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13 de octubre

Beata Alejandrina María da Costa

Cooperadora salesiana

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y primeros años

Alessandrina Maria da Costa nació en Balazar, una pequeña citadina de Portugal, perteneciente a la provincia de Oporto y diócesis de Braga. Su nacimiento y su bautismo ocurrieron en la Semana Santa del año 1904, concretamente el nacimiento tuvo lugar el trenta de marzo y el bautismo el dos de abril, que correspondía al Sábado Santo. La parroquia de Balazar experimentó como un signo de la Misericordia Divina la presencia de Alessandrina en su comunidad. Fue educada cristianamente por su madre junto a su hermana mayor Deolinda, formando un núcleo familiar sencillo y devoto. Alessandrina permaneció en el ámbito familiar hasta la edad de siete años, periodo en el cual su infancia transcurrió con una vivacidad notable. Era una niña alegre, dotada de un temperamento feliz y comunicativo, muy amada por sus compañeras, aunque también se mostraba alquanto birichina, testarda y un poco vanitosa. Su hermana Diolinda era frecuentemente el blanco preferido de sus juegos y travesuras. No obstante, poseía un profundo discernimiento y una gran humildad para reconocer los errores cometidos, junto con una firme voluntad para no volver a caer en ellos. Desde muy pequeña contemplaba el cielo con frecuencia, meditando sobre los medios necesarios para alcanzarlo, un pensamiento que se transformó en el anhelo constante de su alma.

A los cinco años comenzó a asistir regularmente al catecismo parroquial, un espacio donde floreció en su corazón un amor tierno y sumamente confiado hacia la Virgen María. A la edad de siete años, en 1911, recibió la Primera Comunión, un acontecimiento espiritual que marcó el inicio de su duradero vínculo de amor con Jesús Eucaristía. Este lazo se vio posteriormente consolidado mediante la práctica de la Comunión cotidiana y sus frecuentes visitas devotas al Santísimo Sacramento. Participaba con asidua constancia en todas las prácticas religiosas de su parroquia, impulsada por su gran inclinación hacia la oración. Cuando cumplió nueve años, realizó un viaje acompañada por su hermana Diolinda y una prima hacia un pueblo vecino para escuchar la prédica de un santo frate llamado Fra' Emanuele delle Sante Piaghe. El tema central de aquel sermón fue el infierno, y la pequeña Alessandrina, pensando con candor que podía entrar realmente en aquel lugar de tormento, tomó fuertemente en sus manos sus zocoletes cerca de la balaustrada del templo para estar lista y escapar del infierno si fuese necesario. Al hacerse más grande, se dedicaba con empeño al trabajo y evitaba con cuidado cualquier transgresión que pudiera constituir un motivo de pecado, guiada siempre por sus sólidos principios cristianos.

La prueba decisiva y la paralización

A la edad de catorce años, el sábado santo de 1918, acaeció un hecho decisivo que alteraría el rumbo de su existencia. Alessandrina, su hermana Deolinda y una joven aprendiz se encontraban en su habitación dedicada a la costura cuando percibieron los pasos de tres hombres que subían por la escalera. Diolinda intuyó de inmediato el peligro inminente, cerró la puerta de la habitación con llave y decidió no abrir ante los insistentes golpes de los desconocidos. Uno de los hombres intentó sorprenderlas sirviéndose de una pequeña escalera a través de una trampilla superior. Ante la situación, Diolinda abrió la puerta para huir junto con su compañera, pero ambas fueron obstaculizadas por dos de los agresores que aguardaban afuera. Alessandrina, al verse sin ninguna otra vía de escape posible, corrió hacia la ventana abierta y se arrojó al vacío desde una altura de cuatro terribles metros para salvaguardar su pureza. Tras el fuerte impacto contra el suelo, permaneció tendida por algún tiempo hasta que logró incorporarse, movida principalmente por la profunda preocupación que sentía por su hermana y su amiga. Tomando un palo entre sus manos, enfrentó a los agresores con tanta fuerza y determinación que logró ponerlos en fuga. En otra ocasión posterior, hallándose sola en su hogar, experimentó la inquietante presencia de un hombre a quien conocía bien por haber trabajado bajo sus órdenes. Aferró con fuerza el Rosario entre sus manos y confió plenamente en la ayuda de la Virgen María ante aquel grave peligro. Milagrosamente, la puerta de la habitación permaneció cerrada a pesar de no estar echada con llave, obligando al hombre a desistir y abandonar su plan.

