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7 de octubre

Beato José María Fernández Martínez

Seminarista y mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y formación en las Asturias

José María Fernández Martínez vino al mundo el 9 de mayo de 1915 en Muñón Cimero, un núcleo rural situado en las cercanías de Pola de Lena, en la comunidad autónoma de las Asturias. Su infancia estuvo marcada por la ausencia materna, al quedar orfrano de madre a temprana edad, una circunstancia que templó su espíritu. Su padre ejercía como sacristán en la iglesia de la parroquia, un oficio eclesiástico que se transmitía de generación en generación, pues el padre de su padre también lo había desempeñado con anterioridad. Este arraigo familiar a la vida de la Iglesia configuró el humus espiritual en el que creció el muchacho. En sus primeros años de instrucción formal acudió al colegio de los Hermanos Maristas ubicado en Pola de Lena, donde recibió una sólida formación humana y cristiana que cimentó sus pasos futuros.

El año 1927 marcó un punto de inflexión decisivo en su juventud al cruzar los umbrales del Seminario Menor de la diócesis de Oviedo. Dicha institución formativa se encontraba albergada en el histórico monasterio de Santa María de Valdediós, un lugar propicio para el silencio, el estudio y la oración. Dentro de aquellos muros antiguos, el joven seminarista destacó enseguida por su talante abierto y bondadoso. Los compañeros y los amigos del colegio lo apreciaban entrañablemente debido a su carácter gozoso, incapaz de albergar rencores o tristezas prolongadas. Poseía una madurez espiritual notable que se manifestaba en su negativa absoluta a participar en disputas o pleitos que pudieran empañar la convivencia o dañar la caridad fraterna. En el reparto cotidiano de responsabilidades domésticas y comunitarias, a José María se le encomendó la tarea de custodiar el guardarropa del seminario, un encargo que cumplía con diligencia y esmero. Asimismo, cuando el tiempo de descanso lo permitía, demostraba destreza y entusiasmo como un buen jugador del deporte tradicional y popular conocido como el frontón.

Los umbrales de la persecución y la revolución

El clima político y social en España se deterioraba de forma acelerada, y el joven seminarista era plenamente consciente de que se avecinaban tiempos sumamente difíciles para la Iglesia católica. En varias ocasiones, José María relató a sus familiares más cercanos la hostilidad con la que debían convivir cotidianamente; les confió que, cuando los seminaristas salían a la terraza a tomar el aire, con frecuencia eran objeto de insultos amenazantes y de lanzamiento de piedras por parte de personas intolerantes. Pese a este ambiente de creciente tensión exterior, el joven avanzó en su itinerario vocacional hasta alcanzar el umbral de los estudios superiores de sagrada teología.

Fue precisamente cuando acababa de iniciar su primer año de Teologia cuando estallaron los graves acontecimientos conocidos como la revolución de las Asturias. El 5 de octubre de 1934 se desataron violentos enfrentamientos armados en las calles de Oviedo entre los grupos de mineros insurrectos y la fuerza pública. Dentro de los recintos eclesiásticos la inquietud era palpable, pero en el interior del Seminario las lecciones continuaron impartiéndose como de costumbre durante las primeras horas de la revuelta, desafiando el estruendo de los combates callejeros. Sin embargo, al alba del día 6 de octubre, tras una noche entera de fuego cruzado, las armas parecieron silenciarse momentáneamente. Esa tregua fue efímera, ya que al cabo de unas pocas horas se produjo el asalto coordinado contra el convento de San Domenico, que servía de sede al Seminario Maggiore, y contra el Palacio Vescovile de Oviedo. Ante la violencia de los ataques, los seminaristas se vieron obligados a huir despavoridos, dispersándose en diversas direcciones para salvar la vida.

El refugio, el martirio y los compañeros

En su huida, Mariano y otros siete compañeros seminaristas consiguieron hallar un escondite provisional, refugiándose primero en una cuadra y trasladándose después a la bodega de un edificio que se encontraba deshabitado. En aquel improvisado y frío refugio compartieron su suerte con un religioso domenicano, el padre Esteban Sánchez. Allí pasaron una noche completamente insonni, entregados a la oración continua y al discernimiento sobre el destino incierto que les aguardaba. En medio de la zozobra, el padre Sánchez les brindó consuelo espiritual, los bendijo e impartió a todos la absolución sacramental. Con la lucidez de quienes se saben en manos de Dios, los jóvenes hicieron el voto solemne de peregrinar unidos al santuario de la Madonna de Covadonga si lograban salir de aquel trance sanos y salvos. Para intentar pasar inadvertidos, muchos de ellos se habían cambiado de ropa, vistiendo trajes seculares por razones elementales de seguridad; no obstante, aquellos que ya habían recibido los sagrados Ordines Minores llevaban todavía la tonsura en la cabeza como signo visible de su consagración.

