11 de febrero
San Pascual I
Papa
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Consagración y relaciones con el Imperio
Pasquale I fue consagrado papa el veinticinco de enero del año ochocientos diecisiete. La consagración aconteció ni un solo día después del fallecimiento de su predecesor debido al fundado temor de sufrir injerencias externas en el proceso. Como primer acto de su gobierno, el pontífice envió al legado Teodoro a la corte del emperador Ludovico con la misiva del nuevo anuncio. Teodoro retornó a Roma con una carta de felicitaciones y un diploma imperial conocido como el Pactum cum Paschali pontefice. Ludovico el Pio no impugnó las falsas reproducciones creadas por el clero romano, las cuales fueron empleadas ante las pequeñas signorías feudales con el propósito de recuperar las promesas hechas en su día por Pipino y Carlomagno. Gracias a esta maniobra, el clero logró rescatar importantes feudos en Calabria, Sicilia, Cerdeña, Córcega y Nápoles. A su vez, el emperador concedió a los romanos y al clero la plena libertad para elegir a su propio pontífice, estipulando únicamente la presencia de algunos legados que quedaban exentos de imponer la confirmación, aunque se mantenía la obligación renovada de sellar la alianza mediante el pactum fidelis.
Dado que el emperador se encontraba ocupado en asuntos de mayor gravedad que el poder directo sobre Roma, el pacto de fidelidad fue ratificado por la nobleza imperial en el mes de julio del año ochocientos diecisiete en Aquisgrana bajo el nombre de Ordinatio Imperii. Dicho acuerdo limitó de forma casi total el temporal poder de la Iglesia. Como consecuencia de este desinterés imperial, se desató un caos generalizado caracterizado por las constantes incursiones de bandidos y predones a lo largo de toda la península italiana. En este clima de tensión, la nobleza romana de tendencia filo-francesa entró en abierto conflicto con aquellos nobles dissidentes que habían sido despojados de su antigua autoridad temporal. El primicerio Teodoro y el nomenclatore Leone asumieron el liderazgo de esta revuelta de carácter antimperial, siendo este último el yerno del propio pontífice. Ante la gravedad de los disturbios, la sublevación fue violentamente sofocada gracias a la intervención conjunta de las tropas papales y de las milicias pertenecientes a la nobleza filo-francesa. Como castigo ejemplar, Teodoro y Leone fueron capturados, cegados y posteriormente decapitados en el año ochocientos veintiuno.
La intervención de Lotario y el legado espiritual
En el año ochocientos dieciocho, el emperador Ludovico nombró rey de Italia a su propio primogénito, Lotario, quien se desplazó hacia la península en el año ochocientos veintidós y estableció su estancia temporal en la ciudad de Pavía. Respondiendo a esta nueva situación, el papa Pasquale invitó al joven rey a Roma mediante reiteradas supplicas. Lotario arribó a la Ciudad Eterna durante las festividades de Pascua del año ochocientos veintitrés y fue solemnemente consagrado como emperador Augusto del pueblo romano, contando para ello con el beneplácito de Ludovico el Pio. No obstante, debido a los persistentes malumores y tensiones acumuladas, Lotario ordenó la apertura inmediata de una rigurosa investigación sobre los hechos violentos acaecidos anteriormente. En el transcurso de este proceso, el pontífice se sometió formalmente al juramento de fidelidad ante Dios y lanzó severas maldiciones contra los sobilladores que ya habían sido ejecutados. Los legados imperiales regresaron entonces a Aquisgrana para informar detalladamente a Ludovico sobre lo sucedido, tras lo cual el emperador decidió archivar definitivamente la investigación.
