27 de septiembre
Beate María del Monte Carmelo, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas
Vírgenes y mártires
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vocación religiosa en el seno de la familia
Las tres hermanas nacieron en el pueblo de valle de Riudarenes, situado en las cercanías de Gerona, en el seno de una misma familia formada por los mismos padres. La mayor, Maria Carmen, nació el veinticinco de octubre de 1895 en el Manso Pellicer y fue bautizada a los dos días en la iglesia parroquial de San Martino, recibiendo posteriormente la Cresima el nueve de mayo de 1903 en Santa Coloma de Farners. Su hermana Rosa vio la luz el veinte de noviembre de 1900, siendo bautizada al día siguiente y compartiendo fecha de confirmación con Carmen. Magdalena, la menor de las tres, nació el doce de diciembre de 1902, recibió el bautismo en la misma parroquia de San Martino y se confirmó el veinte de noviembre de 1910, tras haber superado en su infancia una grave bronchite que la dejó con una salud frágil pero con el firme deseo de ayudar siempre en el hogar y en la parroquia.
Las tres hermanas respondieron a una misma llamada consagrándose en la congregación de las Hijas del Santissimo e Immacolato Cuore di Maria, hoy denominada Missionarie del Cuore di Maria. Dicha institución religiosa fue fundada en 1848 por don Joaquín Masmitjà y de Puig, un sacerdote de la diócesis de Gerona cuyo proceso de beatificación se encuentra en curso y que fue amigo y seguace de sant'Antonio Maria Claret, fundador de los Missionari del Cuore Immacolato di Maria. La congregación desarrollaba su labor principal en la educación de niños y muchachos, centrando su carisma en la oración constante al Cuore Immacolato di Maria para alcanzar la salvación del mundo.
El camino de la consagración y la labor apostólica
Maria Carmen fue la primera en iniciar su camino en la congregación el dos de julio de 1921, ingresando en el noviciado de la casa de Mataró, cerca de Barcelona. Vestió el hábito de novicia el dos de febrero de 1922 y profesó sus votos religiosos el tres de febrero de 1923, en unas celebraciones presididas por el párroco local don José Samsó Elias, quien actuaba como delegado del obispo y que posteriormente sufrió el martirio el uno de septiembre de 1936, siendo beatificado el veintitrés de enero de 2010. Suor Carmen fue destinada a la escuela de Mataró como responsable de las niñas menores de cinco años, destacando por su paciencia, su caridad y un profundo afecto que todos admiraban, reflejando el amor de Dios a pesar de su delicada salud.
Suor Rosa, dotada de buena salud y de un carácter alegre, cantaba bien, bailaba la sardana y ayudaba en las labores agrícolas cuando era necesario. Tras rechazar diversas propuestas de matrimonio influenciada por el ejemplo de sus hermanas, ingresó en el noviciado de Olot el ocho de diciembre de 1922, vistiendo el hábito el dieciséis de junio de 1923 y emitiendo los votos el veinticinco de julio de 1924. Después de pronunciar los votos perpetuos en 1927, fue trasladada a la comunidad de Santa Coloma de Farners para encargarse de las niñas de siete y ocho años, distinguiéndose por su sencillez, su alegría y una profunda obediencia.
Por su parte, Magdalena se adelantó a Rosa ingresando en el noviciado de Olot el diecinueve de junio de 1922, compartiendo la vestimenta del hábito el dieciséis de junio de 1923 y la profesión temporal el veinticinco de julio de 1924, para luego emitir los votos perpetuos en 1926. Su primer servicio pastoral tuvo lugar en Camprodon, y tras pasar cuatro meses en Besalú a causa de una grave enfermedad en 1928, fue destinada a Cassà de la Selva. En esta localidad, gracias a un clima más salubre, destacó por su generosidad como profesora de Historia y catequista, irradiando paz y alegría mientras transmitía el carisma de la congregación.
La dispersión y los días de refugio en familia
Al estallar la guerra civil española, las tres religiosas se encontraban desempeñando sus labores en casas diferentes. Ante la situación de conflicto, se ordenó de forma prudencial que todas las consagradas abandonaran las escuelas y vistieran ropas seculares para refugiarse en los hogares de sus familiares. La comunidad de Mataró se dispersó el diecinueve de julio de 1936, un día después del levantamiento nacional. Suor Carmen fue acogida inicialmente por la familia Camp y logró regresar a Riudarenes pocos días después. Suor Rosa tuvo que abandonar el convento de Santa Coloma el veintintiende de julio a las ocho de la tarde, refugiándose primero en casa de su hermana Francesca y decidiendo después regresar junto a sus padres ancianos por motivos de prudencia.
Suor Magdalena abandonó el convento de Cassà junto a las demás consagradas y fue recibida por una vecina hasta que su hermano Francesc acudió a buscarla. Las tres hermanas se reunieron en el hogar familiar vistiendo ropas civiles y procurando mantener su vida de oración mediante la meditación, la lectura espiritual y la recitación del Piccolo Ufficio della Vergine, a la vez que colaboraban en los trabajos caseros y agrícolas junto a sus parientes. En la madrugada del veinticinco de septiembre de 1936, miembros del comité revolucionario de Riudarenes irrumpieron en la casa para realizar una perquisición, amenazando a la familia y confiscando cuatro mil pesetas, además de exigir otras quinientas pesetas como contribución para la guerra.
El martirio y la entrega suprema en Lloret de Mar
El veintisiete de septiembre de 1936, a las cuatro de la madrugada, un automóvil con tres milizianos se presentó en la casa afirmando que las hermanas debían comparecer en Gerona. Comprendiendo el destino que les aguardaba, las religiosas exhortaron a sus padres y a su hermano Francesc a abrir la puerta, expresando su disposición a morir por Jesucristo y señalando que debían presentarse ante Dios con el alma y el cuerpo limpios. Tras arrodillarse para recitar el acto de dolor y arreglarse brevemente, pasaron junto al pozo ubicado a cinco metros de la puerta, se abrazaron y despidieron de su hogar, de su padre, de su hermano y de su cuñada con absoluta tranquilidad.
