20 de junio
Beata Virgen María Consoladora (La Consolata)
Venerada en Turín
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes antiguos y el hallazgo milagroso
La tradición piadosa sostiene que el protovescopo San Massimo levantó una primitiva iglesia dedicada a María en las inmediaciones de las murallas urbanas, muy cerca de una torre angular cuyos vestigios aún perduran. La disposición del altar mayor en el santuario actual guarda una alineación simbólica con aquellas fortificaciones seculares como testimonio tangible de una protección ininterrumpida. El característico título de Consolata deriva probablemente de una adaptación del dialecto local, la Consolà, referida originalmente al término latino Consolatrix afflictorum.
En el curso del siglo undécimo, la crónica registra que el anciano monarca Arduino de Ivrea, retirado en la Abadía de Fruttuaria, experimentó una visión onírica en la cual la Virgen, acompañada por San Benedetto y Santa Maria Maddalena, le encomendó la edificación de tres templos consagrados a su advocación, situados respectivamente en Turín, en Belmonte Canavese y en Crea Monferrato. Poco después, en el año 1104, la Madre de Dios se manifestó de manera providencial a un peregrino invidente originario de Briancon, llamado Giovanni Ravachio, a quien instó a trasladarse hasta Turín con el propósito de hallar un cuadro sagrado y recuperar la vista. El hombre encontró inicialmente desconfianza, siendo escuchado tan solo por una humilde mujer de servicio durante sus primeros pasos. Emprendiendo su camino con fe, al alcanzar la localidad de Pozzo Strada, donde actualmente se levanta la parroquia de la Natività di Maria, sus ojos se abrieron súbitamente permitiéndole divisar a la distancia el campanile del antiguo complejo dedicado a San Andrés.
Al arribar a su destino y comenzar las excavaciones requeridas, el hombre descubrió efectivamente la efigie mariana y recuperó la plenitud de su vista. Aquella valiosa iconografía había permanecido oculta con anterioridad para sustraerla de la destrucción durante las persecuciones desatadas por la herejía del obispo iconoclasta Claudio. Ante el suceso, el obispo Mainardo, residente por entonces en Testona de Moncalieri, acudió sin demora para presenciar el acontecimiento y permitir que la milagrosa imagen fuese repuesta en su sitio con los honores correspondientes. Aunque el lienzo original ya no se conserva materialmente, la parte inferior del santuario alberga hoy la sugerente capilla subterránea conocida popularmente como de las Gracias.
Evolución arquitectónica y custodia monástica
El complejo abacial de San Andrés estuvo encomendado originariamente a los monjes benedictinos, quienes habían buscado refugio huyendo de la Novalesa a causa de las constantes incursiones perpetradas por los sarracenos. La perdurable huella de aquella comunidad monástica se contempla todavía hoy en el milenario y majestuoso campanario de estilo románico lombardo, concebido por el ingenio del monje constructor Bruningo. En el interior del templo, dentro del altar consagrado a San Valerico Abate, se custodian con devoción las reliquias del santo. Con el transcurso de los años, a los benedictinos sucedieron los Cistercienses Reformados, conocidos comúnmente como Fogliensi. El cuadro que actualmente recibe la veneración de los fieles constituye un valioso presente donado por el cardenal Della Rovere, ilustre promotor de la construcción del duomo cittadino. Dicha pintura se atribuye al pincel de Antoniazzo Romano, se fecha a finales del siglo quince y muestra claras inspiraciones en la célebre Madonna del Popolo custodiada en Roma.
La devoción de la ciudadanía hacia la Virgen ha mantenido siempre un estrecho vínculo con la Casa Regnante de los Saboya, cuyos soberanos supervisaron directamente las sucesivas intervenciones edilicias atrayendo a los mejores artistas de su corte. La configuración arquitectónica que hoy presenta el edificio, nacido de la radical transformación de la antigua iglesia de San Andrés, lleva la firma inconfundible de Guarino Guarini. Asimismo, el espléndido altare maggiore que corona el santuario representa una obra maestra concebida por Filippo Juvarra. Ya en el siglo veinte, exactamente en 1904, el arquitecto Carlo Ceppi incorporó cuatro capillas laterales respondiendo al encargo del rector y beato Giuseppe Allamano. El aspecto definitivo del santuario conjuga originalidad y un clima idóneo para el recogimiento espiritual, destacando por la fastuosidad de sus mármoles y los delicados estucos dorados.
