22 de abril
Santi Epipodio y Alejandro
Mártires de Lyon
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Juventud, persecución y martirio
Los santos Epipodio y Alejandro eran dos jóvenes amigos que, desde la infancia, habían estudiado juntos y crecido unidos en la práctica de la virtud. Durante la persecución que sacudió con fuerza a la Iglesia de Lione en el año 177, ambos decidieron huir por temor y buscar refugio en las afueras de la ciudad. Encontraron acogida en la casa de una cristiana viuda, donde permanecieron ocultos y seguros durante algún tiempo. Sin embargo, la tragedia se desencadenó cuando fueron traicionados por un propio domestico, quien reveló su paradero a las autoridades. Tras ser descubiertos, los dos amigos fueron arrestados inmediatamente y conducidos con firmeza al tribunal del gobernador para ser juzgados por su condición de cristianos.
Las autoridades imperiales decidieron interrogar en primer lugar a Epipodio, ya que era el más joven de los dos y los perseguidores pensaban que cedería más fácilmente ante la presión. Lejos de rendirse, Epipodio resistió impavido tanto a las lisonjas como a las crueles torturas que le infligieron para doblegar su espíritu. Ante su inquebrantable entereza, el tribunal decretó su condena a muerte, y Epipodio fue decapitado el veintidós de abril del año 178. Dos días más tarde, su compañero Alejandro también fue llevado ante el tribunal del gobernador para responder por su fe. Alejandro fue sometido a una severa flagelación y finalmente condenado a morir en la cruz, sellando así su testimonio con el mismo sacrificio supremo que su querido amigo.
Sepultura, fuentes históricas y el desarrollo del culto
Inmediatamente después del martirio, los miembros de la comunidad cristiana lograron recuperar con valentía los cuerpos de los santos para darles una sepultura digna. Los ocultaron cuidadosamente y los sepultaron en una gruta situada en un colle fuera de la ciudad de Lione. Las noticias sobre su vida y su muerte se conocen principalmente gracias a una antigua passio redactada probablemente durante el siglo quinto. Es destacable señalar que la passio es el único texto que relata los detalles biográficos del martirio y que no habla absolutamente de ningún otro compañero de Epipodio y Alejandro.
El documento literario más antiguo que trata sobre ambos santos es una homilía que la investigación atribuye a Eucherio de Lione, aunque en el pasado fue asignada a Eusebio de Emesa. Dicha homilía aparecía recitada en la propia ciudad de Lione, lugar que celosamente custodió los sepulcros de los mártires. En aquel texto, los dos santos son comparados con los apóstoles Pedro y Pablo por la grandeza de su testimonio. Asimismo, la homilía afirma que la polvareda procedente de los sepulcros de los santos era muy buscada por los fieles debido a su carácter milagroso. En consecuencia de un milagro obrado por su intercesión, el culto a los santos se divulgó con gran rapidez entre el pueblo cristiano.
Traslación de las reliquias y profanación
Las fuentes históricas y eclesiásticas ofrecen valiosos detalles sobre el destino de los restos mortales de los mártires a lo largo del tiempo. Antes de la época de san Gregorio de Tours, se operó una solemne traslación de los cuerpos de Epipodio y Alejandro desde su ubicación original. Una confirmación precisa de esta traslación se encuentra registrada en el Martirologio Geronimiano al veinticuatro de abril, con la mención explícita de la dedicación de la cripta sagrada. San Gregorio de Tours atestigua de forma clara que los cuerpos de Epipodio y Alejandro se encontraban finalmente reposando en la cripta de la basílica de san Juan en Lione. Dichos cuerpos sagrados reposaban específicamente a los lados del altar en donde había recibido sepultura san Ireneo.
Los santos Epipodio y Alejandro son conmemorados en los martirologios antiguos, concretamente en el Geronimiano y en el Romano, en las fechas del veintidós y del veinticuatro de abril respectivamente. Los siglos posteriores trajeron consigo graves pruebas para el patrimonio espiritual de la ciudad. En el año 1562, la ciudad de Lione fue ocupada por las fuerzas de los calvinistas durante las guerras de religión. En el transcurso de aquella violenta ocupación, las tumbas de los santos fueron profanadas con crueldad y las reliquias sagradas sufrieron el intento de destrucción al ser arrojadas al fuego. A pesar de tan doloroso acontecimiento, los fieles lograron rescatar y salvar únicamente algunas partes de las reliquias. Estos fragmentos supervivientes fueron puestos a buen recaudo y se conservan celosamente en la actualidad en la iglesia de san Giusto dentro de la misma ciudad de Lione.
El testimonio de fe
En el corazón del siglo segundo, durante un tiempo de dura persecución contra los cristianos en Lyon, Epipodio y Alejandro vivieron su fe con una discreción y una valentía admirables. Ante el peligro inminente, ambos buscaron refugio en la casa de una viuda, intentando proteger su comunidad y su propia vida mientras las autoridades buscaban activamente a los seguidores de Cristo. Sin embargo, su paz fue quebrantada cuando un empleado de la casa, actuando con traición, reveló su escondite a los perseguidores, facilitando su arresto inmediato.
Una vez capturados, ambos fueron sometidos a un riguroso examen judicial diseñado para doblegar su voluntad. Epipodio, tras un interrogatorio en el que mantuvo su firmeza de espíritu, fue sentenciado a la decapitación. Por su parte, Alejandro enfrentó un suplicio diferente, siendo condenado a la flagelación y a una posterior crucifixión. A pesar de la brutalidad de los tormentos, ambos permanecieron fieles a sus convicciones hasta el último suspiro. Sus cuerpos fueron posteriormente trasladados a la basílica de San Giovanni, un lugar destinado a honrar la memoria de aquellos que habían entregado su existencia por amor a Dios. Este acto de valentía no solo marcó a la comunidad cristiana de Lyon, sino que cimentó una tradición de fidelidad que ha sido transmitida a lo largo de las generaciones, recordándonos que el valor de la vida humana se encuentra en su entrega generosa hacia los valores eternos del Reino de los cielos.
La memoria y el culto
El culto a los santos Epipodio y Alejandro ha sido una constante en la vida litúrgica de Lyon. Sus reliquias, custodiadas durante siglos en la basílica de San Giovanni, fueron objeto de profunda devoción popular. Lamentablemente, en el año 1562, durante los episodios de violencia religiosa liderados por los calvinistas, las reliquias sufrieron una destrucción deliberada, un evento que marcó un momento doloroso para la comunidad cristiana local. A pesar de la pérdida de los restos físicos, la memoria de estos mártires no se desvaneció, sino que se integró profundamente en la identidad espiritual de la Iglesia.
Hoy en día, la figura de estos dos hombres continúa inspirando a los fieles a través de la oración y el recuerdo. Su sacrificio nos invita a reflexionar sobre la importancia de la coherencia de vida y la lealtad, recordándonos que, aunque los signos materiales del pasado puedan ser vulnerables a la historia, el testimonio de fe es indestructible. La Iglesia celebra su memoria en días cercanos, manteniendo viva la llama de su ejemplo para que las nuevas generaciones encuentren en su entrega un motivo de fortaleza y consuelo ante las adversidades del mundo actual.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia Santi Epipodio y Alejandro?
Los santos Epipodio y Alejandro se conmemoran en los martirologios el veintidós y el veinticuatro de abril.
En Lyon en Francia, san Epipodio, que después de los cuarenta y ocho gloriosos mártires de esta ciudad, fue arrestado junto al amado amigo Alejandro y concluyó su martirio con la decapitación. — Martirologio Romano