18 de julio
Beato Carlos de Dios Murias
Sacerdote de los Frailes Menores Conventuales, mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vocación religiosa
Carlos de Dios Murias nació en la ciudad argentina de Córdoba el diez de octubre de 1945. Su padre era un político en vista, además de un immobilizzatore navigato y facoltoso, el cual soñaba para su hijo una brillante carrera militar. Sin embargo, los designios providenciales para la vida del joven Carlos tomaron un rumbo bien distinto. Carlos de Dios Murias decidió desoír las expectativas familiares y optó por consagrar su vida a Dios, convirtiéndose en sacerdote y miembro de la orden de los Frailes Menores Conventuales. Su formación espiritual y su opción de vida lo llevaron a abrazar los ideales franciscanos de pobreza y servicio.
Un momento fundamental en su trayectoria ministerial aconteció el diecisiete de diciembre de 1972, fecha en la cual fue ordenado sacerdote por imposición de manos de monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja. Monseñor Angelelli se convirtió muy pronto en un auténtico padre en la fe para el joven fraile, así como en un precursore indiscutible en la defensa de los pobres. Padre Carlos se integró plenamente en el Movimento dei Sacerdoti per il Terzo Mondo, compartiendo con su obispo la firme opción preferencial por los pobres, el amor evangélico por la justicia y el valor necesario para combatir los abusos de los poderes fuertes.
La misión en El Chamical y el conflicto social
Con el propósito de llevar el consuelo y la justicia del Evangelio a las periferias más olvidadas, monseñor Angelelli envió a padre Carlos al pequeño poblado de El Chamical. En este lugar, Carlos debía affiancare un prete francese fidei donum de nombre don Gabriel Longueville, con el encargo preciso de fundar una comunidad franciscana que estuviera firmemente schierata con los campesinos contra los latifondistes explotadores. Los sin tierra de aquella región vivían en condiciones cercanas a la esclavitud, sometidos por unas pocas y explotadoras familias facoltose. Padre Carlos tomó muy en serio este mandato episcopal y se puso inmediatamente de traverso a los proyectos económicos y de dominación de los propietarios terrieri.
La colpa principal de este intenso compromiso pastoral y social fue atribuida por las autoridades civiles y militares a monseñor Angelelli. Desde el mes de marzo de 1976, el obispo se había consolidado como el más duro oppositore del general Videla. En un gesto de profunda coherencia evangélica, monseñor Angelelli rechazó de manera memorable celebrar misa en las caserme en las cuales se torturaba sistemáticamente a los dissidentes del régimen. Asimismo, se negó rotundamente a subir al estrado junto al General Presidente, fundando este rechazo en la convicción inquebrantable de que un obispo jamás podía estrechar la mano de quien oprimía a su propio pueblo.
Amenazas, persecución y martirio
Debido a su incansable labor al lado de los humildes, padre Carlos comenzó a recibir constantes amenazas y advertencias. Era convocado cada vez con mayor frecuencia a la caserma militar, donde los oficiales le rinfacciano abiertamente que la suya no era la Iglesia en la que los militares creían y con la que simpatizaban. A pesar de la gravedad de la situación y del evidente riesgo de tener que pagar de persona por su compromiso, padre Carlos continuó su misión a testa alta, sin doblarse ni dejarse intimidar demasiado. Los sectores de poder tomaron entonces la trágica decisión de eliminarlo físicamente para acallar su voz profética.
El dieciocho de julio de 1976, Carlos fue arrestado junto al misionario francés don Gabriel Longueville y fue encerrado en la base aeronáutica militar de El Chamical. Antes de ejecutarlo, a padre Carlos le fueron arrancados los ojos y cortadas las manos, como trágica y macabra testimonio de las atroces torturas sufridas durante su cautiverio. Carlos de Dios Murias murió de forma violenta en El Chamical el dieciocho de julio de 1976, sellando con su sangre su fidelidad a Cristo. Dos días después, coincidiendo con el día de su propio cumpleaños, monseñor Angelelli recibió los cuerpos sin vida de los dos religiosos.
Durante las exequias fúnebres, el obispo apuntó el dedo abiertamente contra los militares, acusándolos de manera explícita del homicidio y manifestando sentirse en parte responsable por la muerte del joven sacerdote al que había enviado a la primera línea de la misión. Tan solo quince días más tarde, el propio monseñor Angelelli fue también asesinado. Para evitar generar un nuevo mártir y ocultar la verdad de los crímenes, la muerte del obispo fue hábilmente simulada como un trágico accidente automovilístico.
