29 de julio
San Guillermo Pinchon
Obispo
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y formación
San Guillermo nació hacia el año 1180 en la localidad de Saint-Alban, situada en Francia, dentro de los límites de la diócesis de Saint-Brieuc en las Côtes-du-Nord. Sus padres pertenecían a una modesta familia llamada Pinchon, y desde su más tierna edad se ocuparon de brindarle una cuidadosa y esmerada educación. Entre todas las excelentes cualidades que comenzaron a manifestarse en su juventud, rifulgió de manera muy notable una admirable castidad. Según la enseñanza de San Bonaventura, la castidad constituye la vía regale para llegar al abrazo del Sposo divino y alcanzar la patria celeste. En una ocasión, mientras San Guillermo se encontraba alojado en la casa de un rico signore, una joven intentó seducirlo durante la noche. El santo reaccionó de inmediato tomando la pronta huida para evitar a la tentadora, comportándose exactamente igual que si se encontrara ante un peligroso serpiente venenosa. Al sentirse fuertemente atraído por la vocación eclesiástica, fue admitido para cursar sus estudios en la ciudad episcopal de Saint-Brieuc. Dicha ciudad se encontraba entonces bajo el gobierno del obispo Gosselino, quien manifestó una gran satisfacción al comprobar los constantes progresos que el joven realizaba tanto en el terreno del estudio como en el de la disciplina. Estimando sus buenas cualidades, el obispo Gosselino le conferiría los órdenes menores y decidió acogerlo en su propia casa al ser testigo directo de su crecimiento en la piedad y en la sabiduría. El prelado abrigaba la firme esperanza de recibir una valiosa ayuda por parte de San Guillermo en el gobierno de la diócesis, y por ello se dedicó personalmente a instruirlo, formarlo y consagrarlo sucesivamente como diácono y como sacerdote. Los obispos sucesores, llamados Pedro V y Silvestre, mantuvieron la misma confianza y continuaron teniéndole a su lado como un hombre de su entera confianza. Durante aquel periodo, San Guillermo obtuvo asimismo un canonicato en la iglesia metropolitana de Tours, aunque no se sabe con absoluta certeza si llegó a trasladarse allí para residir de manera estable.
El episcopado y la caridad
En el año 1220 se produjo la muerte del obispo Silvestre, y San Guillermo fue elegido para sucederle en la cátedra episcopal de Saint-Brieuc. Dicha elección se debió a la altísima consideración de que gozaba entre el clero y el pueblo gracias a su acreditada piedad, su sólida ciencia y sus virtudes. En aquel tiempo, la Iglesia de la Bretaña sufría una fuerte opresión por parte del duque Pedro Mauclerc de Dreux, por lo que necesitaba pastores dotados de sabiduría y valentía capaces de defender con firmeza sus derechos y su libertad. San Guillermo demostró ser un pastor que jamás aceptó entrar en compromisos con la injusticia ni con el sopruso. Desde el mismo inicio de su ministerio episcopal, se consideró a sí mismo como el auténtico padre de los pobres, convencido de que su obligación primordial consistía en socorrerlos en toda clase de necesidades y asegurarles el sustento diario. Por esta razón, llevaba siempre consigo una bolsa repleta de dinero con el fin exclusivo de hacer el bien a los menesterosos que encontraba a lo largo de sus recorridos por las calles, sumando esta práctica a las habituales distribuciones realizadas por su limosnero. Era su costumbre vigilar atentamente desde una ventana mientras se procedía al reparto de los restos de su propia mesa, buscando de este modo prevenir cualquier injusticia entre quienes realizaban la distribución y quienes recibían los alimentos. Si ocurría que la cantidad de pobres congregados superaba a las raciones disponibles, ordenaba inmediatamente que se preparase más comida. Durante los tiempos de grave carestía, San Guillermo llegó a distribuir entre los indigentes todo el trigo almacenado en sus propios graneros, e incluso no dudó en pedir trigo prestado a los canónigos para poder cubrir la escasez de alimentos que padecían los más necesitados. Su generosidad con los pobres fue de tal magnitud que al final de su vida terrena no le quedaron bienes materiales suficientes para poder redactar un testamento, habiendo preferido atesorar riquezas en el cielo según las palabras del Evangelio de Lucas. Su dignidad episcopal no le sirvió en ningún momento como excusa para dispensarse de servir al prójimo con sus propias manos; de hecho, en una ocasión fue visto arrodillado sobre el suelo soplando el fuego para lograr cocinar los alimentos destinados a los enfermos y a los necesitados. En otra anécdota recogida por sus biógrafos, un hombre se le acercó para pedirle un recipiente que le sirviera para bañar a una mujer pobre. Encontrándose a solas en la casa con su capellán, San Guillermo se dirigió con suma humildad a vaciar el contenido de grano que tenía el recipiente, y con la ayuda del mismo capellán lo cargó directamente sobre las espaldas del peticionario.