Las consecuencias físicas de aquella caída desde la ventana no tardaron en manifestarse con dureza en su salud. Hasta cumplir los diecinueve años, se vio obligada a permanecer en cama de manera intermitente por periodos de duración variable, pudiendo todavía arrastrarse ocasionalmente hasta la iglesia, donde permanecía postrada y encogida ante la gran maravilla de los fieles. Diversas visitas médicas sucesivas diagnosticaron un cuadro clínico irreversible y, con el transcurso del tiempo, el agravamiento inexorable de su enfermedad le impidió para siempre volver a levantarse. El catorce de abril de 1925, Alessandrina se puso definitivamente en cama para no levantarse nunca más, permaneciendo postrada durante los restantes treinta años de su existencia terrena. Aunque experimentó momentos lógicos de desaliento debido a su condición, jamás cayó en la desesperación. Sus momentos de mayor tristeza acaecían cuando su hermana partía hacia la parroquia para asistir a las funciones sagradas y ella se quedaba imposibilitada de acompañarla. Sin embargo, nunca interrumpió su diálogo íntimo con Jesús y con la Madre Celestial, prosiguiendo constantemente en la oración. En sus momentos de plegaria suplicaba inicialmente la salud corporal, al tiempo que ofrecía sus crecientes dolores por la salvación de los pecadores. Entre 1912 había recibido el sacramento de la Confirmación de manos del Obispo de Oporto, y tras dieciocho meses de su estancia en Pòvoa do Varzim, donde acudía a la escuela elemental alojada en casa de un carpintero, había regresado a Balazar para residir con su madre y su hermana en la localidad de Calvario, lugar donde permanecería hasta el final de sus días.

Vocación de víctima y camino místico

Durante sus primeros años en la cama, concretamente hasta el año 1928, pidió insistentemente al Señor, mediante la intercesión de la Santísima Virgen, la gracia de la recuperación física, prometiendo que si sanaba se consagraría como misionera. Con el tiempo, comprendió profundamente que el sufrimiento constituía su verdadera vocación divina y lo abrazó con absoluta prontitud. Afirmaba con convicción que Nuestra Señora le había concedido una gracia infinitamente mayor al llevarla a la plena conformidad con la voluntad de Dios y al deseo generoso de padecer por amor. En esta etapa comenzaron a manifestarse sus primeros fenómenos místicos y su unión profunda con Jesús presente en los Tabernáculos por medio de María. Surgió de improviso en su mente el pensamiento de hacerse compañía con Jesús prigionero en el Tabernáculo mientras ella permanecía prisionera en su lecho de dolor. De este modo, dio inicio a su singular misión de ser como la lámpara encendida del Tabernáculo, pasando sus noches espirituales peregrinando místicamente de sagrario en sagrario. En cada celebración eucarística se ofrecía al Padre Eterno como víctima propiciatoria por los pecadores en unión con Cristo. Su amor al sufrimiento crecía día a día mientras su vocación de víctima se perfilaba con mayor nitidez en su alma. Emitió formalmente el voto de realizar siempre aquello que resultara más perfecto a los ojos de Dios. Su fortaleza se cimentaba en una sólida devoción a la Virgen María, la cual expresaba con particular intensidad durante el mes de mayo, estación que esperaba con enorme anhelo y vivía con suma devoción. Como era de familia muy humilde y carecía de recursos para adquirir una pequeña imagen mariana, acostumbraba pedir prestada una estatuilla a su párroco para luego devolvérsela, preparando con ella un pequeño altar doméstico adornado siempre con flores frescas. Superando la belleza de las flores, ofrecía cotidianamente numerosos floretes a la Virgen, multiplicando sus intenciones por cada una de las almas que encomendaba. La devoción mariana representaba para ella la senda maestra y segura para llegar directamente a Jesucristo.

