14 de enero
Beato Odorico Mattiuzzi de Pordenone
Sacerdote de los Frailes Menores
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La juventud y los inicios sacerdotales
El protagonista de esta historia es el frate francescano Odorico, cuya fecha de nacimiento estimada se sitúa alrededor del año 1285 en la localidad de Villanova di Pordenone. En edad giovanissima decidió consagrarse por completo al Señor al vestir el abito de san Francesco, iniciando un camino de profunda ascesis que le llevó a conducir una vida eremitica durante algún tiempo. Al cumplir los veinticinco años, Odorico recibe la ordenación sacerdotal en la ciudad de Udine. A pesar de sus cualidades humanas y espirituales, se distingue siempre por una profunda humildad, hasta el punto de rechazar constantemente cualquier tipo de promoción eclesiástica. Desarrolla su celo apostólico dedicándose a la actividad missionaria en diversas regiones mediterráneas, siendo recordado como un buon predicatore, si bien los detalles sobre su juventud siguen siendo escasos. En un momento determinado de su itinerario espiritual, sus superiores deciden revocarlo y es llamado de regreso a Udine.
El gran viaje hacia Oriente
En el año 1318, el padre Odorico emprende desde Venecia un extraordinario viaje que lo convertirá en uno de los más grandes misioneros y exploradores de la historia medieval. Tras cruzar el Mar Nero saliendo desde Costantinopoli, continúa su marcha de manera lenta y fatigosa por vía terrestre hasta alcanzar las costas del Golfo Persico. Desde allí se embarca nuevamente con rumbo hacia la India, logrando llegar a la localidad de Tana, situada en las cercanías de Bombay. En aquel lugar cumple un piadoso y valiente deber al buscar, encontrar y recoger los restos de cuatro frates franciscanos que habían sufrido el martirio en el año 1321. Retomando la navegación, tiene el honor de ser el primer europeo en poner pie en Indonesia. Superado este archipiélago, avanza hasta China y desembarca en el puerto de Canton, prosiguiendo su ruta hasta la meta final establecida en la gran capital del imperio, Khanbaliq.
La misión en la capital imperial
Al final del siglo dos, el insigne franciscano Giovanni da Montecorvino había logrado fundar la primera comunidad cristiana en la ciudad de Khanbaliq, que posteriormente sería conocida como Pekín. El padre Odorico llega a esta imponente metrópolis oriental en el año 1325, coronando con éxito un larguísimo viaje que le había tomado siete años completos desde su partida. Nada más poner los pies en la capital, cumple el solemne compromiso de depositar con veneración las reliquias de los frates mártires que había transportado desde la India. Una vez instalado, permanece en China durante tres años enteros, prestando su valioso servicio pastoral en una de las iglesias que había fundado previamente Giovanni da Montecorvino. Durante este período, y de acuerdo con el martirologio, ejerce su ministerio predicando incansablemente el Evangelio a los pueblos de aquella vastísima área asiática.
El regreso a Italia y el último tramo
Para emprender el camino de vuelta hacia Europa, el intrépido misionero decide atravesar las difíciles y elevadas tierras del Tíbet, registrando al final de su periplo una distancia recorrida superior a la circunferencia de la Tierra. Vuelve a ser visto en la ciudad de Venecia en el año 1330, momento en el cual las noticias sobre su persona comienzan a escasear sensiblemente. Invierte un tiempo considerable en dictar la famosa relación de su viaje, un documento que alcanza una larghissima fama en todo el continente. En el último período de su existencia terrena, transcurre sus días en el anonimato y con escasas noticias disponibles sobre su rutina. Intenta realizar un último desplazamiento para acudir ante Papa Giovanni XXII en la ciudad de Avignone, con el propósito de suplicarle que envíe nuevos missionari a China. Sin embargo, este propósito no llega a cumplirse; su físico se encuentra profundamente spossato por los años y los sufrimientos, impidiéndole completar la visita al Pontífice. El viaje se ve interrumpido abruptamente en la ciudad de Pisa debido a un grave empeoramiento de sus condiciones de salud, pues cae gravemente ammalato y emprende un retorno sumamente faticoso hacia su tierra natal en el Friuli. Durante esta dolorosa travesía de vuelta realiza una breve parada de descanso en la ciudad de Padova, antes de llegar definitivamente a Udine, donde es ingresado de urgencia en el convento de San Francesco. En este mismo recinto conventual udinese se produce su tránsito definitivo de este mundo al Padre, acaecido en la fecha señalada del 14 de enero de 1331.
