28 de abril
Beati Luquesio y Buenadonna
Esposos, terciarios franciscanos
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
De la riqueza mundana a la conversión
En el territorio de Italia, durante el siglo XIII, nació en 1181 aquel que sería conocido como Lucchese. Dapprima, el joven se mostró avido de lucro, dedicándose con esmero a la actividad de mercader y logrando acumular una notable cantidad de riquezas materiales. Sin embargo, alrededor de la edad de treinta años, su vida dio un giro radical cuando decidió liberarse de todos los bienes acumulados y consagrarse por completo al servicio divino. San Francesco d'Assisi recorría por entonces las campiñas italianas, atrayendo a numerosos laicos que pedían seguir sus pasos evangélicos. Lucchese y su esposa Buonadonna, quienes habían perdido a sus dos hijos en tierna edad, sintieron el fuerte llamado de la vocación religiosa. Lucchese habría deseado hacerse fraile y su esposa Bona unirse a Santa Chiara en el convento de San Damiano, pero San Francesco, al encontrarse con ellos, les indicó que debían continuar viviendo juntos en el estado matrimonial, prometiéndoles entregarles una regla de vida para alcanzar la perfección.
En aquel encuentro memorable, San Francesco vistió personalmente a los dos cónyuges con la tunica color cenere y los cinse con el cordone a más nudos, explicándoles que habrían de vivir en el mundo como Frati Penitenti, compiendo obras pías, ayunando y predicando la paz. La primera Regola dell'Ordine Francescano Secolare fue aprobada más tarde, en el año 1223, por Papa Onorio III. En los primeros tiempos de este camino de fe, la conversión de Lucchese encontró incomprensión en su propia casa. Inicialmente la esposa dudó de la salud mental del marido y lo rimproveró con dureza porque regalaba el pan a todos los necesitados, dejando la madia completamente vacía. Ante los reclamos, Lucchese abrió nuevamente la madia y la encontró llena de pan fresco. Movida por este milagro del pan, Buonadonna decidió también seguir a su esposo en el camino de la penitencia y la caridad.
La vida de caridad y los prodigios en el mundo
Los esposos consolidaron su desprendimiento cuando, en el año 1227, se procedió a la venta de la casa dotale de la esposa. El íntegro ricavato de dicha venta fue entregado sin reservas al ospedale di San Giovanni, mientras que los cónyuges conservaron únicamente un misero alloggio situado muy cerca de un pequeño campicello. Lucchese cultivaba aquel campicello con sus propias manos, destinando rigurosamente todos los productos al nutrimento de los pobres que acudían a él. Su generosidad era inagotable y daba lugar a hechos extraordinarios. En una ocasión, un prete de passaggio le pidió algunas cebollas y recibió tantas que apenas quedaron unas pocas en el terreno; por invitación del sacerdote, Lucchese benedijo lo restante y, al día siguiente, el pequeño montón se había multiplicado de forma asombrosa. Asimismo, San Francesco había insediato a algunos frailes del primer Ordine en el eremo di Santa Maria a Camaldo, un lugar que el Comune cedió formalmente a San Francesco. Tras la muerte de este, el eremo fue ampliado siguiendo el diseño de frate Elia y fue intitolado a San Francesco, convirtiéndose en el sitio preferido donde Lucchese solía retirarse a rezar con su esposa, y donde su cuerpo, durante la contemplación, quedaba muchas veces sospeso in aria.
La entrega al prójimo se manifestaba también en la asistencia constante a los enfermos y desvalidos. Lucchese acudía con frecuencia a recoger a los ammalati para trasladarlos a los lugares de cura. Mientras transportaba un día a un infermo sobre sus espaldas, un joven insolente se detuvo a derisorio de su labor. Con profunda mansedumbre, Lucchese respondió al muchacho diciendo que llevaba sobre sí a Cristo sofferente. La tradición refiere que, por castigo divino, el joven que se había burlado del santo quedó repentinamente muto, y solo tras la fervorosa oración de Lucchese la palabra le fue devuelta. De igual modo, en sus constantes viajes hacia la Maremma con un asino cargado de provisiones destinadas a los enfermos de malaria, se enfrentó al peligro cuando unos giovinastri lo vieron desde lejos y proyectaron robarle la carga; adelantándose a sus intenciones, Lucchese se acercó a los jóvenes y les reveló que conocía su plan, advirtiéndoles que aquel sustento pertenecía a los pobres y que el Señor no permitiría que nadie se apropiare de él indebidamente.
