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12 de marzo

San Maximiliano de Tebessa

Mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Fontes históricas y el contexto de las fuentes

De la vida de San Maximiliano se conservan únicamente scarne notizie, transmitidas fundamentalmente a través de la venerable tradición contenida en una Passio Sancti Massimiliani. Estos documentos permiten vislumbrar la figura de un joven cristiano que vivió a finales del tercer siglo, en el contexto del Imperio Romano. El martirio del santo aconteció alrededor del año 295 después de Cristo, un 12 de marzo, bajo el consolato de Tusco y Anulino o Anulio. Los hechos ocurrieron en Tebessa, en Numidia, en la actual argelia, en las proximidades de Cartagine. En los actos y passiones de los mártires de los orígenes aparece la unicidad del caso de San Maximiliano, ya que en los otros episodios históricos de la época el conflicto solía resolverse en el rechazo de los actos de culto específicos vinculados al cumplimiento de los deberes militares, mientras que en este caso se asiste a un rechazo radical de las armas. San Maximiliano era hijo del veterano Fabio Vittore, también conocido simplemente como Vittore, un militar que había servido largamente en las legiones. Según las leyes y las costumbres del tiempo, San Maximiliano era rigurosamente tenedor de seguir la carrera militar del genitore, estando ya formalmente alistado en la milicia. Con todo, el joven cristiano rechazó con firmeza la carrera militar a pesar de ser formalmente reconocido hábil para el servicio.

El interrogatorio y el supremo testimonio

Conducido con determinación al Foro, el joven fue presentado ante el proconsul Dione para responder de su conducta. El proconsul Dione interrogó a San Maximiliano con atención acerca de las razones de su inusual rechazo a servir en las armas. Con una postura firme, lúcidamente consciente y animada por un espíritu sin esibizionismos, muy alejada de cualquier retórica, el santo respondió con claridad: No me es lícito hacer el soldado, puesto que soy cristiano. Ante las reiteradas insistencias y las lisonjas del proconsul Dione, el mártir reiteró sin vacilaciones su postura: No puedo hacer el soldado, no puedo hacer el mal, soy cristiano. Cabe señalar que en la guardia d'onore de los emperadores Diocleciano y Maximiano y de los cesares Costanzo y Massimo prestaban servicio diversos soldados cristianos, lo que demuestra la complejidad del clima de la época. Sin embargo, el mártir respondió con profundo respeto para las elecciones ajenas y con gran dignidad para las propias, afirmando con sencillez que los demás sabían lo que era bueno para ellos, mientras que él, siendo cristiano, no podía hacer el mal. En el desarrollo de los hechos, San Maximiliano se negó rotundamente a prestar el juramento militar obligatorio, abdicando expresamente al rol de soldado en la hora suprema del martirio. Al constatar su inquebrantable resolución, el proconsul Dione leyó sobre la tablilla la condena a muerte para el joven Massimiliano. El capo d'accusa formal establecido fue la indisciplina por haber rechazado el servicio militar, y la condena fue dictada mediante la decapitación con la espada. Inmediatamente después de escuchar la lectura de la sentencia, San Maximiliano exclamó con gratitud Deo gratias. Según la antigua Passio, el joven mártir tenía veintiún años, tres meses y dieciocho días de edad en el momento de su suplicio. Antes de expirar, San Maximiliano se dirigió a su padre con el rostro radiante de alegría y pidió expresamente que su veste nueva fuera donada al verdugo; dicha vestidura había sido preparada con esmero por el genitore precisamente con ocasión de su ingreso en el servicio militar. Inmediatamente después del martirio, su cuerpo fue piadosamente recogido por una matrona, la cual lo ricompose con gran dignidad y lo sepultó en una colina situada cerca de la tumba del glorioso mártir san Cipriano. Por su parte, el padre Vittore emprendió el retorno a su hogar alabando a Dios y sintiéndose colmado de una profunda alegría, pues consideraba a su hijo como un precioso regalo enviado por delante hacia Dios, albergando la firme esperanza de alcanzarlo en el futuro.

