12 de marzo
Beati Mártires de Aguilares
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Contexto histórico y social
Lo Estado de El Salvador conquistó su independencia del dominio español en el año 1825. Dicha independencia trajo consigo el accaparramiento de los territorios que habían sido sustraídos a los Indios, lo que provocó el consiguiente arriquecimiento de los propietarios terrieros y los banchieri. Posteriormente se produjo el paso de la riqueza directamente a las manos de la clase empresarial. Como consecuencia de estos procesos económicos, gran parte de la población del país iba convirtiéndose cada vez más en una comunidad empobrecida. La población que vivía en la pobreza resultaba fácilmente sugestionada por los grupos extremistas de izquierda. Estos grupos de izquierda predicaban una diferente distribución de la riqueza, la cual debía ser conseguida incluso mediante el uso de medios violentos. Por su parte, los grupos políticos de extrema derecha, que contaban con el firme apoyo de los militares, se encargaban de defender los privilegios sociales creados a lo largo del tiempo. En el año 1972, el Colonnello Arturo Armando Molina resultó elegido para ocupar la Presidencia de la República. Sin embargo, la elección de Molina no condujo a la materialización del intento de reforma que el país necesitaba con urgencia. En el año 1979 se registró un nuevo golpe militar en la nación. Al golpe del año 1979 se contrapusieron las organizaciones populares tanto de derechas como de izquierdas. Un grupo de militares que disentía del precedente golpe de estado se organizó para llevar a cabo otro con el apoyo explícito de las fuerzas que se encontraban en el gobierno. Este segundo golpe favoreció de manera directa el inicio de la guerra civil en el territorio nacional.
El martirio en Aguilares
La Causa que nos ocupa trata acerca del presunto martirio de tres Siervos de Dios. Los tres Siervos de Dios fueron cruelmente asesinados el día 12 de marzo del año 1977 en la localidad de Aguilares, situada en El Salvador. El primero de los Siervos de Dios es Rutilio Grande García, quien desempeñaba su labor como sacerdote de la orden jesuita. El segundo Servo de Dios es Manuel Solorzano Solórzano, hombre dedicado a su familia. El tercero de los Siervos de Dios es Nelson Rutilio Lemus, un joven en edad adolescente. El martirio material sufrido por los tres Siervos de Dios se encuentra suficientemente provado. Su trágica uccisione estuvo motivada por un predominante odio a la fe. En aquella época, las agresiones dirigidas contra los cristianos, y de manera muy especial contra los sacerdotes y los religiosos, estaban a la orden del día. La figura de padre Rutilio destaca de forma sobresaliente entre los tres Siervos de Dios. Padre Rutilio estaba firmemente convencido de que tenía la obligación de defender los valores del Evangelio y de aplicar fielmente las enseñanzas de la Iglesia. Por esta razón, padre Rutilio se había schierato de manera abierta al lado de los pobres y de los campesinos. Los pobres y los campesinos constituían precisamente la franja social que sufría con mayor dureza la opresión y la explotación por parte del gobierno. Muchas de las predicas pronunciadas por padre Rutilio eran consideradas por las autoridades como eversivas. Estas prédicas eversivas estaban orientadas a la promoción humana y cristiana de los miembros más débiles de la sociedad. Los Siervos de Dios Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus fueron asesinados pura y simplemente porque se encontraban junto a padre Rutilio. La muerte de Manuel y de Nelson no constituyó en absoluto un hecho accidental. La misma dinámica en la que se desarrolló el agguato respondía fielmente al estilo típico de los grupos armados paramilitares. De la detallada dinamica se evidencia de manera clara que los asesinos tenían la intención de acabar también con la vida de los dos laicos. Cabe destacar que los Siervos de Dios no formaban parte de ningún partido político de oposición al régimen establecido. Tampoco consta en ningún momento que los Siervos de Dios mantuvieran cercanía alguna con la guerrilla. Durante el fatal agguato, los tres Siervos de Dios perdieron la vida de forma inmediata al ser alcanzados por diversos proyectiles. Su auténtica disposición martirial ha quedado debidamente provada.
