16 de julio
Santi Andrés de Soveral y Domingo Carvalho
Sacerdote y laico, mártires
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La formación y el ministerio misionero
San Andrés de Soveral nació en el siglo XVII, concretamente hacia el año 1572, en la localidad de São Vicente, situada en la isla de Santos en Brasil, territorio que hoy forma parte del Estado de San Paolo. En su juventud, ingresó para su educación en el Colegio de los Niños de Jesús, una institución fundada por los jesuitas en el año 1553. Guiado por su vocación religiosa, el día 6 de agosto de 1593, a la edad de veintiún años, entró formalmente en la Compañía de Jesús. El periodo de su noviciado transcurrió en el Colegio de Bahia, donde profundizó su formación espiritual y completó con fruto sus estudios de latín y teología. Gracias a su notable talento y a su dominio de la lengua local, fue enviado a Olinda, en Pernambuco, para desempeñar una intensa labor en el centro misionero destinado a la catequesis de los indios. Posteriormente, en el año 1606, recibió el encargo de trasladarse entre los indígenas del Rio Grande do Norte, compartiendo la misión junto al sacerdote Diego Nunes. En un momento posterior, probablemente entre los años 1607 y 1610, salió de la Compañía de Jesús para incardinarse en el clero diocesano, asumiendo las responsabilidades propias del ministerio sacerdotal secular, si bien el Martirologio Romano continúa considerándolo erróneamente como miembro de la orden jesuita.
El martirio en la capilla de Cunhaú
Tras su incorporación al clero diocesano, San Andrés de Soveral recibió el encargo pastoral de ejercer como párroco de la comunidad de la Madonna de las Candelas o de la Purificación, situada en la localidad brasileña de Cunhaú. La muerte del sacerdote y de sus feligreses acaeció precisamente en este lugar el 16 de julio de 1645. Aquella fatídica jornada coincidió con el domingo 16 de julio de 1645, cuando el santo sacerdote reunió a los fieles en el interior de la capilla de la Madonna de las Candelas para la solemne celebración de la Santa Misa. Participaban en la sagrada liturgia alrededor de sesenta y nueve personas, en su gran mayoría humildes contadores y operarios dedicados a la laboriosa producción de la canna de azúcar, todos residentes en la misma localidad de Cunhaú. En los instantes iniciales de la celebración eucarística, se presentó en el templo Jacó Rabe, también conocido como Jacob Rabbi, quien actuaba al servicio de la influyente Compañía de las Indie Orientali. Jacó Rabe interrumpió el desarrollo de la liturgia afirmando que portaba disposiciones oficiales enviadas por el Supremo Consejo Holandés de Recife, aunque añadió con aparente calma que comunicaría su contenido una vez finalizada la Santa Misa. Sin embargo, tras alcanzarse el solemne momento de la Consagración, una violenta schiera de soldados holandeses y numerosos indios armados, pertenecientes a las tribus de los Tapuias y de los Patiguari, irrumpieron de forma violenta en el sagrado edificio. Los agresores bloquearon inmediatamente las puertas con cerrojos y comenzaron a agredir brutalmente a todos los presentes que abarrotaban el recinto sagrado. Don Andrés, que contaba ya con setenta y tres años de edad, comprendió de inmediato las funestas intenciones que albergaban los agresores. Con gran entereza espiritual, el anciano sacerdote interrumpió de inmediato la celebración litúrgica y comenzó a guiar a los fieles en las piadosas oraciones destinadas a los agonizantes, preparándolos para el encuentro definitivo con Dios. Prácticamente todos los asistentes reunidos en el templo fueron masacrados sin piedad a golpes de espada, a excepción de cinco fieles de origen portugués que fueron perdonados momentáneamente para ser tomados como rehenes. Estos cinco desafortunados prisioneros fueron trasladados bajo fuerte custodia al Forte holandés de los Reyes Magos. La tradición confirma que los nombres de dichos rehenes son conocidos con exactitud y fueron debidamente consignados por los cronistas de aquella época. Entre la multitud de los numerosos mártires que regaron con su sangre el templo, además del valeroso párroco, los registros históricos conservan el nombre de un único laico destacado: Domingos de Carvalho, quien era reconocido como un importante notable del lugar. A este fiel difunto le fueron despojadas violentamente una cadena y numerosas monedas de oro, las cuales, en un acto de extrema codicia, fueron contadas minuciosamente y divididas tras ser depositadas sobre su propio cuerpo inanimado. De la misma manera, los cadáveres de los demás mártires también fueron despojados de sus vestiduras y de cualquier objeto de valor que portaran. Don Andrés de Soveral y Domingos de Carvalho fueron posteriormente integrados en un numeroso grupo de treinta víctimas, el cual incluía también al sacerdote Ambrósio Francisco Ferro, quien ejercía como párroco de Natal, y a veintiocho laicos. Todo este piadoso grupo de treinta personas sufrió el martirio definitivo el 3 de octubre de 1645. En los registros oficiales del Martirologio Romano, André de Soveral es recordado formalmente como sacerdote de la Compañía de Jesús y Domenico Carvalho como mártires asesinados en Cunhaú, en las proximidades de Natal, en Brasil, mientras participaban en la celebración de la Santa Misa.
