28 de octubre
San Simón
Apóstol
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vocación
San Simón es considerado por la tradición y por los estudiosos como el más desconocido de los apóstoles que rodearon a Jesucristo. La lista de los apóstoles sitúa a Simón en el undécimo lugar de la enumeración sagrada. Las noticias relativas a sus orígenes, a su presencia dentro del colegio apostólico, a su concreta actividad evangelizadora y a las circunstancias de su muerte resultan inciertas y controvertidas. Los eruditos han formulado numerosas hipótesis sobre su figura, ante la absoluta falta de certeza absoluta sobre una sola línea biográfica. Las fuentes principales que hablan de Simón son los tres evangelios sinópticos y los Hechos de los Apóstoles, los cuales recogen su nombre junto al de los demás discípulos. El nombre de Simón aparece en todas las fuentes antiguas que narran los testimonios sobre los apóstoles de Jesús, a pesar de la escasez general de datos sobre su existencia terrena. Las fechas de referencia indican como lugar de nacimiento probable Cana de Galilea y de su fallecimiento la localidad de Pella o Suanir en el año 107. Jesucristo eligió a sus apóstoles mirando profundamente al corazón de los hombres, con el propósito singular de que pertenecieran a las más variadas corrientes del judaísmo de aquella época. Entre los seguidores del Maestro se encontraban desde los estrictos fariseos hasta los fervientes discípulos de San Juan Bautista, pasando por los zelotes, la gente común e incluso un publicano despreciado por la sociedad. Los evangelistas Mateo y Marco atribuyen a Simón el sobrenombre característico de Zelota o Cananeo, empleando este distintivo para diferenciarlo claramente de Simon Pedro. La doble denominación de Simón se encuentra en el origen mismo de una de las más debatidas controversias sobre su biografía terrena. Durante muchos siglos, el sobrenombre de Cananeo hizo pensar a los comentadores en una nacimiento natalicio en la propia ciudad de Cana, célebre por haber sido el lugar donde tuvo lugar el milagro de las Bodas de Cana. Por el contrario, en los estudios modernos se tiende a explicar el origen de dicho apodo recurriendo a la palabra hebrea qana, que indicaba en aquel tiempo el movimiento clandestino e insurgente de los Zeloti. Los bizantinos identificaban a Simón con Natanaele de Cana y con el propio director de mensa que servía en las bodas celebradas en Cana de Galilea. Una interpretación muy antigua, presente en la venerada Iglesia abissina, identifica en cambio su figura con la de Simeone hijo de Cleofa. Este Simeone hijo de Cleofa es descrito en los textos como un primo directo de Jesús y hermano legítimo del apóstol Santiago el Minore.
El contexto de los zelotes
Los Zeloti constituían en aquellos tiempos un gravísimo problema tanto de índole política como de carácter militar para las autoridades del Imperio romano que dominaban la región. El conocido traductor del Nuevo Testamento JB Phillips llegó a designar a Simón en su versión con el apelativo expresivo de el Patriota. El término específico de zelota designa con claridad a un miembro perteneciente a un partido político y religioso hebreo patriótico, el cual se mostraba siempre dispuesto a la sublevación armada contra el gobierno de Roma. El objetivo primordial que perseguían los Zeloti era lograr la liberación definitiva de Judea de la esclavitud romana, consiguiendo expulsar de una vez por todas a las legiones imperiales del país. El movimiento clandestino de los Zeloti fue organizado formalmente por Judas de Galilea aproximadamente unos veinte años antes de que diera comienzo el ministerio público de Jesús. Con el paso de los años, aquel movimiento subterráneo de los Zeloti se volvió sumamente spietato, violento y fundamentado en un riguroso programa terrorista que incluía el homicidio selectivo y el sabotaje sistemático. Tal programa de violencia extrema provocó inevitablemente continuos y severos actos de sangrienta venganza por parte de los funcionarios de los emperadores romanos. En los primeros tiempos de su búsqueda espiritual, Simón se aproximó a la figura de Jesús al ver en la persona de Cristo la fuerza necesaria para expulsar con éxito a las legiones romanas de la tierra sagrada. En aquellos años, numerosos hebreos contemplaban la figura del esperado Mesías no tanto como un Salvador de naturaleza espiritual, sino más bien como un poderoso Conquistador de carácter terreno. Sin embargo, Simón abandonó por completo los motivos y los impulsos ligados a la violencia en el preciso momento en que se rindió por entero para seguir los pasos de Jesús. El Maestro predicaba sin descanso un mensaje de absoluta no violencia, tal como queda fehacientemente atestiguado en las enseñanzas de los evangelios. Simón fue profundamente transformado en su interior por la gracia de Jesús y por la fuerza regeneradora de su mensaje divino. A pesar de esa profunda conversión espiritual, Simón conservó la firme actitud de un patriota dispuesto a luchar infatigablemente, pero el sentido de su combate cambió radicalmente para dirigirse contra las fuerzas ocultas de Satana y en favor de la expansión del reino de Dios. Su presencia queda siempre recogida de forma coral en la rica iconografía cristiana, donde Simón es representado invariablemente junto a los demás apóstoles en escenas tan solemnes como la Última Cena, el acontecimiento de la Pentecostés y el tránsito de la Dormitio Virginis.
