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22 de junio

San Nicetas de Aquilea

Obispo

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Contexto geográfico e histórico

La localidad de Remesiana, conocida hoy como Bela Palanka, se encuentra ubicada a una distancia aproximada de cuarenta kilómetros al sureste de Nisch, en Serbia. Este enclave estratégico se emplazaba sobre una importante vía de comunicación que conectaba las ciudades de Belgrado, Sofia y Constantinopoli. Dicho territorio pertenecía a la antigua Dacia Mediterránea, una región que fue políticamente reunida por el emperador Teodosio al Imperio de Oriente en el año 379. A pesar de esta adscripción política oriental, la Dacia Mediterránea dependía eclesiásticamente del patriarcado de Roma, convirtiendo a Remesiana en un punto de encuentro fundamental entre las culturas y las lenguas griega y latina.

La figura histórica de Niceta ha generado diversas dudas en la tradición debido a que en ocasiones fue confundido con personajes omonimos, como el obispo de Aquileia y Nicezio de Treviri. El orientamiento actual de la investigación histórica identifica sin lugar a dudas al Niceta mencionado por el escritor Gennadio con el apóstol de la Dacia cantado por san Paolino, descartando al obispo de Aquileia como el sujeto de estas crónicas. Esta importante identificación moderna se debe fundamentalmente a los minuciosos estudios realizados por G. Morin, cuyos valiosos resultados fueron posteriormente confirmados por A.E. Burn.

Fuentes y cronología episcopal

Las principales fuentes históricas que permiten reconstruir la vida y la obra de san Niceta provienen de los testimonios dejados por san Paolino de Nola, Gennadio y el erudito Cassiodoro. El episcopado de este venerable pastor se prolongó durante un periodo aproximado de cincuenta años. Existen constancias documentales que demuestran que Niceta ya ejercía como obispo entre los años 366 y 367, fecha en la que figura nombrado de manera explícita entre los destinatarios de una misiva enviada por Germinio de Sirmium a los prelados de la región. A esta evidencia se suma el hecho de que el santo fue nuevamente destinatario de una carta oficial enviada por el papa Inocencio primero en el año 414.

En lo referente a las fuentes literarias de su tiempo, Gennadio menciona en su obra De viris illustribus las creaciones de Niceta, destacando especialmente seis libretos de instrucción redactados con un estilo marcadamente nitido y sencillo destinados a los catecúmenos. Del primer libro, centrado en la conducta que debían observar los candidatos al bautismo, se han conservado hasta la actualidad tres breves fragmentos. Del segundo libro, dedicado a refutar los múltiples errores del paganismo, han llegado hasta nosotros dos fragmentos significativos. El tercer libro comprendía dos escritos de gran valor teológico que fueron descubiertos y publicados en el año 1827 por el cardenal Angelo Mai, titulados respectivamente De ratione fidei y De Spiritus Sancti potentia. En el primero de estos tratados, Niceta defiende con firmeza la consustancialidad del Hijo frente a las pretensiones de los arrianos, mientras que en el segundo sostiene con igual rigor la consustancialidad del Espíritu Santo.

Obra doctrinal y escritos

La labor literaria del obispo de Remesiana abarcaba otros aspectos fundamentales de la vida cristiana y de la defensa de la ortodoxia frente a las desviaciones de la época. El cuarto libro de su autoría, en el cual se combatía con severidad la extendida práctica de los oroscopos y la adivinación, lamentablemente se ha perdido por completo con el paso del tiempo. Por el contrario, el quinto libro, conocido como Explanatio symboli, se ha conservado de forma íntegra y constituye una valiosa explicación del símbolo de la fe que caracteriza el método catequético del santo. Este documento es de gran relevancia histórica por contener una de las más antiguas y claras referencias explícitas al artículo de fe relativo a la comunión de los santos. El sexto libro, que trataba sobre la figura de la víctima pascual, no ha podido ser identificado con absoluta seguridad entre los textos que han logrado sobrevivir hasta nuestros días.

