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7 de mayo

Sant' Agustín Roscelli

Sacerdote, Fundador

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y formación en la pobreza

Sant'Agustín Roscelli vino al mundo en Bargone de Casarza Ligure, localidad situada en la provincia de Génova, el 27 de julio de 1818. Sus padres fueron Domenico Roscelli y Maria Gianelli, quienes formaron un hogar desprovisto de bienes materiales pero rico en ejemplos de fe profunda y de virtudes cristianas. A causa del grave temor de que pudiera morir a causa de su débil salud, el recién nacido fue bautizado el mismo día de su nacimiento. Dotado de una notable inteligencia, de una gran sensibilidad y de un carácter naturalmente reservado, el joven Agustín ayudó pronto a su familia desempeñando las tareas cotidianas y custodiando el rebaño de su padre. Ante sus buenas disposiciones, sus padres lo confiaron al párroco del lugar, don Andrea Garibaldi, el cual se encargó de enseñarle los primeros elementos de la instrucción básica. La llamada definitiva al ministerio sacerdotal maduró en el mes de mayo de 1835, durante una santa misión que predicó el entonces arcipreste de Chiavari, Antonio Maria Gianelli. Tras aquella intensa experiencia espiritual, el joven sintió la decisión irrevocable de consagrarse por entero al servicio de Dios, motivo por el cual se trasladó a la ciudad de Génova para dar inicio a sus estudios eclesiásticos formales. Los años de su preparación hacia el sacerdocio estuvieron marcados por profundas dificultades económicas y por estrecheces materiales de toda índole. No obstante los múltiples disasios, supo superarlos gracias a una férrea voluntad, a una oración constante y al valioso respaldo de personas piadosas y benefactoras. Un apoyo fundamental provino del canónigo Antonio Maria Gianelli, quien al ser nombrado obispo de Bobbio en el año 1838 le encontró un alojamiento adecuado como clérigo sacristán y custodio de la iglesia aneja al Conservatorio de las Hijas de San José, ubicado en la subida de San Rocchino en Génova. El propio canónigo Gianelli desempeñaba entonces el cargo de director en dicha institución benéfica. Su dedicación y rectitud durante aquellos años de estudio y servicio quedaron patentes en un documento escrito por el rector de los jesuitas en 1845, en el cual se le consideraba un celoso prefecto. Finalmente, tras completar su largo camino de formación, recibió la ordenación sacerdotal el 19 de septiembre de 1846 de manos del cardenal Placido Maria Tadini, abriendo así las puertas a un ministerio entregado sin reservas.

El ministerio pastoral en Génova y el cuidado de los marginados

Inmediatamente después de recibir la ordenación sacerdotal, don Agostino Roscelli fue destinado como vicepárroco a la populosa barriada de San Martino d'Albaro, donde desarrolló un intenso servicio pastoral fundamentado en la administración frecuente de los sacramentos, en la práctica generosa de la caridad y en el testimonio de una vida irreprochable. El ejercicio constante del ministerio en el confesonario le permitió conocer de cerca la dura realidad y los múltiples riesgos a los que se enfrentaban las numerosas jóvenes que emigraban desde el campo hacia la ciudad en busca de un empleo. El sacerdote experimentó un profundo temor por la salvación espiritual de aquellas muchachas que llegaban solas, desprovistas de protección y expuestas sin defensa a las intenciones de personas deshonestas. En el año 1858, sin abandonar jamás su dedicación cotidiana a la escucha de las confesiones, aceptó la propuesta de colaborar con don Francesco Montebruno en la benemérita Obra de los Artesanillos. Posteriormente, en 1872, amplió considerablemente su radio de acción apostólica dirigiéndose hacia otras dolorosas realidades de miseria moral presentes en la capital genovesa. Con este espíritu evangélico comenzó a frecuentar el penal de Sant'Andrea, con el único propósito de llevar el consuelo y la misericordia de Dios a los hombres privados de libertad. Su corazón de pastor sensible a todas las formas de sufrimiento social halló un nuevo cauce en 1874, cuando fue nombrado capellán del nuevo Brefotrofio Provincial, situado en la subida de las Fieschine. Desempeñó este delicado encargo de capellán durante veintidós años consecutivos, un periodo durante el cual tuvo la gracia de administrar el sacramento del Bautismo a ochocientos cuarenta y ocho recién nacidos. Inspirándose firmemente en el principio teológico de san Agustín, según el cual el amor es el cumplimiento perfecto de toda obra, se dedicó con todas sus fuerzas a la defensa y al amparo de las madres solteras. Estas jóvenes madres eran habitualmente muchachas del pueblo que caían víctimas de malintencionados debido a la absoluta falta de un trabajo digno y justamente retribuido. Para responder a esta emergencia social, acogió la colaboración de algunas de sus penitentes espiritualmente maduras, con quienes ideó y creó estructuras de acogida y formación integral destinadas a las jóvenes necesitadas de orientación y de un sustento honrado. En dichas sedes formativas, las muchachas recibían una profunda instrucción religiosa y moral, una sólida maduración humana y un adestramiento profesional adecuado que les permitiera defenderse con éxito de los peligros de la gran ciudad.

