29 de julio
Santi Lucila, Flora, Eugenio y compañeros
Mártires
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y martirio en Roma
Una antigua tradición narra que Flora y Lucilla eran hermanas y ciudadanas romanas que vivieron durante el tercer siglo. Ambas mujeres se distinguieron en la capital del imperio por una firme fe, un profundo amor a la castidad y un total desprecio del mundo. En aquellas circunstancias, las santas fueron rapiñadas en Ostia por un africano de nombre Eugenio. Sin embargo, aquel acontecimiento dio un giro espiritual profundo cuando Eugenio se convirtió al cristianismo, profundamente conmovido por el ejemplo de vida de las dos mujeres. Durante aquel periodo, el emperador Gallieno publicó un edicto de condena contra los cristianos, desatando una severa persecución. Flora y Lucilla sacrificaron entonces su propia vida por Cristo, dando prueba de un extraordinario coraje. El martirio definitivo de estos fieles ocurrió aproximadamente en el año 260, un hecho que el Martirologio Romano atestigua al recordar que las santas periclitaron en Roma precisamente al tiempo del emperador Gallieno.
La passio y la difusión de la memoria
La passio dedicada a las santas fue compuesta con mucha verosimilitud en el siglo IX, probablemente dentro de los muros del monasterio de Santa Fiora situado sobre el monte Amiata. Los estudios históricos señalan que dicho texto resulta ser un plagio de la passio de los santos Luceia e Auceia, conteniendo tan solo algunas insignificantes variaciones respecto al original. Como apéndice de este documento antiguo, se narra que los cuerpos de los mártires fueron sepultados primeramente en un suburbio de Ostia. Más tarde, los restos fueron trasladados hacia Arezzo en el tiempo del papa Benedetto III. Durante aquel viaje de traslado, la giumenta que trainaba los cuerpos se detuvo providencialmente en el monte Titano, a dos millas de Arezzo. Debido a aquel suceso, en el monte Titano sorsero una basilica, un monasterio y un paesetto que tomaron el nombre de Santa Fiora. Por su parte, el culto de los santos continuó expandiéndose con fuerza por diversas regiones europeas, arraigándose de manera notable en Italia, Alemania, Suiza, Francia y España, al punto de que varias ciudades en estas naciones afirman poseer actualmente algunas reliquias de los santos.
El destino de las reliquias en Arezzo
En el siglo IX, las reliquias de Flora y Lucilla llegaron definitivamente a la ciudad de Arezzo, donde fueron colocadas inicialmente en el monasterio benedictino que sorsería en las cercanías de la localidad del Olmo. Con el correr de los siglos, exactamente en el año 1196, las necesidades comunitarias obligaron a los monaci a dejar el colle de la Torrita, un lugar que todavía hoy es llamado Santa Flora. Cumpliendo con su deber de resguardo, los monaci construyeron un nuevo monasterio directamente en Arezzo, llevando consigo en solemne procesión las reliquias hacia la nueva badia. En la actualidad, estos sagrados restos se conservan con devoción en el interior de la iglesia, específicamente custodiados en el altar dedicado a santa Rita, donde los fieles continúan honrando su memoria.
El testimonio del martirio
El relato de estos santos se entrelaza con las rutas y los conflictos de la Roma del tercer siglo. Según los hechos históricos, Lucila y Flora fueron raptadas en Ostia por un hombre llamado Eugenio, quien posteriormente compartiría con ellas el camino del martirio. Este episodio, lejos de ser un simple suceso trágico, marca el inicio de una historia de fe compartida que culminó en la ciudad de Roma. Bajo el mandato del emperador Galieno, el grupo enfrentó la persecución con una serenidad que ha perdurado en la memoria de la Iglesia.
Cada uno de ellos representa la entrega de quienes, habiendo nacido en el corazón de la cristiandad romana, no dudaron en sellar su compromiso con la vida eterna a través del sacrificio. La figura de Eugenio es particularmente significativa, pues su transición de captor a compañero de martirio subraya la fuerza transformadora de la fe en tiempos de dura prueba. A pesar de los siglos transcurridos, la sobriedad con la que se recuerda su entrega permite que los fieles de hoy encuentren en ellos un modelo de integridad y valentía. Su vida y muerte son hitos que marcan la historia de Roma y la persistencia de la Iglesia en los momentos en que la fe era puesta a prueba por el poder temporal.
La memoria y el culto
La veneración a Santa Lucila, Santa Flora, San Eugenio y sus compañeros ha sido un pilar en la tradición litúrgica. Aunque su testimonio ocurrió en el tercer siglo, el culto a estos mártires encontró un nuevo impulso durante el noveno siglo, momento en el cual sus reliquias fueron trasladadas a la ciudad de Arezzo. Este acontecimiento permitió que su presencia espiritual fuera acogida con fervor en una nueva sede, consolidando la devoción que hasta el día de hoy se mantiene viva.
La Iglesia celebra su memoria el veintinueve de julio, fecha señalada en el Martirologio Romano como un día de recogimiento y oración. Esta conmemoración anual no es solo un acto de recuerdo histórico, sino una invitación a reflexionar sobre la fidelidad a los valores del Evangelio. Al invocar a estos santos, los fieles se unen a una cadena de generaciones que han visto en estos mártires un ejemplo de amor inquebrantable a Dios, capaz de superar las fronteras del tiempo y del espacio, encontrando en ellos intercesores que conocieron de cerca la fragilidad humana y la fortaleza del espíritu.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia Santi Lucila, Flora, Eugenio y compañeros?
La fiesta litúrgica de las santas Flora y Lucilla está fijada en el calendario el veintinueve de julio, fecha confirmada también por el Martirologio Romano.
De qué es patrono Santi Lucila, Flora, Eugenio y compañeros?
Estos santos son invocados tradicionalmente para la protección de los peligros que amenazan tanto al alma como al cuerpo.