21 de octubre
Beato Isidro Fernández Cordero
Padre de familia, mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vida familiar
Isidro Fernández Cordero nació a Murias, en la Comunidad autonoma de las Asturias, en España, el quince de mayo de 1893. Era el tercero de cinco hijos nacidos del matrimonio formado por Buenaventura Fernández y Méndez y Florentina Cordero Suárez. La vocación religiosa estuvo muy presente en su hogar, dado que dos de sus hermanos decidieron consagrarse como religiosos dominicos. En el año 1922, a la edad de veintiocho años, contrajo matrimonio con Celsa García, una joven que entonces tenía veinticinco años. La pareja formó un hogar cristiano y fruto de su unión nacieron siete hijos, de los cuales tres decidieron también emprender la vida religiosa. Durante los primeros tiempos de su matrimonio, Isidro gestionó junto con su esposa una actividad comercial que comprendía un establecimiento y un bar. Sin embargo, con el progresivo aumento de los miembros de su familia, las necesidades económicas crecieron y se vio obligado a trabajar duramente como minatore.
Vida de fe y compromiso parroquial
El Beato Isidro era un miembro activo y fiel de la parroquia de San Giacomo apostolo situada en la localidad de Nembra. Participaba de manera frecuente en la celebración de la Santa Misa, encontrando en la Eucaristía el alimento espiritual para su vida cotidiana y familiar. Su profunda devoción eucarística lo llevó a asumir el cargo de tesorero de la asociación de la Adoración Eucarística notturna, una iniciativa espiritual fervientemente incentivada por el párroco del lugar, don Genaro Fueyo Castañón. Esta vida de oración constante y de servicio a la comunidad parroquial cimentó su espíritu, preparándolo silenciosamente para las difíciles pruebas que marcarían el final de su existencia terrenal en el contexto sociopolítico de su patria.
La prueba de la persecución y el cautiverio
La noche del veinticuatro de julio de 1936, poco después del inicio de la guerra civil española, la tranquilidad de su hogar se vio violentamente interrumpida cuando cuatro miliziani irrumpieron en su casa mientras cenaba con los suyos. Los hombres armados le intimarono que se presentara de inmediato ante el Comitato civile. Conducido ante dicho comité, fue acusado formalmente de ser uno que rezaba. Desde allí fue trasladado directamente a prisión, siendo recluido en la Sala de Guardia de la Adoración Notturna, situada en el segundo piso de un edificio cercano a la casa parroquial. Tras un tiempo de reclusión, fue liberado de manera provisional junto con sus compañeros de cautiverio. Los carcerieri advirtieron a los prisioneros que debían presentarse cada vez que fueran requeridos, bajo la amenaza de severas represalias contra sus familias. A principios del mes de agosto, la prisión fue reabierta y la persecución se intensificó.
La decisión y el testimonio en prisión
Ante el peligro inminente, Isidro se había refugiado inicialmente en una pequeña caseta de montaña llamada La Brañella. Su hermana Jesusa lo alcanzó allí para informarle que debía presentarse de nuevo ante el comité de Nembra, sugiriéndole que huyera hacia León para salvar su vida. Isidro rechazó firmemente la posibilidad de huir, motivado por el deseo de evitar cualquier vendetta o represalias contra su familia. Afirmó con convicción que el único delito de que se les acusaba era el de ser católicos, y consideraba ese sufrimiento un gran honor. Sostuvo que su presentación ante las autoridades serviría para salvaguardar a sus seres queridos de fastidios y derisiones, expresando absoluta confianza en la voluntad de Dios y en el hecho de encontrarse firmemente en sus manos. Permaneció prisionero durante dos meses y diez días. Durante este largo cautiverio, dedicaba parte de su tiempo a recitar cotidianamente el Santo Rosario. Recibió además breves visitas de su esposa y de sus hijos, manteniendo siempre una actitud de fortaleza espiritual. A una de sus hijas, que le preguntaba con angustia por qué no escapaba, le respondió que no podía hacerlo y que se consideraba un testigo de Cristo. Exhortó constantemente a sus familiares a perdonar a todos de corazón, del mismo modo en que él mismo lo hacía.
Las últimas horas y el martirio
La noche del veinte de octubre, Isidro conversó con su hijo Darío, pidiéndole que transmitiera a su esposa que realizar un viaje a Gijón para hablar con el Comité Provincial resultaría completamente inútil. Mencionó que su compañero Segundo había sido sacado de la celda dos días antes sin que se tuvieran noticias sobre su supervivencia, y expresó la esperanza de que tal vez lo hicieran salir a él también aquel día. Dejó un tierno beso de despedida para su esposa y sus hermanos, advirtiendo que no volverían a verse nunca más en este mundo. Pidió expresamente que no lloraran, explicando que eran verdaderos mártires perseguidos y golpeados al igual que Jesucristo. Los animó a rezar con intensidad y a fijar su cita definitiva en el cielo. Esa misma noche fue conducido a la iglesia de San Giacomo, donde encontró a su amigo Segundo Alonso González. Fueron obligados por sus ejecutores a cavar sus propias sepulturas. Eligieron como lugar para su tumba el mismo sitio donde habitualmente participaban en la Misa, ubicado cerca del altar de los Santi Martiri. Con admirable generosidad, impidieron que el anciano párroco don Genaro cavara su propia fosa, abriéndola ellos mismos frente al altar mayor. Los tres hombres fueron confortados hasta el último instante por el párroco don Genaro, quien pidió morir en último lugar para poder impartirles la última absolución. Finalmente, todos ellos fueron asesinados a puñaladas y sus cuerpos arrojados a las fosas. Isidro tenía treinta y tres años al momento de su muerte, ocurrida el veintiuno de octubre de 1936. Un año después del trágico suceso, los cuerpos fueron recuperados y reconocidos por los familiares al encontrarse prácticamente incorruptos.
