1 de noviembre
Beato Teodoro Romza
Obispo y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La juventud y la formación sacerdotal
Teodoro Romza nació el 14 de abril de 1911 en el pueblo de Velikij Bickiv, ubicado en la Región Subcarpatica. Después de transcurrir sus primeros años en su tierra natal, logró conseguir la maturità liceale nel 1930, un hito importante que abrió el camino hacia sus estudios superiores dedicados al servicio de la Iglesia. Su vocación le llevó a ingresar como alumno en el prestigioso Collegio Germanico-Ungarico di Roma, donde profundizó con dedicación los saberes de la filosofía y de la teología matriculándose en la Pontificia Università Gregoriana. Con el firme propósito de prepararse espiritualmente para la misión en Rusia, se trasladó posteriormente al Collegio Russicum, consolidando así una sólida preparación intelectual y pastoral. Gracias a este camino de discernimiento y estudio, recibió la ordenación sacerdotal en el año 1936, preparándose para regresar un año más tarde a su diócesis de origen.
El episcopado en tiempos de guerra y la presión soviética
En el año 1937, Teodoro Romza regresó a la diócesis de Mukacevo para entregarse por completo al cuidado pastoral de los fieles. Siete años más tarde, concretamente en 1944 y en plena seconda guerra mondiale dentro de un contexto político muy incierto, asumió la gran responsabilidad de convertirse en obispo de la misma diócesis de Mukacevo. A tan solo treinta y tres años de edad, se transformó de este modo en el obispo más joven de toda la Iglesia Católica. Casi al mismo tiempo, en octubre de ese mismo año 1944, el Armata Rossa procedió a ocupar la Región Subcarpatica, imponiendo inmediatamente una serie de exigencias políticas y religiosas muy duras. Los mandatarios rusos pretendieron que tanto la diócesis como su joven obispo apoyaran de manera formal la unión de la región con l'Ucraina Sovietica.
Lejos de aceptar tales presiones, la diócesis se opuso con firmeza a la petición rusa haciendo valer el carácter estrictamente apostólico de la Iglesia. Las autoridades estatales interpretaron este rechazo valiente como un claro acto de abierta oposición al Estado, lo que desató de inmediato una intensa persecución gubernamental. Desde el año 1944 en adelante, el clero greco-cattolico sufrió continuas persecuciones y se le obligó por la fuerza a ceder sus propios edificios de culto a la Chiesa Ortodossa pravoslava. De esta manera, el régimen soviético obstaculizó constantemente el funcionamiento regular de la diócesis guiada por el obispo Teodoro.
La persecución abierta y el martirio
Durante el año 1945, la Región Subcarpatica quedó oficialmente anexionada a Ucraina, un acontecimiento político que hizo que la persecución se volviera mucho más abierta y que aumentaran de forma notable los conflictos con los pravoslavi. Ante este clima de hostilidad, los fieles greco-cattolici se comprometieron con gran coraje en la defensa constante de sus sacerdotes. Por su parte, el obispo Teodoro realizó numerosos viajes por todas partes para animar, consolar y sostener de cerca tanto a los fieles como al clero durante aquellos años de severa persecución. Cuando llegó el año 1946, el poder soviético logró consolidarse plenamente en la región y las diócesis greco-cattoliche della Galizia terminaron siendo absorbidas por el patriarcado ortodosso di Mosca. A pesar de aquella ofensiva generalizada, la diócesis de Mukacevo consiguió mantenerse como la única diócesis greco-cattolica que aún seguía activa en toda la Región Subcarpatica.
Las autoridades soviéticas eran plenamente conscientes de que la población y el clero, guiados con firmeza por aquel joven obispo, poseían una fe sumamente arraigada. En una primera fase, los dirigentes del régimen evitaron el uso directo de la fuerza física para lograr la conversión forzosa de la comunidad a la Chiesa Ortodossa statale. Sin embargo, en el año 1947, los principales jerarcas de la URSS tomaron la decisión definitiva de asesinar al obispo Teodoro Romza. Nikita Krusciov, que en aquel momento ejercía como secretario del partido en Ucraina, recibió la autorización directa de Stalin para llevar a cabo el homicidio. Los movimientos del prelato pasaron a ser vigilados de manera constante por los agentes de seguridad.
