6 de septiembre
Beato Pascual Torres Lloret
Padre de familia, mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vida familiar
Pascual Torres Lloret vio la luz el 23 de enero de 1885 en la localidad valenciana de Carcagente, lugar donde transcurriría toda su existencia terrena y en el cual entregaría su testimonio supremo. Creció en el seno de una familia de umbrales sencillos, caracterizada por una condición de marcada pero sumamente decorosa pobreza, donde los valores de la fe cristiana se sembraron profundamente en su corazón desde la infancia. Mantuvo esta condición económica humilde a lo largo de toda su vida, aun después de alcanzar la madurez laboral y asumir el relevante rol de maestro constructor en los diferentes cantieri de la zona. En el año 1911, dio un paso fundamental al contraer matrimonio con Leonor Pérez Canet, una mujer que compartió y asisitió plenamente sus obras de caridad y su ferviente devoción religiosa. Del matrimonio entre Pascual y Leonor nacieron cuatro hijos, a quienes educaron con el ejemplo de una vida recta y entregada al servicio de los demás. Supo encontrar siempre el delicado equilibrio necesario para compaginar de manera armoniosa su exigente impegno laboral, las numerosas actividades eclesiales en la parroquia y los sagrados deberes de padre y esposo afectuoso.
Testimonio de fe y justicia social
La profunda integridad moral y la caridad operativa de Pascual Torres Lloret derivaban directamente de su intensa vida espiritual y de su fe cristiana arraigada. Iniciaba cada jornada participando en la santa misa y recibiendo la comunión, mientras que concluía cotidianamente el día recitando el rosario junto a su esposa y a sus hijos. Poseía una honestidad tan acendrada que le impedía por completo aprovecharse del prójimo o cometer cualquier género de engaño en sus tratos. Estaba animado por un fuerte y sincero sentido de justicia social que guiaba cada una de sus decisiones profesionales y económicas. Por razones estrictas de justicia social, renunciaba sistemáticamente a la cuota adicional del diez por ciento sobre el salario que los operarios dependientes debían entregarle por consuetudine local, destinando aquel dinero a beneficiar directamente a los trabajadores. En diversas ocasiones cedía de manera voluntaria el íntegro salario de la jornada a los operarios más desfavorecidos que atravesaban graves dificultades económicas. Esta generosidad resultaba verdaderamente notable si se considera que debía proveer cotidianamente al sustento material de sus cuatro hijos y de su hogar.
Compromiso apostólico y caritativo
El tiempo libre que le dejaba su labor profesional como maestro constructor lo dedicaba por entero a la Iglesia y al prójimo, colaborando de forma constante con los sacerdotes de su parroquia en las diversas actividades apostólicas. Godeva de la total confianza del párroco de Carcagente, llegando a convertirse de este modo en su principal y más fiel colaborador en la feligresía. Se distinguió públicamente como un convinto y activo promotor de la Acción Católica, adhiriéndose y participando con entusiasmo en todas las asociaciones católicas presentes en la localidad. Sus propios conciudadanos llegaron a considerarlo con justicia como un auténtico anticipatore de la Acción Católica a nivel local, gracias a su inagotable celo apostólico. Formó parte activa de la Adoración Notturna, de la Legión Católica de los Genitori y de las beneméritas Conferencias de San Vicente de Paúl. Para entregarse con mayor profundidad a la adoración eucarística, no dudaba en sustraer valiosas horas al descanso nocturno. Asimismo, desempeñó un generoso servicio de asistencia directa hacia los enfermos más desamparados, desplazándose para ocuparse personalmente de los cuidados y de la atención a los ricoverati en el conocido lebbrosario de Fontilles.
La persecución y la defensa de la Eucaristía
Con el inicio de la persecución religiosa en España durante los años treinta, el protagonismo activo de Pascual en la vida eclesial lo convirtió rápidamente en blanco de los opositores debido a su visibilidad religiosa y a sus funciones similares a las sacerdotales. Ante la gravedad creciente de las persecuciones, lejos de amedrentarse, intensificó significativamente sus oraciones y penitencias cotidianas con el firme propósito de scongiurar el sufrimiento y la uccisione de personas inocentes. Durante el período de las violentas devastaciones dirigidas contra iglesias y conventos, el párroco local le confió con absoluta confianza las sagradas hostias para protegerlas de posibles e impíos actos sacrílegos. Pascual custodiaba estas partículas consagradas ocultas en el interior de su propia vivienda, organizando rigurosos turnos de guardia y oración junto a su fiel esposa. Con valentía, sustituía o escoltaba al sacerdote cuando este se encontraba impedido o vigilado, logrando así llevar la comunión a los enfermos y permitiendo la celebración clandestina de la eucaristía en los hogares. Además, su casa permanecía siempre abierta para dar refugio seguro a monjas y religiosos que huían de la persecución. Durante la noche, demostrando un valor extraordinario y corriendo gravísimos riesgos personales, construyó con sus propias manos muros y tramezzy en su hogar para esconder los sagrados paramentos y los vasos litúrgicos. Su intensa e incansable actividad atrajo inevitablemente la atención vigilante de los milicianos, quienes lo interrogaron y retuvieron durante varias horas en tres distintas ocasiones, buscando intimidarlo y hacerlo sentir constantemente vigilado, aunque en esos primeros momentos no emplearon la violencia física directa contra su persona. A pesar de todo ello, se negó categóricamente a ocultarse o a huir del lugar.