Por su parte, el escritor Cassiodoro alaba con entusiasmo la claridad y la brevedad de la exposición teológica de Niceta en su obra De institutione divinarum litterarum. En este contexto, Cassiodoro enumera a los grandes autores que escribieron sobre el misterio de la Trinidad, mencionando a san Hilario, san Ambrosio y a san Agustín, quien dedicó quince libros sobre este sagrado tema con una profundidad admirable. Para aquellos que buscan una síntesis doctrinal, Cassiodoro aconseja expresamente la lectura del libro escrito por el obispo Niceta acerca de la fe para obtener un conocimiento claro y global de la Trinidad. Gennadio también menciona un pequeño tratado titulado Ad lapsam virginem, el cual es identificado por algunos estudiosos con el escrito pseudoambrosiano De lapsu virginis consecmtae. Asimismo, se han atribuido tradicionalmente a Niceta dos discursos titulados De vigiliis servorum Dei y De Psalmodiae bono, conocido también como De utilitate hymnorum. El primero de estos discursos fue publicado anteriormente bajo el nombre de Nicezio de Treviri y figuraba de igual modo entre las cartas apócrifas atribuidas a san Jerónimo. A su nombre se vincula además un breve tratado titulado De diversis appellationibus Christi.

Viajes y relaciones con san Paolino

El prestigio espiritual de Niceta trascendió ampliamente las fronteras de su diócesis balcánica, llevándole a emprender viajes memorables hacia la capital del imperio. San Paolino informa con admiración que el venerado y doctissimo obispo se desplazó desde la Dacia hasta Roma, donde fue justamente admirado por los ciudadanos romanos. Los registros históricos indican que Niceta visitó la Ciudad Eterna al menos en dos ocasiones señaladas, concretamente en los años 398 y 402. Durante uno de estos viajes, el santo pasó por la ciudad de Nola para visitar el venerado sepulcro de san Felice y encontrarse con el entonces piadoso sacerdote Paolino. Con motivo de su partida tras la primera visita, san Paolino dedicó al ilustre viajero un carme de despedida compuesto por ochenta y cinco estrofas sáficas. Los textos conocidos como carme 17 y carme 27, salidos de la pluma de san Paolino, constituyen una fuente casi única y excepcional para conocer los detalles de la figura y la vasta obra del obispo daco.

En el año 402, la solemne festividad litúrgica de san Felice se vio doblemente alegre en Nola gracias a la presencia del santo prelado de los Dacia. San Paolino dedicó expresamente el carme 27 para conmemorar aquel día festivo, marcado tanto por el glorioso transito del mártir Felice como por el dichoso retorno de Niceta. En estos escritos, la vida del obispo es descrita como un modelo de absoluta pureza, cuya alma resplandece con la luz de las verdades celestiales y los aromas de Cristo. Respecto a la célebre composición del himno Te Deum, la autoría ha sido disputada a lo largo de los siglos entre Niceta, san Ambrosio, san Hilario, san Agustín y otros insignes varones de la Iglesia. Los estudios especializados realizados por A.E. Burn y E. Kahler han demostrado que ninguno de los argumentos aportados hasta la fecha resulta absolutamente decisivo para atribuir la obra a un único autor indiscutible.

Evangelización de los bárbaros

La misión apostólica de Niceta entre las poblaciones paganas y belicosas de su entorno es uno de los aspectos más elogiados por sus contemporáneos. El santo obispo es recordado como un evangelizador infatigable y un constructor de monasterios en tierras habitadas por pueblos bárbaros. Dotado de una fe adamantina y de una profunda piedad, su labor estuvo siempre impregnada de un fuerte espíritu romano. San Paolino detalla que el prelado predicó el Evangelio a pueblos asentados en regiones mucho más amplias que su propia circuscripción eclesiástica, abarcando a los Daci, los Geti, los Bessi y los Sciti. Bajo la guía espiritual de Niceta, tribus fieras como los Bessi se transformaron en pacíficas ovejas, congregándose en una convivencia armónica y fraternal. Aquellas montañas que antes eran consideradas intransitables e insanguinadas pasaron a albergar a antiguos ladrones convertidos que aprendían de los monjes pensamientos orientados hacia la paz y la concordia.

