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1 de noviembre

San Cesario (Cesareo) de Terracina

Mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y vocación

San Cesario de Terracina es una figura storicamente accertata que falleció durante el periodo de las persecuciones contra los cristianos. Los detalles biográficos de su existencia se basan en una Passio transmitida a través de cuatro redacciones distintas, denominadas minima, parva, maior y maxima, las cuales fueron compuestas y reelaboradas a lo largo del primer milenio. Cesario nació en Cartago, en el norte de África, de manera indicativa alrededor del año 85. Su padre desempeñaba la labor de soldado mercenario, mientras que su madre pertenecía a la nobleza local. Según la tradición, los progenitores del joven presumían de una ilustre ascendencia vinculada a la gens Julia. Por este motivo, le impusieron el nombre de Cesario como signo manifiesto de su fidelidad hacia la figura del emperador. Los antepasados de la familia se habían establecido en Cartago cuando el líder romano Julio Cesare reorganizó aquellos territorios africanos tras fundar una colonia romana. Dicho asentamiento albergaba a ciudadanos romanos aliados de la patria y sometidos al control imperial directo.

La familia de Cesario abrazó la fe cristiana como fruto directo de la ferviente predicación realizada por los apóstoles en su región de origen. Durante su juventud, Cesario profundizó en el estudio de la doctrina cristiana y quedó profundamente conmovido por el mensaje de salvación transmitido por Jesús. Impulsado por un profundo anhelo de unión espiritual con Cristo, recibió la ordenación diaconal para servir a la Iglesia. En un acto de total desprendimiento, renunció por completo a sus bienes patrimoniales con el fin de dedicarse de lleno a la tarea de la evangelización, provocando el gran estupor de sus propios padres. Superada la etapa de la adolescencia, el joven emprendió un viaje con destino a Roma en compañía de algunos camaradas. En aquella época, el cristianismo en la capital del imperio constituía una religión ilegal y castigada con las penas más rigurosas. La embarcación en la que navegaba sufrió un naufragio a causa de una tempestad violenta que azotó la costa de Terracina, ciudad situada en el agro pontino a unos cien kilómetros de distancia de Roma.

La misión en Terracina

Al llegar a Terracina, Cesario decidió establecerse allí tras quedar profundamente impresionado por las marcadas desigualdades sociales que separaban a la nobleza acomodada de los pobres, los enfermos y los marginados. Durante su estancia en la ciudad, el diácono vivió oculto en el domicilio particular del monaco cristiano Eusebio. Asimismo, fue acogido con afecto en el seno de la comunidad cristiana local, la cual había sido fundada por Epafrodito. Este último era un esclavo de origen griego que había asumido el ministerio de primer obispo de Terracina hacia mediados del primer siglo. Cesario comenzó su labor de evangelización en la zona contado con la colaboración del presbítero Giuliano, quien actuaba como su maestro espiritual. La acción pastoral conjunta de ambos se fundamentaba en la predicación de la palabra, la conversión de los paganos y la consiguiente creación de nuevas comunidades de creyentes.

El emperador Traiano, que gobernó el imperio desde el año 98 hasta el 117, impulsó una dura persecución contra los cristianos, decretando severos castigos para aquellos que se negasen a rendir culto mediante sacrificios a los dioses paganos. Según la tradición local, en Terracina ejercía su ministerio un sacerdote pagano llamado Firmino. Este personaje se aprovechaba de la escasa instrucción religiosa de la población para empujar a los jóvenes hacia actos bélicos crueles a cambio de falsa celebridad. Existía en la ciudad la costumbre de celebrar cada primero de enero una festividad dedicada a la divinidad de Apollo, la cual contemplaba el sacrificio del joven más apuesto y noble de la localidad con el propósito de garantizar la salvación del Estado y del emperador. El ritual disponía que la víctima elegida fuese cuidada con esmero, alimentada con manjares exquisitos y complacida en cualquiera de sus deseos durante un plazo de seis a ocho meses. Al concluir este tiempo de preparación, el muchacho era revestido con indumentaria y armas preciosas, montado sobre un caballo ricamente enjaezado y empujado a precipitarse al mar desde lo alto del monte ciudadano. Aquel suicidio ritual en las aguas pretendía asegurar al joven una fama de carácter inmortal, tras lo cual los restos mortales eran cremados y sus cenizas custodiadas con reverencia dentro del templo dedicado a Apollo.