Penitencia y oración continua
La alta posición social y la dignidad propia del cargo episcopal obligaban frecuentemente a San Guillermo a tomar parte en banquetes donde se servían grandes abundancias de manjares. Ante tales circunstancias, el santo optaba por consumir únicamente un escaso assaggio de los platos que eran ofrecidos a los demás comensales, mientras que para beber elegía agua pura ligeramente teñida con un poco de vino. Su sensibilidad ante el sufrimiento ajeno era tan profunda que se commuovía hasta derramar lágrimas al contemplar las penas y las miserias del prójimo. Un día, una mujer que padecía de hidropesía se acercó a pedirle limosna, y el prelado no solo quiso mitigar su indigencia material, sino que deseó procurarle un auténtico alivio para su dolencia física. Con este fin, encargó a uno de sus servidores que le llevara personalmente el mejor plato de su propia mesa durante la hora del almuerzo. El enviado encontró a la pobrecilla postrada en su lecho y sufriendo dolores de carácter espasmódico. Al recibir la noticia de esta situación, San Guillermo se encaminó sin demora hacia la iglesia para ofrecer a Dios un intenso caudal de lágrimas y oraciones, permaneciendo en actitud suplicante hasta que le fue comunicado que la mujer enferma se había levantado completamente curada. De este modo, la Providencia divina quiso premiar con un milagro visible la inmensa caridad y la constante oración de su fiel servidor. A pesar de la multitud de ocupaciones cotidianas que pesaban sobre sus hombros, el santo lograba vivir en una continua presencia de Dios. Además de cumplir con esmero la recitación de las horas canónicas y sus devociones sacerdotales habituales, tenía por costumbre recitar todos los días el salterio completo de memoria.
San Guillermo trataba a su propio cuerpo como a un enemigo, sometiéndolo de manera constante a severas y duras penitencias. Una noche, al acostarse, se dio cuenta de que los familiares habían preparado un lecho dispuesto sobre la tierra para alojar a un religioso huésped, mientras que para él habían reservado una cama mucho más alta y cómoda. Aquella diferencia de trato le causó una profunda molestia, por lo que se negó terminantemente a conciliar el sueño hasta que el cameriere hubo igualado ambos lechos. Cuando se encontraba a solas en su estancia, era habitual que el santo descansara directamente tendido sobre el suelo. La severidad con la que trataba su propia corporeidad contrastaba vivamente con la exquisita dulzura que demostraba hacia los demás.
Conflicto, exilio y regreso
La mala conducta del duque Pedro Mauclerc provocó el estallido de una cruenta guerra en el ducado bretón. Como la ciudad de Saint-Brieuc carecía de murallas defensivas, sufrió graves y reiterados saqueos perpetrados tanto por las tropas francesas como por las bretonas. En medio de aquella extrema tribulación, el santo pastor dio muestras de un celo y una ternura admirables, dedicándose a reunir y consolar a los fieles que se encontraban dispersos. En numerosas ocasiones no dudó en exponer su propia vida presentándose en medio de las bandas armadas con el único propósito de poner a salvo la existencia de los demás. A pesar de ser objeto de injurias, golpes y constantes amenazas de muerte, su postura se mantuvo inquebrantable en la defensa de los derechos de su pueblo, recurriendo incluso al uso de las penas canónicas cuando la ocasión lo exigía para doblegar la protervia de los más obstinados. El duque intentó usurpar los bienes legítimos de la Iglesia bretona utilizando el pretexto de procurar hacerla más evangélica, pero San Guillermo estaba dispuesto a entregar gustosamente su propia vida antes que ceder en la defensa de las prerrogativas eclesiásticas. Tal actitud le acarreó una severa persecución, siendo finalmente obligado a marchar al exilio junto con los obispos de las diócesis de Rennes y de Tréguier. Encontró refugio en la ciudad de Poitiers, sintiéndose profundamente contento de poder padecer persecuciones por amor a la justicia. Estando allí, el obispo de Poitiers, que se encontraba enfermo, le rogó que asumiera el cuidado pastoral de su grey. San Guillermo desarrolló un ministerio sumamente activo durante los dos años que duró su permanencia en tierras de Poitiers. Hacia el año 1230, el duque se vio obligado a someterse a las legítimas imposiciones del Papa Gregorio IX, lo que permitió finalmente que San Guillermo pudiera retornar a su diócesis para reunirse de nuevo con su rebaño.
