20 de julio
Beata Rita Dolores Pujalte Sanchez
Monja, mártir en España
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los orígenes y el camino en la Congregación
Nacida en Aspe, Alicante, el 19 de noviembre de 1853, Rita Dolores Pujalte Sanchez abrazó la vida religiosa en la Congregación de las Suore della Carità del Sacro Cuore di Gesù, ingresando en el Instituto en el año 1888 y emitiendo los votos temporales en 1890, decisión que compartió con su hermana Luisa, quien también ingresó en el mismo Instituto. Desde el año 1891, debido a las estimadas dotes y profunda religiosidad que le reconocían todas, ocupó siempre puestos de responsabilidad dentro de la obra. La fundadora, la venerable Isabel de Larrañaga Ramirez, falleció en Cuba en 1899, dejando antes de morir la sugerencia a sus hijas de nombrar a Rita Dolores como su superiora. Así, en el año 1900 fue designada superiora y posteriormente confirmada en el mismo cargo durante veintiocho años consecutivos. Durante su gestión, abrió colegios destinados a la enseñanza de las niñas en las zonas más pobres, promoviendo con firmeza la educación de la mujer conforme a los propósitos iniciales de la fundadora.
El retiro en Madrid y la persecución religiosa
En el año 1928, la madre Rita Dolores se retiró a la Casa de Santa Susanna de Madrid, un lugar donde su avanzada edad y su delicada salud la convirtieron en un punto de referencia entrañable, especialmente en sus últimos años de vida. Hacia el mes de julio de 1936, la situación en Madrid se había precipitado de forma alarmante, respirándose en la ciudad un clima de constante miedo y de un inminente peligro de persecución religiosa en el marco del conflicto de la Guerra Civil y la violenta y sanguinaria campaña contra el clero y los religiosos católicos. La comunidad del Colegio de Santa Susanna, a pesar de ser plenamente consciente del grave riesgo que corrían, tomó la valiente decisión de permanecer en el establecimiento para continuar cuidando con esmero de las orfanas que se encontraban allí acogidas. La Congregación a la que pertenecían aportó un trágico tributo de sangre a aquella persecución, destacando la figura de su antigua superiora y la de su fiel asistente.
El martirio en Canillejas
El día 20 de julio de 1936, los revolucionarios asaltaron el Colegio derribando las puertas y penetraron en el recinto disparando sus armas. Las suervas se encontraban reunidas en oración dentro de la capilla, preparándose espiritualmente para lo peor. En ese momento, la superiora suplicó a los asaltantes que dejaran en libertad a la anciana de ochenta y tres años y casi ciega madre Rita Dolores, así como a su compañera Francisca del Sagrado Corazón de Jesús Aldea Araujo, una enfermera voluntaria que asistía a la superiora enferma y que, a pesar de ser más joven, también padecía dolencias. Los revolucionarios fingieron acceder y las condujeron inicialmente a un apartamento cercano, pero tras dos horas un grupo de rivoltosos regresó para sacarlas a la fuerza, arrastrándolas escaleras abajo. Las obligaron a subir a un furgón que las trasladó a un soburbio de Madrid, concretamente al pequeño pueblo de Canillejas, dirigiéndose hacia una calle solitaria situada junto al cimitero local. Al llegar al lugar, las bajaron del vehículo y dispararon sobre ellas varios impactos de fusil, consumando el asesinato a las quince horas y treinta minutos del 20 de julio de 1936, demostrando que la avanzada edad y las enfermedades no detenían la furia homicida de los persecutores.