Ante la serenidad de las hermanas, los perseguidores reaccionaron con esasperación y las introdujeron en el vehículo a botte y empujones. Al cerrar la portilla, el pie de suor Magdalena quedó fuera y resultó fracturado, por lo que suor Rosa arrancó un trozo de su propio vestido para vendárselo. El automóvil se dirigió desde Vidreras hacia Lloret de Mar y se detuvo en un bosque a unos veinte kilómetros. En aquel lugar, los miliziani intentaron violentarlas junto a un leccio y, al tropezar con la férrea resistencia de las hermanas —cuya autopsia posterior reveló que suor Carmen tenía varios dientes rotos—, emplearon troncos de árboles, cañas de armas de fuego y violencia extrema. Finalmente, les dispararon de manera intencionada hacia las partes íntimas y prendieron fuego a los cuerpos, dejándolos en un foso con la cabeza sobre el ciglio de la carretera.
La memoria, la exhumación y el camino hacia los altares
Los familiares buscaron infructuosamente a las hermanas y recibieron respuestas evasivas de las autoridades locales, hasta que los detalles del martirio trascendieron a través de los propios ejecutores y los exámenes forenses. Los restos fueron sepultados inicialmente en una fosa común en el mismo lugar del asesinato y, tras ser exhumados el veintiocho de agosto de 1937 con la presencia de jueces y médicos, fueron trasladados al cimitero de Riudarenes. El veintiocho de abril de 1939 recibieron sepultura en la tumba de su congregación en Gerona, desatando la aclamación unésona de los observadores que presenciaban la procesión al exclamar que pasaban las santas. Desde el uno de julio de 1974, sus restos descansan definitivamente en una capilla de la iglesia situada en la casa madre de las Hijas del Santissimo e Immacolato Cuore di Maria en Olot, muy cerca del lugar donde reposa el fundador Joaquin Masmitjà Puig, mientras que en el sitio del martirio se erigió un monolite con sus nombres, bendecido el doce de octubre de 1946.
El proceso informativo sobre el martirio en odio a la fe católica se desarrolló en la diócesis de Gerona entre los años 1952 y 1953, introduciéndose en la fase romana el dieciocho de enero de 1954. Tras una pausa prudencial establecida para las causas de mártires de la guerra civil española, el decreto de convalida se promulgó el seis de diciembre de 1991 y la Positio super martyrio se entregó en 1996. Superado el examen positivo de los consultores teólogos y de los cardenales y obispos de la Congregación de las Causas de los Santos, el papa Benedetto XVI autorizó el dieciséis de diciembre de 2006 el decreto que las declaró oficialmente mártires. La beatificación se celebró en Roma el veintiocho de octubre de 2007 junto a un grupo de 498 mártires de aquel periodo histórico.
La vida
Las tres hermanas Fradera Ferragutcasas compartieron un origen común en Riudarenes y una misma llamada a la vida consagrada. María del Monte Carmelo, nacida en mil ochocientos noventa y cinco, ingresó en la congregación de las Hijas del Santísimo e Immaculado Corazón de María en mil novecientos veintiuno, dedicando sus años de servicio a la enseñanza en Mataró. Por su parte, Rosa, nacida en mil novecientos, y Magdalena, nacida en mil novecientos dos, iniciaron su camino en el noviciado de Olot en mil novecientos veintidós. Tras su profesión religiosa, Rosa desarrolló su labor educativa en Santa Coloma de Farners, mientras que Magdalena, tras realizar sus votos perpetuos en mil novecientos veintiséis, se dedicó a la enseñanza de la historia y a la catequesis en localidades como Camprodon y Cassà de la Selva.
La vida de estas tres religiosas se vio truncada por el estallido de la guerra civil española. En septiembre de mil novecientos treinta y seis, fueron arrestadas por milicianos mientras se encontraban en el contexto de la persecución religiosa que azotaba al país. A pesar de la violencia y la hostilidad, permanecieron firmes en su fe hasta el final. El veintisiete de septiembre de mil novecientos treinta y seis, las tres fueron asesinadas en Lloret de Mar, en odio a la fe. Su partida, aunque dolorosa para la comunidad, se convirtió en un testimonio de coherencia y amor a Dios, sellando con su sangre una trayectoria de servicio abnegado a la Iglesia y a la educación de los jóvenes.
El culto
El recuerdo de las beatas María del Monte Carmelo, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas se mantiene vivo en la memoria de la Iglesia como parte de los mártires de la guerra civil española. Su proceso de beatificación culminó el veintiocho de octubre del año dos mil siete, cuando el papa Benedicto XVI las elevó a los altares, reconociendo oficialmente su martirio. Este acto litúrgico no solo honra su memoria, sino que subraya el valor del sacrificio vivido desde la caridad y la docilidad al Espíritu Santo.
Su fiesta se celebra cada veintisiete de septiembre, fecha en la que la comunidad cristiana eleva una oración de gratitud por su testimonio. Al recordar a estas tres hermanas, los fieles encuentran en ellas un ejemplo de fidelidad inquebrantable a las promesas bautismales y a los votos religiosos. Su vida y muerte siguen inspirando a quienes buscan vivir con autenticidad su propia vocación, recordándonos que el sacrificio de los mártires es una luz permanente que guía a la Iglesia en su peregrinar por el mundo.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festej...
La memoria litúrgica de las beatas María del Monte Carmelo, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas se celebra el veintisiete de septiembre.