En medio de la sequedad espiritual de aquella región de la Dacia, los habitantes rústicos aprendieron a entonar las alabanzas de Cristo manteniendo firmemente un corazón romano. Toda esta intensa labor evangelizadora se caracterizó por un profundo proceso de civilización y cristianización bajo los valores de la romanidad. Niceta es descrito por sus allegados como un auténtico israelita sin doblez, capaz de contemplar la realidad divina con la mirada limpia de una fe inquebrantable. Sus escritos reflejan fielmente esta mentalidad, ya que no poseen un carácter meramente especulativo, sino que se orientan de forma directa hacia el crecimiento y desarrollo práctico de la vida cristiana, coincidiendo plenamente con el retrato que de él trazó su gran amigo san Paolino.

Testimonios eclesiales y posteridad

A pesar de haber desarrollado su ministerio en una región geográficamente sujeta al Imperio de Oriente, Niceta manifestó siempre una mentalidad de carácter genuinamente latino y occidental. Un valioso testimonio arqueológico, concretamente una inscripción mutilada descubierta en la zona, atestigua que la antigua iglesia de Remesiana estaba consagrada bajo la advocación de los santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los santos, reflejando la profunda romanidad de aquella comunidad cristiana. Como consecuencia de su arraigada filiación latina en territorio influenciado por los griegos, el nombre de Niceta no llegó a ser incluido en los sinassari y menologi propios de la Iglesia bizantina. Sin embargo, diversos teólogos rusos han recordado y mencionado al santo con gran veneración en sus estudios, tal como recogen los artículos publicados por M. Jetvic en la revista especializada Pregled.

En el ámbito de la Iglesia occidental, las noticias conservadas acerca de su persona fueron relativamente escasas durante siglos. No obstante, un antiguo manual de instrucción destinado a los catechizandos fechado en el noveno siglo, conocido como el código latino Monacensis 6325, incluye a Niceta entre los ilustres Doctores de la Iglesia, situándolo de manera significativa entre san Hilario y san Jerónimo. Por su parte, el Martirologio Romano de Bruselas editado en 1940 anota en la fecha del 7 de enero que en la Dacia el santo obispo Niceta apaciguó a las fieras y a las gentes bárbaras mediante la predicación evangélica. Este mismo testimonio histórico sobre el martirologio es repetido con algunas variantes al conmemorar su memoria el 22 de junio. Los eruditos Bollandisti concluyeron en sus comentarios que no se conservan datos ciertos sobre los primeros años ni sobre el nacimiento de Niceta, ni tampoco sobre las formas específicas de su culto entre los antiguos. Las crónicas confirman finalmente que san Niceta falleció en la ciudad de Aquileia alrededor del año 485, dejando tras de sí el testimonio perenne de un pastor que supo sembrar la paz y la palabra de Dios en los confines del imperio.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia San Nicetas de Aquilea?

La memoria litúrgica de San Niceta de Aquilea se celebra en dos fechas señaladas, el 7 de enero y el 22 de junio.

De cosa es patrono San Nicetas de Aquilea?

Los hechos históricos disponibles no mencionan ningún patronato específico atribuido a San Niceta.

Conmemoración de san Nicetas, obispo de Remesiana en Dacia, en la actual Serbia, que san Paulino de Nola celebra en un su carmen por haber enseñado el Evangelio a los bárbaros haciéndolos como ovejas conducidas en un ovil de paz y porque aquellos que un tiempo eran una población inculta y dedicada a las rapiñas habían ahora aprendido a hacer resonar a Cristo en un corazón romano. — Martirologio Romano