Protección en tiempos de prueba y exvotos
La devoción popular hacia la Consolata ha permanecido inalterable a través de los siglos, impulsando al pueblo y a los monarcas a implorarla en cada circunstancia dichosa o calamitosa, tal como atestiguan los cientos de exvotos conservados en el recinto. La advocación fue especialmente invocada durante el dramático asedio que las tropas francesas impusieron a Turín en el año 1706. La ciudad resistió de manera heroica durante meses los embates de un imponente ejército enemigo. En aquellos momentos cruciales, el beato Sebastiano Valfrè, sacerdote oratoriano de avanzada edad, desempeñó un papel providencial como padre espiritual de la comunidad, confidente del duque, capellán militar, baluarte moral de los ciudadanos y principal inspirador del voto solemne formulado por Vittorio Amedeo II a la Virgen. Dicho voto devocional propició ulteriormente la erección de la imponente basílica de Superga sobre la colina más alta de la ciudad. Desde los muros de su clausura, la carmelitana beata Maria degli Angeli señalaba constantemente a la imagen de María Bambina como la artífice de la liberación. Tras el heroico sacrificio de Pietro Micca, la victoria decisiva se consumó el siete de septiembre, justamente en la víspera de la festividad de la Natividad de María.
Como testimonio de agradecimiento, decenas de pequeños pilares portando la efigie esculpida de la Consolata fueron distribuidos a lo largo del antiguo campo de batalla, situado en el actual Borgo Vittoria. Todavía hoy resulta visible una bala de cañón que quedó incrustada junto a la cúpula del santuario durante aquellos enfrentamientos. Acontecimientos similares se repitieron en 1835 cuando, en plena epidemia de cólera, la municipalidad promovió un nuevo voto impulsado por el decurione Tancredi di Barolo, declarado Servo di Dio. En señal de gratitud por el reducido número de víctimas que cobró la enfermedad, se levantó en el exterior del templo una columna coronada por la estatua de la Virgen. Durante aquellos difíciles años, el célebre escritor Silvio Pellico frecuentó asiduamente el santuario como devoto, un modesto busto interior recuerda su memoria. Tiempo después, en 1852, a raíz de la violenta explosión de la polvorina situada en el cercano Borgo Dora, el ciudadano Paolo Sacchi evitó una catástrofe de proporciones mayores mediante un acto de valor comparable al de Pietro Micca. Si bien el próximo hospital del Cottolengo sufrió daños considerables por la onda expansiva, una imagen de la Consolata permaneció milagrosamente intacta entre los escombros y no se registraron pérdidas humanas que lamentar. De igual modo, los turineses acudieron confiados a su Patrona durante las horas oscuras de las dos guerras mundiales, dejando constancia de ello mediante cientos de insignias militares, cruces al valor, un edículo exterior y una placa conmemorativa en el interior.
Presencia de los santos y frutos espirituales
El santuario se ha distinguido a lo largo de su historia por ser meta constante de numerosas figuras insignes elevadas a los altares. Entre los visitantes ilustres que acudieron a rezar ante la imagen figuran San Carlo Borromeo y San Francesco di Sales. También San Giuseppe Benedetto Cottolengo frecuentó el lugar, mientras que Don Bosco acostumbraba guiar hasta allí a los jóvenes de su oratorio desde el vecino barrio de Valdocco. San Giuseppe Cafasso frecuentó asiduamente el santuario, y es precisamente allí donde hoy se veneran sus sagradas reliquias. San Leonardo Murialdo solía realizar la questua en el exterior del portón principal para sostener sus obras de caridad, y San Ignazio da Santhià se inmutaba en largas horas de oración durante su paso por la ciudad antes de ascender al monte. De igual manera, el beato Pier Giorgio Frassati acostumbraba detenerse para participar en la Santa Misa antes de encaminarse hacia las buhardillas para asistir a los pobres. San Giuseppe Marello experimentó una curación milagrosa en su juventud junto a los muros del templo, y la beata Enrichetta Dominici provenía habitualmente del cercano Istituto Sant'Anna. Entre los religiosos vinculados destaca el venerable Pio Brunone Lanteri, fundador de los Oblatos de Maria Vergine, congregación que asumió la custodia del santuario a lo largo del siglo diecinueve.
