13 de septiembre
San Juan Crisóstomo
Obispo y doctor de la Iglesia
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los primeros años en Antioquía
San Juan Crisóstomo nació en Antioquía en una fecha imprecisa entre el 344 y el 354, según algunos testimonios en el año 349. Su padre se llamaba Segundo, un cristiano que se desempeñaba como general del ejército romano de estancia en Asia Menor. Su madre se llamaba Antusa, descrita como una joven bella, inteligente y profundamente piadosa. Segundo conoció a Antusa en Asia Menor y contrajo matrimonio con ella, pero la alegría por el nacimiento de su hijo Juan se vio oscurecida por la muerte repentina del padre. Antusa quedó viuda a la edad de unos veinte años con un niño pequeño que criar, y a pesar de la presencia de numerosos pretendientes, rechazó las propuestas de nuevo matrimonio. Se consagró al Señor como viuda y se dedicó enteramente a la crianza de su hijo, cuyo ejemplo de elección heroica y entusiasmo dejó en Juan un profundo respeto por las mujeres.
El joven Juan completó sus estudios clásicos a la edad de dieciocho años, dedicándose a los estudios de retórica bajo la guía del célebre Libanio. El maestro estimaba a Juan al punto de indicarlo públicamente como su sucesor si los cristianos no se lo hubieran arrebatado. En su juventud, Juan experimentó las inquietudes propias de esa edad con el disappunto de su madre, buscando probar su propia fuerza oratoria y su libertad sin apartarse de la legalidad. A la edad de veinte años, con gran madurez y seriedad, solicitó el bautismo y comenzó a frecuentar la cerchia de Diodoro, futuro obispo de Tarso y director del famoso Asceterio de Antioquia. Diodoro era un hombre santo e ilustrado en las Escrituras, bajo cuya guía el joven aprendió a leer la Biblia con el método antiocheno, un sistema focalizado en la explicación estrictamente literal y alejado del alegorismo, progresando notablemente en la vía evangélica.
El camino ascético y el presbitorado
El deseo profundo de Juan era convertirse en monje para vivir plenamente su condición de cristiano, pero su madre Antusa le sconsiguió tal paso debido a su fragile constitución física, por lo que el joven frecuentó solo parcialmente el centro monástico para evitar fracturar la relación con ella. La muerte de su madre, acaecida en el año 372, abrió una nueva etapa en su vida. Juan se hizo monje durante algunos años y posteriormente eligió la vida eremítica, retirándose a vivir en una caverna durante dos años con una conducta ascética sumamente rigurosa. Dicha práctica eremítica deterioró gravemente su salud física, dejándolo enfermo, deprimido y desilusionado, lo que le permitió comprender que la verdadera vocación y el camino hacia la santificación personal residían en la acción pastoral y en el auxilio al prójimo en lugar de la contemplación solitaria.
De regreso en Antioquía para ayudar al obispo Melezio, Juan fue ordenado diacono por este en el año 381. En ese mismo periodo, el obispo Melezio propuso su ordenación sacerdotal, pero Juan prefirió aceptar el ministerio de lector para dedicarse a la instrucción de los catecúmenos. Acompañó al obispo Melezio al Concilio Ecuménico de Constantinopla en el 381, donde se sintió turbado por la actitud de algunos prelados más interesados en la supremacía de sus propias iglesias que en la autenticidad del Evangelio. De vuelta en Antioquía, cinco años después del diaconado, fue ordenado presbítero por el obispo Flaviano, quien se convirtió para él en un auténtico maestro de elocuencia, caridad y firmeza en la fe. Durante los años de su presbitorado desarrolló una intensa actividad de predicación basada en los principios exegéticos de la escuela antiochena, caracterizada por la fidelidad absoluta a la letra de la Escritura y desprovista de alegorismos complejos.
La predicación en Antioquía
La predicación de San Juan Crisóstomo en Antioquía se traducía con frecuencia en severas y amorosas exhortaciones morales dirigidas contra la pasión por los espectáculos mundanos que manifestaban los cristianos de la ciudad y contra la relajación general de las costumbres. Instaba con fervor a los creyentes a fundamentar toda su existencia en el conocimiento profundo de las Sagradas Escrituras y predicaba la necesidad indispensable de una vida espiritual intensa que no estuviera reservada exclusivamente a los monjes. En sus escritos, como en el texto titulado Contra los opositores de la vida monástica, el santo sostenía firmemente que resultaba un grave error creer que el monje debiera llevar una existencia más perfecta que los demás fieles, afirmando que tanto los laicos como los monjes debían aspirar y alcanzar una idéntica perfección cristiana. Exhortaba de manera constante a practicar la caridad atendiendo con solicitud el sacramento del hermano necesitado, y el pueblo acudía numeroso para escuchar sus homilías, admirando su extraordinaria capacidad persuasiva.
