24 de noviembre
Sante Flora y Marta (María) de Córdoba
Mártires
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y el camino de prueba de Flora
La passio de las dos vírgenes martiri fue escrita por san Eulogio de Córdoba, quien conoció a las dos santas en el interior del carcere. Flora nació en Córdoba, hija de un padre musulmán y de una madre cristiana. Tras el fallecimiento del padre, la madre educó a la hija en la religión católica. Sin embargo, el hermano de Flora era un musulmán acceso y causaba continuas noie. Para evitar a su hermano y dedicarse por entero a la piedad y a la penitencia, Flora se alejó de su casa hacia el año 845 en compañía de su hermana Baldegoto. A causa de esta huida, algunos clérigos y fieles fueron incarcerati sobre la base de una delación realizada por el propio hermano. Enterada de la situación y movida por el sufrimiento de los inocentes, Flora regresó a su hogar. Su hermano la deferió entonces al cadì con la grave acusación de apostasía. Tras la denuncia, Flora fue brutalmente battuta, pero al ser liberada reanudó su huida y permaneció escondida durante seis años en las cercanías de Martos.
El encuentro con Marta y el testimonio definitivo
A su regreso a Córdoba, encendida por el deseo del martirio, Flora se encontró en la basílica de San Acisclo con Marta. Marta había crecido en el monasterio de San María de Cuteclara, muy cerca de Córdoba, bajo la atenta y piadosa guía de la santa viuda Artemia. Además, el hermano monaco de Marta, el diacono Wallabonso, ya había recibido la palma del martirio. Impulsada por estas raíces y por un profundo fervor, Marta había salido del convento en busca del martirio. Tras encontrarse, ambas mujeres decidieron acudir juntas ante el cadì para profesar públicamente su fe católica. Como consecuencia, Flora y Marta fueron encerradas en la cárcel. San Eulogio las visitó en la misma prisión y, desde su propia celda, escribió para ellas el tratado titulado Documentum martyriale, una valiosa apología y exhortación al martirio. A pesar de los múltiples interrogatorios y de los repetidos intentos del cadì por quebrantar su voluntad, Flora y Marta perseveraron fuertes en la fe hasta el final. Fueron decapitadas el 24 de noviembre de 851 durante la persecución del emir Abd al-Rahmàn II. Sus cuerpos fueron abandonados en los campos, aunque la tradición refiere que los animales respetaron los restos, los cuales fueron posteriormente arrojados al río Guadalquivir. No obstante, el cuerpo de Marta fue piadosamente encontrado por los cristianos y sepultado en la iglesia del monasterio de Cuteclara, mientras que las cabezas de ambas santas se colocaron con veneración en la basílica de San Acisclo.
La memoria histórica y el culto litúrgico
San Eulogio atribuyó su propia liberación, acaecida pocos días después, a la intercesión de las dos vírgenes. El santo dio noticia del martirio a través de dos cartas dirigidas a su amigo Alvaro Paolo y a Baldegoto, la hermana de Flora, e incluyó también una extensa relación de los hechos en su obra Memoriale sanctorum. Las santas Flora y Marta son recordadas en el Martirologio Romano el 24 de noviembre. El Martirologio sitúa este testimonio en Córdoba, en la región española de Andalucía, y define a Flora y María como vírgenes y mártires, especificando además que fueron arrojadas a la cárcel durante la persecución de los moros junto con sant'Eulogio y finalmente atravesadas por la espada.
La vida y el testimonio
Santa Flora nació en la ciudad de Córdoba, en el seno de una familia donde su práctica de la fe cristiana encontró serias resistencias. Ante la presión de su propio hermano, quien llegó a denunciarla ante el cadí bajo la acusación de apostasía, ella tomó la difícil decisión de huir de su hogar para proteger su conciencia y su relación con Dios. Durante seis años, Flora vivió oculta en las inmediaciones de Martos, cerca de Jaén, manteniendo su fe en el retiro y la oración. Este periodo de silencio y espera fue, en realidad, un tiempo de preparación para el destino que la providencia le tenía reservado.
Santa Marta, por su parte, creció en el monasterio de Santa María de Cuteclara, donde recibió una formación espiritual profunda. Su vida dio un giro decisivo tras el martirio de su hermano Wallabonso, evento que la llevó a abandonar el monasterio y a buscar un nuevo camino de entrega. El destino de ambas se cruzó en la basílica de San Acisclo en Córdoba. En aquel lugar sagrado, Flora y Marta encontraron una afinidad espiritual que las fortaleció para el paso definitivo. Conscientes de los riesgos que implicaba su decisión, ambas se presentaron ante el cadí para proclamar abiertamente su fe cristiana. A pesar de las presiones y las amenazas, se mantuvieron firmes en su convicción, lo que las condujo a ser decapitadas en el año ochocientos cincuenta y uno, durante la persecución desatada por el emir Abd al-Rahmàn segundo. Su muerte no fue un final, sino el inicio de una huella imborrable en la memoria de los cristianos.
El culto y la memoria
La figura de Santa Flora y Santa Marta permanece viva en la tradición de la Iglesia, especialmente a través de su inclusión en el Martirologio Romano. La conmemoración anual, fijada el veinticuatro de noviembre, permite que su sacrificio sea recordado no solo como un hecho histórico del siglo noveno, sino como un modelo actual de coherencia cristiana. La devoción hacia estas santas mártires subraya la importancia de la firmeza en las propias convicciones y el valor de la comunión fraterna en momentos de prueba.
A través de los siglos, su memoria ha sido custodiada como un testimonio de quienes prefirieron perder la vida terrenal antes que renunciar a la verdad que profesaban. La Iglesia invita a los fieles a contemplar el ejemplo de estas mujeres cordobesas, quienes, desde la humildad y la valentía, supieron transformar el sufrimiento en una ofrenda de paz. Su legado continúa inspirando a los creyentes a vivir con autenticidad, recordándonos que el testimonio de fe es un don que se cultiva en el encuentro con los demás y en la fidelidad absoluta a Dios hasta el final.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia santas Flora y Marta?
Su festividad se celebra el 24 de noviembre, fecha señalada en el Martirologio Romano para recordar su glorioso martirio.
En Córdoba, en la Andalucía en España, santas Flora y María, vírgenes y mártires, que durante la persecución de los Moros fueron arrojadas en la cárcel junto con san Eulogio y luego traspasadas con la espada. — Martirologio Romano