El camino hacia la beatificación
Treinta y cinco años después de los hechos acaecidos, en el año 2011, se abrió formalmente una nueva inchiesta per omicidio con el fin de reconstruir con precisión la real dinámica de los sucesos y hacer justicia. En el mes de mayo de 2011, el arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, firmó la solicitud oficial para introducir la causa de canonización de padre Carlos. Bergoglio recomendó obrar con gran discreción, debido a que no todos los confratelli vescovi estaban dispuestos en aquel entonces a reconocer aquella trágica muerte como un verdadero martirio. La inchiesta diocesana comenzó oficialmente en la diócesis de La Rioja el treinta y uno de mayo de 2011, recibiendo el nulla osta por parte de la Santa Sede el veinticuatro de julio de ese mismo año, y concluyendo sus trabajos el quince de mayo de 2015.
Para enriquecer la causa, a las figuras de padre Carlos y don Gabriel se añadió la de Wenceslao Pedernera, un padre de familia que había sido brutalmente asesinado por causa de su fiel apostolato entre los contadores y campesinos. La causa del propio monseñor Angelelli fue unificada a la de los otros tres mártires una vez concluida su propia inchiesta diocesana. Entre tanto, el cardenal Bergoglio fue elegido Papa, adoptando el nombre de Francisco. El Papa Francisco, el ocho de mayo de 2018, autorizó la promulgación del decreto que abrió definitivamente la vía a la beatificación de los mártires de El Chamical, un término con el que ya eran denominados informalmente desde mucho tiempo atrás.
Como parte de la memoria histórica y eclesial, las spoglie mortali de padre Carlos y don Gabriel fueron trasladas el dieciocho de julio de 2018 a la cripta de la iglesia parroquial del Salvador en El Chamical, habiendo estado sepultadas hasta entonces en el cementerio municipal de la misma localidad. La solemne beatificación de los cuatro mártires se celebró el veint七 de abril de 2019 en el Parco Cittadino de La Rioja. La celebración litúrgica estuvo presidida por el cardenal Giovanni Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos y enviado especial del Santo Padre para tan memorable ocasión.
Su camino sacerdotal
Carlos de Dios Murias nació en la ciudad de Córdoba en el año 1945. Desde su juventud, sintió el llamado a la vida consagrada en la Orden de los Frailes Menores Conventuales. Su formación y posterior labor pastoral lo llevaron a desarrollar un ministerio marcado por la cercanía con el pueblo y un espíritu de servicio constante. El momento culminante de su consagración ocurrió el 17 de diciembre de 1972, cuando fue ordenado sacerdote por manos de monseñor Enrique Angelelli. Este acontecimiento marcó el inicio de una etapa de intensa labor pastoral en la provincia de La Rioja, donde el sacerdote volcó su energía y su fe en el acompañamiento de las comunidades más vulnerables.
Su compromiso con la realidad social lo llevó a formar parte del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Esta pertenencia no fue una mera elección política, sino una respuesta a lo que él entendía como un imperativo de su vocación sacerdotal: estar presente donde la necesidad era mayor. En el contexto convulso del siglo veinte, su labor pastoral en El Chamical y en toda la región de La Rioja se convirtió en una luz de esperanza para muchos. Carlos vivió su sacerdocio como una entrega total, rechazando la indiferencia y buscando siempre ser un instrumento de paz y fraternidad. Su vida, aunque breve en años, estuvo colmada de un sentido profundo de misión, reflejando siempre la humildad propia de su orden y la fortaleza de quien sabe en quién ha puesto su confianza.
El martirio y el reconocimiento
El dieciocho de julio de 1976, la vida del Beato Carlos de Dios Murias fue interrumpida por la violencia institucionalizada de aquel tiempo. Tras ser arrestado por fuerzas militares, fue trasladado a la base aérea de El Chamical. Allí, fue sometido a crueles torturas antes de ser asesinado, sellando con su propia sangre el testimonio de su fe. Aquella muerte, lejos de silenciar su voz, se convirtió en una semilla que, con el paso de las décadas, ha dado frutos de memoria y justicia en toda la Iglesia argentina.
El reconocimiento oficial de su martirio llegó muchas décadas después, cuando la Iglesia pudo discernir con claridad la santidad de su entrega. El veintisiete de abril de 2019, en una emotiva ceremonia celebrada en La Rioja, el Papa Francisco lo beatificó, reconociendo oficialmente que su muerte fue un acto de entrega por amor a Dios y a sus hermanos. Este acontecimiento permitió que el nombre de Carlos de Dios Murias fuera inscrito en el catálogo de los beatos, consolidando su lugar en la tradición de la Iglesia. Hoy, su memoria es un recordatorio constante de que el sacerdote es, ante todo, un servidor del Evangelio que no teme caminar hacia el sacrificio cuando la fidelidad a la verdad lo exige.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja al Beato Carlos de Dios Murias?
La memoria litúrgica del beato cae el diecisiete de julio, el día anterior a su nacimiento al Cielo.