La fecunda espiritualidad emanada de este centro mariano ha inspirado la fundación de diversos institutos religiosos que llevan su nombre. Entre ellos destacan las Figlie della Consolata y las Suore di Maria Santissima Consolatrice, conocidas popularmente como Consolatine. Asimismo, surgen de esta misma raíz espiritual los Missionari della Consolata y las Missionarie della Consolata, ambos fundados por el beato Giuseppe Allamano. Cabe destacar que el fundador era sobrino del mencionado San Giuseppe Cafasso y ejerció como rector del santuario durante cuarenta y seis años. Hoy en día, los hijos e hijas espirituales del beato Allamano continúan su labor evangelizadora en los rincones más remotos del planeta. En reconocimiento a su inmensa importancia espiritual, el papa San Pio X concedió al santuario el título litúrgico de Basílica Menor en el año 1906.
La vida litúrgica y la festividad anual
La festividad litúrgica de la Beata Virgen María Consolata se celebra solemnemente cada veinte de junio, precedida por una intensa novena de preparación espiritual. Al caer la tarde, la venerada estatua de plata es portada en procesión a través de las calles del centro cittadino, acompañada por millares de fieles que recorren el trayecto en oración. Dicho cortejo procesional marcha precedido por todos los religiosos y religiosas presentes en la ciudad, así como por las diversas cofradías y asociaciones católicas de voluntariado. El santuario continúa siendo un refugio de paz y un oasis en medio del bullicio urbano para templar el espíritu de cuantos se acercan a visitarlo. Las celebraciones litúrgicas se suceden casi sin interrupción a lo largo de toda la jornada, garantizando la presencia constante de numerosos sacerdotes disponibles para la administración del sacramento de la reconciliación.
La historia de la devoción
La historia de esta devoción hunde sus raíces en la tradición, que atribuye a San Massimo la construcción de una primera iglesia dedicada a la Virgen María. Con el transcurrir del tiempo, el lugar se convirtió en un recinto de paz y hospitalidad, sirviendo incluso como refugio para los monjes benedictinos que huían de la abadía de la Novalesa, buscando seguridad bajo el manto protector de la Madre. Un momento decisivo para este culto ocurrió en el año mil ciento cuatro, cuando un hombre llamado Giovanni Ravachio, tras recuperar milagrosamente la vista, halló la sagrada imagen que se encontraba enterrada, permitiendo así que la devoción floreciera nuevamente entre los fieles.
La importancia del Santuario de la Consolata creció con el paso de los siglos, consolidándose como un punto de referencia esencial para la fe en Turín. En el año mil setecientos seis, durante el difícil asedio francés, la ciudad fue solemnemente consagrada a la Consolata, depositando en sus manos la suerte y la seguridad de sus habitantes. Este gesto de confianza absoluta marcó profundamente la identidad de la comunidad. En reconocimiento a su importancia espiritual, en el año mil novecientos seis, el Papa Pío Décimo otorgó al Santuario el título de Basílica Menor, elevando así su dignidad y confirmando su papel como un faro de luz y esperanza para todos los peregrinos que acuden a buscar el consuelo de la Virgen.
El culto y la veneración
La veneración a la Consolata es una expresión viva de la devoción mariana en la Arquidiócesis de Turín, de la cual es su ilustre patrona. El Santuario de la Consolata no es únicamente un monumento histórico, sino un hogar espiritual donde la oración se eleva constantemente hacia el cielo. La celebración anual, que tiene lugar el veinte de junio, constituye el momento cumbre de este culto, cuando el pueblo se reúne con espíritu de fe para honrar a la Madre de Dios.
Durante esta festividad, la ciudad vive un acontecimiento de gran relevancia, marcado por una solemne procesión que recorre las calles, permitiendo que la imagen de la Virgen sea venerada por los fieles en un ambiente de recogimiento y gratitud. Esta manifestación pública de fe es un testimonio elocuente de la relación inquebrantable entre Turín y su Consoladora, una presencia que continúa ofreciendo paz a las nuevas generaciones y recordando a cada creyente que nunca está solo en su caminar, pues cuenta siempre con la intercesión y el consuelo de la Santísima Virgen María.
Preguntas frecuentes
Cuándo se celebra la festividad de la Beata Virgen María Consolata?
Su festividad litúrgica se celebra el 20 de junio, precedida por una solemne novena y la tradicional procesión con la estatua argentea por las calles de Turín.
De qué lugares es patrona la Beata Virgen María Consolata?
La Consolata es Patrona principal de la Archidiócesis de Turín y de la misma ciudad de Turín.