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14 de enero

San Félix de Nola

Sacerdote y mártir

San Félix de Nola

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y ministerio sacerdotal

San Félix nació en la ciudad campana de Nola durante el transcurso del tercer siglo. Su padre era un hombre originario de Siria, muy adinerado, que había decidido trasladarse desde Oriente hasta Italia para establecerse definitivamente. El santo tenía un hermano llamado Ermia, quien optó por emprender una carrera militar, mientras que Félix eligió consagrarse por entero a Cristo como presbítero. En el ejercicio de su vocación, se convirtió en el más fiel y cercano colaborador del obispo de Nola, llamado Massimo. Durante el desarrollo de la última gran persecución desatada contra los cristianos, el venerable obispo Massimo tomó la decisión de abandonar la ciudad para buscar refugio en un lugar desierto, deseando dejar a Félix al frente de la comunidad cristiana local como su futuro sucesor. A causa de esta responsabilidad, Félix fue localizado, apresado y sometido a atroces y dolorosas torturas en el interior de una lóbrega prisión.

La tradición cristiana refiere que san Félix fue liberado de aquel cautiverio de manera milagrosa gracias a la intervención de un ángel. El enviado celestial lo condujo directamente hasta el paraje desértico donde el anciano obispo Massimo se encontraba al borde de la muerte, completamente consumado por los estragos de los sufrimientos y las penurias. Al llegar junto a él, Félix logró reanimar y rifocillar al prelado extrayendo el jugo de una uva milagrosa que halló en el lugar. Acto seguido, cargó al anciano obispo sobre sus propias espaldas y lo transportó de regreso a Nola, confiándolo con esmero a los cuidados de una anciana cristiana. Cuando sobrevino una temporal suspensión de las persecuciones imperiales, el sacerdote Félix pudo retomar con normalidad su laborioso ministerio pastoral entre los fieles de su comunidad.

Sin embargo, al reanudarse con mayor virulencia la persecución contra los creyentes, Félix fue nuevamente buscado por las autoridades para ser apresado. Ante tal amenaza, el sacerdote logró escapar de la captura buscando refugio en el interior de una cisterna que se encontraba completamente disseccata. En aquel escondite subterráneo permaneció oculto durante un período de seis meses, tiempo en el cual una mujer piadosa le alimentó asiduamente sin llegar a conocer su verdadera identidad. La situación de zozobra y peligro para los cristianos cesó de forma definitiva con la promulgación de la paz de Constantinopla en el año trescientos trece. Tras el establecimiento de esta paz religiosa, san Felice pudo retornar solemnemente a Nola para reunirse con los suyos. Al producirse el fallecimiento del anciano obispo Massimo, la comunidad propuso a Félix como su sucesor natural, pero él optó por renunciar a dicho honor en favor de otro sacerdote llamado Quinto. Asimismo, renunció voluntariamente a recuperar los bienes personales que le habían sido confiscados durante el tiempo de las persecuciones, prefiriendo transcurrir el resto de sus días terrenales inmerso en la más absoluta pobreza y dedicado al trabajo cotidiano.

La muerte y la veneración como mártir

No se conoce con absoluta certeza el año exacto en el que ocurrió el tránsito terrenal de san Felice. Algunos datos de la tradición sugieren que su fallecimiento pudo acaecer bajo el mandato del emperador Valeriano en el año doscientos cincuenta y ocho. No obstante, los estudios históricos indican que es altamente probable que tanto Felice como el obispo Massimo murieran con posterioridad a la paz de Constantinopla, es decir, más allá del año trescientos trece, puesto que sobrevivieron a las grandes persecuciones y no sufrieron la muerte violenta en el momento de los edictos. La muerte de San Felice se halla formalmente colocada en torno al catorce de enero del año trescientos trece. A pesar de no haber entregado su vida mediante una ejecución cruenta en el martirio, san Felice ha sido venerado de manera constante e ininterrumpida como mártir por los fieles. Esto se debe a que soportó crueles sufrimientos físicos, persecuciones implacables y su vida fue preservada mediante repetidas intervenciones de índole milagrosa, siendo recordado como un invicto confesor de la fe hasta su avanzada vejez.

