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1 de agosto

San Pedro Fabro

Sacerdote jesuita

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y primeros años

San Pedro Favre nació en Villaret, un modesto villaje situado sobre las pendíces del Grand Bounard en la Savoia, el 13 de abril de 1506. Durante su infancia y adolescencia en el siglo XVI, el joven manifestó una temprana inclinación hacia los valores espirituales. A la edad de doce años, impulsado por el fervor propio de su edad, hizo un voto solemne de castidad. A medida que crecía, su sensibilidad y su carácter comenzaron a perfilarse, revelando a un espíritu inquieto, indeciso y jamás plenamente satisfecho. Con el deseo de profundizar en su formación intelectual, en el año 1525, cuando contaba con diecinueve años de edad, se trasladó a la ciudad de París para estudiar filosofía en el prestigioso collegio di San Barnaba.

Durante su estancia en la capital francesa, la providencia dispuso que tuviera como compañero de cuarto y de estudio a san Francesco Saverio. A partir del año 1529, su vida dio un giro fundamental al compartir también su vida cotidiana con sant'Ignazio di Loyola. En aquellos años de formación, sant'Ignazio di Loyola le prestó un valioso auxilio, sirviéndole de gran consuelo durante las recurrentes crisis espirituales que lo angustiaban profundamente. Bajo la sabia dirección de su maestro, Favre aprendió paulatinamente a unir su sensibilidad irrequieta y dulce con la firme capacidad de tomar decisiones maduras para su vida. Tras un intenso periodo de estudio, obtuvo el grado de baccelliere y la laurea en legge en el año 1530, tras lo cual decidió regresar temporalmente a su patria en la Savoia.

Vocación y la fundación jesuita

El año 1534 marcó una etapa decisiva en la existencia de san Pedro Favre, pues realizó un mes completo de ejercicios espirituales bajo la dirección personal de sant'Ignazio di Loyola. Concluida esta profunda experiencia de conversión y discernimiento, se decidió firmemente a seguir los pasos de sant'Ignazio. En el mes de mayo de aquel mismo año fue solemnemente consagrado sacerdote, convirtiéndose de este modo en el primer sacerdote de la nascente Compagnia di Gesù. Pocos meses después, el 15 de agosto de 1534, se unió a sant'Ignazio y a otros cinco fervientes compagni en la colina de Montmartre para pronunciar el célebre voto de Montmartre. Dicho compromiso consistía esencialmente en vivir en rigurosa pobreza, peregrinar hasta la ciudad de Gerusalemme y ponerse enteramente a disposición del papa para el servicio de la Iglesia.

Con el propósito de cumplir con sus compromisos y presentar la nueva orden, en el año 1536 los compagni se presentaron ante el papa Paolo III, acompañados además por otros tres confraternidad que se habían sumado al grupo. Sin embargo, el proyectado viaje a Tierra Santa debió ser definitivamente rimandado debido a la guerra estallada entre la República de Venecia y los turcos. Como consecuencia de este forzoso aplazamiento, los miembros del grupo recibieron varios encargos pastorales directamente de manos del sumo pontífice. Entre los años 1537 y 1539, Pedro Favre desempeñó una notable labor docente al enseñar teología en la universidad La Sapienza de Roma. Posteriormente, se trasladó a la ciudad de Parma, donde residió y trabajó pastoralmente durante un año entero, consolidando su entrega a la Iglesia.

Apostolado itinerante por Europa

A partir de entonces, san Pedro Favre dio inicio a su intenso apostolado itinerante como sacerdote jesuita a través de toda Europa, desplegando una actividad incansable especialmente en Germania y en la Penisola Iberica. Allá donde iba, propagó con celo la Compagnia di Gesù, predicó la palabra divina, impartió con fruto los ejercicios espirituales y visitó numerosos monasterios para reformar y renovar la vida consagrada. Su trato afable y su celo apostólico dieron abundantes frutos, entre los cuales destaca de manera especial el haber conquistado al ilustre Pietro Canisio para que ingresara en el nuevo Orden religioso. De él se decía con razón que parecía nacido para no estar quieto en ninguna parte, viajando sin cesar incluso por las más lejanas fronteras geográficas, llevado por el profundo deseo de comunicar el nombre del Señor a todas las almas.

Hombre de oración constante según las más puras enseñanzas de sant'Ignazio, Favre combinaba su incesante actividad exterior con una profunda intimidad divina. Su familiaridad con Dios le permitía comprender con claridad meridiana que la experiencia interior y la vida apostólica deben marchar siempre unidas. En sus escritos y cartas se revela como un espíritu completamente centrado en Dios, movido por el deseo ferviente de ser dilatado en el Señor y de dejar que Cristo ocupara el centro mismo de su corazón. Viajaba habitualmente a pie y en espíritu de obediencia por los caminos de Europa, dispuesto a dialogar con todas las personas con exquisita dolcezza y a anunciar el Evangelio con fraternidad y con un amor desbordante.