Más allá de los asuntos de índole política, a Pasquale I se le reconocen los primeros interventi sociales llevados a cabo en su mandato, los cuales beneficiaron incluso a las familias de los dos hombres ejecutados por la revuelta. En el ámbito de la devoción, la tradición refiere que el santo fue declarado tal tras haber caído en un estado de trance durante la celebración de una misa. En medio de aquella experiencia mística, reveló el punto exacto donde se encontraban sepultadas Santa Cecilia y su esposo Valeriano, quienes habían sufrido el martirio durante la época del imperio romano. Los cuerpos fueron extraídos del cemeterio de San Callisto luciendo vestimentas enteramente recubiertas de oro. Siguiendo este mismo celo piadoso, Pasquale I retiró de las catacumbas los restos mortales de numerosos santos mártires para trasladarlos y asegurarles una digna veneración, colocándolos con todos los honores en diversas iglesias de Roma.
San Pascual I falleció el once de febrero del año ochocientos veinticuatro. A pesar del profundo interés social que el pontífice había manifestado a lo largo de su vida hacia los sectores más desfavorecidos, el pueblo romano impidió que sus restos recibieran sepultura en la basílica de San Pedro. En la actualidad, se estima firmemente que las sagradas spoglies de San Pascual I reposan en el interior de la basílica de San Prassede. El martirologio romano recuerda de manera especial la deposición de este santo pastor en la ciudad de Roma, consolidando su memoria litúrgica en la fecha aniversario de su partida.
Su labor pastoral
El pontificado de San Pascual primero se desarrolló en una época compleja, marcada por la constante interacción entre la Iglesia y el Imperio carolingio. Tras su consagración en el año ochocientos diecisiete, el pontífice se dedicó a proteger la integridad institucional de la Iglesia. Su logro más significativo en este ámbito fue la negociación con Ludovico el Pío, quien reconoció la independencia del papado mediante el Pactum cum Paschali pontefice, un documento que buscaba asegurar que la elección del obispo de Roma se realizara conforme a la tradición y sin injerencias externas indebidas.
Más allá de la política, San Pascual primero se distinguió por una profunda sensibilidad hacia la historia de la fe. Su devoción lo llevó a buscar incansablemente los restos de aquellos que dieron su vida por Cristo en los primeros siglos. Fue bajo su impulso que se hallaron las reliquias de Santa Cecilia y Valeriano, un evento que no solo rescató del olvido la memoria de estos santos, sino que renovó el fervor religioso de los fieles romanos. Esta labor de custodia y exaltación de los santos restos permitió que la Ciudad Eterna consolidara su identidad como el centro espiritual de la cristiandad.
Su compromiso con el orden y la estabilidad de su tiempo se manifestó también en el ámbito internacional, manteniendo una relación de diálogo con Aquisgrana y desempeñando su papel como autoridad suprema al coronar a Lotario como emperador en Roma en el año ochocientos veintitrés. San Pascual primero falleció el once de febrero del año ochocientos veinticuatro, dejando tras de sí el testimonio de un pastor que supo equilibrar la firmeza necesaria para gobernar con el amor a la tradición y a los santos que precedieron su camino.
El culto y memoria
La memoria de San Pascual primero es honrada por la Iglesia cada año el once de febrero, fecha de su tránsito hacia la vida eterna en Roma. Su culto está estrechamente vinculado a la gratitud por su labor de preservación de las reliquias de los mártires y por su defensa de la libertad de la Iglesia en tiempos de incertidumbre.
Los fieles recuerdan su figura como la de un pontífice que, en pleno siglo noveno, supo cuidar el legado de los santos y el prestigio de la cátedra de Pedro. Aunque su tiempo estuvo marcado por las tensiones políticas de su época, su legado permanece como un recordatorio de la importancia de la fidelidad a la misión recibida y el respeto por los fundamentos de la fe cristiana. La liturgia que celebra su memoria invita a los creyentes a renovar su confianza en la guía divina que sostiene a la Iglesia a través de los siglos.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Pascual I?
San Pascual I se festeggia el once de febrero, fecha en la que el martirologio recuerda su deposición en Roma.
También en Roma, deposición de san Pascual I, papa, el cual sacó de las catacumbas muchos cuerpos de santos mártires, que quiso trasladar con el deseo de hacerlos venerar, colocándolos con todo honor en diversas iglesias de Roma. — Martirologio Romano