El cristianismo sumergido y la Tradición de la Paz

El testimonio de San Maximiliano se inscribe con fuerza en aquella corriente de los primeros siglos del cristianismo que los estudiosos definen como cristianismo sumergido. Esta corriente espiritual y existencial ha atravesado los siglos llegando hasta la época moderna y contemporánea, manifestándose en testigos luminosos de la fe. Entre los testimonios conocidos de esta misma corriente se pueden recordar a figuras como don Lorenzo Milani y el padre Balducci, mientras que entre los testimonios menos conocidos figura el contadino católico austriaco Franz Jaegerstaetter. Este último fue valientemente procesado y decapitado bajo el régimen nazi de Hitler por haberse negado rotundamente a ser alistado en los repartos de la Wermacht. Este movimiento de ideas y convicciones estaba fuertemente radicado en la Iglesia mucho antes de que al cristianismo le fuera reconocida la plena libertad de culto por el emperador Constantino, y ha permanecido vivo también con posterioridad. El movimiento ravvisava una absoluta inconciliabilidad entre la auténtica ética cristiana y el ejercicio del servicio militar a cualquier título que fuera prestado. Ya en los primeros tiempos, la célebre obra De corona de Tertulliano, compuesta alrededor del año 211 después de Cristo, tomaba como punto de partida un episodio relacionado con un joven soldado definido como Dei miles, cuyo nombre exacto no ha llegado hasta nosotros. Aquel soldado había rehusado obstinadamente colocarse sobre la cabeza una corona de olorosas hojas de laurel durante una solemne ceremonia vinculada directamente al culto del emperador. Al ser requerido sobre su actitud, el militar explicó su proceder proclamándose abiertamente cristiano, motivo por el cual fue inmediatamente rinchiuso en el calabozo en rigurosa espera de la condena definitiva. En el tratado De corona, Tertulliano se preguntaba abiertamente si un cristiano podía lícitamente prestar el servicio militar, distinguiendo cuidadosamente entre la hipótesis del cristiano que aún no se había alistado y la del militar que se convertía a la fe tras haber ingresado en las filas. Para Tertulliano existía una incompatibilidad radical e insuperable entre los deberes supremos de la fe bautismal y los deberes militares para el cristiano no alistado, puesto que el bautizado recibe un sagrado sello de pertenencia exclusiva a Cristo del cual no puede despojarse ni someterse a otros señores. Para el militar ya convertido, Tertulliano preveía el abandono gradual del ejército o, en su defecto, una extrema cautela para no cometer acciones contrarias a la ley divina, hasta llegar al extremo sacrificio de la vida. Con un espíritu netamente antimilitarista, se sostenía entonces que la única guerra verdaderamente lícita para el seguidor de Cristo era aquella librada interiormente contra las alienaciones del mundo. Un concepto hondamente análogo fue expresado por el mismo Tertulliano en su escrito De idolatria durante aquel mismo periodo histórico. Del mismo modo, otros autorevoles Padres de la Iglesia, tales como Origene, Lattanzio, Cipriano, Ippolito y Minucio Felice, manifestaron en sus escritos ideas sumamente afines. San Maximiliano se sitúa con pleno derecho en la ilustre schiera de aquellos que aceptaron voluntariamente la sanción capital con tal de obedecer a los dictados de su propia conciencia. La muerte les fue infligida inexorablemente por el rechazo de comportamientos que juzgaban lesivos para sus convicciones interiores, profundamente arraigadas en el signum Christi recibido por medio del santo bautismo. Entre otros testigos ilustres de esta misma actitud evangélica se suelen citar frecuentemente a Marino, Marcello y Giulio. Pocas décadas después de la paz constantiniana, alrededor del año 350 después de Cristo, san Martino di Tours tomó la drástica decisión de abandonar definitivamente el servicio militar. Este episodio memorable es conocido en la historia de la Iglesia como la escena de Worms. San Martino motivó su inquebrantable rechazo con las célebres palabras: Soy soldado de Cristo: no me es lícito combatir. Ante tal negativa, el emperador Giuliano l'Apostata acusó públicamente a Martino de cobardía ante la inminente batalla contra los enemigos, a lo que el santo replicó ofreciéndose valientemente a marchar al encuentro de los adversarios completamente desarmado. No cabe duda de que la objeción manifestada por san Martino resuena en total consonancia con las profundas motivaciones expresadas anteriormente por San Maximiliano.

Interpretación teológica y patronazgo

A juicio de ilustres estudiosos, como por ejemplo el profesor P. Siniscalco, las razones esgrimidas por el mártir se poggiavano única y exclusivamente sobre sus íntimas convicciones, las cuales brotaban de una interpretación profundamente personal y radical del Evangelio. Dicho análisis pone de relieve que el alistamiento militar romano comportaba necesariamente la ejecución de un acto formal de culto a las divinidades paganas de los emperadores, además de implicar inexorablemente la comisión de actos de violencia contra el prójimo. De una atenta y rigurosa análisis de la Passio se deduce con claridad meridiana que la objeción de conciencia de San Maximiliano se fundaba primariamente en el rechazo absoluto de cometer violencia, traicionando de este modo el espíritu genuino de las enseñanzas del Evangelio. Por todas estas razones históricas y espirituales, San Maximiliano puede ser invocada a justo título cual único protector de los obiettori de conciencia, siendo un faro de coherencia cristiana en medio de las tempestades de la historia humana.

Preguntas frecuentes

Quando se festeggia San Maximiliano de Tebessa?

San Maximiliano de Tebessa se festeggia el 12 de marzo, día en el cual sufrió su glorioso martirio.

Di cosa è patrono San Maximiliano de Tebessa?

San Maximiliano de Tebessa es considerado y puede ser invocado a justo título como el protector de los obiettori de conciencia.

En Tebessa, en Numidia, en la actual Argelia, san Maximiliano, mártir, que, hijo del veterano Vittore y también él alistado en la milicia, respondió al procónsul Dione que a un fiel cristiano no le era lícito servir en el ejército y, habiéndose negado a prestar el juramento militar, fue ejecutado con la espada. — Martirologio Romano