El aciago 7 de octubre, Gonzalo Zurro Fanjul decidió salir del escondite para comprobar si la normalidad había retornado a las calles y para buscar algo de alimento que mitigara el hambre de todos. Gonzalo logró sortear un muro, cruzar una pequeña calle y atravesar una terraza; sin embargo, en el momento en que evaluaba por dónde continuar su camino, fue interceptado por hombres armados. Los milicianos armados exigieron de inmediato que salieran los demás fuggiaschi que se ocultaban en el inmueble. Obedeciendo la orden, salieron siete de ellos, a excepción del seminarista Juan Alonso Pérez y del religioso domenicano que permanecieron en el interior. Los captores obligaron a los jóvenes a marchar a pie por algunas calles de la ciudad, mientras soportaban los insultos y abucheos de los transeúntes. Al llegar a la calle Padre Suárez, situados exactamente entre los números 23 y 25, los alinearon de manera implacable contra un gran portón de madera y procedieron a fusilarlos a sangre fría. En aquel brutal atentado, José González García resultó gravemente herido, pero milagrosamente logró salvar la vida al ser perdonado del golpe de gracia gracias a la intervención providencial de una mujer que intercedió por él asegurando que no llevaba la tonsura clerical.

La memoria, la causa y el reconocimiento eclesial

Las consecuencias humanas y materiales de la masacre dejaron una huella imborrable en la diócesis. Los restos mortales de los seis seminaristas asesinados fueron exhumados el 28 octubre 1934 de la fosa común del cimiterio del Salvatore, donde habían sido arrojados sin ceremonias. Tras décadas de silencio y de un periodo de obligado oblio, la fama de su martirio y santidad perduró tenazmente en la memoria de la Iglesia local. Con el tiempo se impulsó formalmente la causa de beatificación y canonización para reconocer oficialmente que su muerte sobrevino por odio a la fe. Dicha causa quedó integrada en un proceso más amplio titulado en honor a Ángel Cuartas Cristóbal y ocho compañeros. Este grupo incluyó a otros tres alumnos del Seminario de Oviedo que perdieron la vida durante los años de la guerra civil española: Luis Prado Garcia, alumno del segundo año de Filosofia, quien fue asesinado el 4 de septiembre 1936; Sixto Alonso Hevia, estudiante de tercer año de Filosofía, muerto el 27 de mayo 1937; y Manuel Olay Colunga, ordenado como suddiacono, que entregó su vida el 22 de septiembre 1937. Mientras que los cuerpos de Luis Prado Garcia y Sixto Alonso Hevia pudieron ser localizados y trasladados a la cripta del seminario, los restos de Manuel Olay Colunga jamás fueron hallados.

El camino jurídico y canónico hacia los altares avanzó con pasos firmes a lo largo de las décadas. El nulla osta oficial para dar inicio a la causa conjunta fue concedido el 12 de mayo 1993. Las investigaciones diocesanas en Oviedo concluyeron formalmente el 29 de noviembre 1997 y obtuvieron su validación jurídica el 24 de febrero 2012. Posteriormente, en el año 2014, el fratel Rodolfo Cosimo Meoli asumió la delicada responsabilidad de coordinar la fase romana de la causa en calidad de Postulatore Generale. Gracias a su labor, la rigurosa Positio super martyrio quedó completamente redactada y entregada a las autoridades competentes en el año 2016. El reconocimiento definitivo comenzó a tomar forma el 21 de junio 2018, fecha en la que el Congreso de los Teólogos de la Congregación de las Causas de los Santos emitió un voto unánime y favorable al martirio de los nueve seminaristas. Poco después, el 7 de novembre 2018, papa Francesco recibió en audiencia al cardenal Giovanni Angelo Becciu y autorizó la promulgación del decreto que declaraba formalmente mártires a José María Fernández Martínez y a sus compañeros de seminario. Como culmen de este largo trayecto, el rito de beatificación se celebró solemnemente el 9 de marzo 2019 en la catedral del Santo Salvatore en Oviedo, presidido por el cardenal Becciu como representante pontificio. Desde entonces, la memoria litúrgica del beato quedó establecida en el calendario eclesial, compartiendo la celebración con los mártires del siglo veinte que cada 6 de noviembre honra con devoción la Iglesia en España.

Tras las diversas vicisitudes históricas de sus restos, desde el día 19 de marzo 2013 los despojos mortales de los seminaristas reposan definitivamente en un lugar de honor dentro de la Cappella Maggiore de la actual sede del Seminario de Oviedo. Allí continúan recibiendo el afecto y la oración de las nuevas generaciones de aspirantes al sacerdocio. La muerte violenta ocurrida en Oviedo el 7 de octubre 1934 selló una existencia breve pero colmada de fidelidad, recordada perpetuamente en su patria chica de Muñón Cimero, donde su nacimiento el 9 de mayo 1915 es recordado como el inicio de una vocación consagrada sin reservas al Señor.

Preguntas frecuentes

Quando si festeggia il beato José María Fernández Martínez?

La memoria liturgica del beato José María Fernández Martínez se celebra el 6 de noviembre.