1 de abril
Santa María Egipcíaca
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los orígenes y el inicio del pecado
La vida de María se conoce por la composición de Sofronio, obispo de Jerusalén, cuya atribución no tiene argumentos decisivos en contra. El carácter histórico del relato es casi inexistente, ya que ha sido construido attorno a un núcleo real inicial representado por la existencia de la tumba de una santa solitaria palestina de nombre Maria. Si se resume el relato, este pierde parte de su sapore originario, y los estudiosos concordano en ver en la historia una pia leyenda y una creación poética entre las más bellas de la antigüedad cristiana. No obstante, esta creación letteraria no es pura invención, sino el desarrollo de una tradición palestina nata attorno a la tumba de una solitaria locale realmente existente.
María era egipcia de origen y había vivido en Palestina. A doce años, Maria había fuggito de la casa paterna para marchar a Alejandría con el fin de condurre una vita di peccato richiesta por el ardor de sus sentidos. Vivió en estado de peccato por diecisiete años hasta que vio a unos peregrinos que se embarcaban para Jerusalén. Movida por la curiosidad y la búsqueda de nuevas aventuras, se unió al grupo, convencida de que su fascino le permitiría pagarse el viaje.
La conversión en Jerusalén
Los piaceri de María tuvieron término en Jerusalén el día de la fiesta de la Cruz. En aquella ocasión, Maria intentó entrar en la basílica de la Cruz como los demás asistentes, pero una forza interiore impidió a María varcar la soglia del templo. Sintiendo el richiamo del Jordán, salió de la ciudad mientras un desconocido le daba tres pezzi d'argento. Aquellos tres dineros sirvieron a María para adquirir pan como último nutrimento terrestre, y milagrosamente los panes duraron por al menos diecisiete años.
Al llegar a la caída de la tarde a las orillas del Jordán, María visitó el santuario de San Juan Bautista para orar, se dirigió al río para purificarse y recibió la Comunión eucarística. Utilizando esta sagrada Comunión como viatico, Maria inició su largo camino en el desierto para llevar una vida de penitenza en solitaria al otro lado del río. Cirillo de Scitopoli cuenta en la Vita di Ciriaco de una su passeggiata en el desierto con el abbà Giovanni, mientras que F. Delmas ha comparado la Vita di Maria de Sofronio con la Vita di Paolo di Tebe de san Jerónimo y con los escritos de Giovanni Mosco, concluyendo que la vida de santa María Egiziaca es un desarrollo retórico de una vida inserta en los Atti di san Ciriaco y ricalcada sobre la vida de san Pablo ermitaño.
El encuentro con el monje Zosimo
Zosimo, ieromonaco de una laura palestina, transcurría una parte de la Cuaresma en el desierto según la costumbre. Durante su retiro, Zosimo vio una forma femminile con la pelle disseccata dal sole y sin vestidos si no sus cabellos blancos como la lana. Zosimo scambiò dapprima la visión por una alucinación antes de reconocer su realidad, viendo en el encuentro la voluntad de la Providencia. Tras conseguir acercarse a la mujer solo sobre la orilla de un torrente, la interlocutrice de Zosimo se negó a iniciar la conversación hasta que el monje le arrojó su manto para cubrir su desnudez.
Ambos se bendijeron recíprocamente y se pusieron a rezar, momento en el cual Zosimo vio a María que levitaba en el aire durante la oración. Aunque el monje dudó inicialmente que se tratara de una machination diabolica, Maria lo tranquilizó llamándolo por nombre y, a su incitación, comenzó a relatar su historia. En el momento del encuentro, el camino de María en el desierto duraba ya desde cuarenta y siete años. Antes de despedirse, Maria le rogó a Zosimo que regresara el año siguiente, la noche del Jueves Santo, en un lugar indicado sobre las orillas del Jordán para llevarle la Sagrada Eucaristía.
El tránsito y la sepultura en el desierto
Zosimo fue fiel al appuntamento y, cuando llegó a la orilla del torrente, Maria atravesó milagrosamente el río para alcanzar al monje, se comunicó y renovó la cita para el año siguiente en el lugar del primer encuentro. Tras esto, Maria retomó su marcha en el desierto. Regresando el año sucesivo, Zosimo creyó inicialmente estar solo, pero luego scorse a terra el cuerpo de María ya difunta. El cuerpo de María estaba revestido por el viejo manto que Zosimo le había donado dos años antes. Una inscripción trazada en la tierra reveló a Zosimo algunos aspectos del misterio, pidiéndole que sotterrase el cuerpo de la humile María, devolviendo a la tierra lo que es de la tierra, añadiendo polvo a polvo y rogando por ella en el nombre de Dios. La inscripción indicaba que Maria había muerto en el mes de pharmouti según los egipcios, correspondiente al abril de los romanos, la noche de la Pasión del Salvador, después de haber participado en el pasto místico.
