6 de mayo
Beato Pedro I de Tarantasia
Obispo
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los orígenes y las fundaciones monásticas
En el año 1113, el beato Pedro I fundó la importante abbazia de La Ferté, asumiendo con entrega los cargos de priore y abate para guiar a la comunidad naciente. Tras trasladarse a tierras del Piamonte, su celo apostólico le llevó a instituir en 1120 una filiales directa de la abbazia de La Ferté situada en Tiglieto, dentro de los límites de la diócesis de Acqui. Pocos años más tarde, concretamente en el año 1124, el infatigable monje fundó otra nueva filial monástica en Lucedio, emplazada en el territorio de la diócesis de Vercelli. Tiempo después, cruzó el exigente paso del colle del Piccolo San Bernardo para adentrarse en la Tarentaise, situada en el valle del Isère, donde fue nombrado arzobispo. Su consagración episcopal constituyó un hito histórico al tratarse del primer monje cistercense en acceder al episcopado. Para el gobierno de su nueva circunscripción eclesiástica, se le asignaron como diócesis sufragáneas las vecinas regiones de Aosta y Sion, separadas geográficamente por la imponente cordillera de los Alpes. Durante los años de su mandato como obispo, el prelado conservó un estilo de vida rigurosamente austero y sencillo, cumpliendo de manera estricta con las exigencias de Citeaux que prescribían frecuentes ayunos y largas horas de oración nocturna. En el año 1130, su presencia fue requerida en el concilio de Etampes, donde manifestó su plena lealtad a papa Innocenzo II y firmó el rechazo al antipapa Anacleto. Avanzando en su labor fundacional, en 1132 estableció la célebre abbazia de Tamié, nombrando como primer abate a aquel religioso que posteriormente le sucedería en la sede de Moutiers como Pedro II. Asimismo, a lo largo de su ministerio pastoral en la diócesis, introdujo la piadosa congregación de los Canonici Regolari.
El tránsito y la memoria de las reliquias
El beato Pedro I de Tarantasia entregó su alma al Creador en el año 1140, siendo sepultado con honores en el interior de la catedral de Moutiers. Pas los siglos, el cuidado de su memoria se mantuvo vivo entre los fieles y las autoridades eclesiásticas de la región. En el año 1636, el obispo Benedetto Teofilo llevó a cabo una minuciosa inspección ricognitiva sobre las sagradas reliquias del beato para certificar su autenticidad y devoción. Desafortunadamente, los venerables restos mortales del beato Pedro I se perdieron de manera definitiva debido a los graves stravolgimenti y destrozos acaecidos durante los turbulentos años de la Revolución Francesa.
La vida y obra
La trayectoria del Beato Pedro de Tarantasia se inscribe en el vigoroso movimiento monástico del siglo doce. Originario de Saboya, consagró sus esfuerzos a la expansión de la espiritualidad cisterciense a través de la fundación de importantes centros de oración. En el año mil ciento trece, estableció la abadía de La Ferté, marcando el inicio de una labor fundacional que se extendería posteriormente a otros lugares significativos como Tiglieto y Lucedio. Estas fundaciones no solo fueron refugios para la vida contemplativa, sino faros de cultura y fe para las comunidades circundantes.
Su capacidad de servicio y su prestigio dentro de la Iglesia lo llevaron a desempeñar un papel relevante en la vida pública y eclesiástica. En el año mil ciento treinta, su presencia fue requerida en el concilio de Etampes, donde participó activamente en las deliberaciones de la época. Poco tiempo después, en mil ciento treinta y dos, continuó su labor fundacional con la creación de la abadía de Tamié, consolidando su compromiso con la expansión de su orden. El punto culminante de su ministerio llegó cuando fue llamado al episcopado, un hecho histórico, pues fue el primer cisterciense en recibir la ordenación episcopal. Esta designación fue un reconocimiento a su santidad y a su capacidad para guiar a los fieles. Finalmente, el Beato Pedro entregó su alma a Dios en el año mil ciento cuarenta, en Moutiers, dejando tras de sí una estela de devoción y un modelo de servicio abnegado que sigue siendo objeto de veneración hasta nuestros días.
El culto
La memoria del Beato Pedro de Tarantasia se conserva con sobriedad y respeto en el corazón de la Iglesia. Aunque la historia de sus fundaciones y su papel como obispo son hechos bien documentados, su culto se celebra con especial recogimiento en la fecha asignada a su memoria. La comunidad cristiana honra su intercesión, reconociendo en él a un guía que supo armonizar el silencio del claustro con la exigencia del servicio pastoral en las diócesis de Saboya.
La veneración hacia su figura no busca la exaltación personal, sino recordar a aquel que, desde el desierto de la vida monástica, supo responder a la llamada de Dios para servir a sus hermanos en el episcopado. Su vida es una invitación constante a la oración y al trabajo, valores que impulsaron todas sus fundaciones y que hoy siguen vigentes como pilares de una vida cristiana auténtica. Los fieles que se acercan a su memoria encuentran en el Beato Pedro un intercesor cercano, un hombre de Dios que supo edificar tanto muros de piedra para la oración como puentes de caridad entre las personas.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja el beato Pedro I de Tarantasia?
La memoria litúrgica del beato Pedro I de Tarantasia no cuenta con una fecha específica en la presente reseña, aunque el papa Innocenzo V se celebra el 23 de mayo, y la festividad general indicada en los datos es el 6 de mayo.
De qué es patrono el beato Pedro I de Tarantasia?
En los datos biográficos provistos no se menciona ningún patronazgo específico atribuido al beato Pedro I de Tarantasia.