17 de septiembre
San Francisco María de Camporosso (Giovanni Croese)
Laico capuchino
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La infancia y la vocación
San Francisco María de Camporosso vio la luz el 27 de diciembre de 1804 en el seno de la familia formada por Giovanni Croese y Maria Antonia Garzo. Su lugar natal fue Camporosso, un pequeño pueblo situado en la riviera ligure de Ponente, dentro de la actual provincia de Imperia. Dos días después de su nacimiento recibió el sacramento del bautismo, en el cual se le impuso el nombre paterno de Giovanni. Los primeros pasos de su formación espiritual estuvieron guiados por su madre, para quien la fe representaba la luz y la fuerza fundamental de la existencia. Durante su juventud, cumplió con las tareas cotidianas propias de su entorno familiar, trabajando primero como pastor del pequeño rebaño paterno y, a medida que crecía, ayudando a su padre en las duras labores de los campos. Un momento central en su infancia piadosa fue la recepción de la primera Comunión, la cual tuvo lugar durante la festividad del Corpus Domini del año 1816. Poco tiempo después de este acontecimiento eucarístico, cayó gravemente enfermo, pero logró sanar de aquella afección gracias a la intercesión de la Madonna del Laghetto, imagen venerada cerca de Nizza. Al alcanzar la edad de diecisiete años, impulsado por el deseo de una vida más perfecta, ingresó entre los Frailes Menores Conventuales en calidad de terciario. Tras intensas oraciones dirigidas a la Beata Virgen y habiendo escuchado los sabios consejos de diversos religiosos, discernió definitivamente su camino y abrazó la vida religiosa en la orden de los Frailes Menores Capuchinos. El 7 de diciembre de 1825 cruzó las puertas del noviciado capuchino, momento en el cual adoptó el nuevo nombre religioso de Francesco Maria.
El servicio en Génova y la entrega final
Durante el periodo del noviciado en la orden capuchina, san Francisco María de Camporosso dejó patente la gran belleza de su alma y un profundo ardiente amor y caridad hacia Dios y el prójimo. Al concluir esta etapa formativa, fue destinado de inmediato al convento de la Santísima Concepción situado en la ciudad de Génova. En aquel lugar conventual comenzó prestando sus servicios humildes como ayuda en la cocina y desempeñando las labores propias de enfermero. Con el paso del tiempo, asumió la delicada tarea de hermano cuestuante, un oficio que ejerció de manera constante durante cerca de cuarenta años, abarcando prácticamente toda su existencia religiosa. Su labor cotidiana se desarrolló de forma muy particular en las complejas zonas del puerto y del depósito franco genovese. Su presencia física, caracterizada por una figura alta, simpatía, modestia y gran gracia, ejercía un influjo y un atractivo extraordinario sobre todas las personas que se acercaban a él. Cada dolor humano encontraba en su trato una palabra certera de consuelo y un rayo de luminosa esperanza cristiana, destacando especialmente la gente de mar, que recurría a él con una confianza conmovedora que permaneció inalterada a lo largo del tiempo. Debido a esta cercanía y bondad, el pueblo de Génova comenzó a designarle con el apelativo popular de Padre santo, expresión sincera de su profunda admiración y gratitud. Las crónicas históricas señalan que las fechas biográficas debidamente certificadas de su paso terrenal abarcan desde su nacimiento en Camporosso el 27 de diciembre de 1804 hasta su tránsito en Génova el 17 de septiembre de 1866. En el verano de aquel año 1866, una furiosa epidemia asoló la ciudad de Génova, ante lo cual el Padre santo decidió ofrecer su propia vida en olocausto al Señor con el fin de lograr el cese de la peste. En el transcurso de esta crisis sanitaria, contrajo él mismo la enfermedad, cumpliendo su ofrecimiento como víctima voluntaria por la salvación de sus prójimos. Dios aceptó su generosa ofrenda el 17 de septiembre de 1866, culminando así su existencia terrena. La causa orientada a su Beatificación quedó formalmente introducida el 9 agosto de 1896, culminando solemnemente cuando el papa Pio XI decretó su beatificación el 30 de junio de 1929. En la actualidad, el martirologio conmemora a san Francisco María de Camporosso reconociéndolo como religioso de la orden de los Frailes Menores Capuchinos, destacado de manera insigne por su entrega y caridad hacia los más pobres.