El tránsito celestial y los milagros posteriores
El día 28 de abril de 1260, Lucchese y Buonadonna fueron llamados en el mismo día a formar parte de la Chiesa celeste. La esposa se encontraba inchiodata a letto abatida por la fiebre, y el anciano Lucchese, de ochenta años, ya padecía un delicado estado de salud. Buonadonna rogó a su esposo que hiciera venir a su confesor, frate Ildebrando, y ambos cónyuges se spensero a poche ore di distanza, culminando juntos una vida de fiel testimonio evangélico. Durante el solemne funeral se verificó un hecho prodigioso, pues un violento acquazzone descargó sobre la zona sin llegar a mojar ni las andas ni a la multitud congregada. Los cuerpos de los dos santi sposi fueron expuestos en la iglesia ricopiertos de flores. En medio de la devoción popular, uno de los asistentes se inclinó para besar los pies de Lucchese y, de forma furtiva, recise un dito con un temperino, provocando que del cadáver de Lucchese zampillara inmediatamente un chorro de sangre vermiglio.
Los favores del cielo continuaron manifestándose a través de numerosas intercesiones. Tebaldo, hermano del padre Ildebrando, se encontraba gravemente atormentado por un tumore allo stomaco y sanó milagrosamente al tocar las manos congiunte de Lucchese. Un hombre muy pobre y cargado de hijos, a quien el santo había protegido en vida, había sido injustamente imprigionado; al encomendarse al beato pidiendo ayuda para su familia, las cadenas cayeron de sus pies y se encontró milagrosamente fuera de la cárcel sin que nadie abriera la puerta, recorriendo una cincuentena de kilómetros en pocas horas para llegar a su hogar antes de que su mujer y sus hijos despertaran. Asimismo, varias mamme vieron retornar a la vida a sus pequeños hijos por intercesión de Lucchese, un ciego recuperó la vista al arrodillarse sobre su tumba, y una mujer obtuvo tanto la luz de los ojos como la del alma al reconocer sus pecados y convertirse. En otra ocasión, un niño cayó al fondo de un pozo y, ante las súplicas de los presentes, fue visto sentado sobre el agua y sostenido por las manos invisibles del santo. Un muchacho con un pie storto que pasó sobre la tumba de Lucchese en la iglesia de los frailes sintió una fuerte presión como una mordaza y experimentó la desaparición instantánea de su distorsión.
El reconocimiento del culto y la memoria de Poggibonsi
La fama de los prodigios de Lucchese trascendió las fronteras locales. En Recanati existía entonces una severa ley que obligaba a los culpables de homicidio a ser atados al cuerpo de la víctima y sepultados juntamente; gracias a la intercesión de Lucchese da Poggibonsi, dos hermanos lograron salir con vida de bajo tierra. Acontecimientos similares de auxilio se registraron cuando, en 1319, fra Bartolomeo de' Tolomei regresaba del Capítulo de Marsiglia a bordo de un navío que estuvo a punto de naufragar; al encomendarse con fe a Lucchese, la furia de los vientos y del mar cesó de inmediato. La devoción hacia las reliquias estuvo marcada también por la protección celosa de los frailes, quienes durante el periodo del accaparramento de las reliquias impidieron que los alemanes se llevaran el cuerpo de Buonadonna, logrando rescatar a tiempo un brazo y la mano izquierda de la beata. Por temor a posibles trafugamenti, la cabeza de Lucchese fue separada del cuerpo y conservada en una teca especial.
