieron amistad y sellaron una profunda alianza mutua. Tras este encuentro, los dos niños prosiguieron juntos el viaje restante hacia Roma. El papa en funciones bautizó a ambos niños en Roma, específicamente en el palacio del Laterano. No se puede establecer con absoluta certeza histórica cuál fue el papa exacto que administró el bautismo a Amelio y Amico en aquella ocasión. Tras la sagrada ceremonia, el pontífice impuso al hijo del conde el nombre de Amelio. Asimismo, el pontífice impuso al hijo del soldado el nombre de Amico. Como recuerdo entrañable del bautismo recibido, cada uno de los dos niños recibió en regalo por parte del papa una coppa de madera finamente ornada con oro y con piedras preciosas. Una vez concluido el bautismo y la estancia romana, ambos niños retornaron cada uno a su respectiva patria.
Las pruebas de la vida y el reencuentro
Acontecimientos dolorosos alteraron el curso de sus vidas tras el fallecimiento del padre de Amico. Amico se vio en la obligación de abandonar su patria natal a causa de graves dificultades y de diversas inimicidades que habían surgido en su contra. Amico partió entonces acompañado por diez fieles servidores con el firme propósito de recalar junto a Amelio, albergando la esperanza de ser en él fraternalmente bien acogido. Sin embargo, al llegar a su destino, Amico no pudo encontrar a Amelio porque este había partido a su vez hacia la región de Berico con el designio de visitar a Amico. Después de afrontar múltiples aventuras y profundamente afligido por el fracaso de su intento, Amico fue gravemente golpeado por la terrible enfermedad de la lepra. En tal estado de desolación, Amico retornó a la ciudad de Roma, donde fue fraternalmente acogido por el papa Costantino. El papa Costantino ante quien debió refugiarse Amico no puede ser otro que el pontífice omonimo que ostentaba la condición de antipapa. Dicho antipapa Costantino vivió temporalmente entre el pontificado de San Paolo I, comprendido entre los años setecientos cincuenta y siete y setecientos sesenta y siete, y el pontificado de Stefano IV, desarrollado entre los años setecientos sesenta y ocho y setecientos setenta y dos. Tras transcurrir tres años de permanencia en Roma, a causa de una gran carestía que azotaba la región, Amico solicitó hacerse trasladar de regreso a la casa de Amelio. Al llegar, Amelio no reconoció de inmediato a su antiguo compañero debido al estigma de la enfermedad, y le hizo preparar el alimento sirviéndoselo en la misma coppa que ambos habían recibido como presente del papa. Fue precisamente gracias a aquella coppa papal que Amelio y Amico se reconocieron de manera conmovedora.
El martirio en la batalla y el destino de los restos
En el plano geopolítico de la época, los Longobardi se volvieron sumamente amenazantes, lo que determinó de manera directa la intervención militar de Carlo Magno en contra del rey Desiderio. Fracasaron por completo las negociaciones diplomáticas intentadas previamente entre Carlo Magno y el monarca Desiderio. Ante esta situación, el rey franco Carlo Magno superó audazmente las Chiuse de Susa al frente de su poderoso ejército. En aquel ejército acaudillado por Carlo Magno militaban activamente Amelio y Amico. Carlo Magno logró una victoria decisiva sobre el rey longobardo Desiderio y lo puso en precipitada fuga. La feroz batalla tuvo lugar en un paraje que antes era denominado Pulchrasilva debido a su gran amenidad natural, y que desde entonces pasó a llamarse Mortarium a causa de la inmensa cantidad de hombres muertos que dejó el combate. Conviene destacar que, a pesar de su condición de soldados, Amelio y Amico ejercitaban constantemente las virtudes cristianas y conducían una edificante vida de penitencia. Ambos compañeros murieron juntos en aquella misma batalla librada en el año setecientas setenta y tres. Tras su derrota, Desiderio se refugió en la ciudad de Pavía. La ciudad de Pavía fue posteriormente tomada por las tropas de Carlo Magno. En memoria de los acontecimientos, Carlo Magno hizo construir una iglesia en el lugar exacto donde obtuvo su gran victoria. Paralelamente, se edificaron otras dos iglesias adicionales: una dedicada en honor de San Eusebio de Vercelli y otra levantada en honor de San Pietro. Amelio recibió sepultura en las inmediaciones