Espiritualidad de los deseos y el Memoriale

La rica espiritualidad de san Pedro Favre ha quedado plasmada de manera luminosa en su Memoriale, una especie de diario espiritual redactado en lengua española y latina. A través de este texto fundamental, junto con sus numerosas cartas, se puede conocer en profundidad su carácter genuinamente mite, su delicada sensibilidad y sus angelici costumi, que hicieron que fuera sumamente amado y venerado por cuantos tuvieron la dicha de frecuentarlo. En sus páginas, el santo reflexionaba largamente sobre la condición humana y la gracia divina. Estaba convencido de que la auténtica inquietud interior prepara verdaderamente el alma para recibir el don de la febrilidad apostólica, advirtiendo que sin esa santa inquietud el espíritu humano corre el riesgo de volverse estéril. Era un hombre de grandes anhelos, al punto de ser frecuentemente comparado por sus contemporáneos con otro profeta Daniel.

Benedicto XVI, al dirigirse a los miembros de la Compañía de Jesús el 22 de abril de 2006, describió a Favre como un hombre modesto, dotado de una gran sensibilidad, de una profunda vida interior y de una singular capacidad para entablar relaciones de auténtica amistad con personas de toda clase y condición. Para el santo, una fe verdaderamente auténtica implica de forma ineludible un profundo deseo de cambiar el mundo, y en esos mismos anhelos aprendió a discernir con certeza la voz de Dios. En el Memoriale, en su número 63, dejó escrito que el primer movimiento del corazón humano debe consistir en desear aquello que es esencial y originario, otorgando el primer lugar a la solicitud perfecta de hallar a Dios nuestro Señor. Asimismo, en el número 301 de la misma obra, afirmaba que el verdadero espíritu que mueve al hombre a la acción se manifiesta precisamente cuando se proponen cosas difíciles. Esta visión se complementa perfectamente con lo expresado en las Costituciones, en el número 638, donde se enseña que al prójimo se le ayuda verdaderamente mediante los deseos presentados con fervor a Dios nuestro Señor.

Últimos días y canonización

En el ocaso de su vida terrena, la fama de su santidad y su probada sabiduría hicieron que fuera llamado formalmente a participar en las sesiones del Concilio de Trento. A pesar de encontrarse ya con unas condiciones de salud notablemente precarizadas y frágiles, el sacerdote jesuita no dudó en emprender el largo y penoso viaje hacia el lugar del concilio, impulsado por su incansable celo eclesial. Logró alcanzar la ciudad de Roma el 17 de julio de 1546, pero las fatigas del camino terminaron por minar definitivamente su resistencia física. Amasado por la enfermedad, san Pedro Favre entregó su alma al Creador en Roma el 1 de agosto de 1547, mientras se disponía a partir definitivamente hacia el Concilio de Trento.

Las venerables spoglie mortali de Pierre Favre encontraron inicialmente reposo en el interior de la antigua Chiesa del Gesù en la ciudad de Roma. No obstante, con el transcurso del tiempo y la posterior construcción de la nueva y monumental iglesia, dichos restos mortales se perdieron irremediablemente. El recuerdo de su santidad, sin embargo, permaneció vivo en la memoria de la Iglesia. El culto litúrgico como beato le fue solemnemente conferido por el papa Pio IX el 5 de septiembre de 1872. Años más tarde, Papa Francesco, convirtiéndose en el primer pontífice proveniente de la Compañía de Jesús, decretó el 17 de diciembre de 2013 la canonización equipollente de Pierre Favre. Dicho decreto pontificio extendió oficialmente el culto litúrgico a la Iglesia universal y lo inscribió de manera definitiva en el albo de los Santi. Pocos días después, el 3 de enero de 2014, coincidiendo con la festividad del Santissimo Nome di Gesù, Papa Francesco presidió una solemne Messa di ringraziamento en la Chiesa del Gesù para celebrar su canonización, ocasión durante la cual el pontífice veneró devotamente con incienso una estatua dedicada al santo.

Preguntas frecuentes

Quando si festeggia San Pedro Favre?

San Pedro Favre se celebra liturgicamente el 1 de agosto de cada año.

Di cosa è patrono San Pedro Favre?

Los datos biográficos disponibles no mencionan patronatos específicos atribuidos a San Pedro Favre.

En Roma, beato Pedro Fabro, sacerdote, que, primero de los miembros de la Compañía de Jesús, afrontó onerosas tareas en diversas partes de Europa y murió en Roma mientras partía para el Concilio de Trento. — Martirologio Romano