24 de junio
Santa María Guadalupe (Anastasia Guadalupe García Zavala)
Virgen, fundadora
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vocación
Santa María Guadalupe vio la luz por primera vez el veintisiete de abril de 1878 en la localidad de Zapopan, situada en el estado de Jalisco, en México. Sus queridos padres fueron Fortino García y Refugio Zavala García, quienes formaron un hogar en el seno de una familia de ceto agiato. Su padre, don Fortino, se desempeñaba como comerciante y poseía un establecimiento dedicado a la venta de artículos religiosos, situado estratégicamente justo enfrente de la majestuosa Basílica de Nuestra Señora de Zapopan. Debido a esta cercanía cotidiana, la pequeña Lupita hacía visitas a la iglesia de forma muy frecuente, nutriendo desde su infancia una profunda devoción espiritual. Fin da piccola demostró asimismo un amor desmedido y sincero hacia los pobres, volcándose con naturalidad en diversas obras de caridad que marcarían el rumbo de su porvenir.
Durante su juventud, Lupita gozaba de la fama de ser una joven muy carina y simpatica ante los ojos de quienes la rodeaban. Se destacaba por ser una persona simple y transparente en sus modos habituales, mostrándose siempre profundamente amabile y servizievole con todas las personas. Al llegar a la edad de veintitrés años, se encontraba formalmente entablada en una relación de noviazgo y fue prometida en matrimonio con Gustavo Arreola. Sin embargo, en su interior comenzó a resonar con fuerza la llamada del Señor a consagrarse por completo a la vida religiosa, sintiendo una especial atención y sensibilidad hacia las necesidades acuciantes de los malati y de los pobres que poblaban su tierra.
La fundación y el servicio a los enfermos
Movida por esta profunda inquietud espiritual, la joven decidió confiar su situación a su director espiritual, el sacerdote Cipriano Iñiguez. Padre Cipriano Iñiguez le confió entonces que él mismo había recibido la inspiración divina de fundar una Congregación religiosa cuyo propósito fundamental fuera el cuidado solícito de los ammalati en el hospital. Fruto de esta convicción compartida y junto a su director espiritual, fundó la Congregación religiosa de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres. En aquellos primeros tiempos, el hospital carecía de numerosas cosas básicas para su funcionamiento diario, enfrentándose a carencias materiales constantes. Madre Lupita asumió las tareas propias de una enfermera y, con absoluta humildad, se arrodillaba directamente sobre el suelo para atender personalmente a los primeros ammalati que ingresaban al centro de salud.
A pesar de las dificultades y de la escasez, en el interior de aquel hospital reinó siempre un ambiente impregnado de profunda ternura y compasión, priorizando de manera muy especial la atención y el cuidado espiritual de los enfermos. Su indiscutible liderazgo y entrega hicieron que fuera elegida Superiora General de la Congregación, una delicada responsabilidad que desempeñó con abnegación durante el resto de su vida. Proveniente, como se ha señalado, de una familia acomodada, supo adaptarse con profunda alegría a una existencia marcada por una pobreza y una sobriedad extremas. De hecho, inculcó este mismo espíritu a todas las hermanas de la Congregación, enseñándoles a amar la pobreza para poder dedicarse con mayor eficacia y desprendimiento al cuidado de los infermi.
Tiempos de prueba y mendicidad
En un determinado momento de su labor asistencial, el hospital atravesó una situación de extrema dificultad económica que ponía en riesgo la continuidad de la obra. Ante este panorama adverso, Madre Lupita acudió a pedir el oportuno permiso a su director espiritual con el fin de poder salir a las calles a mendigar. Habiendo obtenido la debida autorización eclesiástica, recorrió las calles pidiendo limosna junto con otras consorcias durante varios años consecutivos, logrando así resolver el problema acuciante del sustento diario para los malati que dependían de su caridad. Su rostro humilde y su determinación se convirtieron en un símbolo de esperanza para la comunidad.
La labor de la Congregación se desarrolló en medio de un complejo escenario histórico, ya que en México se vivió una grave situación politico-religiosa que se extendió desde el año 1911 hasta el año 1936, comenzando tras la caída del presidente Porfirio Díaz. La Iglesia católica sufrió una dura persecución desatada por los líderes revolucionarios Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Pancho Villa y Plutarco Elías Calles. El periodo más cruento y sanguinoso de esta persecución transcurrió entre los años 1926 y 1929. Durante aquellos años de intensa hostilidad contra la Iglesia, Madre Lupita arriesgó valientemente su propia vida y la de sus compañeras para proteger a los perseguidos.
Protección en la tormenta y expansión
Haciendo alarde de una gran audacia impulsada por la caridad cristiana, Madre Lupita ocultó dentro de las instalaciones del hospital a varios sacerdotes perseguidos y al mismísimo arzobispo de Guadalajara, monseñor Francisco Orozco y Jiménez. En un ejercicio admirable de caridad evangélica que superaba los bandos humanos, las religiosas también daban alimento y curaban las heridas de los soldados persecutores que resultaban heridos en los combates. Como fruto de esta generosidad desinteresada, los soldados que se hallaban acampados en las inmediaciones del hospital jamás molestaban a las hermanas, sino que, por el contrario, asumieron la tarea de defenderlas tanto a ellas como a los propios malati que allí se refugiaban.