de la iglesia de San Pietro. Amico fue sepultado con la misma dignidad cerca de la iglesia de San Eusebio. Ambas sepulturas se llevaron a cabo utilizando dos sarcófagos o arche que fueron mandados traer expresamente desde la ciudad de Milán. No obstante, aconteció un prodigio: el día posterior a la inhumación, el sarcófago que contenía los restos de Amelio fue hallado milagrosamente junto al de Amico. Al presenciar este hecho, el obispo Albino ordenó formalmente que los cuerpos de los dos santos fuesen conservados unidos para siempre dentro de la iglesia de San Eusebio. En la actualidad, los sagrados cuerpos de Amelio y Amico continúan reposando todavía en el interior de dicha iglesia de San Eusebio. El anónimo estenógrafo o autor de la passio quiso atribuir deliberadamente a los dos personajes la suprema gloria del martirio. En su redacción, el estenógrafo de la passio llega incluso a considerar al rey Desiderio como si se tratara de un antiguo emperador romano persecutor de los cristianos. Como testimonio literario de esta intención, la conclusión misma de la passio emplea exactamente las mismas palabras consagradas en los antiguos Atti dei Martiri. De hecho, la fórmula final utilizada en la passio resulta ser idéntica a la que se lee en los Acta Proconsularia dedicados a San Cipriano.
Una vida de fe y encuentro
La historia de los Santos Amelio y Amico se entrelaza con los acontecimientos del siglo octavo, un periodo de grandes transformaciones y conflictos. Ambos hombres, cuya condición laical nos recuerda que la santidad es un camino abierto a todos los fieles, tuvieron su primer encuentro con la gracia divina en Roma. Fue en el Laterano donde recibieron el bautismo, evento que no solo selló su fe, sino que también los unió de una manera providencial. Se cuenta que ambos se reconocieron mutuamente como compañeros de camino gracias a unas copas que habían recibido como regalo del Papa, un símbolo de comunión que los acompañaría en su peregrinar.
Su compromiso con la fe no se limitó al ámbito privado, sino que se expresó también en el servicio y la lealtad durante los tiempos de guerra. Participaron activamente en la campaña militar emprendida por Carlo Magno contra Desiderio, un momento crucial para la estabilidad de la región. En el fragor de la batalla, su entrega alcanzó el punto máximo cuando, en el año setecientos setenta y tres, ambos perdieron la vida en Mortara. Este sacrificio final no fue solo el término de su labor terrenal, sino el sello definitivo de una vida vivida con coherencia. La comunidad cristiana, reconociendo el valor de su entrega, honró sus restos mortales mediante la traslación a la iglesia de San Eusebio en Mortara. Allí, su memoria ha sido custodiada a lo largo de los siglos, invitando a quienes visitan este lugar a meditar sobre la fuerza de la amistad cristiana y la valentía necesaria para defender los ideales del evangelio en medio de las dificultades del mundo.
El culto y la memoria
El culto a los Santos Amelio y Amico se ha mantenido vivo a través de la tradición litúrgica, que los recuerda con devoción cada año. La Iglesia celebra su memoria el día doce de octubre, siguiendo la antigua y venerable fórmula establecida en la passio, que relata sus virtudes y su camino hacia el martirio. Este día no es solo una fecha en el calendario, sino una oportunidad para renovar el compromiso de fe que ellos mismos demostraron con su vida.
La presencia de sus cuerpos en la iglesia de San Eusebio en Mortara ha convertido a este lugar en un punto de referencia para los fieles, quienes acuden a ellos buscando intercesión y fortaleza espiritual. A través de los siglos, su historia ha sido transmitida como un testimonio de cómo la amistad, bendecida por la Iglesia desde el momento del bautismo, puede convertirse en un apoyo firme para afrontar las pruebas más difíciles. Al conmemorar su entrega, la comunidad de creyentes encuentra en estos dos santos laicos un modelo de fidelidad y unidad, recordándonos que incluso en el contexto de la historia militar y los conflictos humanos, el amor a Dios y al prójimo permanece como el valor más alto y duradero.
Preguntas frecuentes
Quando se festeggia Santi Amelio y Amico?
La festividad litúrgica de los santos Amelio y Amico se celebra el doce de octubre.