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4 de agosto

Beato Enrique (Jozef) Krzysztofik

Sacerdote capuchino, mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

De los primeros años a la formación sacerdotal

Padre Enrico Krzysztofik nació el veintidós de marzo de mil novecientos ocho en un villaje polaco llamado Zakrzew. Al recibir las aguas bautismales en su infancia, le fue impuso el nombre de José, el cual decidió cambiar por el de Enrique al momento de ingresar a la orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Su itinerario formativo estuvo marcado por el estudio diligente y la apertura a la Iglesia universal, trasladándose a Olanda para cursar la disciplina de la filosofía y posteriormente a Roma para profundizar en la teología. Tras completar estos años de preparación intelectual y espiritual, recibió la ordenación sacerdotal en el año mil novecientos treinta y tres. Lejos de concluir sus estudios con el presbiterado, se fermó en la ciudad eterna durante dos años más con el propósito de conseguir la licencia en teología, consolidando así los fundamentos doctrinales y pastorales que guiarían su ministerio.

De regreso en su patria polaca, asumió con celo apostólico la tarea de la enseñanza y fue designado como rector del seminario situado en el convento de Lublino. En aquel claustro desempeñó también un papel activo como un predicador apasionado y convencido, capaz de tocar los corazones de los fieles con la palabra de Dios. Sin embargo, este fecundo período de labor educativa y pastoral se vio abruptamente interrumpido por el estallido de la segunda guerra mundial y la consecuente invasión de Polonia por parte de las tropas alemanas del régimen totalitario de Hitler. Como dramática señal de los tiempos oscuros que se avecinaban, los confraternos holandeses del convento fueron los primeros en sufrir la expulsión forzosa, entre los cuales se encontraba el padre guardiano Gesualdo Wilem. Ante esta repentina ausencia y con la urgencia que imponían las circunstancias de la persecución nazista, el padre Enrique asumió la responsabilidad de convertirse en el nuevo padre guardiano del convento de Lublino de la noche a la mañana, cargando sobre sus hombros la duplice veste de rector del seminario y superior de la comunidad en un momento de extrema vulnerabilidad.

El arresto y el testimonio en el cautiverio

Los seminaristas confiados a su guía se encontraban comprensiblemente preocupados y agitados ante el amenazante clima político que se cernía sobre el país, lo que provocó que el inicio de las lecciones tuviera que ser retrasado. No obstante, gracias a la paciencia y a la constante serenidad transmitidas por el padre Enrique, los ánimos lograron sosegarse lo suficiente como para retomar el estudio. La relativa paz del convento terminó de golpe el veinticinco de enero de mil novecientos cuarenta, cuando los agentes de la Gestapo irrumpieron en el edificio para arrestar a veintitrés capuchinos. Dado que la cárcel ordinaria se encontraba completamente abarrotada, los religiosos fueron confinados en el castro de la ciudad bajo la custodia de carceleros carentes de todo escrúpulo. En aquella hora de prueba, el padre Enrique demostró una vez más su lucidez espiritual al ser el primero de los confraternos en analizar con realismo la gravedad de la situación, advirtiendo a los suyos sobre las inminentes violencias y las crueles vessaciones. Lejos de ceder al pánico, invitó a todos los frailes a ofrecer a Dios cada uno de los sufrimientos mientras conservaran la mente lúcida, y con notable ingenio pastoral logró garantizar a su comunidad la celebración clandestina de la Santa Misa cotidiana al alba.

El dieciocho de junio de mil novecientos cuarenta, la comunidad de frailes fue deportada al campo de concentrarse de Sachsenhausen, situado en las cercanías de Berlín. En medio de aquel ambiente deshumanizador, el padre Enrique cautivó a cuantos lo rodeaban debido a su premurosa delicadeza hacia aquellos compañeros que padecían con mayor dificultad la brutalidad del campo. Su propio cuerpo comenzó a resentirse de las privaciones hasta el punto de requerir el ingreso en el hospital de campo a causa de una extrema debilidad y una severa desnutrición. Desde aquel lecho de dolor, en una carta enviada a sus confraternos, relató con desgarradora honestidad que había adelgazado de forma alarmante, que padecía una fuerte deshidratación, que su peso se había reducido a treinta y cinco kilogramos y que sufría dolores intensos en todas las ossa. En medio de tal quebranto físico, experimentaba su condición como un don místico, sintiéndose tendido sobre la cama al igual que sobre una cruz junto a Cristo, y ofreciendo gustosamente todas sus penalidades por la salvación de todos los capuchinos.

La caridad heroica y el martirio final

El culmen de su camino de amorosa donación, cultivado a lo largo de los años en la aparente normalidad de los actos cotidianos, se manifestó de manera sublime en un gesto de caridad verdaderamente heroica dentro del campo de concentración. Ante la visión de sus compañeros de prigionia, quienes se hallaban reducidos a la condición de meros esqueletos a causa del hambre extrema, el padre Enrique dividió dos humildes pagnotte de pane en veinticinco porciones iguales para distribuirlas entre ellos, renunciando a su propio sustento para alimentar a los hermanos más debilitados. Este supremo acto de amor fraterno selló una vida entregada sin reservas al servicio del prójimo y del Señor. Tras soportar crueles sufrimientos y torturas, portó a pleno cumplimiento su testimonio de fe hasta la muerte, la cual acaeció el cuatro de agosto de mil novecientos cuarenta y dos. Para intentar borrar todo rastro de su existencia, su cuerpo inerte fue quemado en el forno crematorio del campo número doce.

En el martirologio oficial de la Iglesia, su memoria es recordada en relación con el campo de prigionia de Dachau, ubicado cerca de Munich de Baviera en Alemania, donde la tradición y los registros eclesiásticos lo honran como sacerdote y mártir deportado en tiempo de guerra desde Polonia hacia un carcere extranjero por el único y firme motivo de haberse profesado cristiano. Su incansable entrega y su sangre vertida por fidelidad al Evangelio fueron solemnemente reconocidas por la Iglesia cuando fue beatificado por el Papa Juan Pablo Segundo el trece de junio de mil novecientos noventa y nueve. Aquel gesto de bondad extrema y la firmeza de su testimonio continúan interpelando a los creyentes de todas las generaciones como modelo insigne de fidelidad sacerdotal y de amor más fuerte que la muerte.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia el Beato Enrique Krzysztofik?

Su memoria litúrgica se celebra el cuatro de agosto.

De qué es patrono el Beato Enrique Krzysztofik?

Los registros biográficos e históricos proporcionados no mencionan ningún patronazgo específico atribuido a este santo.

En el campo de prisión de Dachau, cerca de Múnich de Baviera en Alemania, beato Enrique Krzysztofik, sacerdote y mártir, que, deportado en tiempo de guerra desde Polonia a una cárcel extranjera por haberse profesado cristiano, llevó a cumplimiento el martirio bajo tortura. — Martirologio Romano