9 de febrero
Beato Leopoldo de Alpandeire Marquez Sanchez
Capuchino
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La infancia y la juventud en Alpandeire
En el año 1864 nació Francisco Tomás en Alpandeire, un pequeño pueblo situado a la extremidad de la serra de Jarestepar, a sud de Ronda, en la provincia de Málaga. Durante su infancia, el futuro fraile cuidaba y criaba ovejas y cabras, además de cultivar la tierra, desempeñando las labores propias de un pastor y campesino. Mientras realizaba estas tareas cotidianas, recitaba constantemente el rosario. Quienes lo conocieron de niño contaban que, al pronunciar las palabras de la salutación angélica, parecía que estuviera viendo y hablando realmente con Nuestra Señora. Ya desde sus primeros años, Francisco Tomás cultivó virtudes fundamentales como la generosidad y el desprendimiento de los bienes materiales. Compartía habitualmente su merienda con otros pastores más pobres que él y no dudaba en entregar sus propias zapatos a un necesitado que se los pedia. Asimismo, entregaba todo el dinero que ganaba durante la vendimia de Jerez a los pobres que encontraba en el camino de regreso a su hogar.
La llamada y el ingreso en la orden capuchina
Francisco Tomás descubrió su vocación religiosa tras escuchar la predicación de dos capuchinos en Ronda en 1894, unos actos sagrados que celebraban la beatificación del cappuccino fra' Diego José de Cádiz. A la edad de treinta y cinco años, vistió el hábito por primera vez en el convento de Sevilla, cambiando su nombre de pila por el de Leopoldo según los usos tradicionales de la Orden. El ingreso en la vida religiosa no constituyó una conversión clamorosa ni un cambio radical de trayectoria, sino más bien el acto de sublimar compromisos y actitudes que ya había cultivado durante toda su juventud. El amor ferviente hacia Dios, la oración constante, el trabajo manual, el silencio, la profunda devoción por la Virgen Santísima y la práctica de la penitencia caracterizaban ya su vida anterior en el mundo. La cruz y la pasión de Cristo se convirtieron desde aquel momento en el objeto constante de su meditacion e imitacion. El 16 de noviembre de 1900 hizo su primera profesion religiosa y, tras este paso, se dedicó al cuidado del huerto en los conventos de Sevilla, Antequera y Granada. Poco después, el 23 de noviembre de 1903, emitió los votos perpetuos en la ciudad de Granada.
El ministerio de la limosna en Granada
En el año 1914, fra' Leopoldo se trasladó de nuevo a Granada, donde permaneció de forma estable hasta el final de sus días. En esta ciudad recibió el encargo pastoral de ejercer como limosnero, convirtiendo las montañas, las valles, las vías polvorientas y las calles en el verdadero templo y claustro de su vida capuchina. El contacto diario con los hombres se transformó en su medio principal para alcanzar la santidad, a pesar de su gran sensibilidad natural para la vida contemplativa. Este trato directo con la gente le ayudaba a salir de sí mismo y a cargarse con el peso de las demás personas para comprender, ayudar, servir y amar sin reservas. Un devoto llegó a definirlo con precisión como alguien distinto pero nunca distante. Se le podía ver caminando por las calles con los pies descalzos, con la mirada constantemente dirigida hacia el cielo y el rosario firmemente sujeto entre las manos, una estampa que atraía la atención y la generosidad espontánea de los transeúntes. Cada vez que recibía una limosna, respondía rezando tres Ave María, y escuchar aquellas oraciones recitadas por su voz hacía venir los videntes escalofríos, según los testimonios recogidos por el vicepostulador.
Pruebas, persecución y últimos años
Durante la dolorosa persecución religiosa española del año 1936, fra' Leopoldo soportó con paciencia calumnias, rechazos públicos, insultos y graves amenazas contra su vida. Casi todos los días era objeto de agresiones físicas y lo tomaban a pedradas por las calles, logrando salvarse en una ocasión gracias a la intervención oportuna de varios hombres que acudieron en su defensa. Con el paso del tiempo, ya en edad avanzada, sufrió un accidente doméstico en 1953 al caerse por unas escaleras, lo que le provocó la fractura del fémur. Tras superar esta lesión, recuperó la movilidad y volvió a caminar con la ayuda constante de dos bastones. El vicepostulador de la causa, padre Alfonso Ramírez Peralbo, afirmó que gracias a estas vivencias fra' Leopoldo pudo dedicarse totalmente a Dios, quien había sido la única y verdadera pasión de toda su existencia. Su labor se distinguió porque no pertenecía a dinastías nobles, no hablaba desde cátedras o pulpitos, no brillaba por su saber académico y nunca abandonó su convento para marchar como misionero a tierras lejanas.