El corazón de Alessandrina estaba volcado enteramente hacia Jesús, a quien contemplaba como prisionero por amor y víctima propiciatoria para la redención de los pecadores. La inmensa confianza depositada en la Madre Divina le otorgaba el vigor espiritual necesario para pedirle ayuda con el fin de ser crucificada místicamente junto con el Maestro. Se preparó con total disponibilidad para acoger la acción purificadora del Maestro Divino y aceptar la ardua misión de immolarse por los pecadores. Por largos y dolorosos años, cada viernes, Alessandrina experimentó vivamente en su propio cuerpo y alma la Pasión de Jesucristo, desde la angustia del Getsemaní hasta los sufrimientos del Calvario. Desde el tres de octubre de 1938 hasta el veinticuatro de marzo de 1942, vivió durante ciento ochenta y dos ocasiones las intensas penalidades de la Pasión cada viernes de la semana. Superando temporalmente su habitual estado de paralización corporal, descendía de la cama para reproducir plásticamente los momentos de la Via Crucis, una representación que se prolongaba durante tres horas y media acompañada de movimientos corporales y dolores profundamente angustiosos. El Señor le indicó con claridad un programa de vida resumido en tres palabras: amar, sufrir y reparar. Desde el año 1934, y por expresa invitación de su director espiritual, el padre jesuita Mariano Pinho, quien la guio espiritualmente hasta 1941, comenzó a poner por escrito las palabras que Jesús le dictaba en su interior.

La consagración del mundo y la vida eucarística

El uno de agosto de 1935, Jesucristo le pidió formalmente a Alessandrina que manifestara al Sumo Pontífice su ferviente deseo de consagrar el mundo entero al Cuore Immacolato di Maria. Dicha consagración era señalada por el Señor como el camino más seguro y directo para salvar a la humanidad extraviada en medio de los conflictos y el pecado. Alessandrina obedeció con prontitud las directrices divinas y se dirigió a su director espiritual para que interviniera oportunamente. En el año 1936 solicitó formalmente al Santo Padre la consagración del mundo al Cuore Immacolato di Maria por riguroso mandato de Jesús y a través de la mediación del padre Mariano Pinho. La súplica fue renovada en repetidas ocasiones hasta el año 1941, encontrando en su camino diversos obstáculos derivados de contrastes y dudas institucionales. La Santa Sede llegó a interrogar hasta en tres ocasiones al ilustre Arzobispo de Braga acerca de la figura y los mensajes de Alessandrina. Finalmente, el treinta y uno de octubre de 1942, el Papa Pio XII consagró solemnemente el mundo al Cuore Immacolato di Maria mediante un mensaje radiodifundido desde Fátima y pronunciado en lengua portuguesa, renovando posteriormente este mismo acto pontificio en Roma, en el interior de la Basílica de San Pedro, el ocho de diciembre de 1942. Como fruto de esta protección espiritual invocada, el territorio de Portugal logró mantenerse milagrosamente al margen de las grandes destrucciones de la Segunda Guerra Mondiale, permaneciendo completamente fuera del conflicto bélico internacional.

A partir del veint十七 de marzo de 1942, Alessandrina cesó por completo de ingerir cualquier tipo de alimento sólido o líquido, comenzando a subsistir exclusivamente de la Sagrada Eucaristía. Entre los años 1943, este riguroso ayuno absoluto y la consiguiente anuria fueron rigurosamente controlados y verificados durante cuarenta días por un equipo de médicos en el hospital de la Foce del Duro, situado en las proximidades de Oporto. En el año 1944 asumió como nuevo director espiritual al sacerdote salesiano don Umberto Pasquale, quien la animó con firmeza a continuar redactando su diario espiritual al constatar las elevadas cumbres místicas que alcanzaba su alma. Ella obedeció fielmente y prosiguió dictando sus vivencias hasta el final de su peregrinación terrena. En ese mismo año de 1944, formalizó su ingreso en la Pía Unión de los Cooperatori Salesiani. Con gran afecto, quiso colocar su diploma oficial de Cooperatrice en un lugar sumamente visible de su habitación para recordar constantemente su estrecha colaboración en la obra de la salvación de las almas mediante el dolor ofrecido y la oración constante. Desde su lecho, oró y sufrió incansablemente por la santificación de todos los Cooperatori esparcidos por el mundo entero. A pesar de su postración, continuaba interesándose vivamente y se ingeniaba de mil maneras para favorecer a los más necesitados, socorriendo material y espiritualmente a los pobres de la región. Se desvivía por el bien espiritual de sus conciudadanos y de las innumerables personas que acudían a visitarla buscando guía. Promovía activamente la celebración de triduos, cuarenta horas y ejercicios cuaresmales en la parroquia de Balazar. Durante sus últimos años de vida, muchedumbres de personas acudían a ella incluso desde lugares lejanos, fuertemente atraídas por su creciente fama de santidad, y muchas de ellas atribuían a sus sabios consejos su propia conversión espiritual. En 1950 festejó solemnemente el vigésimo quinto aniversario de su total inmovilidad corporal.

