10 de diciembre
San Lucas de Melicuccà
Monje y obispo
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vocación monástica
San Lucas nació hacia la mitad del undécimo siglo en la localidad de Melicuccà, situada en la provincia de Reggio Calabria y perteneciente a la región tradicionalmente conocida como de las saline. Sus padres se llamaban Ursino y María. Aquella misma región de las saline conservaba la spelonca y la tomba de san Elia Speleota, un lugar celebre en los fasti del monachesimo calabro-greco por las gestas de dicho santo, cuya figura inspiró una profunda devoción en el alma de Lucas. Desde su juventud fue prudentemente provisto y avocado al estudio de los sagrados textos. Con el deseo de consagrarse plenamente al Señor, abrazó la vida religiosa dentro del Instituto basiliano, donde posteriormente recibió la sagrada ordenación sacerdotal, preparándose así para las altas responsabilidades que la Providencia le tenía reservadas en el servicio de la Iglesia.
Ministerio episcopal y misión pastoral
Antes del año 1092, gracias a su destacada dottrina y a sus insignes virtudes, San Lucas fue elevado a la dignidad episcopal y destinado a regir la diócesis de Isola Capo Rizzuto. Su nombramiento como obispo se encuentra atestiguado de manera oficial en un diploma greco fechado en el año 1105. En dicho documento aparece la frase Episcopos ton Aisulon. El estudioso Cozza-Luzzi interpretó en su momento dicha expresión como obispo de las inmunidades o de las exenciones, si bien esta interpretación ignoraba que en los antiguos catálogos griegos la frase designa en realidad a la minuscula diócesis de Isola, la cual era sufragánea de Santa Severina y se hallaba situada a breve distancia de Crotone. El mismo diploma griego recuerda además su presencia en Sicilia, a donde se había desplazado para llevar a cabo una intensa labor de predicación y para la ordenación de nuevos sacerdotes de rito griego. Su infatigable celo apostólico se extendió también por diversas zonas de la Calabria meridional. Gobernó la Iglesia encomendada a su cuidado con un espíritu de constante abnegación y celo ardiente. Cuidó con esmero el bien espiritual de las almas y se mostró siempre muy sensible a las necesidades materiales de los pobres y de los peregrinos que acudían a él. Fue un pastor profundamente assiduo al ministerio de la palabra divina, y su modo de hablar era descrito por los contemporáneos como dulce, suadente y capaz de conmover a los oyentes hasta hacer brotar las lágrimas. Su labor incansable abarcó también la instrucción de los monásticos y la defensa de los más desvalidos.
Prodigios y actividad cultural
La predicación itinerante de San Lucas por tierras calabresas estuvo acompañada con frecuencia por acontecimientos prodigiosos que la tradición se encarga de transmitir fielmente. En la localidad de Medino, situada en la Sibaritide, la tradición refiere que el santo impetró una pesca milagrosa. En la población de Mesa, muy cerca de Scilla, su oración hizo cesar de inmediato una grave sequía. Asimismo, en Bovalino obró la curación milagrosa de un enfermo y consiguió liberar una vivienda de la presencia de los demonios. En el territorio de Squillace, la tradición relata que puso en fuga a un lobo feroz. Paralelamente a su misión pastoral y taumatúrgica, desarrolló una notable actividad como amanuense e intelectual, un rasgo típico de muchísimos monjes coetáneos italo-griegos. El código Messicano Greco 115, en su folio 33, conserva unos Canones dedicados en honor de san Juan Bautista, cuyas poesías en lengua griega fueron copiadas o tal vez compuestas directamente por san Lucas, permitiendo pensar que poseía dotes de innógrafo. Su segura actividad como amanuense queda además confirmada de forma irrefutable por una pergamena griega conservada en el archivo de Palermo y publicada por el estudioso Spata. Dicho documento contiene el testamento de Gregorio, quien fuera categumeno del monasterio de San Filippo di Demenna, y fue escrito materialmente en el año 1105 por mano de Luca, obispo de Aisilon, siendo este último término el nombre anagrammático que designa a la propia diócesis de Isola.
