29 de septiembre
Beato José Vergara Echevarría
Sacerdote y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La vocación y el servicio docente
José Vergara Echevarría vio la luz por primera vez el 18 junio 1908 en Almándoz, un apacible pueblo en la valle de Ulzama en Navarra, España. Desde su juventud sintió el llamado del Señor, lo que le condujo a ingresar como alumno en la Scuola Apostolica de los Missionari del Sacro Cuore di Gesù. En esta institución consolidó su vocación religiosa, y el 30 septiembre 1927 emitió la profesión de los votos religiosos dentro de la misma congregación. Su preparación teológica y espiritual culminó el 24 febrero 1934, fecha en la cual recibió la ordenación sacerdotal para el servicio de la Iglesia. Tras su consagración al altar, las autoridades de su instituto le confiaron el encargo de profesor de Ciencias naturales y Matemática en la misma Scuola Apostolica donde se habia formado. En el ejercicio cotidiano de su labor educativa y ministerial, el padre José se distinguió como un religioso verdaderamente ejemplar, manifestando siempre un extraordinario sentido de abnegación y una total disponibilidad hacia el servicio al prójimo.
La persecución y la prigionía forzada
Los acontecimientos históricos del vigésimo siglo alteraron bruscamente la vida de la comunidad religiosa en el verano de 1936. En el atardecer del 21 julio 1936, un grupo de milicianos comunistas arribó a la puerta de la escuela con actitud amenazante, comenzando a disparar al aire para señalar su presencia y atemorizar a los presentes. Poco después, un representante del Comitato rivoluzionario local se presentó formalmente con la precisa orden de hacer sgombrare el convento. Ante esta situación de inminente peligro, el padre José compartió con sus queridos confraternidad la dura experiencia de una prigionía forzada. Dicho confinamiento transcurrió en el interior del parque que circundaba el santuario de la Madonna della Misericordia, situado en las inmediaciones de la Scuola Apostolica. En aquella atmósfera de tensión constante, los religiosos permanecieron retenidos bajo la vigilancia de sus opresores, esperando el desarrollo de los acontecimientos mientras confiaban su destino a la Providencia divina.
La fuga y el martirio
En la noche del 3 agosto 1936, el padre José y sus compañeros participaron en un arriesgado intento de fuga para escapar de sus captores. Antes de huir definitivamente, el sacerdote quiso pasar a saludar personalmente a sus muchachos, asumiendo el grave riesgo de ser descubierto y detenido. Junto a seis compañeros, vagó durante casi un mes por las montañas y los bosques, pidiendo refugio y solicitando indicaciones para lograr alcanzar la esperada frontera con la Francia. El 28 septiembre, tras una larga peregrinación de casi treinta días, el grupo llegó sin saberlo a la casa de uno de los principales jefes de los Comitati locales. Desde allí fueron redirigidos hacia un paraje denominado La Ginella, donde lamentablemente eran esperados por un grupo de milicianos que los capturó al instante. Los prisioneros fueron conducidos inmediatamente hacia la sede central del Comitato situada en Sant Joan de les Fonts. Durante el trayecto por el camino, las guardias les interrogaron severamente para averiguar si portaban armas o si pertenecían al clero como frailes o sacerdotes. Con absoluta valentía, los religiosos replicaron que carecían por completo de armas, pero afirmaron con orgullo ser hombres consagrados a Dios. La tarde del 29 septiembre 1936, los siete Missionari fueron obligados a subir a un autobús que los milicianos habian requisado para la ocasión. Para asegurar su inmovilidad, los prisioneros fueron atados fuertemente de dos en dos, mientras que el último de ellos llevaba las manos atadas firmemente detrás de la espalda. El vehículo de transporte, que era precedido en la marcha por un automóvil, se detuvo finalmente en un punto de la carretera que conducía hacia Seriñá, específicamente sobre el puente del río Ser y cerca de una pequeña casa en completa ruina. Los primeros cuatro condenados fueron empujados violentamente fuera del autobús por los ejecutores. En esos momentos dramáticos, uno de los Missionari suplicaba con angustia que no les mataran, preguntando qué mal habian cometido para merecer tal castigo. Los condenados fueron alineados firmemente contra el muro de la casa en ruinas, recibiendo la orden perentoria de voltare las espaldas. En aquel instante supremo, el padre Antonio Arribas Hortigüela pronunció en voz alta unas palabras memorables sobre los hombres codardos que mueren de espaldas y sobre la verdadera razón de su martirio, al ser asesinados simplemente por causa de su condición de religiosos. Aquella edificante profesión de fe quedó trágicamente interrumpida por una violenta descarga de ametralladora. Consumada la ejecución de los primeros cuatro, las milicias hicieron bajar a los tres restantes, quienes sufrieron exactamente la misma suerte por su fidelidad a Cristo. Al caer la tarde, los cuerpos sin vida de los Missionari fueron recogidos y trasladados al depósito de cadáveres. El 30 septiembre recibieron sepultura en dos fosas contiguas, albergando cuatro cuerpos en la primera y tres en la segunda.