El conflicto con el paganismo

En el año en que se desarrollaron los acontecimientos narrados, el joven destinado a cumplir el sacrificio humano llevaba por nombre Luciano. Cesario advirtió el lujo excesivo que rodeaba al muchacho y se informo entre los ciudadanos sobre el sentido de semejante costumbre. Tras conocer los detalles de aquella tradición sacrificial, el diácono experimentó una profunda indignación ante la naturaleza bárbara del rito. Llegado el primero de enero, las autoridades civiles, el clero pagano y la muchedumbre se congregaron en el templo de Apollo para dar inicio a las ceremonias sagradas. Luciano inauguró los rituales ofreciendo en sacrificio una scrofa para propiciar la prosperidad de la ciudad y de sus habitantes. A la ofrenda del animal le siguió una solemne y pausada procesión que enfiló su marcha hacia la montaña. Cesario intentó en repetidas ocasiones interrumpir el desarrollo del ritual, pero los ciudadanos cumplieron de manera íntegra con las prescripciones paganas. Luciano montó a caballo hasta la cima de la colina y se arrojó al vacío, estrellándose contra las rocas y pereciendo ahogado entre las olas junto al animal.

Contemplando la muerte del joven, Cesario invocó en voz alta la desgracia sobre el Estado y sobre aquellos gobernantes que se regocijaban con el sufrimiento y el derramamiento de sangre humana. El diácono recriminó públicamente a la multitud por condenar sus propias almas a causa de las engañosas seducciones del demonio. Ante tales palabras, el sacerdote Firmino ordenó silencio al religioso y dispuso su arresto inmediato por medio de las guardias de la ciudad, confinándolo en el calabozo público situado junto al Foro Emiliano. Ocho días después de la detención, Lussurio, que era el primer ciudadano de Terracina, y el pontífice Firmino convocaron al cónsul Leonzio, denominado Consularis Campaniae, quien se hallaba en la localidad de Fondi, para juzgar al joven cristiano. A su llegada, los guardias condujeron a Cesario al Foro Emiliano ante la presencia del magistrado. Leonzio se limitó a comprobar que el acusado profesaba el cristianismo y rechazaba la adoración de las divinidades tradicionales, por lo que decidió llevarlo ante el templo de Apollo para obligarle a sacrificar.

Prodigios y conversión

Al joven se le prometió la libertad y el perdón si renegaba de su fe ofreciendo oraciones e incienso a los dioses. Atado al carro del cónsul, Cesario fue conducido hacia el templo escoltado por los soldados. En las proximidades del lugar sagrado, el diácono entabló una oración fervorosa que provocó el derrumbe repentino de la estructura arquitectónica del templo. El pontífice Firmino perdió la vida bajo los escombros del edificio desplomado. Al conocer la noticia de este acontecimiento prodigioso, Lussurio se desplazó rápidamente a Terracina para determinar el castigo aplicable al prisionero. El pueblo fue reunido en el recinto del templo destruido, donde Cesario explicó el engaño de una religión que pretendía salvar la patria mediante el sacrificio de sangre humana. Los asistentes respaldaron al diácono, calificándolo de virtuoso y considerando justo su discurso. Pese a ello, Lussurio ordenó mantener a Cesario encerrado en prisión durante el lapso de un año y un día. Transcurrido ese tiempo, el cónsul mandó extraer al imputado para comparecer nuevamente en el Forum civitatis Terracinae. Cesario compareció sumamente debilitado por la falta de alimento, desprovisto de vestimentas y cubierto únicamente por sus largos cabellos. Al llegar al centro del foro, suplicó a los custodios que aflojasen sus cadenas, se postró en tierra y rogó a Dios que manifestase Su clemencia. En aquel instante, una luz celestial descendió para iluminar por completo el cuerpo del confesor. Ante semejante prodigio, el cónsul Leonzio proclamó de manera pública que el Dios predicado por el prisionero era el único Todopoderoso. Leonzio se arrodilló ante Cesario, se despojó de su clamide para abrigar al diácono y le pidió formalmente el bautismo. Cesario bautizó al magistrado con agua invocando a la Trinidad, mientras el presbítero Giuliano, que se encontraba presente, le administró la Sagrada Eucaristia. Tras la recepción de los sacramentos, Giuliano impuso sus manos sobre la cabeza de Leonzio, el cual expiró de inmediato. La esposa y los hijos del difunto recuperaron sus restos mortales y les dieron sepultura en el Agro Varano, en las cercanías de la ciudad, el treinta de octubre.