Fundación monástica y tránsito al cielo
En medio de sus múltiples ocupaciones episcopales, San Lucas jamás olvidó su propia profesión monástica original. Con el firme propósito de fomentar la vida espiritual, fundó el monasterio dedicado a San Nicola di Viotorito. Para esta nueva fundación y para la propia iglesia de Isola, el duca Ruggero concedió importantes privilegios y generosas donaciones. San Lucas impartió además muy sabios consejos y disposiciones a los monjes bajo su guía, orientándoles con firmeza para que pudieran tender hacia la perfección espiritual según las venerables normas trazadas por san Basilio. Nutrió asimismo una devoción muy particular hacia san Elia Speleota de Reggio, cuya celebración anual recomendó encarecidamente que se cumpliera sin falta entre sus monjes. Sintiéndose ya próximo al final de su peregrinación terrena, quiso retirarse para sus últimos días en el monasterio de Viotorito con el fin de prepararse debidamente para el tránsito definitivo. Con motivo de su despedida, reunió a los obispos de las diócesis vecinas, a los abati, a los monjes y a los preti, impartiéndoles a todos ellos sus últimos y muy prudentes consejos. Entregó su alma al Creador el 10 de diciembre del año 1114. Inmediatamente después de su muerte, se continuaron registrando numerosos milagros en su sepulcro, de modo muy análogo a lo que ya había ocurrido durante su vida terrena. Por todo ello, fue inmediatamente acclamato santo por el pueblo fiel e incontables devotos, recibiendo un culto público y legítimo. El martirologio sitúa piadosamente su memoria en el monasterio de San Nicola di Viotorito en Calabria, definiéndole siempre como el celoso obispo de Isola di Capo Rizzuto, infatigable trabajador en favor de los pobres y de la correcta instrucción de los monjes.
Su vida y ministerio
San Lucas de Melicuccà representa un eslabón fundamental en la historia del cristianismo en el sur de Italia durante los siglos once y doce. Tras haber sido ordenado sacerdote en el prestigioso Instituto basiliano, consagró sus pasos a la edificación de la comunidad cristiana. Antes del año mil noventa y dos, recibió la dignidad episcopal, siendo nombrado obispo de Isola Capo Rizzuto. Desde esta posición, su ministerio se extendió con energía apostólica por diversos lugares, incluyendo Medino, Mesa, Bovalino, Squillace y Taranto. En cada una de estas comunidades, San Lucas no solo ejerció su autoridad pastoral, sino que buscó fortalecer los cimientos de la fe a través de la formación de nuevos ministros.
Su compromiso con la evangelización le llevó a realizar viajes misioneros a Sicilia, donde predicó la palabra de Dios y ordenó sacerdotes bajo el rito griego, asegurando la continuidad de la tradición litúrgica. Más allá de su labor como obispo y pastor de almas, San Lucas cultivó una vida de intelectualidad silenciosa. Fue un notable innógrafo y un dedicado amanuense de textos griegos, tareas que realizaba con la destreza de quien sabe que la transmisión del conocimiento es un acto de amor hacia la Iglesia. Esta vocación por la cultura escrita y el estudio se integraba armoniosamente con su vida monástica. Finalmente, su camino terrenal llegó a su término en el año mil ciento catorce dentro del monasterio de San Nicola di Viotorito, una institución que él mismo había fundado, dejando tras de sí un testimonio de fidelidad a su vocación monacal y episcopal.
El culto y la memoria
La veneración a San Lucas de Melicuccà no surgió de decretos formales, sino del reconocimiento espontáneo de la santidad de su vida por parte de los fieles. A través de los siglos, su figura ha sido custodiada por la piedad popular como un ejemplo de coherencia, humildad y entrega. El hecho de que su memoria haya perdurado sin necesidad de una canonización formal externa, basándose únicamente en el culto público espontáneo de la comunidad cristiana, subraya la profunda huella que dejó en el corazón de quienes conocieron su ejemplo o fueron beneficiarios de su labor pastoral.
Hoy, su legado se mantiene vivo a través del recuerdo de su dedicación al rito griego y su labor como preservador de la cultura escrita. Los fieles que se acercan a su figura encuentran en él a un intercesor que comprendió la importancia de la educación, el servicio a la Iglesia y la oración constante. Su festividad, celebrada cada diez de diciembre, invita a la reflexión sobre la importancia de las raíces espirituales y el valor del trabajo silencioso y constante en la construcción del Reino de Dios.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja San Lucas de Melicuccà?
La memoria litúrgica de San Lucas de Melicuccà se celebra cada año el día 10 de diciembre.
En el monasterio de San Nicolás de Viotorito en Calabria, san Lucas, obispo de Isola di Capo Rizzuto, que se esforzó incansablemente por el bien de los pobres y la instrucción de los monjes. — Martirologio Romano