4 de septiembre
San Moisés
Profeta
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La infancia y la corte de Egipto
La nacimiento de San Moisés ocurrió en el momento más acuto de la persecución egiziana contra los israelitas, bajo el reino del faraón Thutmose III, quien había ordenado que cada neonato maschio ebreo viniese gettato nel fiume Nilo. El santo era el terzogenito de su familia, nacido después de su hermana Maria y su hermano Aronne, y perteneciente a la tribu de Leví. La madre de San Moisés lo mantuvo oculto durante tres meses para salvarlo de la persecución y, tras ese período, lo depositó en un cesto de papiro impermeabilizado con la pece entre los juncos a lo largo de la orilla del Nilo, mientras su hermana Maria vigilaba desde lejos lo que sucedía al niño. La hija del faraón se acercó al Nilo para bañarse, notó la cesta, vio al niño y tuvo compasión de él. Maria intervino proponiendo a la princesa una nodriza ebrea para amamantar al neonato, y la princesa aceptó la propuesta, de modo que Maria condujo a su propia madre Iochabed. Sin que la princesa lo supiera, San Moisés fue confiado nuevamente a su verdadera madre Iochabed para la lactancia. Terminado este período, Iochabed condujo a San Moisés a la corte de la hija del Faraón, quien lo crio como a un hijo y le dio el nombre de Moisés, que en lengua egiziana significa 'ragazzo' o 'figlio'. En la corte egiziana, San Moisés recibió una formación cultural de altísimo nivel, excepcional para la época, que comprendía el estudio de la literatura egiziana, de la legislación babilónica, así como de las leyes y las costumbres de los hititas.
El exilio y la vocación en el desierto
Alrededor de los cuarenta años de edad, San Moisés tomó conciencia de las condiciones de miseria y sufrimiento en que vivían los ebreos. En una ocasión, mató a un hombre egiziano tras verlo golpear con violencia a un esclavo israelita. Un ebreo que colaboraba con los egizianos reveló el homicidio cometido, por lo que el faraón decretó la condena del santo. San Moisés se vio obligado a huir hacia el desierto del Sinaí para escapar de la sentencia. Durante su exilio en el desierto, entró en contacto con una tribu nómada guiada por Jetro, quien lo acogió en su comunidad y le dio en matrimonio a su hija Sefóra. San Moisés trabajó como pastor para su suegro Jetro, conduciendo sus rebaños en la estepa. La vida solitaria en el desierto le permitió meditar, percibir a Dios y madurar la conciencia de su propia pequeñez ante la creación. A los pies del monte Sinaí, Dios se manifestó a San Moisés a través de un zarzal que ardía sin consumirse. Al acercarse al rovo ardiente, el santo oyó la voz de Dios que le ordenaba quitarse las sandalias, puesto que se encontraba en un suelo sagrado. El Dios de los patriarcas le ordenó regresar ante el Faraón para liberar a los ebreos y conducirlos hacia la tierra de Canaán, con el plan divino de transformar a los ebreos liberados en una verdadera Nación. Para permitirle demostrar la veracidad de su misión ante los egizianos y los ebreos, Yahweh le concedió la capacidad de obrar milagros y le proporcionó un bastón como instrumento para cumplir los prodigios. Dios se reveló a San Moisés en el monte Sinaí pronunciando la fórmula 'Yo soy el que soy'.