Su camino de fe
Giovanni Croese nació en Camporosso el veintisiete de diciembre de 1804. Desde sus primeros años, su corazón se orientó hacia la búsqueda de Dios, lo que le llevó a ingresar en la orden de los Hermanos Menores Capuchinos en el año 1825. A partir de entonces, su vida transcurrió bajo la regla de humildad y pobreza propia de su vocación, trasladándose a diversos lugares como Niza y, finalmente, estableciéndose en Génova. En esta ciudad, San Francisco María de Camporosso desarrolló su misión principal durante aproximadamente cuarenta años, recorriendo incansablemente las calles como religioso questuante.
Su labor no se limitaba a la simple recolección de donativos; era, ante todo, un mensajero de paz y un confesor de la miseria humana. Aquellos que le conocieron destacaban su sobriedad y su capacidad para escuchar, transformando cada encuentro en una oportunidad para transmitir la ternura de Dios. Su presencia en Génova se convirtió en un refugio para los desamparados, quienes veían en este laico capuchino a un hombre de Dios que vivía radicalmente el Evangelio en la cotidianidad. La coherencia de su vida, sostenida por la oración constante y el desprendimiento de los bienes materiales, preparó su espíritu para la entrega final. Cuando la epidemia de cólera llegó a la ciudad en 1866, San Francisco María de Camporosso no retrocedió ante el peligro. Con plena conciencia, ofreció su existencia por la salvación de los enfermos, cumpliendo así el mandato del amor al prójimo hasta sus últimas consecuencias. Su fallecimiento, ocurrido ese mismo año, marcó el fin de una trayectoria ejemplar, pero también el nacimiento de una devoción que perdura a través de los tiempos, recordándonos que la santidad es posible en el servicio abnegado y en la entrega silenciosa por los demás.
Devoción y memoria
El culto a San Francisco María de Camporosso se consolidó rápidamente tras su muerte, siendo reconocido oficialmente por la Iglesia mediante su canonización el treinta de junio de 1929, bajo el pontificado de Pío Undécimo. Su figura es venerada especialmente por la gente de mar, quienes confían en su intercesión protectora ante las dificultades y peligros de su oficio. Esta vinculación con el mundo marítimo subraya la extensión de su fama de santidad más allá de los muros de los conventos, alcanzando a quienes viven en constante contacto con la inmensidad del océano.
Su memoria se celebra cada año el diecisiete de septiembre, fecha que coincide con el día de su tránsito a la vida eterna. Esta jornada litúrgica invita a los fieles a reflexionar sobre la virtud de la caridad y la importancia de la entrega personal en favor del bien común. A través de la oración y el recuerdo de su vida, los devotos buscan imitar su sencillez y su espíritu de sacrificio, encontrando en San Francisco María de Camporosso un modelo de santidad accesible para todos. La Iglesia mantiene viva su historia, no solo como un hecho del pasado, sino como una luz que ilumina el presente, recordándonos que el amor ofrecido con sinceridad trasciende la muerte y sigue dando frutos de esperanza en el corazón de los creyentes.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Francisco María de Camporosso?
Se celebra el 17 de septiembre, fecha que coincide con su tránsito terrenal.
En Génova, san Francisco María de Camporosso, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, insigne por su caridad hacia los pobres, que, al extenderse la peste, contrajo él mismo la enfermedad, ofreciéndose como víctima por la salvación del prójimo. — Martirologio Romano