La misión y el episcopado
Las huellas históricas relativas a la concreta actividad evangelizadora desarrollada por Simón son notablemente escasas y se encuentran envueltas en el halo misterioso de la tradición. La fuente más consistente y difundida sobre las andanzas de Simón es la célebre Legenda Aurea, redactada a lo largo del siglo XIII por el fraile dominicano Jacopo da Varagine. Según relata la tradición piadosa, la predicación incansable de Simón habría tenido su inicio en tierras de Egipto, muy probablemente en compañía del apóstol Bartolomeo. Cabe recordar que el propio Bartolomeo era originario de la ciudad de Cana. Alrededor del año sesenta de la era cristiana, Simón hizo un desplazamiento de retorno hacia la región de Galilea. En suelo galilea, Simón se vio quizás involucrado de alguna manera en la represión severa que siguió a la segunda guerra giudaica, debido precisamente a los antecedentes de su juventud entre los partidarios de los Zeloti. De acuerdo con algunos testimonios antiguos, Simón consiguió huir de la persecución de los romanos desplazándose en compañía de sus fieles seguidores hacia las lejanas regiones de Persia. Una vez instalado en Persia, Simón logró reunirse con el apóstol San Judas Tadeo para continuar juntos la tarea misional. En unión con Judas Tadeo, continuó incansablemente la evangelización en extensas zonas de la Mesopotamia, en la propia Persia y en los territorios de Armenia. Las tradiciones de los pueblos latinos y de los armenios sitúan de manera concordante toda la actividad apostólica y el trágico final de Simón en tierras de Armenia. Algunos autores afirman con seguridad que Simón visitó el territorio de Egipto durante sus viajes de misión. Otros testimonios aseguran que Simón, acompañado siempre por San Judas Tadeo, visitó las fértiles tierras de Mesopotamia. Según la venerable tradición recogida por Egesippo, un autor eclesiástico que vivió durante el transcurso del siglo segundo, Simón habría sucedido legítimamente a Santiago como obispo de Jerusalén ejerciendo su ministerio episcopal desde el año sesenta y dos hasta el año ciento siete. Esta línea sucesoria encuentra eco en los relatos de los antiguos historiadores que describen los primeros tiempos de la comunidad cristiana jerosolimitana. Durante el desarrollo de su ministerio, algunos herejes acusaron formalmente a Simeone de ser descendiente de la estirpe de David y de practicar abiertamente la religión cristiana. Como consecuencia de tales denuncias, Simeone sufrió el martirio a la avanzada edad de ciento veinte años bajo el mandato imperial de Traiano Cesare y la jurisdicción del consolare Attico. Simeone fue denunciado públicamente por los fautores de la herejía y juzgado con rigor ante el consolare Attico. El anciano obispo fue sometido a torturas durante muchos días consecutivos, soportando los tormentos con admirable paciencia. Simeone supo dar un testimonio inquebrantable de su fe cristiana, despertando el asombro profundo de todos los presentes y del propio magistrado romano por la extraordinaria resistencia mostrada a la edad de ciento veinte años. Al término del juicio, Simeone fue condenado a la pena capital de la cruz. La mención histórica de Attico, quien ha sido debidamente identificado con la figura de Tiberio Claudio Attico Erode que desempeñó el cargo de legado de Judea entre los años cien y ciento tres, permite situar con precisión el martirio en los primeros años del reinado del emperador Traiano. El lugar en el cual acaeció este martirio es señalado de forma coincidente en la localidad de Pella en Palestina, según los escritos conservados por el historiador Eusebio de Cesarea.
