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10 de febrero

Beata Eusebia Palomino Yenes

Virgen

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

La infancia en Cantalpino y la pobreza providente

El contexto de la vida de los santos y candidatos a la santidad revela con frecuencia una predilección divina por los pequeños, los humildes, los sofferenti y aquellos que el mundo considera buenos a nada. Entre las figuras predilectas de esta historia espiritual figuran Santa Bernardette Soubirous, Santa Teresina de Lisieux, el Suddiacono Girard y Silvio Dissegna, un niño que vivió entre 1967 y 1979, falleció a los doce años y cuya causa de beatificación procede en Roma. Esta predilección responde a la verdad proclamada en la Primera carta a los Corinzi, según la cual Dios elige a los débiles del mundo para confunden a los fuertes. En este horizonte de gracia nació Beata Eusebia Palomino Yenes el 15 de diciembre de 1899 en Cantalpino, España, un pobre pueblo de contadini e pastori.

Eusebia nació en el seno de una familia famélica y sumamente pobre en la que con frecuencia faltaba el pan de cada día. La casa natal era un squallido tugurio, considerada incluso más pobre que la humilde morada de Giovannino Bosco en los Becchi di Castelnuovo d'Asti. A pesar de la penuria material, la familia se distinguía por su serenidad y su alegría interior. Mientras la madre preparaba la frugale cena, el padre instruía con paciencia a las niñas en el catecismo. Aquel hogar se encomendaba unido al Señor y a la Santísima Virgen, viviendo en un constante y fiducioso abandono en la providencia divina.

A la edad de seis años, Eusebia comenzó a frecuentar las primeras clases elementales del villaje, aunque su asistencia era frecuentemente irregular debido a las necesidades del trabajo familiar que requerían su presencia. A pesar de estas ausencias, la niña poseía una inteligencia notable y conocía muchas cosas que ignoraban compañeras más afortunadas. Antes de cumplir los diez años, acompañó un día a su padre a pedir limosna para la subsistencia en pueblos vecinos donde no eran conocidos. Durante el camino, mientras practicaban la mendicidad, Eusebia entonaba cánticos e invocaba a la Virgen con fervor.

De vuelta en Cantalpino, Eusebia encontró ocupación temporal como cuidadora de niños y empleada doméstica. Su primer encuentro con Jesucristo a través de la Sagrada Comunión la arrebató de felicidad, haciéndola sentir simultáneamente poseída por Él y poseedora de su gracia infinita. Posteriormente trabajó también como pastorella, custodiando ovejas, vacas y pequeños terneros en los pastizales. En medio de aquellos parajes solitarios, la niña elevaba oraciones silenciosas al dulce Ospite de su alma, cultivando un trato íntimo con Dios que marcaría toda su existencia posterior.

El traslado a Salamanca y el discernimiento vocacional

Alrededor de los trece años, empujada por la extrema escasez y la miseria, Eusebia se vio obligada a marchar a Salamanca en busca de sustento. El distacco de sus seres queridos resultó profundamente doloroso para su sensibilidad juvenil. En dicha ciudad fue contratada como criada todo terreno en el hogar de una familia acomodada. Durante los recados para las compras cotidianas, Eusebia aprovechaba para acercarse a los indigentes y compartir con ellos las pocas pertenencias que poseía. Asimismo, se detenía a conversar con los niños sobre Jesús, la Virgen y el amor divino.

Su celo apostólico se extendía a los soldados solitarios y desorientados que encontraba por las calles, a quienes entregaba pequeñas medallas marianas recordándoles con gran sencillez sus deberes cristianos. Aquellos hombres la escuchaban completamente incantati, hasta el punto de llegar a considerarla un ángel descendido directamente del cielo. En medio de este ambiente urbano, al ver a otras jóvenes acudir a bailes y diversiones ruidosas, Eusebia experimentó la tentación y el natural deseo de participar en tales entretenimientos mundanos. Sin embargo, una Voce interior le advirtió con claridad que aquel camino de svaghi no estaba destinado para ella.

Ya desde su infancia y a lo largo de su juventud, Eusebia fue favorecida con sueños de gran significado espiritual. En una ocasión contempló en visión nocturna a Jesús Crucificado con llagas resplandecientes que iluminaban el universo entero. En otro sueño contempló a la Santísima Virgen rodeada por una multitud postrada a sus pies. Tiempo después, la Providencia dispuso que encontrara a una joven que la invitó a visitar el oratorio dirigido por las Hijas de María Ausiliatrice.

Al cruzar el umbral de aquel centro salesiano, Eusebia descubrió un mundo nuevo que resonaba profundamente en su interior, sintiendo de inmediato que había nacido para vivir allí. Las religiosas salesianas la acogieron como colaboradora para el servicio de la cocina, las labores de la huerta y diversas tareas domésticas. A pesar de sus maneras discretas, humildes y esquivas, las hermanas advirtieron en ella cualidades verdaderamente excepcionales. Por su parte, las alumnas del oratorio entablaron rápida amistad con ella, cautivadas por su corta edad, su natural dulzura y la sencillez con la que expresaba conceptos elevados.

La consagración religiosa y la vida comunitaria

Las niñas buscaban insistentemente su compañía y comentaban admiradas que Eusebia pronunciaba palabras maravillosas sobre la Virgen, ejerciendo sobre ellas una influencia extraordinaria. En una visita pastoral, el lspettore superiore de la provincia salesiana le preguntó directamente si deseaba convertirse en Hija de María Ausiliatrice. La joven respondió de forma afirmativa, confesando que jamás había albergado otro anhelo en su corazón. De este modo, el 31 de enero de 1921 inició su itinerario formativo como postulante, compaginándolo con sus labores habituales.