Las plagas de Egipto y el éxodo
San Moisés regresó a Egipto acompañado por su hermano Aronne. Ambos se presentaron ante el nuevo faraón Amenophis II, hijo y sucesor de Thutmose III, que reinó desde el año 1450 hasta el 1423 antes de Cristo. San Moisés pidió al faraón Amenophis II la liberación de los ebreos y el permiso para adentrarlos en el desierto, pero el soberano opuso un firme rechazo. A causa de la negativa del faraón, Egipto fue golpeado por las diez plagas evocadas por orden de San Moisés. Las primeras nueve plagas consistieron en eventos naturales de portata extraordinaria, entre ellos invasiones masivas de insectos nocivos y de ranas. La décima plaga provocó la muerte de todos los primogénitos egizianos en una sola noche, incluido el heredero del faraón. Después de la muerte de los primogénitos, el faraón concedió e impuso a los ebreos abandonar Egipto. El mismo día del beneplácito del faraón dio inicio el Éxodo del pueblo ebraico en dirección al Mar Rojo. En aquel lugar ocurrió el milagro de la apertura de las aguas, que permitió a los ebreos cruzar el mar a pie y escapar del ejército egiziano. El faraón se había arrepentido de haber dejado marchar a los ebreos y había lanzado a su caballería en su persecución, pero las aguas del Mar Rojo se cerraron al paso del ejército egiziano, provocando el ahogamiento de todos los jinetes. El episodio del paso del Mar Rojo ha sido recordado también en la cinematografía a través del filme 'Los diez mandamientos' dirigido por Cecil B. De Mille.
La Alianza en el Sinaí y la marcha en el desierto
Durante la travesía del desierto, San Moisés mantuvo el rol de intermediario único entre Dios y los ebreos. Dios sustentó al pueblo en el desierto cumpliendo prodigios por medio de San Moisés, tales como la salida de agua de las rocas, la lluvia de maná y la aparición de codornices. Tres meses después de la partida, los ebreos llegaron a los pies del Monte Sinaí. San Moisés subió al monte y recibió las Tablas de la Alianza, cuyo momento constituye lo más relevante de la historia israelítica al representar la constitución y la sanción del pacto entre Yahvè y la nación de Israel. En el monte, San Moisés se manifestó con una estatura sobrehumana y en estrecha intimidad con la divinidad. Al descender del monte con el Decálogo, el rostro de San Moisés resplandecía con la luz divina, por lo que Aronne y el pueblo sintieron temor al acercarse a causa de su semblante radiante. Durante la prolongada ausencia del santo en el monte, el pueblo recayó en la idolatría fabricando un becerro de oro y abandonándose a festejos, embriaguez y actos inmorales. Dios reveló a San Moisés la intención de aniquilar a los ebreos por su traición y hacer de él el progenitor de una nueva nación, pero San Moisés rechazó la propuesta divina e intercedió por el pueblo, obteniendo el perdón de Dios. Un año después, olvidando el perdón divino, los ebreos amenazaron con apedrear a San Moisés cuando los exploradores enviados a la tierra de Canaán refirieron enormes obstáculos, lo que empujó al pueblo a reprochar al santo por haberlos conducido a morir en el desierto y manifestar el deseo de regresar a Egipto. Frente a la ingratitud, Dios tuvo la intención de castigarlos nuevamente y San Moisés intercedió una segunda vez, de modo que Dios estableció que la entera generación del éxodo moriría en el desierto sin entrar en la Tierra Prometida. Los ebreos vagaron en el desierto durante un período de treinta y ocho años. San Moisés convivió con el pueblo indócil y trató de guiarlo hacia el monoteísmo. En el oasis de Cadesh, dentro de la tienda-santuario, el santo elaboró un corpus legislativo para estructurar la nación. Transcurridos cuarenta años, la migración en el desierto se reanudó. La nueva generación se mostró hostil y carente de fe, rebelándose por la longitud del camino. San Moisés y Aronne se postraron para invocar la ayuda de Dios ante la protesta. Dios ordenó a San Moisés y a Aronne golpear una roca con el bastón. San Moisés reunió al pueblo para tranquilizarlo y percutió la roca por dos veces, haciendo brotar agua en abundancia. El doble golpe fue interpretado como un signo de vacilación y duda compartido con Aronne, por lo cual Dios les negó la facultad de introducir al pueblo en la Tierra Prometida.