El culto en torno a su figura trascendió notablemente los límites geográficos de la zona nolana, difundiéndose con fuerza también en la ciudad de Roma en Pincis. Con el transcurso del tiempo, la gran popularidad del nombre Felice en la antigua hagiografía cristiana generó que este santo fuera confundido en ocasiones con otros personajes homónimos. A ello se sumó la presencia de un presunto protovescopo de Nola llamado igualmente Felice, cuya memoria se celebraba el quince de noviembre, lo cual complicó inicialmente la identificación precisa de los personajes. Sin embargo, la investigación histórica y litúrgica confirma de manera indubitable que el verdadero san Felice, prete y mártir de Nola, es el célebre pastor celebrado liturgicamente el catorce de enero. Su sepulcro primitivo, ubicado en la zona de las catacumbas, era conocido con el solemne apelativo de Ara Veritatis, debido a la creencia extendida entre el pueblo de que poseía una eficacia prodigiosa para asegurar el triunfo de la verdad y para castigar severamente a los falsos juramentados y spergiuri.

El complejo monumental de Cimitile y la obra de san Paolino

A unos seis kilómetros de distancia de Nola, en la localidad de Cimitile, se alza uno de los conjuntos monumentales paleocristianos más relevantes de todo el Mezzogiorno de Italia. Hasta el segundo siglo de nuestra era, en aquel lugar existía una extensa necropoli pagana utilizada por los gentiles de Nola. Los primeros cristianos de la región comenzaron a sepultar a sus difuntos en las proximidades de dicha necrópolis dentro de un espacio denominado cimeterium, término litúrgico y popular que constituyó el origen etimológico del actual topónimo de Cimitile. En un momento posterior, los habitantes de Nola decidieron depositar en este recinto sagrado las veneradas spoglie del sacerdote san Felice. La extraordinaria fama de los milagros que comenzaron a verificarse de manera continuada sobre la tumba del santo convirtió rápidamente a la localidad en una concurrida y célebre meta de peregrinación para los fieles procedentes de diversas regiones.

Todo lo que la historia conoce en la actualidad acerca de la vida, las virtudes y los milagros de san Felice ha sido transmitido principalmente por la pluma del santo obispo Paolino. San Paolino ya era profundamente devoto de san Felice antes incluso de establecerse definitivamente en la región. El santo obispo era originario de Burdeos y se instaló de forma permanente en Cimitile en el año trescientos noventa y cuatro, impulsando de manera decisiva el crecimiento espiritual y arquitectónico del lugar. Paolino dedicó a san Felice un total de catorce composiciones poéticas conocidas tradicionalmente como carmi natalizi o carmina natalizia. Estos carmina natalizia fueron redactados de manera sistemática entre los años tres95 y 409, coincidiendo rigurosamente con la ricorrenza del dies natalis y la festividad litúrgica del santo celebrada el catorce de enero. El relato poético elaborado por san Paolino representa el documento histórico más antiguo sobre la existencia de san Felice y constituye la primera formulación escrita de la rica tradición oral transmitida en la zona de Nola.

La presencia de san Paolino transformó profundamente el área sagrada. Ya en el cuarto siglo existían diversas basilicas en el recinto, las cuales llegaron a ser un total de seis en épocas posteriores. Estos edificios religiosos se caracterizan por estar estrechamente adyacentes entre sí, encontrándose algunos de ellos incluso superpuestos. El origen de estos espacios de culto y oración se vincula estrechamente a la fundación de un monasterium mandado construir por el propio san Paolino. En torno a este monasterio se congregaron numerosos amigos y discípulos del santo obispo, quienes llevaron una rigurosa vida fundamentada en el trabajo manual y en la oración constante, anticipando de este modo en un siglo entero la posterior Regla monástica de san Benito. Posteriormente, san Paolino fue consagrado como obispo de Nola en el año cuatrocientos nueve. Antes de esto, entre el año cuatrocientos y el cuatrocientos tres, Paolino abandonó el monasterio original, procedió a ampliar considerablemente el cementerio colindante y mandó erigir la magnífica Basilica Nuova.