La catedral y el tránsito a la eternidad
De regreso en su sede episcopal, San Guillermo retomó con entusiasmo la continuación de las obras de construcción de la catedral de Saint-Brieuc, de la cual es considerado con toda justicia el fundador, y que se mantiene en pie hasta el día de hoy. Ante las abultadas dificultades económicas y los cuantiosos gastos que la empresa requería, el santo solía exclamar con absoluta seguridad: 'O vivo o morto, porterò a termine la mia chiesa'. No obstante, su paso por este mundo llegaría a su término poco después. San Guillermo falleció un veintinueve de julio, en un año situado entre 1234 y 1241. Su cuerpo fue sepultado con honores en el interior de la propia catedral, específicamente en el lado derecho de la nave principal. Dos años más tarde de su tránsito, el obispo sucesor, llamado Felipe, quiso proseguir con los trabajos de edificación del templo. Ocurrió entonces que, al verse en la necesidad de cavar precisamente en el lugar donde se hallaba la sepultura para poder respetar los debidos alineamientos arquitectónicos, ordenó la exhumación de los restos de San Guillermo en presencia de una numerosa concurrencia de clérigos y fieles. Para asombro y maravilla de todos los presentes, el cuerpo fue hallado completamente intacto y desprendiendo un suave y perceptible olor aromático. A partir de aquel mismo día, sobre su sepulcro comenzaron a prodigarse numerosos milagros. Peregrinos procedentes tanto de ciudades vecinas como de lugares muy lejanos empezaron a confluir masivamente al sepulcro para implorar gracias en favor de sus enfermos. Gracias a las generosas ofrendas dejadas por los peregrinos, el obispo pudo concluir en muy poco tiempo la construcción de la catedral. El obispo Felipe decidió entonces llevar una detallada descripción por escrito de todos aquellos prodigios hasta la corte del Papa Inocencio IV en Lyon, donde se encontraba presente también el emperador Federico II. Tras recibir el informe, el Papa encargó a un cardenal que realizara las oportunas y rigurosas investigaciones en tierras de Bretaña. Como fruto de aquel proceso, el Papa Inocencio IV procedió a la solemne canonización de San Guillermo de Saint-Brieuc en el año 1247. Así, San Guillermo Pinchon, que nació y vivió su existencia en Saint-Brieuc, en la región bretona de Francia, y que consagró sus mayores esfuerzos a la construcción de su catedral, resplandeció luminosamente por su bondad, su sencillez evangélica y por la inquebrantable defensa de sus ovejas y de los derechos de la Iglesia, habiendo sabido soportar con impavida fuerza de ánimo las más ásperas vejaciones y el amargo peso del exilio.
Su ministerio episcopal
La trayectoria de San Guillermo Pinchon comenzó con su ordenación sacerdotal, recibida de manos del obispo Gosselino de Saint-Brieuc. Su preparación y vocación lo condujeron, en el año mil doscientos veinte, a ser elegido obispo de la misma sede. Durante su episcopado, se distinguió por una gestión incansable y una visión clara para el crecimiento de su comunidad, destacando su labor como promotor de la construcción de la catedral de Saint-Brieuc, un proyecto que hoy permanece como testimonio de su dedicación.
Sin embargo, su labor no estuvo exenta de desafíos. San Guillermo Pinchon vivió una época de tensiones políticas que lo llevaron a un conflicto abierto con el duque Pedro Mauclerc. Esta confrontación resultó en su exilio hacia Poitiers, alejándolo de su sede episcopal. A pesar de la distancia, mantuvo su firmeza y convicción en la justicia de su causa. Finalmente, en el año mil doscientos treinta, tras la sumisión del duque, pudo retornar a su sede en Saint-Brieuc para continuar con su ministerio. Durante su vida, además de sus estancias en Saint-Alban y Saint-Brieuc, tuvo vínculos significativos con ciudades como Tours y Poitiers, lugares que fueron testigos de su paso y de su coherencia como pastor. Su vida concluyó en el año mil doscientos treinta y cuatro en Saint-Brieuc, habiendo servido a la Iglesia con una entrega absoluta que fue reconocida años más tarde mediante su canonización.
El culto y legado
La memoria de San Guillermo Pinchon fue prontamente honrada por la Iglesia, que reconoció en él la santidad de una vida dedicada al servicio episcopal. La rapidez con la que se llevó a cabo su proceso de canonización, culminado por el Papa Inocencio Cuarto en el año mil doscientos cuarenta y siete, da cuenta del profundo impacto que tuvo su figura en el pueblo francés y en la jerarquía eclesiástica de su época.
Hoy, su legado se mantiene vivo a través de la memoria litúrgica que se celebra cada veintinueve de julio. Como patrono de la diócesis de Saint-Brieuc, San Guillermo sigue siendo un referente de fidelidad a la misión recibida y un ejemplo de cómo la fe puede prevalecer incluso en medio de las dificultades políticas y sociales. Su intercesión es invocada por los fieles que ven en él a un guía que, anteponiendo siempre el bienestar de su rebaño, supo navegar las complejidades de su tiempo con sobriedad y rectitud.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja a San Guillermo Pinchon?
La festividad litúrgica de San Guillermo Pinchon se celebra el 29 de julio.
De qué es patrono San Guillermo Pinchon?
Los hechos proporcionados no mencionan ningún patronazgo específico atribuido al santo.
En la ciudad de Saint-Brieuc en la Bretaña en Francia, san Guillermo Pinchon, obispo, que se esforzó por la construcción de la catedral, brilló por bondad y sencillez y para defender a sus ovejas y los derechos de la Iglesia sufrió con impávida fuerza de ánimo ásperas vejaciones y el exilio. — Martirologio Romano