Beati Ludovico Flores y Pedro de Zuñiga, sacerdotes religiosos, y 13 compañeros marineros
Mártires
Actualizado el 21 de julio de 2026
La vida y el testimonio
La trayectoria de estos hombres es una crónica de fe atravesada por los océanos y los continentes. Ludovico Flores, nacido en Amberes en el año mil quinientos sesenta y ocho, y Pedro de Zúñiga, nacido en Sevilla en el año mil quinientos ochenta y cinco, fueron sacerdotes que respondieron al llamado misionero con generosidad. Mientras Ludovico llegó a las Filipinas al iniciar el siglo diecisiete, Pedro ingresó en la orden agustiniana en su ciudad natal para luego emprender su labor en las Filipinas y, posteriormente, en el Japón desde el año mil seiscientos dieciocho. Junto a ellos, un grupo de valientes laicos japoneses, convertidos al cristianismo, unieron sus destinos en una misión común.
El año mil seiscientos veinte marcó un punto de inflexión decisivo cuando se embarcaron hacia el Japón en una fragata. Durante la travesía, fueron capturados por corsarios ingleses, lo que dio inicio a un periodo de dura cautividad en Firando. A pesar de los intentos de fuga y los intensos interrogatorios a los que fueron sometidos, ninguno de ellos flaqueó en su fe ni abandonó su compromiso con el anuncio del Evangelio. Su historia no es solo un relato de viajes, sino un camino espiritual que los condujo, paso a paso, hasta la ciudad de Nagasaki. Allí, en el año mil seiscientos veintidós, enfrentaron el martirio mediante el fuego, ofreciendo sus vidas como un sacrificio final de fidelidad. Su memoria permanece como un recordatorio de que la fe, cuando es vivida con autenticidad, trasciende las fronteras geográficas y las barreras del miedo, convirtiéndose en una luz que guía a las generaciones futuras.
El culto y la memoria
El reconocimiento de su martirio por parte de la Iglesia Católica es un testimonio de la importancia de su sacrificio. En el año mil ochocientos sesenta y siete, el Papa Pío Noveno procedió a su canonización, inscribiendo sus nombres en el catálogo de los santos y beatos que han dado su vida por Cristo. Este acto oficial no solo honró su memoria, sino que también consolidó su figura como intercesores para los fieles de todo el mundo. La celebración litúrgica que los recuerda cada diecinueve de agosto invita a los creyentes a reflexionar sobre la solidez de la fe frente a las persecuciones y la capacidad humana de sostenerse en la gracia divina.
Hoy, el recuerdo de San Ludovico Flores, San Pedro de Zúñiga y sus trece compañeros marineros sigue vivo en la oración de la comunidad cristiana. Su ejemplo de unidad, donde sacerdotes y laicos caminaron juntos hacia el encuentro definitivo con el Señor, resuena con particular fuerza en nuestra época. Son venerados como modelos de perseverancia y entrega, recordándonos que, independientemente de nuestra condición o lugar de origen, estamos llamados a mantener la integridad de nuestra fe. La devoción hacia estos mártires es una invitación a vivir con valentía y sobriedad, confiando siempre en la protección de Dios, incluso en los momentos de mayor tribulación.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Ludovico Flores, San Pedro de Zúñiga y compañeros?
Su memoria litúrgica se celebra el día diecinueve de agosto.
En Nagasaki en Japón, beatos mártires Ludovico Florès, sacerdote de la Orden de los Predicadores, Pedro de Zúñiga, sacerdote de la Orden de los Ermitaños de San Agustín, y trece compañeros marineros japoneses, que desembarcados en el puerto y en seguida arrestados a causa de su fe cristiana, después de varios suplicios, sufrieron todos juntos un único martirio. — Martirologio Romano