27 de mayo
Beato José de Igualada (José Tous Soler)
Sacerdote capuchino
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La vocación y los años de prueba
José nació en Igualada, cerca de Barcelona, en el año 1811, concretamente el día treinta y uno de marzo. Su inquietud espiritual lo llevó a ingresar en el Orden capuchino a la temprana edad de dieciséis años, iniciando un periodo de intensa vida espiritual silenciosa, dedicada al estudio y colmada de abnegaciones. Durante su etapa de formación, pasó por varios conventos de su país preparándose con esmero para recibir el presbiterado. Finalmente, fue ordenado sacerdote en el año 1834, dispuesto a servir a la Iglesia en el estado religioso que había abrazado con fervor.
Apenas un año después de su ordenación, el joven sacerdote debió afrontar el amargo camino del exilio a causa de la violenta persecución desatendida en España durante el siglo diecinueve, un tiempo en el que numerosos religiosos sufrieron la exclaustración forzosa. Durante varios meses, peregrinó por la costa mediterránea y por el norte de Francia hasta que, en el año 1837, logró establecerse en el monasterio de las benedictinas de Tolosa. En aquel lugar de refugio, se dedicó por entero a la contemplación, a la adoración eucarística y a la valiosa asistencia espiritual de las jóvenes religiosas que allí habitaban.
El regreso y la fundación apostólica
Tras años de ausencia, el padre José regresó a Cataluña en el año 1843. Al no poder practicar la vida conventual ni vestir el hábito capuchino debido a las circunstancias políticas y sociales del momento, comenzó a trabajar en la Iglesia local como sacerdote seculares, residiendo con sus padres y prestando su servicio en varias parroquias vecinas. En el ejercicio de este ministerio cotidiano, descubrió que poseía una particular sensibilidad hacia la educación de los niños, sintiendo una profunda compasión por los más pequeños, a quienes veía semejantes a una muchedumbre sin pastor.
La providencia quiso que encontrase la misma sensibilidad en tres jóvenes de su conocimiento llamadas Isabel Jubal, Marta Suñol y Remedio Palos, de quienes aceptó orientar los pasos espirituales. Con el propósito de consolidar esta obra educativa y religiosa, estudió con atención la regla de Santa Clara de Asís y adaptó las Constituciones capuchinas de la beata María Angela Astorch para dar forma jurídica a las Cappuccine Terziarias de la Enseñanza. De este modo, fundó la Congregación de las Suore Cappuccine de la Madre del Divino Pastor.
La primera comunidad de la nueva congregación quedó establecida en la localidad de Ripoll en el mes de marzo de el año 1850. Pocas semanas después, el veintisiete de mayo de el mismo año, abrió sus puertas la primera escuela de el instituto. El fundador exhortaba con insistencia a las hermanas a spargere en el tierno corazón de los niños los santos pensamientos y los devotos afectos que Dios comunica durante la oración. Guiado siempre por la figura del Buen Pastor, afirmaba con convicción que a las niñas se les debía tratar siempre con un verdadero afecto materno en el transcurso de su formación.
La consumación en el altar y el fruto actual
La vida del futuro beato se considera un modelo elocuente por su fe firme y encendida, practicada en la sencillez del día a día. Cuando se acercaba el final de su jornada terrenal, el padre Tous no padecía ninguna enfermedad terminal conocida, aunque se estima que su salud se había visto gravemente quebrantada por un fuerte agotamiento físico provocado por las múltiples tensiones y dificultades que debió afrontar a lo largo de su existencia.
El trágico y a la vez piadoso desenlace ocurrió el veintisiete de febrero de el año 1871 en España. Mientras celebraba la sagrada Eucaristía, inmediatamente después de haber pronunciado la consagración, el sacerdote se inclinó y cayó sin vida al suelo, justamente mientras pronunciaba las solemnes palabras del Canone Romano: Volgi sulla nostra offerta il tuo sguardo sereno e benigno, come hai voluto accettare i doni di Abele, il giusto. El párroco de San Francesco di Paola acudió con prontitud para recoger su cuerpo ya sin aliento y poder así terminar la Misa que había quedado interrumpida.
El legado espiritual y apostólico de su obra ha perdurado y se ha extendido con fuerza a lo largo del tiempo. En la actualidad, las Cappuccine de la Madre del Divino Pastor cuentan con comunidades activas en Cataluña, Murcia, los Países Vascos y Madrid. Del mismo modo, la congregación ha cruzado los mares y está presente en tierra americana, concretamente en Nicaragua, Costa Rica, Guatemala, Colombia y Cuba, perpetuando aquella semilla de fe y educación sembrada en el siglo diecinueve.
Su vida y vocación
El Beato José nació en el año 1811 en la ciudad de Igualada, España. Desde muy joven, sintió el llamado a la vida consagrada, ingresando en el Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Tras completar sus estudios eclesiásticos, recibió la ordenación sacerdotal en el año 1834, comenzando así una trayectoria marcada por el compromiso ministerial. Sin embargo, poco tiempo después de su ordenación, la realidad política y social de la época le obligó a enfrentar el camino del exilio. En el año 1837, debido a la persecución religiosa que azotaba la región, el sacerdote se vio forzado a abandonar su patria y trasladarse a Francia, estableciéndose en la ciudad de Tolosa.
A pesar de las dificultades del destierro, el Beato José no perdió su celo pastoral. Durante este periodo, maduró en su corazón el deseo de servir a la sociedad a través de la educación, lo que le llevó a fundar la Congregación de las Suore Cappuccine de la Madre del Divino Pastor. Su visión pedagógica se materializó con la apertura de la primera escuela de este Instituto en la localidad de Ripoll, en el año 1850. Este centro se convirtió en un faro de conocimiento y valores cristianos, demostrando la capacidad de la fe para transformar la realidad social. Su fallecimiento ocurrió en el año 1871, en tierras de Cataluña. De manera providencial, entregó su espíritu al Padre mientras celebraba la Santa Misa, precisamente después de haber realizado la consagración, sellando su vida sacerdotal con el acto más sublime de la fe católica.
Su legado espiritual
La figura del Beato José de Igualada sigue siendo un referente de sobriedad y entrega total al servicio de los fieles. Su memoria litúrgica se celebra cada año el día 27 de mayo, fecha que conmemora el inicio de la actividad educativa en la primera escuela de su congregación. Esta elección no es casual, pues refleja la esencia de su misión: poner la fe al servicio del crecimiento humano y espiritual de las nuevas generaciones.
A través de su ejemplo, el Beato nos enseña que la santidad no se encuentra fuera de nuestras responsabilidades, sino en la manera en que las vivimos. Su partida al encuentro con el Señor, acaecida durante la celebración eucarística, es un recordatorio de que toda su existencia fue una liturgia viva. Hoy, su legado persiste en la labor de la congregación que fundó y en el testimonio de quienes buscan educar con espíritu capuchino, bajo el amparo de la Madre del Divino Pastor. Su vida, aunque transcurrida en el siglo diecinueve, mantiene una vigencia plena para el creyente que busca en el sacrificio diario la paz y la luz del Evangelio.
Preguntas frecuentes
Quando se festeggia il beato José de Igualada?
La memoria liturgica del beato José de Igualada se celebra el veintisiete de mayo de cada año, en coincidencia con la fecha en que comenzó sus actividades la primera escuela fundada en la localidad de Ripoll.
Di cosa è patrono il beato José de Igualada?
I fatti forniti non menzionano alcun patronato ufficiale per il beato José de Igualada.