Las autoridades planificaron minuciosamente los hechos concediendo al obispo un permiso para visitar una iglesia concreta del distretto, con la intención de simular un trágico accidente de tráfico que resultara mortal. El día 27 de octubre de 1947, la carrozza a cavalli en la que viajaban el obispo junto a sus acompañantes fue violentamente embestida por un pesado autocarro. Tras el fuerte impacto, los propios agresores descendieron del vehículo para intentar asesinar a golpes de barra a los supervivientes que habían quedado heridos. La aparición repentina e imprevista de un furgone postale obligó finalmente a los atacantes a huir del lugar. Inmediatamente después, los heridos fueron trasladados al ospedale di Mukacevo para recibir asistencia médica.
Viendo que el obispo resistía, el general Pavel Sudoplatov, perteneciente al Ministero della Sicurezza Statale, se desplazó personalmente hasta el hospital donde se encontraba internado Teodoro. Valiéndose de la complicidad directa del médico primario y de una enfermera del centro, Sudoplatov hizo que se le inyectara al religioso una dosis letal de curaro. Aquel veneno provocó de forma inmediata la muerte instantánea del obispo Teodoro, sellando su vida con el testimonio supremo de la sangre. Años más tarde, el propio general Sudoplatov confesó abiertamente el crimen y explicó con detalle la dinámica del envenenamiento en sus memorias escritas.
El legado espiritual y el reconocimiento eclesial
A pesar de la pérdida trágica de su pastor, el martirio del obispo sirvió para infundir un profundo valor en el clero, impulsándole a resistir con firmeza frente al intento de suprimir por completo la diócesis. Un total de 128 sacerdotes prefirieron afrontar el arresto y la consiguiente deportación a los lejanos campos de prisioneros en Siberia antes que ceder a las presiones del régimen. Gracias a este sacrificio, la Chiesa greco-cattolica pudo continuar operando de manera clandestina, soportando un severo control y una constante persecución, pero conservando intacta su fidelidad inquebrantable a Roma. El reconocimiento oficial por parte de la Iglesia universal llegó cuando Papa Giovanni Paolo II lo proclamó beato el 27 giugno 2001 durante un memorable viaje apostólico realizado a Ucraina. Actualmente, el Martirologio lo recuerda solemnemente en Mukacevo honrándolo como beato, obispo y mártir que entregó su vida por la fidelidad a la Iglesia en tiempos de extrema persecución.
Una vida entregada al servicio
La trayectoria del beato Teodoro Romza comenzó con su formación sacerdotal, culminando con su ordenación en el año 1936. Tras años de preparación y crecimiento espiritual, incluso durante su estancia en Roma, su vocación lo llevó a asumir responsabilidades mayores en un contexto histórico particularmente difícil. En 1944, fue nombrado obispo de Mukacevo, una labor pastoral que desempeñó con una profunda sencillez y un sentido del deber inquebrantable.
Su episcopado coincidió con una época de intensa hostilidad hacia la fe. Como pastor, Teodoro Romza se opuso valientemente a los intentos de las autoridades soviéticas de suprimir la Iglesia greco-cattolica, buscando siempre proteger la comunión de su pueblo con la Iglesia universal. Esta postura le atrajo la animosidad directa de los poderes establecidos, quienes veían en su integridad una amenaza para sus planes de control ideológico. A pesar de las crecientes amenazas y la vigilancia constante, el obispo nunca abandonó su puesto ni sus convicciones, eligiendo permanecer junto a sus fieles hasta el último momento de su vida terrenal.
El testimonio del martirio
El final de su camino terrenal fue el sello definitivo de su coherencia. En 1947, fue víctima de un atentado automobilístico cuidadosamente orquestado por las autoridades soviéticas. Tras sobrevivir al choque inicial, fue trasladado a un hospital en Mukacevo donde, lejos de recibir la atención necesaria, fue asesinado mediante el envenenamiento con curaro. Su muerte, planeada para silenciar su voz, se convirtió en un símbolo imperecedero de resistencia espiritual.
El recuerdo del beato Teodoro Romza perdura como un recordatorio de que la fe puede prevalecer incluso sobre la violencia más extrema. Su beatificación en 2001 por el papa Juan Pablo II no solo honró su memoria, sino que confirmó ante la Iglesia universal el valor del sacrificio de aquellos que, como él, prefirieron la muerte antes que traicionar su conciencia y su compromiso con la verdad divina.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia el Beato Teodoro Romza?
La ricorrenza liturgica si celebra il 1 noviembre, recordando su testimonio martirial en la región de Mukacevo.
En la ciudad de Mukacevo en Ucrania, beato Teodoro Giorgio Romzsa, obispo y mártir, que, en tiempo de prohibición de la fe, mereció conseguir la palma de la gloria por haber conservado la fidelidad a la Iglesia. — Martirologio Romano