El martirio y los lugares de sepultura
Las distintas fuentes históricas y hagiográficas divergen notablemente acerca del lugar exacto y de las circunstancias del final terrenal del apóstol. San Fortunato, obispo de Poitiers a finales del siglo sexto, retoma los datos contenidos en la obra apócrifa conocida como la Passio Simonis et Iudae para mencionar el destino de ambos apóstoles. San Fortunato indica para los dos santos un martirio común acaecido hacia el año setenta a manos de los paganos en la lejana Persia, concretamente en la ciudad de Suanir. Esta ciudad de Suanir es considerada por los eruditos como un enclave situado probablemente en la región de la Cólquide. Las historias apócrifas de los Apóstoles narran con detalle que tanto Simón como San Judas Tadeo sufrieron el martirio en Suanir, donde fueron brutalmente asesinados siendo cortados en dos mitades. Un monje que vivió durante el siglo noveno afirmaba con convicción que una tumba atribuida a San Simone existía en la localidad de Nicopsis, situada en los confines del Cáucaso occidental. En esa misma zona de Nicopsis existía asimismo una antigua iglesia dedicada a la memoria de San Simone, la cual había sido fundada originalmente por los griegos durante el transcurso del siglo séptimo. La tradición católica y el Martirologio Romano unen con frecuencia a Simón y a San Judas Tadeo tanto en la predicación conjunta como en su sepultura común. Diversas fuentes sostienen que Simone subió al martirio en el año ciento siete bajo la autoridad del emperador Traiano, abarcando las fechas vitales de este soberano entre los años cincuenta y tres y ciento diecisiete. El dramático martirio de Simón aconteció en la ciudad de Pella, lugar al cual se había retirado junto con toda su comunidad cristiana para huir de las persecuciones desencadenadas durante la segunda guerra giudaica. Otras tradiciones orientales aseguran que Simón logró sobrevivir durante muchos años más, sufriendo finalmente el martirio a una edad muy avanzada en la región de Abcazia, situada sobre las pintorescas spaldas nord-orientales del mar Negro. Las fuentes de la Iglesia ortodoxa afirman firmemente que los restos mortales de Simón se encuentran sepultados en Abcazia. Por su parte, la tradición católica venera la memoria de ambos apóstoles destacando que sus cuerpos recibieron sepultura común en la basílica de San Pedro en Roma. El Martirologio Romano consigna en la fecha del veintiocho de octubre el solemne martirio de los beatos apóstoles Simón Cananeo y Taddeo en tierras de Persia. El mismo martirologio atestigua oficialmente que el apóstol Simón predicó la palabra del Evangelio en Egipto, mientras que su compañero Taddeo lo hizo en Mesopotamia, para confluir posteriormente en la conversión de una multitud en Persia y afrontar allí el suplicio final. Las diferentes tradiciones concuerdan de forma unánime en señalar la extrema crueldad del martirio que padeció Simón, el cual fue hecho literalmente pedazos utilizando una sierra después de haber sufrido las torturas de la crucifixión. Debido precisamente a este género de muerte, Simón es representado frecuentemente en el arte sacro sosteniendo una sierra en sus manos, elemento que se ha convertido en su atributo iconográfico más universal. En estricta consecuencia con esta forma de martirio, San Simone es considerado tradicionalmente desde tiempos antiguos como el patrono celestial y el protector específico de todos aquellos trabajadores dedicados al oficio de la corta de la legna, los cortadores de marmo, los cortadores de piedra, los boscaioli y los taglialegna.