Zosimo comprendió que María había muerto desde un año exacto, el día mismo en que le había dado la santa Comunión. Poniéndose inmediatamente al trabajo para sepultar el cuerpo con el único instrumento disponible, un trozo de madera, Zosimo encontró a su lado un león que mostró una gran familiaridad con él. A petición del monje, el león cavó rápidamente una fosa suficiente para la santa, y Zosimo ricubrió de tierra su cuerpo antes de regresar a su monasterio para contar la historia al abbà Giovanni el higúmeno y a los confraternos para su edificación.
La difusión del culto y la memoria litúrgica
María ha disfrutado de una grandísima popularidad también en Occidente. Los sinassari bizantinos veneran a María el uno de abril, y en ocasiones el tres o el cuatro del mismo mes, relacionando esta fecha con el supuesto día de su muerte, que acaeció un Jueves Santo en el mes de pharmouthi. El Typikon de la laura de San Saba menciona a María el uno de abril, al igual que diversos calendarios palestino-georgianos y algún calendario siriaco. El código Sinaiticus treinta y cuatro del décimo siglo nombra a María por tercera vez el dos de diciembre, mientras que el Sinassario Alessandrino de Miguel, obispo de Atrīb y Malīj, le dedica una larga noticia proveniente de la Vita de Sofronio al seis de barmudah, conservada también en la traducción geez del mismo sinassario en el día correspondiente del seis de miyaziya. El Calendario marmoreo de Nápoles la menciona el nueve de abril.
Los primeros martirologios occidentales medievales ignoraron a María hasta que Usuardo fue el primero en introducirla el dos de abril en su Martirologio, insertando para ella el mismo breve elogio reservado a santa Pelagia el ocho de octubre. Posteriormente, Pietro de' Natalibus dedicó a María un largo capítulo de su Catalogus, consolidando el dos de abril como la fecha tradicional de la conmemoración de María en Occidente.
Su camino de conversión
La vida de Santa María Egipcíaca comenzó en Egipto, desde donde se trasladó a Alejandría, ciudad que marcó sus años de juventud. Sin embargo, su destino espiritual se selló al llegar a Jerusalén. Fue en la basílica de la Cruz donde experimentó una profunda conversión que transformó irrevocablemente su corazón y sus propósitos. Comprendiendo que su llamado requería una entrega total, decidió retirarse al desierto palestino, iniciando un periodo de cuarenta años de rigurosa penitencia y oración constante.
Durante su estancia prolongada en el desierto del Jordán, Santa María vivió en una austeridad absoluta, apartada de toda distracción mundana. Su santidad se hizo manifiesta en el encuentro con el monje Zósimo, quien se convirtió en testigo de su vida oculta. En este encuentro, la santa recibió la Comunión eucarística de manos del monje, un momento que selló su unión íntima con el Señor. Tras su fallecimiento en el desierto, la tradición narra que su cuerpo fue sepultado con la asistencia de un león, un detalle que subraya la armonía alcanzada por esta mujer con la creación divina tras décadas de soledad y entrega absoluta.
Su memoria en la Iglesia
El culto a Santa María Egipcíaca ha sido preservado con devoción tanto en Oriente como en Occidente, reconociendo en ella a una patrona de la penitencia y la conversión sincera. Su figura es celebrada con particular fervor en los sinassarios bizantinos, que guardan memoria de su tránsito al cielo. Esta veneración destaca la importancia de su ejemplo para los fieles que, en cualquier tiempo, buscan renovar su compromiso con la vida espiritual.
La Iglesia recuerda su legado cada año, invitando a los creyentes a meditar sobre la fuerza de la gracia que puede transformar una vida entera. Su historia no es solo un relato del pasado, sino una invitación presente a la humildad y al arrepentimiento, recordándonos que el desierto, lejos de ser un lugar de abandono, es el espacio donde el alma encuentra la plenitud de la presencia de Dios.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja Santa María Egipcíaca?
Santa María Egipcíaca se celebra el uno de abril en los sinassari bizantinos y en algunas fechas alternativas, mientras que en Occidente su conmemoración tradicional quedó fijada el dos de abril.
De qué es patrona Santa María Egipcíaca?
Los datos biográficos y históricos proporcionados no mencionan ningún patronazgo específico atribuido a Santa María Egipcíaca.
En Palestina, santa María Egipcíaca, que, famosa pecadora de Alejandría, por intercesión de la bienaventurada Virgen en la Ciudad Santa se convirtió a Dios y llevó en soledad al otro lado del Jordán una vida de penitencia. — Martirologio Romano