La fundación de las Suore dell'Immacolata

El proyecto caritativo de ofrecer un hogar y un porvenir a las jóvenes en dificultad maduró gradualmente hacia la intuición de consolidar la obra mediante una consagración religiosa. La firme intención de dar vida a una nueva congregación eclesiástica fue alentada con entusiasmo por el arzobispo Salvatore Magnasco, quien vio en aquella iniciativa una bendición para la diócesis. Asimismo, las maestras que colaboraban en las casas-laboratorio apoyaron con convicción la creación del instituto, firmemente persuadidas de que la vida comunitaria y la consagración a Dios constituían la verdadera fuerza del apostolato. Antes de consolidar su decisión, el piadoso sacerdote quiso consultar personalmente al sumo pontífice pío nono, trasladándole sus inquietudes y sus esperanzas apostólicas. Papa Pio IX respondió a don Agostino con una paterna bendición que rezaba textualmente: Deus benedicat te et opera tua bona. Tras recibir aquella favorable respuesta papal, don Agostino se abandonó con total confianza a la divina providencia, considerando que la voluntad del cielo se manifestaba de aquel modo. De este modo, el 15 de octubre de 1876, coronó finalmente su tan anhelado proyecto de consagración comunitaria. Pocos días después, concretamente el 22 de octubre de 1876, entregó personalmente el hábito religioso a las primeras hermanas que formaban parte del instituto por él fundado. El sacerdote denominó a aquellas primeras religiosas Suore dell'Immacolata, vinculando su carisma a la pureza y a la entrega sin reservas. A las religiosas de la nueva familia espiritual les indicó con claridad un exigente camino de santidad fundamentado en la imitación de las virtudes de la Santísima Virgen María, considerada desde entonces como el modelo supremo de la vida consagrada. Tras superar las legítimas dudas e incertidumbres iniciales propias de toda obra nacida en la cruz, la institución fundada por don Agostino se consolidó profundamente y comenzó a expandirse con dinamismo más allá de las fronteras de Génova y de la propia Italia, cumpliendo así el designio divino de llevar el Evangelio a un número cada vez mayor de almas necesitadas de salvación.

Perfil espiritual y tránsito al cielo

Quienes conocieron de cerca a don Agostino Roscelli lo definieron siempre como un auténtico hombre de Dios, dotado de una extraordinaria capacidad para captar los designios divinos y abandonarse a ellos con total docilidad. Se trató de un sacerdote humilde, profundamente dotado para integrar de manera admirable la acción humana y la iniciativa divina, así como la vida contemplativa y el trabajo pastoral. Su fructífero apostolato brotaba directamente de una intensa experiencia de Dios, la cual se manifestaba de forma elocuente en su incesante oración, en su fidelidad absoluta a los deberes del ministerio y en el anuncio valiente del mensaje evangélico. A menudo era descrito por sus contemporáneos como la sal de la tierra, un alma de profunda vida contemplativa que eligió conscientemente llevar una existencia pobre y austera, inclinándose siempre por ocupar el último puesto y por practicar la renuncia en beneficio de los demás. Con frecuencia, el santo sacerdote descuidaba sus propias necesidades físicas y su propio tiempo personal con tal de garantizarse una disponibilidad ininterrumpida para los fieles que acudían a buscar paz en el confesonario. Actuó permanentemente como un auténtico levadura evangélica, intensificando la caridad pastoral y uniendo de manera indisoluble el amor ferviente a Dios con el amor samaritano hacia los hombres. Su figura representó un elocuente signo profético, viviendo de algún modo apartado de las vanidades mundanas pero al mismo tiempo en un profundísimo contacto con las urgencias y dolores de su tiempo histórico. Dotado de un eminente espíritu de misericordia y de un corazón genuinamente paterno, se acercó sin distinción a las más variadas categorías de marginados, incluyendo a las personas totalmente abandonadas, a los detenidos en las cárceles, a las jóvenes madres en apuros y a todas las víctimas de las injusticias sociales. Don Roscelli auxilió con prontitud a cualquier prójimo que se encontrase en situación de dificultad, manifestando siempre una sensibilidad eximia en la defensa de los derechos humanos y en la dignificación y promoción integral de la persona humana. Después de una vida gastada íntegramente por el reino de los cielos, aquel humilde pastor al que muchos llamaban el pobre prete entregó su alma al Creador el 7 de mayo de 1902 en la ciudad de Génova. El Martirologio Romano recoge su memoria litúrgica en esa misma fecha, atestiguando su piadoso tránsito desde este mundo hacia la casa del Padre. Su legado de santidad y entrega eclesial fue reconocido oficialmente por la Iglesia cuando el papa Juan Paolo II lo proclamó solemnemente santo el 10 de junio del año 2001, proponiéndolo como luz permanente para los sacerdotes y para todos los fieles del mundo entero.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia Sant'Agustín Roscelli?

La memoria litúrgica de Sant'Agustín Roscelli se celebra el 7 de mayo de cada año.

De qué es patrono Sant'Agustín Roscelli?

Los datos biográficos proporcionados no mencionan patronatos específicos atribuidos al santo.

En Génova, san Agustín Roscelli, sacerdote, que instituyó la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María para la formación de las muchachas. — Martirologio Romano