Trascendencia y tránsito al cielo

La trayectoria mística de Alessandrina estuvo atravesada por profundas purificaciones interiores. El Señor obró en su corazón un proceso progresivo de transformación que la condujo hacia grados de perfección cada vez más elevados, marcado por el desapego absoluto de las cosas terrenas. Transitó desde la llamada muerte mistica hasta las tinieblas de la noche oscura, atravesando largas etapas de silencio por parte del Maestro Divino que se alternaban con violentos asaltos del demonio. Estas acometidas del maligno venían seguidas de breves pausas de consolación interior que, a su vez, daban paso a dubios tormentosos. Su única e inquebrantable fuente de fuerza era el amor ardiente a Jesús Eucaristico y el abandono fiducioso en la Madre Celestial. Durante largos periodos, soportó en su propio cuerpo y espíritu la dolorosa experiencia espiritual de la tragedia de la rebeldía contra Dios y la desesperación de las almas condenadas, sufriendo los tormentos infligidos por los demonios a las almas del infierno. Esta dolorosa immolación sirvió eficazmente para rescatar a muchas almas destinadas a la perdición eterna. Jesús estableció de forma definitiva su morada y su trono en el corazón de Alessandrina, animándola, sosteniéndola y pidiéndole constantemente nuevas cotas de sufrimiento e immolación por los pecadores. Su frase característica dirigida a quienes la rodeaban era una invitación constante: venite, andiamo tutti al Cielo. Numerosas personas que se acercaron a ella durante su vida terrena resultaron profundamente iluminadas y conquistadas en su interior.

En el transcurso del otoño de 1955, Alessandrina percibió con claridad que las puertas del Cielo se estaban abriendo para recibirla definitivamente. El siete de enero de ese mismo año se le había preanunciado proféticamente que aquel sería el año definitivo de su tránsito terrenal. El doce de octubre solicitó con devoción recibir el sacramento de la unción de los enfermos. Finalmente, el trece de octubre de 1955, que coincidía providencialmente con el aniversario de la última y memorable aparición de la Santísima Virgen en Fátima, exclamó llena de alegría que se sentía muy feliz porque marchaba directo hacia el Cielo. Apagándose serenamente, expiró a las diecinueve horas y treinta minutos. Sobre su tumba quedaron grabadas para siempre unas palabras expresamente deseadas por ella y dirigidas a todos los pecadores, suplicándoles que calpasen sus cenizas con tal de no pecar jamás y evitar así ofender a Nuestro Señor Jesucristo. Toda su existencia mortal estuvo consagrada de manera exclusiva a la salvación de las almas. En la tarde del quince de octubre, los floreros de la ciudad de Oporto agotaron por completo sus existencias al vender todas las rosas blancas disponibles en el mercado. Aquella inmensa cantidad de flores fue adquirida por los fieles como un conmovedor homenaje póstumo a Alessandrina, quien pasó a ser justamente reconocida y recordada como la rosa blanca de Jesús.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia Beata Alejandrina María da Costa?

La festividad litúrgica de la Beata Alejandrina María da Costa se celebra el 13 de octubre.

Di cosa è patrono Beata Alejandrina María da Costa?

Los datos biográficos disponibles no mencionan patronatos específicos atribuidos a la Beata Alejandrina María da Costa.

En el pueblo de Balasar cerca de Braga en Portugal, beata Alejandrina María da Costa: permanecida paralizada en todo el cuerpo para escapar a las malas intenciones de un tal contra ella, ofreció todos sus dolores al Señor por amor de Dios y de los hermanos necesitados en la contemplación de la Eucaristía. — Martirologio Romano