Esta Basilica Nuova fue posteriormente englobada durante el siglo dieciséis en el interior de la gran Basilica di San Giovanni, aunque originalmente comunicaba mediante un característico paso dotado de una triplice arcada con la emblemática basílica de San Felice en Pincis. La basílica de San Felice en Pincis destaca netamente por ser la más importante de las siete construcciones que componen el complejo monumental. Fue edificada originariamente durante el cuarto siglo sobre los vestigios de la antigua necropoli de los gentiles nolanos, y en su interior custodia con celo el venerado sepolcro del prete martire san Felice. El sepulcro del santo se encuentra resguardado dentro de un arca formada por una pequeña celda en la cual fueron depositados asimismo los restos mortales de otros dos obispos locales. Esta pequeña construcción adquirió la forma arquitectónica de un martyrium, provisto de una abertura especial que servía como pasaje directo para los fieles devotos. A través de ella, los peregrinos introducían diversos ungüentos que consideraban milagrosos y dotados de virtudes protectoras contra las enfermedades, los cuales adquirían tal poder tras entrar en contacto físico con el cuerpo y la tumba del santo.

El monumento sepulcral está inserto en el interior de una edícula de gran valor artístico, sostenida por columnas y decorada con un magnífico mosaico datado en el quinto siglo, encontrándose todo el conjunto arquitectónico engarzado dentro de la más amplia basílica. Aquel primitivo sepulcro-altar, que en sus orígenes se presentaba como un espacio sumamente pequeño y pobre, se convirtió milagrosamente en la fuente generadora de vastos y espaciosos edificios sagrados, permaneciendo hasta hoy como una preciosa gemma incastonada en el corazón de cinco basílicas. Los tejados de estos templos, contemplados desde la lejanía, ofrecen la majestuosa imagen visual de una gran ciudad sagrada, cuya singular disposición arquitectónica fue minuciosamente descrita por san Paolino en su carme número dieciocho. A todo este rico patrimonio histórico se añadió, en el año mil setecientos ochenta y nueve, la construcción de la iglesia parroquial, situada en una posición elevada sobre el mismo sitio arqueológico y consagrada igualmente bajo la advocación de San Felice en Pincis.

Patronazgo y celebraciones litúrgicas

San Félix es reconocido con devoción como el santo patrono de la localidad de Cimitile, donde su memoria sigue viva a través de arraigadas tradiciones comunitarias. Los fieles honran la memoria de su protector mediante la celebración anual de dos solemnes festividades acompañadas de tradicionales procesiones por las calles del territorio. Las celebraciones litúrgicas y populares en su honor inician formalmente el día cinco de enero y se completan solemnemente el catorce de enero, jornada que constituye la fiesta litúrgica principal dedicada al santo. Durante estos festejos, la primera de las procesiones parte desde el antiquísimo sepolcro situado en el área de las basílicas paleocristianas y culmina su recorrido en el interior de la iglesia parroquial de San Felice en Pincis. La segunda de las procesiones recorre devotamente las calles del pueblo de Cimitile, congregando a numerosos habitantes y peregrinos que participan en los actos de fe comunitaria.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia San Félix de Nola?

La fiesta litúrgica de San Félix de Nola se celebra el 14 de enero, con celebraciones y festividades que se desarrollan del 5 al 14 de enero.

Di cosa es patrono San Félix de Nola?

San Félix es el santo patrono de Cimitile y es invocado tradicionalmente contra los spergiuri y para el triunfo de la verdad.

En Nola, en Campania, san Félix, sacerdote, que, como refiere san Paulino, durante el imperar de las persecuciones, padeció en cárcel atroces torturas y, una vez restablecida la paz, hizo retorno entre los suyos, retirándose en pobreza hasta avanzada vejez, invicto confesor de la fe. — Martirologio Romano