Enciende una vela por quien amas — arde aquí durante 7 díasEnciende la tuya →

8 de mayo

San Metrón

Venerado en Verona

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

La vida de penitencia y el testimonio del eremita

En sus primeros años, San Metrón estuvo ligado a las vanidades terrenas antes de decidir abandonar por completo su pasado para entregarse a una rigurosa vida de penitencia. Como parte de su profundo arrepentimiento, el santo se ató con una cadena de hierro a una gruesa piedra situada precisamente delante de la basílica de San Vitale de Verona. En aquel lugar de oración, San Metrone se interdisse a sí mismo la entrada en el templo sagrado, prefiriendo pedir desde la distancia, con la humildad del publicano, la misericordia del Señor. La clave de la cadena que lo sujetaba fue arrojada deliberadamente a un ramo del río Adige que fluía justo al lado del edificio. En aquel acto de entrega total, San Metrone rogó a Dios fervientemente para que la clave no fuera jamás encontrada hasta que sus culpas pasadas hubieran sido enteramente expiadas.

Durante siete años completos, el penitente permaneció a cielo descubierto, expuesto de manera constante a las inclemencias del tiempo, sin encontrar refugio contra la nieve, la grandine o la implacable lluvia. Su dura penitencia carecía de cualquier comodidad estival o invernal, pues no disponía de reparos contra el calor del sol ni alternaba un copricapo de pelliccia para el frío con un sombrero ligero de paglia a la moda sassone. Su actitud piadosa y su constante entrega tocaron el corazón de la comunidad, manifestando una devoción tan intensa que su fama de santidad se propagó rápidamente. La intercesión de San Metrón era frecuentemente invocada por los contemporáneos, quienes reconocían en su dura disciplina un auténtico signo de conversión y gracia divina.

El desenlace de su cadena penitencial llegó por un camino providencial que la tradición ha conservado con gratitud. Cierto día, unos pescadores llevaron al obispo local un pez en cuyo vientre se había encontrado milagrosamente la clave que tanto tiempo atrás se había perdido en las aguas. Comprendiendo de inmediato el inequívoco volere divino, el obispo acudió al lugar y desató las cadenas del penitente que había soportado semejante prueba. San Metrone, debidamente lavado y vestido de forma decente, fue finalmente admitido a recibir la sagrada Comunión. No mucho tiempo después de este acontecimiento, el santo entregó su alma al Creador, cerrando una etapa terrenal marcada por el fervor y abriendo las puertas a la gloria celestial.

El testimonio de Raterio y la historia de las reliquias

La principal fuente histórica sobre la vida y el culto de San Metrón proviene de la pluma de Raterio, obispo de Verona que vivió entre los años 890 y 974 y que es recordado por la célebre definición latina que alude a sus múltiples destierros. All'inizio del suo terzo soggiorno veronese nel 962, Raterio escribió un importante opuscolo cuyo título completo y descriptivo reza como invectiva y relación bastante lugubre de un cauto Raterio monje, esule y obispo en torno a la traslación de un cierto San Metrone. En este escrito de carácter histórico, recogido fundamentalmente de la viva voz popular, Raterio ragguaglia a los lectores sobre la vida y el culto del santo eremita, intercalando aplicaciones morales desunidas de los modos y del espíritu de la penitencia observada por Metrón.

En el mismo documento, el obispo lamenta con amargura la negligencia de los habitantes de Verona por no haber sabido impedir el grave furto de las reliquias del santo. Las reliquias de San Metrone habían sido audazmente trafugadas por los habitantes de un pueblo vecino, y Raterio atribuyó la responsabilidad principal de tan lamentable suceso al obispo intruso Milone. Con un tono que combinaba el dolor y la ironía, Raterio concluyó reprochando a Verona la pérdida de tan preciado tesoro y patrocinio, al tiempo que comentaba con agudeza que los rapidores, de haber estado guiados por una recta intención, podían considerarse afortunados por haber abierto una fuente de tanto bien espiritual. A pesar de la dolorosa pérdida del cuerpo, el pellegrinaje al sepolcro vuoto se intensificó notablemente, y numerosas multitudes acudían al lugar golpeándose el pecho y suplicando la protección de San Metrón.

A lo largo de los siglos, la memoria litúrgica del santo ha adoptado diversas formas y matices en la tradición eclesiástica veronesa. Raterio llamó con frecuencia a Metrone con el título de mártir, y el Rituale de la Iglesia veronese conocido como Carpsum, custodiado en la Biblioteca capitular y fechado en la primera mitad del siglo XI, contiene el Oficio con Misa, antifonas y versículos propios del Comune de un martir en el tiempo pascual. Por otra parte, el Martirologio veronese del siglo XVI calificó a Metrone como presbítero, aunque esta específica cualificación no encuentra respaldo en ninguna otra fuente o testimonio antiguo. Respecto al paradero definitivo de los restos, los hermanos Ballerini señalaron que el cuerpo santo o bien no llegó a ser trafugado realmente o fue recuperado al poco tiempo. Según una immemorabile tradición, los sagrados restos se conservaron en la iglesia de San Vitale y ninguna otra ciudad los ha reclamado jamás; posteriormente, al ser demolida dicha iglesia, el cuerpo fue trasladado con solemnidad a la iglesia de Santa Maria del Paradiso, donde continúa siendo venerado en la actualidad.

El culto litúrgico y las conmemoraciones a lo largo del tiempo

La devoción hacia San Metrón ha estado marcada por distintas fechas conmemorativas a lo largo del calendario litúrgico de la diócesis de Verona. El ocho de mayo se commemora tradicionalmente la deposizione del santo, una fecha de antiguo arraigo en la comunidad cristiana local. Por otro lado, el veintisiete de enero se dedicaba a deplorara formalmente el asportazione de sus reliquias, recordando aquel desafortunado episodio histórico narrado por los antiguos cronistas. Asimismo, durante un largo periodo, la festividad de San Metrón se celebraba de manera conjunta junto a la de San Gualfardo cada once de mayo, uniendo en una misma solemnidad la memoria de dos figuras insignes de la cristiandad veronesa.

Con la reforma introducida en el Proprio veronese en el año 1961, la celebración litúrgica del santo experimentó una renovación oficial. La fiesta fue debidamente restaurada adoptando la forma de una sencilla commemorazione fijada en su antiquísima fecha originaria del ocho de mayo. Esta sobria disposición litúrgica permite hoy en día mantener viva la llama de la devoción popular sin estridencias, honrando la memoria de aquel eremita que consagró su existencia a la penitencia. La Iglesia de Verona sigue recordando así, con gratitud y respeto, la figura singular de San Metrón, cuyo testimonio de conversión continúa resonando en el corazón de los fieles adultos que buscan en los santos modelos auténticos de vida cristiana.

Preguntas frecuentes

Cuándo se festeja San Metrón?

Se celebra principalmente el 8 de mayo como conmemoración litúrgica y deposición, y antiguamente también el 11 de mayo junto a San Gualfardo, recordando además el 27 de enero el asportazione de sus reliquias.

En Verona, san Metrón, eremita, que se dice haya conducido una austera vida de penitencia. — Martirologio Romano