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3 de julio

San León II

Papa

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Los primeros años y la preparación espiritual

Existen pocas noticias ciertas sobre la infancia y sobre la vida de León II anteriores a su elección a pontífice. Se sabe con certeza que el futuro papa era nativo de la región de Sicilia, procediendo de manera más precisa de la localidad de Messina o bien de Aidone, un centro habitado cercano a Piazza Armerina. A pesar de la escasez de datos sobre sus primeros años, los testimonios históricos conservados delinean la figura de un hombre dotado de una formación excepcional y de dotes espirituales muy cultivadas. El Liber Pontificalis narra con claridad que León II poseía una gran elocuencia, una cualidad que facilitó su labor pastoral y su interlocución con las autoridades políticas del periodo. Junto a su capacidad oratoria, el santo conocía perfectamente tanto la lengua griega como la lengua latina, un requisito indispensable en aquella época para dialogar con el Oriente cristiano y occidental sin mediaciones problemáticas. Además de estas competencias lingüísticas y culturales, León II mostraba una notable attitudine para el canto y para la salmodia, dedicándose con esmero a la alabanza divina mediante la música sacra. Las capacidades musicales que poseía sugieren de manera muy razonable que el futuro papa haya desempeñado la actividad de director de la Schola cantorum en el patriarcado del Letrán en Roma.

La consagración papal y el contexto imperial

La consagración de León II como obispo de Roma y papa ocurrió en el mes de agosto del año seiscientos ochenta y dos. Este acontecimiento solemne se produjo dieciocho meses después de su elección debido a circunstancias políticas complejas y demoras burocráticas impuestas desde el exterior. Poco antes de su consagración, el emperador de Oriente Costantino IV Pogonato había restablecido formalmente el obligatorio envío a Constantinopoli de los actos relativos a la elección papal para obtener la obligatoria aprobación y el permiso imperial antes de la toma de posesión. En los mismos meses en los cuales se consumaba este proceso de elección y espera, se estaba celebrando en Constantinopoli el sexto Concilio Ecuménico. Los obispos participantes en la asamblea, una vez concluida la importante assise conciliar, emprendieron el viaje de retorno a Roma para someter directamente a la atención de León II los resultados doctrinales del Concilio y la ratificación de su propia elección por parte del emperador bizantino. A través del estudio de los actos del Concilio, León II debió gestionar con prudencia un primer elemento de notable desagrado y dificultad teológica. Los textos conciliari, al condenar con firmeza la conocida herejía del monotelismo, incluyeron de manera explícita entre los herejes también al anterior papa romano Onorio. La herejía monotelita había surgido durante el siglo séptimo en el seno interno de la Iglesia bizantina, defendiendo la doctrina que reconocía las dos naturalezas en Cristo pero afirmando la predominancia de la voluntad divina sobre la humana. Para no comprometer la delicada paz religiosa que se había alcanzado con gran esfuerzo entre la Iglesia y el Imperio, León II aprobó las sabias decisiones del Concilio. Al mismo tiempo, en un acto de discernimiento, el papa precisó con exactitud que el papa Onorio no había actuado como un hereje formal, sino que se había mostrado negligente y imprevisto, permitiendo de este modo la contaminación de la fe immacolata. Las actas conclusivas del Concilio contenían además, en su parte final, un mensaje de homenaje dirigido al emperador Costantino IV. Dicho homenaje presentaba a la figura del emperador como un colaborador directo de Dios y un ejecutor de la voluntad divina, colocándolo de este modo en una posición de concorrencia y de total independencia respecto a la autoridad del papa. En su carta oficial dirigida al pontífice, el soberano se dirigía a León II con un tono claramente de superior a inferior, atribuyendo a sí mismo el mérito exclusivo de haber restablecido la verdadera fe en el imperio. Estos acontecimientos prefiguraban con claridad los futuros contrastes políticos y religiosos entre Roma y Constantinopoli que habrían de estallar con fuerza en el decenio sucesivo.

El gobierno de la Iglesia y las obras pastorales

Un otro grave problema de carácter pastoral e institucional que debió afrontar con decisión León II fue el largo cisma de la Iglesia de Ravenna, que desde hacía tiempo rechazaba formalmente la debida obediencia al papa. La ciudad de Ravenna contaba con el firme respaldo del emperador bizantino, el cual en el año seiscientos sesenta y seis la había declarado autónoma e independiente de la legítima jurisdicción del obispo de Roma. Con habilidad diplomática y espíritu conciliador, León II logró alcanzar un acuerdo satisfactorio con el arzobispo de Ravenna, llamado Teodoro. El pacto establecido preveía de manera inequívoca el reconocimiento de la suprema autoridad y primacía de Roma, así como la obligación estricta para los futuros arzobispos ravennati de acudir a Roma para recibir la consagración directamente de manos del papa. A cambio de la estipulación de este acuerdo eclesiástico, León II concedió al arzobispo Teodoro y a sus sucesores en el cargo varias exenciones fiscales ligadas al ejercicio de su alta función. Junto a las cuestiones de gobierno universal y diocesano, el pontífice demostró una gran solicitud por el decoro de los lugares sagrados de la Urbe. León II curó personalmente el valioso restauro de la iglesia de Santa Bibiana en Roma. Dentro de este mismo edificio sagrado, el papa hizo trasladar con gran devoción los cuerpos de los santos martiri Simplicio, Faustino y Beatrice, los cuales se encontraban precedentemente sepultados a lo largo de la vía de Porto. La vida espiritual del santo pontífice se reflejaba también en la manera de presidir la liturgia sagrada. León II celebraba las funciones religiosas con una gran solenne exterioridad, con el fin de acrecentar de manera sensible en los fieles la profunda conciencia de la majestad divina. En este contexto de renovación ritual, León II introdujo el uso piadoso de la aspersión del agua bendita en el desarrollo de los ritos cristianos y sobre el pueblo reunido en oración. Según el testimonio autorizado del Martirologio, san León II se distinguió siempre por ser un alma profundamente amante de la pobreza y de los pobres, a quienes socorría con generosidad, y el mismo texto recuerda su aceptación oficial de las deliberaciones del tercer Concilio de Constantinopoli.

El tránsito y la custodia de las reliquias

El pontificado de León II concluyó con su piadosa muerte acontecida el tres de julio del año seiscientos ochenta y tres. En cumplimiento de las disposiciones funerarias habituales para los obispos de Roma en aquella época, el cuerpo de León II fue sepultado inicialmente en el interior de la venerable basílica de San Pedro. Alrededor del año mil cien, los venerables restos mortales de León II fueron colocados con respeto litúrgico junto a los de san León I Magno, uniéndolos asimismo a las reliquias de los pontífices León III y León IV. Con motivo de la construcción de la nueva y actual basílica de San Pedro, las spoglie sagradas de los papas León I, II, III y IV fueron objeto de una solemne traslación que se llevó a cabo el veintintis de mayo del año mil seiscientos siete. Esta importante traslación del siglo XVII tuvo lugar bajo la presidencia del papa Paolo V, quien había realizado previamente una cuidadosa y oficial ricognizione de las reliquias para garantizar su autenticidad histórica y su adecuada conservación para la veneración de los fieles cristianos de las generaciones venideras.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia San León II?

San León II se celebra el tres de julio, día en que se recuerda su tránsito y memoria en el Martirologio.

En Roma, junto a San Pedro, san León II, papa: hombre versado tanto en la lengua griega como en la latina, amante de la pobreza y de los pobres, acogió las decisiones del III Concilio de Constantinopla. — Martirologio Romano