El martirio y la gloria celestial
En el año 1932, su incansable celo apostólico lo situó entre los principales promotores de la fundación del primer grupo local de la Acción Católica, consolidando el tejido eclesial de su pueblo. El 25 de julio de 1936, los acontecimientos alcanzaron un punto crítico cuando el protagonista fue arrestado por primera vez mientras se encontraba sirviendo la santa misa. Tras cuatro días de rigurosa prisión, fue liberado bajo la imposición de una especie de arresto domiciliario que le prohibía salir de su hogar. No obstante esta severa restricción, continuó siendo un punto de referencia espiritual indispensable para la comunidad parroquial. El 5 de septiembre, hacia el mediodía, los milicianos regresaron para detenerlo definitivamente en su propia morada. Pascual, a quien llamaban cariñosamente Pasquale, siguió a los milicianos a pesar de encontrarse visiblemente dolorido a causa de una fuerte cólica sufrida durante la noche, mostrando una profunda y cristiana rassegnación a su destino. La única y genuina preocupación de Pascual en el momento mismo de su arresto fue asegurar el traslado tempestivo del Santissimo Sacramento desde su domicilio hacia un lugar más seguro para evitar cualquier profanación. Una de sus hijas se recostó a visitarlo la misma tarde en un colegio que había sido habilitado provisionalmente como cárcel, constatando que el padre mantenía intacta su fortaleza de ánimo, aun estando profundamente provado por los interrogatorios, las amenazas y las violencias sufridas. Pascual se mostró ante su hija con total serenidad y plena conciencia de que su muerte era inminente. La mañana siguiente, la joven ya no encontró a su padre en el lugar de detención, pues al alba había sido conducido al cementerio de Carcagente junto a otros condenados a muerte. Con una entereza admirable, en los instantes previos a la ejecución, Pasquale se dedicó a confortar y animar cristianamente a los demás condenados. La ejecución capital fue el único medio con el que los milicianos lograron frenar su testimonio de fe, el cual no vaciló ni siquiera ante el pelotón de fusilamiento. El Martirologio sitúa su martirio el 6 de septiembre de 1936 en Carcaixent, Valencia, definiéndolo como un padre de familia que alcanzó el premio celestial llevando con dignidad la cruz de Cristo. La causa de su beatificación reconoció formalmente su operosidad laboriosa, su inquebrantable rectitud y el martirio sufrido por amor a la fe, siendo proclamado beato por el Papa Juan Paolo II el 11 de marzo de 2001. La redacción de su memoria histórica ha contado con la labor del escritor Mauro Bonato.
Una vida de entrega
La trayectoria vital de Pascual Torres Lloret refleja la vocación de un laico cristiano que encuentra a Dios en las realidades del mundo. En el año mil novecientos once contrajo matrimonio con Leonor Pérez Canet, con quien formó un hogar bendecido por el nacimiento de cuatro hijos. Su vida familiar fue el primer escenario de su santidad, donde cultivó la fe y el amor en medio de la sencillez de la vida cotidiana. Más allá de su hogar, Pascual demostró una gran sensibilidad humana al prestar servicios de asistencia en el lebbrosario de Fontilles, dedicando su tiempo y sus fuerzas al cuidado de quienes sufrían una enfermedad que, en aquel tiempo, conllevaba una gran marginación social.
Su compromiso con la Iglesia se manifestó de manera clara en el año mil novecientos treinta y dos, cuando fundó el primer ramo de la Acción Católica en su localidad. Este servicio apostólico fue el reflejo de su deseo de fortalecer la vida comunitaria y la formación de los laicos. Durante la persecución religiosa, su fe se tornó aún más firme. En un gesto de profunda devoción y valentía, Pascual custodiaba la Eucaristía en su propia casa, manteniendo vivo el centro de la vida cristiana a pesar de las graves amenazas que acechaban a los fieles. Esta fidelidad a Jesucristo, presente en el Santísimo Sacramento, fue el motor que sostuvo su espíritu ante la adversidad que finalmente lo llevaría al martirio.
El testimonio del martirio
La fidelidad de Pascual Torres Lloret alcanzó su plenitud el seis de septiembre del año mil novecientos treinta y seis. En el contexto de la persecución religiosa que azotaba España, fue detenido por causa de su fe. A pesar de las presiones y el clima de hostilidad, no renunció a sus convicciones cristianas, manteniéndose firme en el amor a Dios hasta el último momento. Fue llevado al cementerio de su ciudad natal, Carcagente, donde fue fusilado.
Su muerte, aceptada con la serenidad de quien ha puesto toda su esperanza en la vida eterna, cerró una existencia dedicada al bien común. La Iglesia reconoce hoy su sacrificio como una ofrenda de amor. Su memoria es celebrada cada año el seis de septiembre, integrándose en la conmemoración de los mártires de la persecución religiosa española. La beatificación, proclamada por el Papa Juan Pablo II el once de marzo del año dos mil uno, ha confirmado el valor de su ejemplo, recordándonos que la santidad es posible en el ejercicio fiel de las virtudes humanas y cristianas, incluso en las horas más oscuras de la historia.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja el Beato Pascual Torres Lloret?
Su memoria litúrgica se celebra cada año el 6 de septiembre, fecha en la que entregó su vida como mártir en Carcagente.
De qué es patrono el Beato Pascual Torres Lloret?
Los hechos biográficos proporcionados no mencionan ningún patronato específico atribuido oficialmente al beato.
En el pueblo de Carcaixent en el territorio de Valencia siempre en España, beato Pascual Torres Lloret, mártir, que, padre de familia, llevando la cruz de Cristo, mereció llegar al premio celestial. — Martirologio Romano