A lo largo de los años de vida terrena de Madre Lupita, la semilla plantada dio abundantes frutos, logrando abrirse un total de once fundaciones a lo largo y ancho de la República Mexicana. Tras su fallecimiento, la Congregación no dejó de crecer y expandirse geográficamente. En la actualidad, las Siervas de Santa Margarita y de los Pobres cuentan con veintidós fundaciones distribuidas en países como México, Perú, Islandia, Grecia e Italia, llevando el carisma de su fundadora más allá de las fronteras originales.
El tránsito hacia el Padre y la gloria de los altares
El trece de octubre de 1961, toda la familia religiosa de la Congregación celebró con gran gozo el jubileo de diamante de Madre Lupita, conmemorando sus sesenta años de incansable vida consagrada al servicio de Dios. Por entonces, la venerable religiosa contaba con ochenta y tres años de edad y padecía las limitaciones físicas de una dolorosa enfermedad. Dicha dolencia fue minando lentamente sus fuerzas hasta conducirla de forma definitiva hacia el final de su travesía terrenal, tras dos años de sufrimiento llevado con cristiana paciencia.
Finalmente, se adormeció en el Señor el veinticuatro de junio de 1963 en la ciudad de Guadalajara, en el estado mexicano de Jalisco, a la avanzada edad de ochenta y cinco años. Desde aquel mismo momento, su figura comenzó a gozar de una solida fama de santitad en el pueblo fiel. Fue profundamente amada tanto por los sectores más humildes como por los más pudientes de la ciudad de Guadalajara y de aquellos otros lugares donde la Congregación gestionaba sus hospitales. Al conocerse la noticia de su fallecimiento, una muchedumbre inmensa de personas acudió sin demora al hospital para rendir un último y sentido homenaje a sus restos mortales. Al día siguiente, la participación ciudadana en los solemnes funerales fue verdaderamente multitudinaria, reflejando el profundo arraigo de su testimonio.
El reconocimiento oficial de la Iglesia a su ejemplaridad no tardó en llegar a través de los procesos canónicos. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II en la Ciudad del Vaticano, concretamente en la basílica de San Pedro, el veinticinco de abril de 2004. Años más tarde, culminando el camino eclesial, fue solemnemente canonizada por el papa Francisco en la plaza San Pedro de Roma el doce de mayo de 2013, quedando inscrita para siempre en el martirologio universal como modelo de virtud.
Una vida de entrega total
La trayectoria de Santa María Guadalupe es el relato de una vocación vivida con absoluta coherencia y humildad. Desde sus inicios en Jalisco, comprendió que el servicio a Dios se manifestaba primordialmente en el cuidado de los más desvalidos. Como fundadora de la Congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres, estableció una comunidad dedicada íntegramente a aliviar el dolor humano. Su labor no se limitó a las tareas administrativas, sino que ella misma asumió el papel de Superiora General durante toda su vida, guiando a sus hermanas con el ejemplo constante de la abnegación.
En los momentos en que la persecución religiosa azotó al pueblo mexicano, su casa se convirtió en un lugar de salvaguarda y refugio. Con una valentía serena, ocultó a diversos sacerdotes y al Arzobispo de Guadalajara, protegiendo la vida de los pastores de la Iglesia en tiempos de gran hostilidad. Asimismo, su caridad se extendió al campo de batalla, donde asistió con igual esmero a los soldados heridos, sin distinción alguna. Su fe se traducía en gestos concretos: recorría las calles pidiendo limosna para que los enfermos tuvieran acceso a medicinas y alimentos. Esta entrega, despojada de cualquier vanidad, la llevó a ser una figura fundamental para la Iglesia en México. Su fallecimiento en Guadalajara en el año mil novecientos sesenta y tres marcó el cierre de una existencia consagrada enteramente a la voluntad del Señor y al bienestar de sus hermanos, dejando una huella imborrable de servicio caritativo que continúa inspirando a quienes buscan vivir el Evangelio con autenticidad.
El culto y la memoria
La Iglesia celebra la memoria de Santa María Guadalupe el veinticuatro de junio, fecha que coincide con el aniversario de su partida a la casa del Padre. Este día es un momento propicio para recordar su vida sencilla y heroica, reconociendo en ella a una intercesora cercana para quienes enfrentan la enfermedad y la precariedad. El reconocimiento de su santidad por parte del Papa Francisco en el año dos mil trece confirmó ante el mundo entero que su vida fue un reflejo fiel del amor de Dios.
Los fieles acuden a ella con confianza, especialmente aquellos que atraviesan dificultades económicas o problemas de salud, pues su vida fue una respuesta constante a las necesidades materiales y espirituales de los más pobres. Su figura es recordada no solo como una fundadora, sino como una mujer que supo encarnar la misericordia en medio de las pruebas más duras del siglo veinte. Su memoria litúrgica invita a la comunidad a renovar el compromiso con la caridad y a mantener la esperanza firme, tal como ella lo hizo durante toda su trayectoria terrenal.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeggia Santa María Guadalupe?
Su memoria litúrgica en el martirologio se celebra el veinticuatro de junio de cada año.
En Guadalajara en México, beata María de Guadalupe (Anastasia) García Zavala, virgen, que participó activamente en la fundación de la Congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres y desempeñó con empeño obras de caridad entre los pobres y los enfermos. — Martirologio Romano