El martirio y las reliquias

En la misma jornada en la que se efectuó la sepultura de Leonzio, Lussurio ordenó la captura del presbítero Giuliano y dictó sentencia de muerte tanto para él como para Cesario, disponiendo que fuesen introducidos en un saco y arrojados al mar. Poco antes de la ejecución, Cesario recordó a Lussurio que el agua bautismal lo acogería como hijo y lo elevaría al martirio junto a Giuliano, a quien definió como su padre en la fe. Asimismo, el mártir profetizó que Lussurio moriría aquel mismo día a causa de la mordedura de una serpiente, como castigo divino por la sangre vertida de los siervos de Dios y de las vírgenes abrasadas por las llamas. El martirio se consumó el primero de noviembre del año 107. Según la tradición, los condenados fueron confinados en un saco y precipitados al mar desde la cumbre de la aguja del Pisco Montano, falleciendo por asfixia. Aquel mismo día, las olas devolvieron los cuerpos sin vida de Cesario y Giuliano a la playa, depositándolos junto al cadáver de Lussurio y cumpliendo así la profecía. Después de dictar la condena, Lussurio se dirigía a su residencia campestre para cenar, transitando por la vía costera. Mientras caminaba bajo un árbol, una serpiente cayó sobre su espalda, se introdujo bajo su túnica a la altura del cuello, le mordió en los flancos e inoculó el veneno penetrando hasta el corazón. Lussurio se desplomó con el cuerpo deformado por la hinchazón y, antes de expirar, contempló en visión a los ángeles que acogían en el cielo las almas de los mártires.

A partir del siglo decimotercero, una porción de las reliquias de San Cesario diácono se conserva en una urna de basalto situada bajo el altar mayor de la basílica de Santa Croce in Gerusalemme en Roma. Además, en el año 2009, Monseñor Michelangelo Giannotti, vicario general de la archidiócesis de Lucca, halló seis huesos del santo en el interior de la basílica de San Frediano en Lucca. Los santos Cesario y Giuliano son venerados conjuntamente como mártires de Terracina, situando su memoria litúrgica el diez de noviembre. El elogio dedicado a ambos en el Martirologio Romano y en el Jeronimiano descansa sobre una Passio considerada de carácter legendario, donde se menciona que el solitario Cesario es recordado el veintiuno de abril. Según los estudios de Louis Duchesne, dicha fecha coincide probablemente con la conmemoración de la dedicación de un oratorio erigido en honor del mártir en Roma, sobre el colle Palatino, cuya existencia ya se halla atestiguada en tiempos de san Gregorio Magno. El auténtico aniversario del tránsito terrenal de Cesario se fija el primero de noviembre, fecha respaldada tanto por el Sacramentario Gregoriano como por el Sacramentario Gelasiano de San Gallo, mientras que la Iglesia griega conmemora a los dos santos el siete de octubre.

Preguntas frecuentes

Quando si festeggia San Cesario de Terracina?

La memoria litúrgica de San Cesario se celebra principalmente el 1 de noviembre, que corresponde a su dies natalis, aunque el Martirologio Romano y el Geronimiano conmemoran a los santos Cesario y Giuliano el 10 de noviembre. Asimismo, la tradición litúrgica recuerda al santo en otras fechas como el 21 de abril y el 7 de octubre.

Di cosa è patrono San Cesario de Terracina?

Los datos biográficos y tradicionales describen a San Cesario como mártir y protector de Terracina, venerado junto a san Giuliano.

En Terracina sobre la costa del Lacio, san Cesario, mártir. — Martirologio Romano