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30 de octubre

Beato Alexio Zaryckyj

Sacerdote y mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Los primeros años y la vocación sacerdotal

Alexio Zaryckyj nació el 17 de octubre de 1912 en Bilch, una localidad situada en la zona occidental de Ucraina, dentro de la región de Leopoli. Creció en el seno de una familia profundamente católica que supo transmitirle los valores evangélicos y el amor a la Iglesia. Ya desde su infancia, el giovanísimo Alessio manifestaba un fuerte y claro deseo de entregarse al servicio del altar, aspirando con toda el alma a hacerse sacerdote. Con este propósito firme en su corazón, dedicó sus años de crecimiento al estudio y a la formación espiritual, preparándose para responder a la llamada divina. En el año 1936, a la edad de veinticuatro años, recibió la ordenación sacerdotal en la catedral de Leopoli, comenzando así un camino ministerial marcado desde el primer instante por el sacrificio y la entrega incondicional.

En la época en que padre Alessio recibió la ordenación, el dictador Iósif Stalin estaba transformando la Rusia y toda la Europa oriental hasta la Siberia en una inmensa prisión para los creyentes. Los católicos constituyeron el primer blanco de las persecuciones del régimen soviético, y los sacerdotes, considerados un peligro insoportable para la ideología comunista, figuraban entre los primeros destinados a desaparecer. En este contexto de extrema hostilidad, padre Alessio demostró ser un enamorado ferviente de Jesús, alimentando un espíritu de apostolado constante y un celo incansable por la salvación de las almas. Su dedicación al ministerio no conocía límites ni reservas personales, distinguiéndose siempre por una índole mite y comprensiva que reflejaba fielmente el estilo del buen pastor.

El ministerio clandestino y la persecución

A su debido tiempo, la diócesis encomendó a padre Alessio la atención espiritual de varias comunidades, las cuales, aunque gravemente perseguidas, se mantenían firmes en la fe gracias a la presencia viva de sus pastores y mártires. Su labor principal consistía en impartir una catequesis esencial, firmemente anclada en el Evangelio y en el Magisterio de la Iglesia, poniendo a Jesucristo en el centro de cada enseñanza. Insistía de manera particular en la fidelidad constante al Señor, en la fuga decidida del pecado, en la importancia de vivir en estado de gracia, en el cultivo del espíritu de fortaleza y en la paciente espera del Paraíso. Como fruto directo de su celo, los fieles adquirieron la hermosa costumbre de confesarse al menos cada mes, mientras que muchos de ellos lograban recibir la Eucaristía a diario, arriesgando para ello la libertad y la propia vida.

Garantizar que todos pudieran acceder al sacramento de la reconciliación y recibir el Pan eucarístico constituía la preocupación primordial de padre Alessio, aun a sabiendas del peligro constante que corría. Durante once largos años, la policía del régimen comunista, de naturaleza atea y homicida, lo persiguió y lo mantuvo en el punto de mira como si fuera un peligroso criminal. En 1948, mientras ejercía fielmente como párroco en su tierra ucraniana, fue finalmente arrestado a causa de su inquebrantable adhesión a la Iglesia Católica. Las autoridades comunistas intentaron doblegar su voluntad proponiéndole convertirse en obispo ortodoxo, bajo la condición de separarse del Papa de Roma a cambio de una vida más fácil y segura.

Con firmeza evangélica, padre Alessio rechazó rotundamente tal propuesta, declarando de manera explícita que separarse del Sumo Pontífice equivalía a traicionar el Evangelio de Cristo. Antes de ser conducido al encierro, tuvo la oportunidad de exhortar a sus feligreses a no abandonar jamás la fe recibida de sus mayores, dejando un vacío profundo y doloroso en el corazón de la comunidad parroquial. Es digno de mención que, siendo sacerdote de rito greco-católico, por amor entrañable a los fieles de tradición latina, había aprendido a celebrar la santa Misa también según el rito romano. Desde los lugares de reclusión, no dejó de escribir cartas a sus seres queridos y a los fieles, animando a su padre anciano a ofrecerlo todo al Señor sufriente y a confiar en la oración como en la fuerza más grande, y aconsejando a su hermano casado que frecuentara los sacramentos y amara profundamente el Sacrificio de la Misa.