La memoria y el culto del beato
Inmediatamente después de su piadoso fallecimiento, la figura del padre Odorico comienza a ser rodeada por la devoción popular, siendo venerado de forma espontánea como un insigne operador de milagros debido a los prodigios atribuidos a su intercesión. Su memoria perdura con fuerza en la Iglesia universal y particularmente en la Orden de los Frailes Menores, a la cual perteneció con fidelidad inquebrantable hasta el final de sus días. La tradición y la historia de su santidad reciben el reconocimiento eclesiástico definitivo cuando Papa Benedetto XIV sanziona oficialmente su culto en el año 1755, confiriéndole de manera formal el título de beato. En la actualidad, sus venerados restos mortales se encuentran custodiados con devoción en el interior de la iglesia udinese dedicada a la Madonna del Carmelo, donde continúan recibiendo el homenaje piadoso de los fieles que acuden a invocar su protección.
Su vida y misión
Odorico Mattiuzzi comenzó su camino espiritual siendo ordenado sacerdote en Udine a la edad de veinticinco años. Su espíritu inquieto y su vocación misionera lo llevaron a recorrer vastas regiones del mundo, partiendo desde Italia hacia destinos tan diversos como Venecia, Constantinopla y otras tierras asiáticas. Durante su extenso viaje por Asia, que ocupó más de una década de su existencia, visitó lugares como la India, Indonesia, el Tíbet y China, cumpliendo con una labor de evangelización que lo llevó a permanecer tres años en la misión establecida por Giovanni da Montecorvino en tierras chinas.
Entre los hitos más significativos de su apostolado se encuentra el rescate de las reliquias de los mártires franciscanos en Tana, un gesto que subraya su profunda veneración por quienes entregaron su vida por el anuncio de la buena nueva. A su regreso a Europa, su estancia en ciudades como Pisa y Padua le permitió compartir las experiencias vividas en sus largos años de peregrinación. La redacción de su crónica sobre el viaje a Asia constituye un documento de incalculable valor, no solo por su contenido religioso, sino por la mirada detallada que ofreció sobre la geografía y las culturas que descubrió en su misión. Finalmente, el beato Odorico concluyó su peregrinación terrenal en el convento de San Francesco en Udine, dejando un testimonio de fidelidad al carisma franciscano que continúa inspirando a los fieles hasta el día de hoy.
El culto al beato
La memoria del beato Odorico Mattiuzzi se mantiene viva a través de su reconocimiento oficial por parte de la Iglesia. En el año mil setecientos cincuenta y cinco, el Papa Benedicto catorce ratificó su culto, elevándolo a la gloria de los altares y confirmando la validez de su testimonio cristiano. Su vida, caracterizada por la humildad y la valentía ante los desafíos del camino, es celebrada con devoción, recordando su entrega absoluta a la misión encomendada.
La Iglesia conmemora su tránsito hacia el Padre el catorce de enero de cada año, fecha en la que los fieles se reúnen para honrar su recuerdo y pedir su intercesión. Su figura permanece como un faro para quienes buscan vivir la fe con sencillez y apertura hacia los demás, recordándonos que el mensaje de salvación no conoce distancias ni fronteras. Su legado no es solo el de un viajero, sino el de un sacerdote que supo ver en cada pueblo y nación una oportunidad para anunciar el amor de Dios.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia el beato Odorico Mattiuzzi de Pordenone?
Su memoria litúrgica y festividad se celebra el 14 de enero, día aniversario de su tránsito a la vida eterna.
De qué es patrono el beato Odorico Mattiuzzi de Pordenone?
Las fuentes históricas y biográficas proporcionadas no mencionan ningún patronazgo específico atribuido a su persona.
En Udine, beato Odorico Mattiuzzi de Pordenone, sacerdote de la Orden de los Menores: recorrió a lo largo y a lo ancho predicando el Evangelio las regiones de los Tártaros, de los Indios y de los Chinos por él atravesadas hasta la capital de China Kambalik y a muchos convirtió a la fe de Cristo. — Martirologio Romano