El testamento espiritual y la muerte
San Moisés es el autor y el legislador del Pentateuco, término griego que indica los primeros cinco libros de la Biblia. Los primeros cinco libros de la Biblia son denominados 'la Ley' por los ebreos y representan la fase histórica, religiosa y jurídica del pueblo de la salvación. La mayor parte del Pentateuco se refiere a la figura y a la obra de San Moisés, el instrumento usado por Dios para fundar su pueblo. Los libros atribuidos a su labor son Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, y narran los eventos desde la creación del mundo hasta su muerte. El santo es considerado la figura más importante del Antiguo Testamento y uno de los más grandes genios religiosos de la historia. Dios preparó a San Moisés para su misión durante sus primeros ochenta años de vida. San Moisés es considerado el electo de Dios, que lleva el signo de la predestinación divina desde la infancia, y se distingue como el primer verdadero intermediario entre Dios y el pueblo elegido. Los ebreos conquistaron la Transjordania y San Moisés distribuyó el territorio entre las diferentes tribus. San Moisés transfirió su autoridad de guía a Josué. Sobre el monte Nebo, San Moisés contempló a distancia la Tierra Prometida y murió tras haberla visto. San Moisés, siervo de Dios, falleció en tardía edad sobre el monte Nebo, en la tierra de Moab, al cospecto de la tierra prometida.
La vida
La trayectoria de San Moisés está marcada por la intervención directa de la Providencia. Siendo apenas un recién nacido, fue abandonado en el río Nilo, donde fue hallado y criado por la hija del faraón en Egipto. Sin embargo, su destino cambió tras un episodio de justicia personal que lo obligó a huir hacia el desierto del Sinaí. Fue precisamente en la soledad del desierto donde recibió la vocación divina ante el misterio del roveto ardiente, un momento que definió su existencia y su papel en la historia de la salvación.
Como profeta, asumió la difícil tarea de guiar el Éxodo, conduciendo a su pueblo a través de los desiertos y las duras pruebas de Cadesh y la Transjordania. Su fidelidad fue puesta a prueba y fortalecida durante los años de peregrinaje, donde actuó como el instrumento de Dios para liberar a los oprimidos. En la cima del monte Sinaí, recibió las Tavole de la Ley, los mandamientos que habrían de regir la conducta moral y espiritual de las generaciones futuras. Su vida concluyó en el monte Nebo, lugar donde, tras haber contemplado la tierra prometida, cerró sus ojos al mundo, dejando tras de sí el ejemplo de un hombre que, a pesar de sus propias limitaciones, confió plenamente en la palabra del Altísimo.
El culto
La Iglesia celebra a San Moisés con profunda gratitud, reconociéndolo como el profeta que liberó al pueblo de la opresión y recibió el don de la Ley de manos de Dios. Su figura es recordada no solo como un caudillo, sino como un hombre de oración y cercanía con el Creador, cuya intercesión es invocada para alcanzar la guía necesaria en los momentos de mayor incertidumbre.
La conmemoración litúrgica, fijada el cuatro de septiembre, invita a los fieles a reflexionar sobre la importancia de la fidelidad a los mandamientos y la confianza absoluta en la providencia divina. A través de su memoria, se honra la valentía de quienes, como él, aceptan el llamado de Dios para transformar la realidad y conducir a otros hacia la libertad espiritual.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festejva San Moisés?
Se celebra el 4 de septiembre.
Cuál fue el rol fundamental de San Moisés?
San Moisés es recordado como el gran profeta, guía, legislador y condottiero del pueblo ebraico, autor del Pentateuco e intermediario de la Alianza con Dios.
Conmemoración de san Moisés, profeta, que fue elegido por Dios para liberar al pueblo oprimido en Egipto y conducirlo a la tierra prometida; a él se reveló incluso sobre el monte Sinaí diciendo: «Yo soy el que soy», y dio la Ley que debía guiar la vida del pueblo elegido. Cargado de días, murió este siervo de Dios sobre el monte Nebo en la tierra de Moab delante de la tierra prometida. — Martirologio Romano