En el año 1274, el papa Gregorio X se dirigía al Concilio de Lione y realizó una parada en Poggibonsi. Con el fin de comprobar la autenticidad del beato, el pontífice sometió la reliquia a la prueba del fuego, arrojando la cabeza de Lucchese a las llamas de un gran bracero encendido; milagrosamente, la cabeza saltó fuera del fuego y fue a posarse con suavidad sobre las rodillas del papa. Tras este portentoso signo, el culto de Lucchese fue oficialmente autorizado por Papa Gregorio X. Posteriormente, en 1581, durante unos trabajos de reparación en el pavimento del coro, se produjo el hallazgo de los restos óseos de Lucchese, los cuales fueron ricomposti y devotamente depositados en una urna colocada sobre el altar. Hoy en día, cada año el 28 de abril se celebra en Poggibonsi una entrañable fiesta religiosa y popular, en la cual la ciudad entera recibe la bendición desde lo alto con el cuerpo del santo patrono y la reliquia de su esposa durante una solemne procesión.
Su camino de fe
La trayectoria de Luquesio y Buonadonna comenzó en la región de la Toscana, en un contexto histórico marcado por la renovación espiritual impulsada por el movimiento franciscano. Luquesio, nacido en mil ciento ochenta y uno, decidió abandonar su oficio de mercante para dedicar su tiempo y sus recursos al alivio de los pobres. Este cambio radical de vida no fue una decisión solitaria, sino una vocación compartida profundamente con su esposa, Buonadonna, con quien formó una unidad indisoluble en el servicio a Dios.
El encuentro con San Francisco de Asís marcó un hito definitivo en su caminar, pues recibieron de sus manos la regla de los Frati Penitenti, estableciendo así un compromiso formal de vida evangélica en el mundo. La pareja se estableció en Poggibonsi, lugar donde transformaron su realidad personal para enfocarse en la administración y el sostenimiento del hospital de San Giovanni. Su generosidad fue total, vendiendo sus bienes personales para asegurar que los necesitados tuvieran un refugio y cuidado digno. Durante décadas, ambos vivieron en una entrega constante, convirtiendo su hogar y su servicio en un faro de caridad. Su fallecimiento ocurrió el veintiocho de abril de mil doscientos sesenta, fecha en la que ambos partieron juntos hacia la casa del Padre, sellando con su unión terrenal una comunión que trascendió la muerte.
El reconocimiento del culto
La santidad de los esposos Luquesio y Buonadonna fue reconocida oficialmente por la Iglesia poco después de su tránsito al cielo. En el año mil doscientos setenta y cuatro, el Papa Gregorio X autorizó su culto, un evento que estuvo marcado por el testimonio de una prueba del fuego que confirmó la heroicidad de sus virtudes. Desde aquel momento, la figura de estos beatos se integró en la tradición litúrgica y popular, especialmente en la comunidad de Poggibonsi, donde se les reconoce como patronos.
Cada veintiocho de abril, la ciudad de Poggibonsi celebra su memoria con una solemne procesión y la bendición del pueblo, manteniendo viva la devoción a quienes supieron vivir la santidad en la sencillez del matrimonio. Este culto no es solo una conmemoración histórica, sino una invitación permanente a vivir la caridad y la fidelidad conyugal bajo la luz del Evangelio, recordando que la entrega a los pobres es el camino más directo para alcanzar la presencia de Dios.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Lucchese?
La festividad litúrgica del beato Lucchese se celebra cada año el 28 de abril con solemnes actos religiosos y populares en Poggibonsi.
Di cosa es patrono San Lucchese?
El beato Lucchese es patrono de la Orden Francescana Secolar y de la localidad toscana de Poggibonsi.
Cerca de Poggibonsi en Toscana, beato Luquesio, que, al principio ávido de lucro y luego convertido, vistió el hábito de la Tercera Orden de los Penitentes de San Francisco, vendió sus bienes y los distribuyó a los pobres, sirviendo en pobreza y humildad a Dios y al prójimo según el espíritu del Evangelio. — Martirologio Romano