Testimonio y frutos de santidad
Padre Grande era plenamente consciente de los riesgos graves que se derivaban del ejercicio de su apostolado. Padre Grande había recibido en numerosas ocasiones diversas intimidaciones. Las amenazas contra padre Grande se repitieron incluso pocos días antes de su muerte. A pesar de todo ello, padre Grande continuó testimoniando su fe sin aceptar ningún tipo de compromiso con el poder. Padre Grande procuraba siempre evitar los tonos encendidos o cualquier clase de provocación innecesaria. Los dos fieles laicos conocían perfectamente la delicada situación que se vivía. A pesar de conocer los peligros, los dos laicos decidieron permanecer firmemente al lado de padre Rutilio. Manuel Solórzano solía acompañar habitualmente a padre Rutilio en sus desplazamientos con el noble propósito de defenderlo en el hipotético caso de una agresión. Las diversas testimonianzas coinciden de manera unánime al poner de relieve la notable serenidad de ánimo que caracterizaba a padre Rutilio, así como su gran coraje y su profunda confianza puesta en la Providencia divina. Los Siervos de Dios Manuel y Nelson se dispusieron también al martirio colaborando estrechamente con padre Rutilio y exponiéndose de forma totalmente consciente a los mismos riesgos mortales. El pueblo de Dios consideró de inmediato a padre Rutilio y a los dos fieles laicos como verdaderos mártires. El régimen intentó por todos los medios presentar el trágico episodio como un simple acto de criminalidad común. No obstante los intentos del poder, el sacrificio de los tres hombres tuvo una inmensa resonancia mundial. La amplia resonancia mundial favoreció de manera notable la fioritura de nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas. Monseñor Óscar Romero quedó de tal modo impresionado por los acontecimientos que llegó a declarar públicamente que él mismo se consideraba un fruto directo del sangue de padre Grande al referirse al desarrollo de su propio apostolado. La fama de martirio de estos fieles servidores ha permanecido inalterable y constante a lo largo del tiempo.
La vida y el sacrificio
En el corazón del siglo veinte, en la localidad de Aguilares, El Salvador, se desarrolló la labor pastoral del sacerdote Rutilio Grande junto a dos fieles colaboradores laicos. Este grupo dedicó su vida a la defensa de los pobres y de los campesinos, promoviendo una fe que se encarnaba en las necesidades y esperanzas de quienes vivían en la marginación. Su ministerio no fue una tarea aislada, sino un ejercicio constante de cercanía, escucha y acompañamiento a una comunidad que buscaba justicia y paz en tiempos de gran incertidumbre.
La labor realizada por el sacerdote y sus compañeros no pasó inadvertida para quienes veían en su mensaje de dignidad una amenaza a sus intereses. A causa de su entrega, recibieron constantes amenazas que intentaban silenciar su voz y detener su apostolado. Sin embargo, ellos perseveraron con serenidad y firmeza, manteniendo su compromiso hasta el final. El doce de marzo de mil novecientos setenta y siete, mientras se dirigían a cumplir con sus deberes, fueron interceptados en un agguato paramilitar. En aquel lugar, ofrecieron el sacrificio supremo de sus vidas, sellando con su muerte el testimonio de una vida dedicada al servicio de Dios y del prójimo. La partida de estos mártires dejó una huella profunda en la comunidad de Aguilares, convirtiéndose en un referente de coherencia cristiana y de amor sacrificial que sigue inspirando a los fieles de nuestro tiempo.
El culto y la memoria
La veneración a los Beatos Mártires de Aguilares se centra en la fecha de su nacimiento al cielo, el doce de marzo. Esta jornada es un momento de gracia para la Iglesia, que invita a los fieles a reflexionar sobre el significado del martirio en el mundo contemporáneo. Al conmemorar su entrega, la comunidad cristiana no solo recuerda un evento histórico, sino que renueva su compromiso con la verdad y la caridad fraterna.
El recuerdo de estos tres mártires se mantiene vivo en la oración de quienes reconocen en su sacrificio una entrega valiente por los más pequeños. Su testimonio nos recuerda que la fe es una luz que no debe ocultarse, especialmente cuando el entorno exige mayor fortaleza y esperanza. La liturgia de este día es una oportunidad para agradecer a Dios por el don de su vida y para pedir la gracia de vivir con la misma rectitud, buscando siempre el bien común y la justicia, tal como ellos lo hicieron en su humilde servicio en Aguilares.
Preguntas frecuentes
Cuándo se celebra la festividad de los Beati Mártires de Aguilares?
La festividad litúrgica de los Beati Mártires de Aguilares se celebra el día 12 de marzo de cada año.