La exhumación y la beatificación
En el año 1940, los cuerpos de las dos religiosas fueron exhumados con el propósito de trasladarlos al cimitero de la Almudena en Madrid. A plena declaración de los testigos presentes, los cadáveres conservaban todavía la flexibilidad y el color propios de una persona viva, un detalle que alimentó la devoción popular. Como consecuencia de la creciente fama de santidad, en el año 1954 sus cuerpos incorruptos fueron trasladados nuevamente a Villaverde, cerca de Madrid, y colocados con devoción en la capilla de su propio Instituto. El proceso canónico para su beatificación se abrió también en 1954 y prosiguió su curso a lo largo de los años, hasta que en 1997 el papa aprobó oficialmente el martirio sufrido por ambas religiosas. Para Rita Dolores y Francisca Aldea, el martirio constituyó el premio supremo por una vida gastada enteramente al servicio de los demás y el cumplimiento de su ardiente deseo de derramar su sangre por amor a Cristo. El papa Juan Paolo II las beatificó conjuntamente el 10 mayo de 1998 en la Plaza de San Pedro, quedando inscritas en el Martirologio como beatas Rita de la Dolorosa del Corazón de Jesús Pujalte y Sánchez y Francisca del Corazón de Jesús Aldea y Araujo, reconocidas como vírgenes y mártires de la Congregación de las Suore della Carità del Sacro Cuore di Gesù, arrestadas en la iglesia del Colegio por los enemigos de la Iglesia y fusiladas en la vía pública durante la persecución.
Una vida de entrega
La trayectoria espiritual de la Beata Rita Dolores Pujalte Sanchez comenzó con su ingreso en la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús en el año 1888. A partir de ese momento, su vida se convirtió en un testimonio constante de abnegación y servicio. Su capacidad de liderazgo y su profunda espiritualidad fueron reconocidas por su comunidad, que la eligió como superiora en el año 1900. Durante veintiocho años ininterrumpidos, ejerció esta responsabilidad con un espíritu de humildad, velando por el bienestar de sus hermanas y manteniendo viva la misión de la congregación en los lugares donde estaban presentes.
Su compromiso no fue solo administrativo, sino profundamente humano y religioso. En el contexto del Colegio de Santa Susanna en Madrid, donde también servían otras religiosas de su misma congregación, como aquellas que trabajaban como enfermeras voluntarias, la Beata Rita Dolores vivió la coherencia de su fe hasta las circunstancias más extremas. La llegada de la persecución religiosa en el año 1936 supuso la prueba definitiva para su vocación. A pesar de la hostilidad creciente de los revolucionarios, permaneció firme en su puesto de servicio. El arresto en el colegio madrileño marcó el inicio de su camino hacia el martirio, un proceso donde la oración y la confianza en Dios fueron su único refugio frente a la violencia. Su existencia concluyó de manera trágica pero gloriosa en Canillejas, donde fue fusilada el 20 de julio de 1936, entregando su vida por amor a Jesucristo y al evangelio que había profesado durante décadas.
El recuerdo de su testimonio
El culto a la Beata Rita Dolores Pujalte Sanchez se fundamenta en la memoria de su entrega absoluta y en la oficialidad de su beatificación, celebrada por el Papa Juan Pablo Segundo el 10 de mayo de 1998. La Iglesia honra su figura como un modelo de constancia para todos los fieles, especialmente para aquellos que se encuentran en el camino de la vida consagrada. Su historia, marcada por la labor silenciosa y el martirio final, nos recuerda la importancia de permanecer fieles a los valores del Reino de Dios frente a cualquier adversidad.
La liturgia celebra su memoria cada 20 de julio, fecha en la que los fieles se unen en oración para recordar el sacrificio de esta mujer que, desde su nacimiento en Aspe hasta su entrega definitiva en Canillejas, supo ser un reflejo del corazón de Jesús. Su vida no es solo un hecho histórico del siglo veinte, sino una invitación permanente a vivir con rectitud, caridad y esperanza, confiando en que el testimonio de los mártires es una luz que guía a la Iglesia en su peregrinación terrenal.
Preguntas frecuentes
Cuando se festegгает la Beata Rita Dolores Pujalte Sanchez?
Su ricorrenza liturgica y festividad se celebra el día 20 de julio.
En Madrid en España, beatas Rita del Dolor del Corazón de Jesús Pujalte y Sánchez y Francisca del Corazón de Jesús Aldea y Araujo, vírgenes de la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús y mártires, que, durante la persecución estallada en el curso de la guerra civil, fueron arrestadas en la iglesia del Colegio por los enemigos de la Iglesia y poco después fusiladas en la calle. — Martirologio Romano