El proceso de beatificación y el reconocimiento
La causa de beatificación de Isidro y de sus fieles compañeros, que incluyó al párroco don Genaro Fueyo Castañón, a Segundo Alonso González y al joven Antonio González Alonso, asesinado el once de septiembre de 1936, se desarrolló íntegramente en la diócesis de Oviedo. El nulla osta oficial de la Santa Sede para dar inicio a la causa se obtuvo el once de marzo de 1997. Posteriormente, la correspondiente inchiesta diocesana fue formalmente convalidada el veintiséis de abril de 2002. La rigurosa Positio super martyrio fue entregada en el año 2007 para su estudio detallado. El veintiuno de enero de 2016, el papa Francisco autorizó la promulgación del decreto que declaraba oficialmente la muerte de don Genaro, Segundo, Isidro y Antonio como un verdadero martirio sufrido en odio a la fe católica, recibiendo en audiencia al cardinal Angelo Amato. La solemne celebración de la beatificación se llevó a cabo en la catedral de Oviedo el ocho de octubre de 2016. Este acontecimiento histórico representó la primera vez que se celebraba un rito de beatificación en el territorio de la diócesis de Oviedo. La sagrada ceremonia fue presidida por el cardenal Amato en calidad de delegado pontificio del Santo Padre. Entre los numerosos fieles presentes en la catedral se encontraba Enrique, hijo del Beato Isidro. Enrique era entonces el único descendiente directo de los cuatro mártires que vivía para presenciar el reconocimiento oficial de la Iglesia, contando con aproximadamente ochenta y cinco años de edad en la época de la beatificación. La memoria liturgica para la diócesis de Oviedo fue fijada en el calendario el veintiuno de octubre, fecha que corresponde al día del nacimiento al Cielo de la mayor parte de estos valientes mártires.
Una vida de fe y trabajo
Isidro Fernández Cordero nació en Murias, España, en el año 1893. Su trayectoria personal se definió por los valores del trabajo y el amor al prójimo, consolidando su núcleo familiar al contraer matrimonio con Celsa García en 1922. A lo largo de su vida, desempeñó su labor profesional como minero, una ocupación que requería gran esfuerzo y fortaleza física, pero que no le impidió cultivar una vida espiritual intensa y dedicada a los demás. Su compromiso con la fe católica fue público y constante, destacándose notablemente por su servicio como tesorero de la Adoración Eucarística nocturna en Nembra.
El año 1936 trajo consigo un tiempo de prueba extrema debido a la persecución religiosa. Ante la amenaza inminente, Isidro fue arrestado por causa de su fe católica. En aquel momento decisivo, se le presentó la opción de huir para salvar su vida, pero decidió permanecer firme, consciente de que su partida habría puesto en grave peligro a su familia. Su determinación de proteger a los suyos, unida a su inquebrantable adhesión a Jesucristo, lo condujo al lugar de su martirio en la iglesia de San Giacomo, donde fue asesinado en odio a la fe. Su muerte, ocurrida en Nembra, cerró un capítulo de integridad absoluta, dejando un legado de valentía cristiana que perdura en la memoria de todos los fieles.
El culto y la memoria
La Iglesia reconoció el testimonio heroico de Isidro Fernández Cordero cuando el papa Francisco procedió a su beatificación el 8 de octubre de 2016. Este acto solemne confirmó la santidad de un hombre que, desde el anonimato de su vida cotidiana como padre de familia y trabajador, supo alcanzar la plenitud de la vida cristiana a través del sacrificio personal.
Actualmente, la memoria litúrgica del beato Isidro Fernández Cordero se celebra con especial devoción el día 21 de octubre, fecha establecida por la diócesis de Oviedo para honrar su vida y su entrega. Este día, los fieles son invitados a recordar su ejemplo de fidelidad, que trasciende las fronteras del tiempo y nos recuerda que, en cualquier circunstancia, es posible vivir con dignidad y coherencia, poniendo a Dios como fundamento de todas nuestras decisiones y acciones.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja el Beato Isidro Fernández Cordero?
Su memoria litúrgica se celebra el veintiuno de octubre, día que coincide con su nacimiento al Cielo.