La canonización y el culto litúrgico
El reconocimiento oficial de la santidad de estos heroicos testigos de Cristo por parte de la Iglesia católica avanzó a lo largo de los años mediante solemnes procesos canónicos. En una primera etapa fundamental, Don Andrés de Soveral, Domingo Carvalho y sus compañeros de martirio fueron solemnemente beatificados el 5 de marzo del año 2000 por el Papa Juan Pablo II. Años más tarde, el proceso culminó cuando fueron canonizados el domingo 15 de octubre de 2017, elevándolos de este modo a la gloria de los altares para la veneración de la Iglesia universal. Debido a su testimonio heroico, el grupo de los treinta mártires es considerado de forma unánime como los protomartiri del Brasile, dando testimonio de la fidelidad cristiana en aquellas tierras americanas durante el siglo XVII. La memoria litúrgica conjunta de todos ellos, que conmemora el sacrificio supremo consumado el 3 de octubre de 1645, quedó fijada en el calendario eclesial para el día 3 de octubre de cada año.
La vida y el ministerio
El camino de fe de San Andrés de Soveral comenzó en su tierra natal de São Vicente, donde desde joven sintió el llamado a una entrega total al Señor. En el año mil quinientos noventa y tres, ingresó en la Compañía de Jesús, consolidando su vocación a través de una formación rigurosa en lugares significativos como Bahía y Olinda. Estos años de preparación le otorgaron la fortaleza espiritual necesaria para los desafíos que encontraría más tarde en la región de Río Grande do Norte.
Su labor como sacerdote lo llevó a asumir la responsabilidad de la parroquia de la Purificación, en Cunhaú. Allí, San Andrés de Soveral desarrolló un ministerio caracterizado por la cercanía y la guía espiritual de sus fieles. Fue un hombre de oración, comprometido con la enseñanza y la vida sacramental, viviendo su sacerdocio como un servicio humilde y constante. Su figura se destaca especialmente por la entereza demostrada en el año mil seiscientos cuarenta y cinco. Mientras celebraba la Santa Misa, rodeado de su comunidad, fueron sorprendidos por un acto de violencia extrema. En aquel momento de angustia, lejos de buscar su propia salvación, el santo sacerdote se mantuvo junto a sus fieles, guiándolos en las preces por los agonizantes, convirtiendo el lugar de la celebración eucarística en un altar de sacrificio y esperanza. Su muerte, compartida con aquellos a quienes pastoreaba, sella una vida consagrada por completo a la voluntad de Dios y al cuidado de las almas confiadas a su ministerio.
El culto y la memoria
La Iglesia venera a San Andrés de Soveral como uno de los pilares del martirio en tierras brasileñas. Su reconocimiento oficial por parte de la Santa Sede culminó el quince de octubre de dos mil diecisiete, cuando el Papa Francisco lo inscribió en el catálogo de los santos. Este acto solemne no solo honró su memoria, sino que reafirmó la importancia de su testimonio para las generaciones actuales de creyentes.
El culto a San Andrés de Soveral se celebra con especial devoción junto a los demás mártires del Brasil. Aunque su recuerdo está vinculado al dieciséis de julio, la memoria litúrgica establecida para toda la Iglesia se celebra el tres de octubre. En esta fecha, los fieles conmemoran su entrega y la de sus compañeros de martirio, reconociéndolos como los protomártires del Brasil. Su intercesión es invocada por quienes buscan fortaleza en la fe y perseverancia en los momentos de mayor dificultad, recordando siempre que el sacrificio de su vida fue, ante todo, un acto de amor incondicional a Jesucristo y a su Iglesia.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Andrés de Soveral?
La memoria litúrgica de San Andrés de Soveral junto con los demás mártires de Brasil se celebra el 3 de octubre. Asimismo, su martirio en la capilla de Cunhaú acaeció el 16 de julio de 1645.
Di cosa es patrono San Andrés de Soveral?
San Andrés de Soveral es recordado y venerado como uno de los protomartiri del Brasile, junto con el laico Domingo Carvalho y sus compañeros mártires.
En la ciudad de Cunhaú cerca de Natal en Brasil, beatos Andrés de Soveral, sacerdote de la Compañía de Jesús, y Domingo Carvalho, mártires, que, mientras se celebraba la Misa, fueron encerrados en la iglesia con el engaño junto con la multitud de los fieles y atrozmente asesinados. — Martirologio Romano