28 de octubre
Beate Mártires Españolas Enfermeras de la Cruz Roja
Laicas
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
El camino hacia el servicio en las Asturias
Las tres mujeres provenían de la ciudad de Astorga, un lugar donde habrían permanecido completamente a salvo si hubiesen decidido regresar a sus hogares. Sin embargo, con el estallido de la guerra civil española del periodo comprendido entre 1936 y 1939, su historia quedó profundamente entrelazada con la persecución implacable desatada contra los católicos, tanto sacerdotes como fieles laicos. A los cuatro meses de haber comenzado aquella contienda bélica, concretamente el día dieciocho de octubre de 1936, las tres enfermeras arribaron formalmente al hospital de Puerto de Somiedo situado en las Asturias. En aquel centro sanitario se encontraban ricoverados diversos heridos que pertenecían al bando nacionalista. El turno de servicio que se les había asignado de manera inicial estaba previsto para durar únicamente el espacio de una semana exacta. No obstante, al cumplirse la fecha de vencimiento de dicho plazo, las valientes mujeres solicitaron expresamente poder quedarse por más tiempo debido a que los heridos todavía necesitaban con urgencia de sus atenciones médicas y humanas.
El cerco, el martirio y la muerte
Para el día veintisiete de octubre del año 1936, las tropas republicanas se encontraban ya muy cerca de las instalaciones hospitalarias. Aunque las enfermeras fueron solicitadas con insistencia para que escaparan y pusieran a salvo sus vidas, en ellas prevaleció de forma absoluta el sentido del deber tanto profesional como cristiano. Los milicianos comunistas irrumpieron en el recinto y comenzaron una matanza despiadada, asesinando en primer lugar al capellán del hospital que había permanecido firmemente en su puesto de servicio. Asimismo, los agresores exterminaron sin piedad a todos los heridos y también al médico que atendía el centro. Las tres crocerossinas fueron entonces apartadas y prelevadas por los milicianos con el único propósito de servir para su divertimiento. Durante toda la noche, las mujeres sufrieron violencias sexuales continuas y brutales por parte de la totalidad de los milicianos de la revolución. Aquellos abusos aberrantes se alternaron implacablemente con crueles sevicias durante las horas oscuras de la madrugada. Además, los opresores les habían ofrecido previamente la libertad a cambio de que abandonaran por completo la fe católica y aceptaran la adhesión formal al Partido Comunista, pero las crocerossinas rechazaron tajantemente semejante ofrecimiento. Al llegar la luz del nuevo día, las desventuradas mujeres fueron cargadas sobre un carro completamente pèste, ensangrentadas, totalmente desnudas y llevadas en un macabro recorrido por todo el pueblo de Pola de Somiedo. Aquel desfile denigrante tenía como único objetivo mostrar públicamente el triunfo de la llamada justicia proletaria. Entre el grupo de milicianos se encontraban tres mujeres a quienes se les encomendó la responsabilidad macabra de llevar a cabo la solución final. Las tres crocerossinas fueron colocadas firmemente contra un muro para ser fusiladas sin piedad por sus propias compajas de ideología. Justo antes de que se consumara la ejecución, las mártires suplicaron encarecidamente la presencia de un sacerdote, pero lamentablemente ya no quedaba ninguno con vida en toda la zona. A mediodía del veintiocho de octubre de 1936, tras haber soportado una larga noche de supuesta reeducación, las indefensas mujeres fueron pasadas por las armas completamente desnudas. En el instante previo a la descarga cerrada de fusilería, las tres valientes elevaron su voz para gritar con fuerza la proclamación de fe de que viviera Cristo Rey. Aquella violenta ejecución estuvo acompañada por el coro estridente de los milicianos que vociferaban consignas políticas a favor de Rusia y del comunismo. Satisfechos con su obra, los milicianos se retiraron del lugar entre risas de triunfo, abandonando los cuerpos inertes y desnudos directamente sobre la tierra. Tras transcurrir algunos días, unas manos piadosas y caritativas se encargaron de dar a las tres mujeres una digna sepultura cristiana. En la actualidad, los restos mortales de las santas mártires reposan solemnemente en el interior de la catedral de Astorga.
El reconocimiento de la Iglesia
El importante proceso eclesiástico que condujo al reconocimiento de su testimonio heroico avanzó de forma significativa cuando, en la fecha del once de junio de 2019, el Sumo Pontífice Papa Francisco autorizó formalmente a la Congregación para las Causas de los Santos para que promulgase los decretos oficiales sobre el martirio sufrido por estas tres abnegadas crocerossinas laicas. Con este acontecimiento histórico, la Iglesia elevó a los altares a estas tres mujeres, inscribiendo sus nombres en la memoria perenne de los fieles como ejemplo insigne de fidelidad evangélica.
Una vida de servicio
Las tres enfermeras voluntarias, nacidas en Astorga en el transcurso del siglo veinte, dedicaron su juventud al alivio de los necesitados. En un tiempo marcado por la dureza de la guerra civil española, estas mujeres laicas se trasladaron a las Asturias para ejercer su labor humanitaria bajo el emblema de la Cruz Roja. Su compromiso no fue meramente profesional, sino un acto de profunda entrega personal hacia quienes más sufrían a causa del conflicto bélico.
El momento culminante de su vocación llegó en el hospital de Puerto de Somiedo. A pesar de la amenaza directa que pesaba sobre ellas, tomaron la decisión consciente de no abandonar a los heridos que dependían de su atención. Esta firmeza de espíritu, que antepuso el bienestar de los pacientes a su propia seguridad, las llevó a enfrentar la captura, las sevizias y, finalmente, la muerte a manos de milicianos comunistas. En el instante de su ejecución en Pola de Somiedo, el veintiocho de octubre de mil novecientos treinta y seis, proclamaron su fe con el grito de Viva Cristo Rey. Su sacrificio, que pone de manifiesto la dignidad del servicio asistencial, fue ratificado mediante un decreto de martirio promulgado por el Papa Francisco en el año dos mil diecinueve.
Memoria y culto
La Iglesia celebra la memoria de estas tres enfermeras el veintiocho de octubre, fecha en la que dieron su testimonio supremo de amor. Como parte de los mártires de la guerra civil española, su figura es venerada especialmente por quienes se dedican al cuidado de los enfermos, profesión de la cual son consideradas patronas. Su vida, breve en años pero inmensa en virtudes, invita a los fieles a reflexionar sobre la importancia de la fidelidad a los propios compromisos, incluso en los momentos de mayor adversidad y prueba.
La proclamación de su martirio por el Papa Francisco en dos mil diecinueve ha consolidado su lugar en la historia de la santidad, recordándonos que el servicio a los débiles es un camino privilegiado para encontrar a Dios. Su legado perdura como un faro de valentía y compasión, recordándonos que la entrega por los demás, realizada en nombre de la fe, posee un valor eterno que trasciende las circunstancias históricas.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia las Beatas Mártires Españolas Enfermeras de la Cruz Roja?
Su memoria litúrgica se celebra el vigésimo octavo día de octubre.