Gracias a la profundidad de su palabra y a las excepcionales dotes de orador que demostraba desde el púlpito, la posteridad y sus contemporáneos le confirieron el célebre sobrenombre de Crisostomo, que significa precisamente bocca d'oro. Su ministerio no se limitaba a la palabra elocuente, sino que reflejaba su profunda y constante unión con Dios, expresada también en sus escritos como las Letras a Olimpia. Su fama trascendió los límites de Antioquía y llegó hasta la capital del imperio, donde la corte y las autoridades vieron en él a un pastor dotado de la ciencia, la fama y la virtud necesarias para regir una de las sedes más importantes de la cristiandad.
El patriarcado y las riforme en Constantinopla
En el año 397, San Juan Crisóstomo fue llamado a Constantinopli para suceder al difunto patriarca Nettario, recibiendo la aprobación del emperador por su probada dignidad. En la capital del imperio se entregó con celo inflexible a la reforma de la Iglesia, iniciando los cambios desde su propio palacio episcopal. Eliminó los recibimientos suntuosos destinados a los señores de la corte y a las damas de compañía, redujo sus propios bienes personales y disminuyó drásticamente los gastos superfluos de la diócesis para destinar los recursos ahorrados a obras de asistencia social. Financió la atención a los pobres, la construcción de templos y la edificación de hospitales eficientes dotados de personal médico, cocineros y capellanes. Depuso a los obispos simoniacos, combatió enérgicamente la costumbre de la cohabitación entre sacerdotes y diaconisas, y predicó con valentía contra la acumulación desmedida de riquezas en pocas manos y contra la arrogancia de los poderosos.
El patriarca no era un político inclinado a los compromisos diplomáticos ni un hombre aficionado a los banquetes, al lujo o a una vida cómoda. Su acción reformadora dividió a la sociedad: el pueblo sencillo y la parte sana del clero se regocijaban con sus programas y con la valiente denuncia de los abusos de los ricos y nobles, mientras que la corte imperial se enfurecía. La corte de Constantinopla estaba cansada de sus continuas críticas contra las fiestas, el boato, los diversiones y el lujo ostentado, irritándose particularmente por las alusiones directas dirigidas a la emperatriz Eudossia, a quien el predicador llegó a calificar en su celo como una nueva Jezabel o una nueva Herodías, mientras la soberana se había autoproclamado Augusta y Madre de la Iglesia junto a otras matronas.
Los conflictos y el primer exilio
La enemistad contra San Juan Crisóstomo se intensificó notablemente con la consolidación del poder de la emperatriz Eudossia y la hostilidad de los ricos cuyos privilegios se veían amenazados por sus denuncias. Ante las crecientes amenazas a la fe y la moral, el obispo se mostró intransigente en la verdad, pero predicaba siempre el amor hacia el pecador y hacia el enemigo. La corte imperial, irritada por sus palabras y decidida a eliminar su influencia, convocó reuniones para decidir su destino. Se descartó la idea de arrojarlo a prisión por temor a que tuviera más tiempo para orar y sufrir, se desestimó la condena a muerte para evitar convertirlo en un mártir glorioso, y se descartó intentar hacerlo pecar por considerarlo imposible, optando finalmente por el exilio para prevenir una revuelta popular masiva.
En el año 403, la emperatriz Eudossia, contando con el respaldo del patriarca Teófilo de Alejandría, promovió un proceso irregular contra Juan en el conocido conciliábulo de la Quercia, donde fue declarado injustamente hereje y condenado al destierro. El emperador firmó la sentencia, y el patriarca fue deportado de la capital. Sin embargo, la reacción del pueblo fue inmediata e incontenible: el pueblo insorjió enérgicamente para protestar contra la medida, y un terremoto sacudió la ciudad, interpretado como una señal celeste que atemorizó a la superstitiosa emperatriz Eudossia. Ante el temor popular y los fenómenos naturales, la soberana hizo regresar de inmediato a Juan a la ciudad, cuyo retorno se convirtió en un verdadero triunfo popular. A pesar de la alegría general, los excesos y el lujo de la corte no tardaron en reanudarse en la capital.
La estatua imperial y el decreto definitivo
Poco después del regreso triunfal del patriarca, la emperatriz Eudossia mandó erigir una suntuosa estatua de plata situada en las inmediaciones de la gran iglesia de Santa Sofía. La inauguración de dicho monumento fue acompañada por ruidosos y desenfrenados festejos de sabor pagano precisamente durante la celebración de la Semana Santa. San Juan Crisóstomo, fiel a su misión pastoral y profética, condenó de inmediato y con extrema dureza aquellos festejos paganos que profanaban las celebraciones sagradas. Esta firme condena aceleró la caída definitiva del santo obispo, ya que la corte imperial no estaba dispuesta a tolerar nuevas críticas a su autoridad y a sus comportamientos mundanos.
