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29 de septiembre

Beato Jesús Moreno Ruiz

Religioso y mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Los primeros años y la formación

Jesús Moreno Ruiz vio la luz primera el 13 de enero de 1915 en la localidad de Osomo, situada en las cercanías de Palencia. Era un joven descrito habitualmente como alto, fuerte y rebosante de espontaneidad. Su natural alegría encontraba cauce en sus habilidades culinarias, pues demostró ser muy competente como cocinero y poseía el don de provocar las risas de quienes lo rodeaban. No obstante, al encontrarse inmerso en el pleno periodo de formación religiosa, debió confrontar su propia ebullición y esuberancia personal con las rigurosas exigencias de la vida consagrada. Superando estos retos propios del camino espiritual, logró avanzar con firmeza hasta el veinticinco de enero de 1934, jornada en la cual emitió solemnemente su profesión de los votos religiosos como hermano coadiutore en el instituto de los Missionari del Sacro Cuore di Gesù.

El inicio de la persecución y el cautiverio

La tranquilidad de la vida conventual se quebró bruscamente en la tarde del veintiuno de julio de 1936. En aquel momento, un nutrido drappello de milicianos comunistas arribó a las puertas de la Scuola Apostolica de Canet de Mar. Los agresores comenzaron a disparar hacia el aire con el claro propósito de señalar su presencia y atemorizar a los moradores. Poco después, un representante del Comité revolucionario local se presentó con la orden imperativa de hacer evacuar por completo el convento. Ante esta situación de violencia inminente, el fratel Jesús Moreno Ruiz debió compartir con sus entrañables confrades una dura prigionia forzada. Dicho encierro transcurrió en el interior del frondoso parque que circundaba el santuario de la Madonna della Misericordia, situado en las inmediaciones de la propia Scuola Apostolica. Esta dolorosa condición de cautivos se prolongó sin interrupción hasta que maduró la decisión de buscar una vía de salvación mediante un intento de fuga.

La huida por las montañas y la traición final

La fuga se materializó en la oscuridad de la noche del tres de agosto de 1936. El hermano Jesús, unido a otros seis compañeros de congregación, emprendió una marcha desesperada que los llevó a vagar durante semanas por agrestes montañas y espesos bosques. En su constante peregrinaje, los religiosos iban pidiendo refugio y solicitando indicaciones precisas para lograr alcanzar la ansiada frontera con la Francia. Tras casi un mes entero de penalidades y caminar constante, el veintiocho de septiembre capitaron por desgracia en la casa particular de uno de los principales jefes de los Comités locales. Sin sospechar el peligro mortal que aquello implicaba, fueron entonces indirizados hacia un paraje conocido con el topónimo de La Ginella. Al llegar a dicho lugar, los fugitivos fueron abordados por un grupo de milicianos que los aguardaban y que procedieron a capturarlos de manera instantánea, truncando así sus esperanzas de libertad.

El trayecto hacia el martirio y la confesión de fe

Tras la captura, los prisioneros fueron conducidos bajo fuerte custodia hacia la sede central del Comité situada en Sant Joan de les Fonts. Durante el transcurso del largo y tenso trayecto, las guardias armadas les interrogaron repetidamente para averiguar si portaban algún tipo de arma o si pertenecían al clero como frati o sacerdotes. Con una valentía serena que honraba su condición, los religiosos respondieron con absoluta verdad que carecían por completo de armas, pero confirmaron sin vacilar que eran hombres consagrados a Dios. Esa sincera y firme respuesta selló de forma definitiva su destino terrenal ante aquellos hombres cegados por el odio ideológico. La noche del veintinueve de septiembre de 1936, los siete Missionari fueron obligados a subir a un autobús que los milicianos habían previamente requisado para consumar su horrendo plan criminal.

El sacrificio supremo junto al río Ser

Para evitar cualquier resistencia, los prisioneros fueron maniatados firmemente a dos a dos, mientras que el último de ellos llevaba las manos atadas a la espalda. El vehículo, que marchaba precedido por un automóvil de apoyo, se detuvo finalmente en la carretera que conducía hacia Seriñá, justo sobre el puente del río Ser, donde se alzaba una pequeña casa en completa ruina. Los milicianos comenzaron a empujar fuera del autobús a los primeros cuatro condenados. Ante la inminencia de la muerte, uno de los misioneros suplicó clemencia pidiendo que no los mataran e interpelando a sus verdugos sobre qué mal habían hecho. Los prisioneros fueron rápidamente alineados contra el muro de la casa en ruinas y se les dio la orden imperativa de volverse de espaldas. En ese instante supremo, se oyó la voz firme del padre Antonio Arribas Hortigüela gritando con valor que los cobardes mueren de espaldas y que a ellos los estaban asesinando única y exclusivamente por ser religiosos. Aquella hermosa profesión de fe quedó abruptamente cortada por una violenta descarga de ametralladora. Inmediatamente después de ejecutar a los cuatro primeros, los milicianos hicieron descender del vehículo a los tres restantes, quienes padecieron exactamente la misma suerte martirial.

La sepultura y la glorificación en los altares

Una vez consumada la masacre, los cuerpos inertes de los misioneros fueron recogidos hacia el caer de la tarde y trasladados con frialdad hasta el obitorio local. Al día siguiente, treinta de septiembre, recibieron cristiana sepultura al ser depositados en dos fosas que se encontraban muy vecinas entre sí, quedando cuatro cuerpos en una y tres en la otra. Los restos mortales permanecieron allí sepultados durante varios años, hasta que llegó el treinta de marzo de 1940. En aquella fecha, la sepultura fue debidamente identificada por las autoridades eclesiásticas y los familiares, procediéndose a la solemne traslación de los huesos hacia una nicho excavado en el cementerio de Canet de Mar. Finalmente, tras un largo proceso canónico que reconoció la veracidad de su testimonio, el fratel Jesús Moreno Ruiz fue beatificado el seis de mayo de 2017 en la ciudad de Girona, siendo elevado a los altares junto a sus seis compañeros inseparables. Aquellos seis compañeros beatos cuyos nombres perduran en la memoria de la Iglesia son los sacerdotes Antonio Arribas Hortigüela, Abundio Martín Rodríguez, José Vergara Echevarría, José Oriol Isern Massó y los hermanos coadiutores Gumersindo Gómez Rodrigo y José del Amo y del Amo.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia el beato Jesús Moreno Ruiz?

Su memoria litúrgica se celebra el veintinueve de septiembre, día en que entregó su vida por la fe.

De qué es patrono el beato Jesús Moreno Ruiz?

No consta en los documentos históricos que tenga un patronazgo específico asignado.