La memoria y el culto
Los restos mortales de los religiosos permanecieron sepultados en aquel lugar apartado hasta el 30 marzo 1940. En dicha fecha, la tumba original fue debidamente identificada y las sagradas ossa fueron objeto de una solemne traslación, siendo depositadas con respeto en una nueva nicchia situada dentro del cemetario de Canet de Mar. El reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de este heroico testimonio de fe se materializó el 6 mayo 2017 en Girona, donde el padre José Vergara Echevarría fue solemnemente beatificado junto a sus seis compañeros de martirio, quedando inscrito para siempre en el martirologio cristiano como modelo de fidelidad sacerdotal.
Su camino sacerdotal
La trayectoria del Beato José Vergara Echevarría comenzó en la localidad navarra de Almándoz, donde nació en el año mil novecientos ocho. Desde joven, sintió el llamado al servicio del altar, preparándose con dedicación para recibir el sacramento del orden. El veinticuatro de febrero del año mil novecientos treinta y cuatro marcó un momento decisivo en su historia personal al ser ordenado sacerdote. A partir de entonces, su vida se convirtió en una peregrinación de entrega, desarrollando su ministerio en distintos lugares como Canet de Mar y Sant Joan de les Fonts, donde procuró llevar el consuelo de la fe a quienes lo rodeaban.
En el contexto convulso del año mil novecientos treinta y seis, su fe fue puesta a prueba. Fue sometido a una prisión forzada en el santuario de la Madonna della Misericordia, un tiempo de oscuridad que vivió con entereza. Posteriormente, fue capturado por milicianos en las cercanías de La Ginella. El veintinueve de septiembre del mismo año, su camino terrenal llegó a su fin al ser fusilado sobre el puente del río Ser, en Seriñá. A pesar de la brevedad de su ministerio, su figura permanece como un ejemplo de coherencia y valentía cristiana, habiendo sido reconocido oficialmente por la Iglesia el seis de mayo del año dos mil diecisiete, mediante su beatificación por el Papa Francisco.
La memoria del mártir
La Iglesia celebra la vida y el sacrificio del Beato José Vergara Echevarría con gratitud y solemnidad. Su martirio no es recordado como un hecho aislado, sino como parte del testimonio colectivo de aquellos que dieron su vida por amor a Cristo durante el siglo veinte. La beatificación, proclamada por el Papa Francisco, ha elevado su ejemplo a los altares, permitiendo que su intercesión sea invocada por los fieles.
Su memoria litúrgica se celebra cada veintinueve de septiembre, fecha en la que se conmemora su tránsito al cielo. En este día, la comunidad cristiana se une en oración, recordando especialmente a todos los compañeros mártires que compartieron su mismo destino. La figura del Beato José nos recuerda que la fidelidad a la vocación es un camino que puede exigir el don de la propia vida, pero que siempre conduce a la luz de la presencia eterna de Dios.
Preguntas frecuentes
Quando si festeggia il beato José Vergara Echevarría?
La ricorrenza liturgica del beato José Vergara Echevarría se celebra ogni anno il 29 settembre.