Durante la Pascua del año 404, las guardias imperiales irrumpieron violentamente en la catedral durante las celebraciones litúrgicas, provocando un grave derramamiento de sangre y disturbios que se prolongaron durante varios días. Poco después de la fiesta de Pentecostés de ese mismo año, el santo fue arrestado nuevamente y condenado a un exilio sin posibilidad de retorno. Para evitar mayores males y salvaguardar a sus fieles, el patriarca abandonó la residencia episcopal a través de una puerta secundaria y se despidió de los obispos reunidos en la sacristía. Llamó a la diaconisa Olimpia y a sus compañeras que vivían en comunidad cerca de la casa episcopal, dirigiéndoles palabras conmovedoras recogidas por el historiador Paladio en su obra Diálogo sobre la vida de Juan Crisóstomo, donde les expresó que había llegado el final, que había terminado su carrera y que probablemente no volverían a ver su rostro.
El éxodo y la muerte en el destierro
San Juan Crisóstomo fue confinado inicialmente en Cucuso, una pequeña y apartada ciudad de Armenia. A pesar del aislamiento impuesto, la localidad era frecuentemente alcanzada por las muestras de afecto y las visitas de los fieles que acudían a escuchar su palabra. Al enterarse de esta situación, sus enemigos consiguieron que las autoridades ordenaran su traslado a una sede todavía más lejana e inaccesible, debiendo alcanzar la localidad de Pizio, situada a orillas del Ponto. En el ámbito internacional, el Papa Inocencio I de Roma intervino firmemente en su favor reconociendo su absoluta inocencia, pero sus gestiones no lograron doblegar la voluntad de las autoridades imperiales de Constantinopla.
El santo fue obligado a soportar un viaje sumamente fatigoso y extenuante de milletrecento kilómetros bajo la custodia de soldados imperiales que lo sometieron a continuos maltratos y marchas forzadas. Agotado por las penalidades extremas, Juan cayó gravemente enfermo en las proximidades del santuario de San Basilisco, en Comana. En aquel lugar recibió la sagrada Eucaristía como viático para el tránsito definitivo y entregó su alma al Creador el catorce de septiembre de 407, pronunciando como sus últimas palabras su invocación predilecta: Gloria a Dios en todas las cosas. Su cuerpo mortal fue sepultado inicialmente allí, pero la memoria de su santidad y la devoción de la Iglesia no cesaron jamás, siendo recordado como un gigante de la fe, doctor de la Iglesia y pastor magnánimo.
El servicio de la palabra y la cruz
Nacido en Antioquía en el año 349, Juan consagró su vida al servicio del altar. En su ciudad natal recibió la ordenación como diacono en el año 381 y, posteriormente, como presbítero en el 386. Fue en este período donde floreció su extraordinario carisma para la predicación, ganándose el afecto de los fieles y el respeto de toda la comunidad cristiana gracias a sus homilías profundas y pastorales.
Su vida dio un giro decisivo en el año 397 al ser nombrado Patriarca de Constantinopoli. En la sede imperial, el santo obispo promovió con determinación profundas reformas morales y caritativas, alzando su voz contra las injusticias y la opulencia de la corte. Esta rectitud evangélica provocó duros contrastes con la emperatriz Eudoxia y los círculos de poder, lo que resultó en repetidos destierros. Durante su traslado forzado hacia la lejana localidad de Pizio, Juan falleció debido a las privaciones y los malos tratos en Comana, en el año 407, entregando su alma a Dios con absoluta serenidad.
Su memoria en la Iglesia
La memoria de San Juan Crisóstomo ha quedado grabada en el corazón de la cristiandad como un faro de doctrina y fidelidad. El testimonio de su muerte en el exilio, lejos de apagar su voz, multiplicó el eco de sus escritos y homilías por todo el mundo conocido, consolidando su legado como uno de los grandes Padres de la Iglesia de Oriente y Occidente.
Su veneración une a los fieles de diversas tradiciones litúrgicas, quienes encuentran en él al pastor humilde que no temió la ira de los poderosos por mantenerse fiel al Evangelio de Jesucristo. Su herencia escrita sigue alimentando la oración y la meditación de la Iglesia universal.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Juan Crisóstomo?
El calendario romano y la Iglesia de los sirios celebran su fiesta liturgica el 13 de septiembre, mientras que el Martirologio romano y los sinaxarios orientales la fijan el 27 de enero en memoria del traslado de sus reliquias, además de otras conmemoraciones en el rito bizantino.
Di cosa è patrono San Juan Crisóstomo?
San Juan Crisóstomo es reconocido universalmente como Doctor de la Iglesia y patrono de los predicadores, oradores y de Constantinopla.
Memoria de san Juan, obispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia, que, nacido en Antioquía, ordenado sacerdote, mereció por su sublime elocuencia el título de Crisóstomo y, elegido obispo de aquella sede, se mostró óptimo pastor y maestro de fe. Condenado por sus enemigos al exilio, fue llamado nuevamente por decreto del papa san Inocencio I y, durante el viaje de retorno, sufriendo muchos maltratos por parte de los soldados de guardia, el 14 de septiembre, rindió el alma a Dios cerca de Gumenek en el Ponto, en la odierna Turquía.<BR>(14 de septiembre: A Gumenek en el Ponto, en la odierna Turquía, aniversario de la muerte de san Juan Crisóstomo, obispo, cuya memoria se celebra el día precedente a éste). — Martirologio Romano