El tránsito a la eternidad y la fama de santidad
Fra' Leopoldo entregó su alma a Dios el 9 febbraio de 1956. Fra' Angel de León escribió un artículo titulado El día en que murió Fray Leopoldo, el cual fue publicado en la página web oficial de la beatificación. La triste noticia del fallecimiento del fraile provocó un grito colectivo de dolor que, desde cada rincón de la ciudad, confluía hacia el humilde convento donde reposaba. Millares de habitantes de Granada acudieron apresuradamente a contemplar el cuerpo sin vida del religioso. Como escribió fra' Ángel, la cripta de fra' Leopoldo continúa siendo hoy testigo silencioso del fluir constante de infinitas lágrimas de reconocimiento por parte de los fieles. Muchos hombres que han sido puestos a prueba por las dificultades de la vida narran prodigios experimentados en su propia carne o en la de sus seres queridos. La fama de santidad de fra' Leopoldo se difundió rápidamente a macchia d'olio, sin necesidad de ninguna forma de propaganda institucional. Su quincuagésimo aniversario de vida religiosa fue recordado cuando el propio fraile le comentó a un confrade que uno se hacía religioso para alejarse del mundo y terminaba incluso saliendo en los periódicos locales de la ciudad. El vicepostulador recordó que su santidad consistió en hacer cada cosa como si fuera la primera vez, imprimiendo una frescura sobrenatural a los actos cotidianos repetidos de forma monótona.
La solemne beatificación en Granada
La esperada ceremonia de beatificación de fra' Leopoldo se celebró solemnemente el domingo 12 de septiembre de 2010 en la ciudad de Granada. La sagrada celebración fue presidida por monseñor Angelo Amato, quien actuó en calidad de representante oficial de Papa Benedetto XVI, en su condición de prefecto de la Congregazione per le Cause dei Santi. Al solemne acontecimiento asistieron aproximadamente tres trazas de fieles, unos 300.000 peregrinos llegados principalmente desde el sur de España, región donde la devoción popular hacia el frate capuchino es históricamente mayor. La apertura musical del solemne acto litúrgico estuvo a cargo de la conocida cantante andaluza Rosa López, quien interpretó el Ave Maria acompañada magistralmente al piano por el músico Alfonso Berrío. La figura de fra' Leopoldo sigue brillando como un faro de espiritualidad humilde, recordándonos que la verdadera consagración se sustenta en la fidelidad diaria a los pequeños deberes del estado religioso y en la entrega incondicional al servicio de los hermanos necesitados.
Su camino de vida
Leopoldo de Alpandeire nació en la localidad malagueña de Alpandeire, comenzando desde su juventud un recorrido vital marcado por la búsqueda espiritual. Su vocación maduró con el tiempo, llevándolo a ingresar en la orden de los hermanos menores capuchinos en la ciudad de Sevilla en el año 1899. Este paso decisivo marcó el inicio de una vida consagrada a la oración y a la fraternidad. Pocos años después, en 1903, emitió sus votos perpetuos en la ciudad de Granada, reafirmando su compromiso de vivir bajo el espíritu de humildad propio de su orden.
A partir de 1914, su vida tomó un rumbo definitivo al asumir el cargo de limosnero en Granada. En esta misión, recorrió las calles de la ciudad durante muchos años, entregándose al cuidado de los pobres y necesitados con una paciencia y una caridad que pronto fueron reconocidas por todos. A pesar de los tiempos difíciles, especialmente durante la persecución religiosa de 1936, donde sufrió amenazas y agresiones físicas por causa de su fe y su condición de religioso, el Beato Leopoldo se mantuvo firme en su propósito. Su existencia fue una constante ofrenda de paz, viviendo con sencillez hasta su fallecimiento en Granada en el año 1956, dejando un legado de amor que perdura en la memoria de muchos fieles.
El reconocimiento de su santidad
La vida del Beato Leopoldo de Alpandeire ha sido acogida por la Iglesia como un testimonio de fe auténtica en medio del siglo veinte. Tras su partida de este mundo, el recuerdo de su caridad y su vida ejemplar continuó vivo, dando lugar a un proceso que culminó en su beatificación. Este importante acontecimiento tuvo lugar el 12 de septiembre de 2010 en la ciudad de Granada, siendo presidido por el Papa Benedicto XVI.
Desde aquel momento, la figura del Beato Leopoldo es venerada con gran devoción, celebrándose su memoria cada año. Su vida, sencilla y austera, sigue invitando a los creyentes a practicar la caridad sin reservas y a mantener la confianza en Dios incluso en los momentos más complejos de la historia. Su ejemplo es una luz para quienes buscan, en el silencio del servicio diario, un encuentro sincero con el Señor.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeggia el Beato Leopoldo de Alpandeire Marquez Sanchez?
Se celebra el 9 febbraio, día litúrgico en que se recuerda su tránsito a la vida eterna.
De qué es patrono el Beato Leopoldo de Alpandeire Marquez Sanchez?
Los hechos proporcionados no mencionan ningún patronato oficial atribuido al beato.