El destierro en el Kazakistan y el apostolado itinerante

En el interior de la prisión, padre Alessio soportó grandes sufrimientos infligidos por sus carceleros, respondiendo a las ofensas con la oración y ofreciendo sus propios dolores por la salvación de sus mismos perseguidores, sostenido por la certeza íntima de la cercanía y el amor de Jesucristo. Tras la muerte de Stalin en marzo de 1953 y la celebración del vigésimo congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956, pareció atenuarse momentáneamente la dureza de la dictadura, si bien esta continuó bajo el mandato de Nikita Krusciov. Liberado de la cárcel, padre Alessio reanudó sin demora su labor apostólica, moviéndose con gran riesgo personal bajo la constante vigilancia policial. Sin embargo, antes de finalizar aquel mismo año 1956, Krusciov ordenó la invasión de Hungría con los tanques, aplastando al pueblo en un baño de sangre, y padre Alessio fue condenado al destierro en la localidad de Karaganda, situada en el Kazakistan.

Al llegar a aquellas tierras lejanas, el sacerdote fue recibido por los fieles católicos como si fuera el mismo Jesucristo, mereciendo el hermoso apelativo de el vagabondo de Dios. Emprendió entonces innumerables viajes pastorales a lo largo de miles de kilómetros a través del territorio kazajo, una región vasta nueve veces que Italia, llegando incluso a adentrarse en la Siberia para visitar a las comunidades católicas dispersas, desafiando un clima despiadado y el continuo control policial. En el año 1957, el arzobispo metropolita ucraniano Josyf Slipyi, futuro cardenal que había sobrevivido a veinte años de crueles trabajos forzados en los gulags siberianos, lo nombró en secreto administrador apostólico para el Kazakistan y toda el Asia central.

En el transcurso de sus largos y fatigosos desplazamientos, padre Alessio se detenía en los pueblos más recónditos para administrar los santos sacramentos a las familias católicas. Se recaba de manera repetida, por ejemplo, junto a los fieles alemanes que habían sido deportados por Stalin desde las regiones del Volga y del mar Nero hasta los Urales, y confinados en míseras baracches, entre los cuales se encontraba la familia de Maria Schneider, madre del actual obispo de Karaganda, monseñor Athanasius Schneider. En enero de 1958, llegando de imprevisto a Krasnokamsk, cerca de Perm en los montes Urales, el sacerdote demostró una vez más su celo desmedido al consagrarse por entero a la preparación de los fieles para la sagrada Comunión, escuchando confesiones de día y de noche sin concederse tregua para el descanso o la comida, a pesar de las insistentes súplicas de los presentes que temían por su salud.

Testigo de la alegría y pastor incansable

Una vez que todos los presentes hubieron recibido el sacramento de la reconciliación, padre Alessio daba comienzo a la celebración de la santa Misa. En aquella ocasión en Krasnokamsk, cuando se oyó de improviso la voz que alertaba sobre la inminente llegada de la policía, pudo escapar con bien gracias a la oportuna ayuda de Maria Schneider, y un año más tarde logró regresar al mismo lugar para celebrar nuevamente los sagrados misterios y comulgar a los fieles. Su condición de pastor itinerante y sin residencia fija continuó centrada de manera prioritaria en las necesidades espirituales del Kazakistan. Suor Anastasia Bium, que lo conoció por primera vez en 1961 a la edad de veintiún años, recordaba siempre el profundo impacto que le causó su semblante alegre, su talante jovial y su sonrisa serena, tan diferentes de la tristeza que solía marcar a otros sacerdotes castigados por la persecución.

Durante aquel período, padre Alessio continuaba confesando hasta altas horas de la noche, acudía a menudo a casa de la familia de Anastasia tras la Misa y celebraba los sagrados ritos con profunda concentración espiritual, frecuentemente a las cuatro de la madrugada, en la única habitación que servía de vivienda a la familia. Poseía el don singular de transmitir verdades sumamente serias con una amabilidad desarmante, cuidando además de no hablar jamás de sí mismo, ni de los terribles años de prisión, ni de las torturas padecidas, ni de los fuertes dolores de estómago que padecía de forma constante debido a los sufrimientos físicos y morales soportados. Estrecha y constantemente vigilado, ofrecía todas sus pruebas al Señor y animaba a los creyentes a unir sus propias pobrezas y tribulaciones a los sufrimientos de Cristo en la cruz.