Las reliquias y el culto milenario
Las sagradas reliquias que corresponden a los restos mortales de San Simón reposan actualmente en la ciudad de Roma, al interior de la imponente basílica de San Pietro en Vaticano. Los despojos mortales de Simón fueron piadosamente depositados en el mismo sepulcro junto a los de su compañero el apóstol San Judas Tadeo. Las reliquias veneradas de ambos apóstoles se encuentran custodiadas en la basílica vaticana desde el día veintisiete de octubre del año mil seiscientos cinco. En aquella ocasión memorable, los sagrados restos fueron solemnemente colocados al interior del altar central situado en el transcurso del transepto izquierdo, conocido tradicionalmente como la tribuna de los Santos Apóstoles Simón y Judas. Posteriormente, a partir del año mil novecientos sesenta y tres, dicho altar ha sido dedicado de forma especial a la memoria de San Giuseppe. Con anterioridad a esta ubicación definitiva, los venerados restos de Simón se encontraban custodiados en un altar dedicado exclusivamente a su advocación dentro de la antigua basílica constantiniana, el cual fue transformado posteriormente en una capilla particular por iniciativa del papa Paulo III. Como testimonio insigne de la devoción histórica, la cabeza de San Simone se conserva actualmente con gran veneración en el Museo del Duomo situado en la localidad toscana de Pienza. El culto litúrgico en honor de San Simón goza de una amplísima difusión a lo largo y ancho de toda la cristiandad universal. La festividad litúrgica dedicada conjuntamente a los santos apóstoles Simón y Judas está fijada oficialmente en el calendario en la fecha del veintiocho de octubre de cada año. Varias ciudades y regiones honran su memoria con templos y monumentos religiosos de gran valor espiritual. En la ciudad de Venecia, por ejemplo, se alza majestuosa la iglesia de San Simone Piccolo, un templo sagrado que se encuentra dedicado conjuntamente a la memoria de los santos apóstoles Simone y Giuda. Los múltiples apelativos con los que es recordado y la rica tradición transmitida a lo largo de los siglos consiguen entregar a la posteridad la figura fascinante de un apóstol que encarna de manera ejemplar los valores humanos y espirituales de la pasión, la coherencia inquebrantable y la concretez en la obra de Dios. Las numerosas obras de arte diseminadas por templos y museos de Italia y del continente europeo continúan perpetuando su efigie en el corazón de los fieles creyentes.
Su vida apostólica
San Simón nació en Cana de Galilea y fue llamado a formar parte del círculo más cercano a Jesucristo como miembro del colegio apostólico. Su designación como el Zelota o el Cananeo subraya su identidad y su firme compromiso con la misión encomendada por el Salvador. Tras la venida del Espíritu Santo, Simón emprendió un largo y fatigoso camino misionero que lo llevó a recorrer extensas regiones con el propósito de anunciar el Evangelio. Su labor de evangelización se extendió por tierras como Judea, Egipto, Mesopotamia, Persia, Armenia y las difíciles regiones del Cáucaso.
Durante su ministerio, enfrentó los desafíos propios de un apóstol en tiempos de persecución, llevando la palabra de Dios a pueblos diversos. Su vida llegó a su fin en el año ciento siete, en los lugares conocidos como Pella o Suanir. Según la tradición, el apóstol selló su testimonio con la entrega de su propia sangre, sufriendo un martirio que se describe mediante la crucifixión o el corte con una sierra. Su partida de este mundo marcó el cierre de una existencia consagrada íntegramente a servir a la Iglesia naciente, dejando un legado de perseverancia y amor a la verdad que continúa inspirando a los fieles en la actualidad.
Memoria y culto
El culto a San Simón es de carácter inmemorial, lo que manifiesta la profunda huella que dejó en la conciencia de la cristiandad desde los primeros siglos. Su memoria se celebra cada veintiocho de octubre, fecha en la que la Iglesia lo conmemora junto a San Judas Tadeo, reconociendo la labor conjunta de estos dos heraldos del Evangelio. Esta celebración litúrgica invita a los fieles a reflexionar sobre la vocación apostólica y la importancia de la fidelidad a Cristo hasta el final de los días.
Además de su relevancia espiritual, San Simón es invocado como patrono de diversos oficios manuales vinculados al trabajo con materiales naturales. Se le reconoce especialmente como protector de los boscaioli, los trabajadores de la madera, los especialistas en el corte de leña y aquellos dedicados al noble oficio de trabajar el mármol y la piedra. Esta relación con los artesanos resalta la dignidad del trabajo humano, consagrado bajo la protección de quien, con sus manos y su palabra, ayudó a labrar los cimientos de la fe cristiana en el mundo.
Preguntas frecuentes
Quando se festeggia San Simón?
La festividad litúrgica de San Simón se celebra el 28 de octubre junto a San Judas Tadeo.
Di cosa è patrono San Simone?
San Simón es el patrono y protector de los boscaioli, taglialegna, y de los trabajadores dedicados al corte de la legua, del marmo y de la piedra.
Fiesta de los santos Simón y Judas, Apóstoles: el primero era sobrenombrado Cananeo o “Zelote”, y el otro, llamado también Tadeo, hijo de Santiago, en la última Cena interrogó al Señor sobre su manifestación y él le respondió: «Si uno me ama, observará mi palabra y el Padre mío lo amará y nosotros vendremos a él y tomaremos morada junto a él». — Martirologio Romano