Los escritos espirituales de Eusebia reflejan el desbordamiento de su alma con expresiones ardientes de amor hacia Jesucristo. Ante el sagrario, manifestaba repetidamente el deseo de ser hecha prisionera y enloquecida de amor por su Señor. El 5 de mayo de 1922 recibió el hábito religioso al iniciar el noviciado, recibiendo el encargo de hortelana y otras tareas comunitarias. Desarrolló una devoción filial profundísima hacia la Virgen María, consagrándose a Ella como esclava de amor según las enseñanzas espirituales de San Luigi de Montfort. Asimismo, cultivó con esmero la devoción al rosario de las Sante Piaghe, revelado por el Señor a la humilde visitandina sor Marta Chambon.

En la víspera de emitir sus votos religiosos, Eusebia enfermó gravemente, motivo por el cual inicialmente no fue admitida a la profesión. Sin embargo, antes de proceder a su devolución al hogar familiar, las superiores reconsideraron su caso y la admitieron a la profesión de los votos. Quedó así integrada como Hija de María Ausiliatrice, exhortando a cuantos la rodeaban a buscar la santidad recordando que cualquier otra ocupación equivalía a una pérdida de tiempo. Desde entonces, vivió su condición consagrada imitando a Jesús como sierva humilde, con un sí pleno, generoso y total a la voluntad divina.

En agosto de 1924 fue destinada a la casa salesiana de Valverde del Camino, en Huelva, Andalucía, donde continuó desempeñando con fidelidad oficios humildes como la cocina, el huerto, el guardarropa y la asistencia en el oratorio. Aunque poseía un temperamento naturalmente fuerte, supo transformarlo en una actitud de constante humildad, dulzura, mortificación e indefectible perseverancia en el trabajo cotidiano.

Dones místicos y ministerio en Valverde del Camino

En Valverde del Camino, la religiosa cultivó una intimidad cada vez más profunda con Dios, encontrándole tanto en la oración como en la contemplación de la naturaleza y en el trato con las niñas del oratorio. Vivía en continua presencia de Dios y alcanzaba estados de recogimiento estático ante el Tabernaculo con Jesús Eucarístico expuesto. A las jóvenes les transmitía con entusiasmo su devoción por Jesús Crucificado, la Virgen, las misiones y las realidades del Paraíso. Las muchachas acudían incesantemente a su encuentro, atraídas por el atractivo luminoso de su santidad.

Los dones sobrenaturales acompañaron su discreta existencia. En una ocasión tranquilizó con datos precisos y sorprendentes a una madre afligida cuyo hijo combatía en la guerra de Marruecos. La tradición refiere que hizo manar agua milagrosamente de un pozo completamente seco. Asimismo, la tradición atestigua que impidió que la lluvia cayera sobre una modesta casa en construcción para evitar perjuicios al propietario, y que halló instantáneamente huevos en el gallinero que otras hermanas habían buscado en vano momentos antes.

Eusebia era una enamorada fervorosa de la Santísima Virgen, a quien invocaba bajo los títulos de Inmaculada y Ausiliatrice, siguiendo fielmente el carisma de Don Bosco. Difundió con empeño la consagración mariana según las directrices de Montfort, promoviéndola no solo en Valverde del Camino sino también en su localidad natal de Cantalpino y otros pueblos cercanos. Asimismo, impulsó la difusión del rosario de las santas Llagas de Jesucristo como instrumento de salvación espiritual para España en los momentos previos a la inminente revolución comunista.

Tras emitir sus votos perpetuos en 1930, y a instancias de la maestra de novicias, pronunció una conferencia sobre el amor divino que sobresalió por su sabiduría a la vez sencilla y elevada. Sacerdotes y seminaristas acudían con frecuencia a su encuentro en Valverde para solicitar sus consejos en asuntos de gran importancia y trascendencia.

La prueba de la revolución y el tránsito a la eternidad

Mientras la agitación revolucionaria avanzaba quemando conventos y haciendo sumamente penosa la vida de sacerdotes y fieles creyentes, Eusebia, iluminada por lo alto, predijo y anunció la llegada de futuros mártires para la Iglesia. Con espíritu generoso, se ofreció a sí misma como víctima propiciatoria por la salvación de España. Tiempo después de haber formulado esta ofrenda de su vida, enfermó gravemente, recibiendo en su lecho las visitas constantes de sacerdotes, seminaristas, niños y madres que acudían a recibir su consuelo.

En aquellos momentos de sufrimiento, afirmó con serenidad y total abandono en el Señor que el rey tendría que marchar al exilio pero que posteriormente regresaría y su nombre sería Juan Carlos. Consumada por la enfermedad y el celo apostólico, la pequeña y pobre mendicante de Cantalpino, transformada en un auténtico capolavoro del amor divino, entregó su alma al Creador el 10 de febrero de 1935, a la edad de treinta y seis años, en Valverde del Camino.

La tradición refiere que ella misma había predicho que durante su sepultura las campanas sonarían a gloria sin intervención humana. Efectivamente, al salir el féretro de la iglesia, las campanas comenzaron a repicar por sí solas entonando el alleluja pascual. La Famiglia Salesiana celebra su memoria litúrgica el 9 de febrero, honrando su memoria como un faro de abnegación, humildad y entrega en los menesteres más ocultos.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia Beata Eusebia Palomino Yenes?

La Famiglia Salesiana hace memoria litúrgica de la Beata Eusebia Palomino el 9 de febrero.

En Valverde del Camino, cerca de Huelva, en Andalucía, España, beata Eusebia Palomino Yenes, virgen del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, que ofreciendo un insigne ejemplo de humildad, sin ninguna ostentación, pero con espíritu de abnegación, alcanzó en los trabajos más humildes las cimas de la gracia. — Martirologio Romano