En sus constantes andanzas, padre Alessio llevaba siempre consigo al Santísimo Sacramento, dispuesto a ofrecer la Comunión y el consuelo a los enfermos y a los agonizantes tras haberlos confesado debidamente. Verdadero sacerdote e hijo devoto de Maria Santissima, predicaba con entusiasmo la vida purísima de la Virgen Madre de Dios como modelo insuperable para todo cristiano, exhortando a los fieles a ser como lirios de amor y de pureza que florecían en luminoso candore delante del Señor. Durante su última visita a la familia de Anastasia, antes de ser apresado de nuevo, anunció que aquel encuentro sería el último, impartiendo una bendición que quedó grabada en el alma de los presentes como un verdadero testamento espiritual para permanecer unidos en el sagrado Corazón de Jesús.

El martirio supremo y la gloria de los altares

En el mes de abril de 1962, padre Alessio fue detenido mediante un engaño por la policía secreta y confinado en el duro campo de concentración de Dolinka, situado en las proximidades de Karaganda. En aquel recinto de reclusión, su existencia terrena se encaminó hacia el tramo final en medio de sufrimientos atroces y deshumanizadores. Algunas mujeres de gran fe y valor lograron acercarse al perímetro de alambre de espino del campo, siendo testigos de una escena espantosa al ver cómo las guardias golpeaban brutalmente al sacerdote y lo introducían a la fuerza en una fosa profunda, para luego sacarlo tirando de cuerdas mientras su cuerpo aparecía completamente bañado en sangre. Ante la impotencia de las lágrimas de aquellas mujeres, padre Alessio exclamó con fortaleza sobrenatural que aquel camino doloroso constituía la verdadera vía de la cruz y la participación en la pasión de Jesús.

A pesar del encierro, el sacerdote logró hacer llegar al exterior una breve carta en la que comunicaba que la Santísima Virgen le había hecho una visita personal, prometiéndole que pronto iría a buscarlo para llevarlo con ella. El 13 de octubre de 1963, a consecuencia de las crueles torturas sufridas en el campo de prisioneros, padre Alessio entregó su alma a Dios, conquistando la palma del martirio y la vida eterna en la localidad de Dolynska, en el Kazakistan. Al día siguiente, víspera de la festividad de los santos, el becchino se disponía a dar sepultura a los restos mortales en absoluta soledad, cuando percibió unos cantos celestiales y contempló a una joven mujer ataviada con vestiduras blancas que acompañaba el carruaje fúnebre entonando himnos de inefable dulzura y solemnidad. Aunque se preguntaba cómo era posible que alguien hubiera entrado en el campo fuertemente custodiado, no se atrevió a interrogar a la misteriosa figura, comprendiendo al final que se trataba de la mismísima Virgen María, descendida para acoger el alma de su fiel sacerdote y mártir.

La Iglesia ha reconocido solemnemente su testimonio supremo, venerándolo como ilustre mártir por la Eucaristía y recordándolo en el Martirologio como sacerdote y mártir muerto en el campo de prisioneros por mantenerse fiel a la fe bajo un régimen hostil a Dios. El 27 de mayo de 2001, el papa Juan Paolo II elevó a los altares al padre Alessio Zarytsky, beatificándolo en la ciudad de Leopoli. Años más tarde, en 2007, monseñor Athanasius Schneider consagró en Karaganda la primera iglesia dedicada al beato Alessio, luciendo para la ocasión una cotta sagrada que había pertenecido al mártir y que le había sido entregada como precioso regalo por Ivan Zarytsky, hermano del beato y todavía viviente en aquel tiempo. Monseñor Schneider definió al beato como un auténtico santo eucarístico, capaz de formar almas eucarísticas comparables a delicadas flores nacidas en la oscuridad y en el desierto de la clandestinidad, demostrando de este modo que la Iglesia de Cristo permanece siempre viva y fecunda.

Preguntas frecuentes

Cuándo se celebra la festividad del beato Alexio Zaryckyj?

La memoria litúrgica del beato Alexio Zaryckyj se celebra el día 30 de octubre.

Dónde falleció el beato Alexio Zaryckyj?

El beato Alexio Zaryckyj falleció el 13 de octubre de 1963 en la localidad de Dolynska, cerca de Karaganda, en el Kazakistan, a consecuencia de las torturas sufridas en el campo de concentración.

En la ciudad de Dolinka, cerca de Karaganda, en Kazajistán, beato Alexio Zaryckyj, sacerdote y mártir, que, deportado bajo un régimen hostil a Dios en un campo de prisioneros, en el combate por la fe conquistó la vida eterna. — Martirologio Romano