21 de mayo
Beato Paul Favre-Miville
Religioso trapense, mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
De los campos de Francia a las responsabilidades civiles
Paul Favre-Miville nació en la localidad de Vinzier, situada en el territorio de la Alta Savoia, en Francia, el día 17 de abril de 1939. Era el tercero de una familia compuesta por cuatro hermanos. Su padre ejercía el oficio de fabbro y maniscalco, mientras que su madre se ocupaba de la gestión de una tabaccheria local. Cuando cumplió quince años, Paul tomó la decisión de interrumpir sus estudios regulares para comenzar a trabajar codo a codo con su padre en el taller. A la edad de veinte años, su camino se cruzó con las obligaciones militares y partió hacia Argelia para cumplir con el servicio militar, desempeñándose allí como sottotenente paracadutista. Una vez concluido este periodo y de regreso en su tierra, en el pueblo de Bonnevaux, decidió ampliar sus competencias profesionales siguiendo los cursos necesarios para convertirse en idraulico termotecnico. Su espíritu de servicio a la comunidad se manifestó también en su participación activa en la sociedad civil. Asumió el cargo de consigliere municipale y posteriormente el de vicesindaco dentro de la administración de su localidad. Además, demostró su generosidad y sentido del deber al prestar servicio como pompiere volontario durante veinte años. Su fe profunda y su amor por la Iglesia lo llevaron a formar parte del coro de la parroquia como cantore y a colaborar temporalmente en la Cité Saint-Pierre, una estructura ligada al Santuario de Lourdes. Asimismo, manifestó su inquietud social adhiriéndose a la Gioventù Agricola Cristiana.
La llamada a la vida monástica y el envío a Argelia
Cuando se encontraba en su cuadragésimo cuarto o cuadragésimo quinto año de vida, Paul sintió una fuerte inclinación interior hacia la vida contemplativa. Respondiendo a esta llamada espiritual, el día 20 de agosto de 1984 se presentó y llamó a la puerta de la abbazia de los monaci Cistercensi della Stretta Osservanza situada en Tamié. Pocos meses después, el 24 de diciembre de 1984, dio comienzo formal a su periodo de noviziato entre los monjes trappisti, consagrando su existencia a la oración y al trabajo según la regla benedictina. Transcurridos cinco años desde su ingreso, formuló la petición para ser enviado al monasterio de Nostra Signora dell'Atlante, ubicado en Tibhirine, solicitud que le fue concedida. El motivo principal que impulsaba sus pasos era el deseo firme de mantener viva en Argelia una presencia cristiana significativa, testimoniando la realidad viva del cuerpo de Cristo a través de la sencillez de la vida cotidiana. Ya en el monasterio africano, puso en práctica los conocimientos adquiridos en su juventud y asumió la responsabilidad del sistema de riego del huerto monástico. Con gran esmero, supo aprovechar al máximo las reservas hídricas disponibles, no solo para el beneficio de sus hermanos de comunidad, sino también para ayudar a cuatro padres de familia que colaboraban habitualmente en las labores agrícolas. Su pericia técnica era tal que se ganó una notable fama en todo el circondario debido a sus sabios consejos. Aunque no dominaba el idioma árabe, lograba hacerse comprender sin dificultad mediante gestos elocuentes y la realización constante de acciones buenas y caritativas. Poseía un carácter eminentemente alegre y servicial, evitaba las discusiones estériles y prefería compartir únicamente alguna palabra dotada de humor para distender los ánimos en medio de la situación difícil que atravesaba el país.
La sombra de la violencia y el discernimiento comunitario
La pacífica vida de oración que llevaban los monjes se vio profundamente turbada por el progresivo y alarmante multiplicar de agresiones y homicidios en la región. Un episodio especialmente sombrío ocurrió el 14 de diciembre de 1993, cuando en la localidad de Tamesguida fueron sgozzati doce ciudadanos croatas de fe cristiana. Los monjes del monasterio conocían bien a aquellas personas porque acudían habitualmente a ellos para celebrar las festividades de la Pascua. Este sangriento hecho se produjo apenas dos semanas después de que el autodenominado Grupo Islamico Armato hubiera lanzado un ultimátum imperativo que exigía la marcha inmediata de todos los extranjeros bajo amenaza de muerte. En aquel clima de tensión extrema, la noche del 24 de diciembre de 1993, un grupo de hombres armados se presentó con decisión a las puertas del monasterio exigiendo hablar con el superior. Fratel Paul fue quien abrió la puerta y se encargó de ir a buscar al padre Christian de Chergé. Al frente del pequeño comando armado se encontraba un hombre llamado Sayah Attiyah. Las peticiones formuladas por los asaltantes incluían exigencias de dinero, la entrega de medicinas y la asistencia médica para sus enfermos por parte del doctor fratel Luc Dochier. El prior, con prudencia y firmeza, no aceptó todas las condiciones impuestas, pero les ofreció libre acceso al dispensario del monasterio. Además, en aquel encuentro, el prior recordó a los hombres armados que estaban a punto de celebrar la sagrada noche del nacimiento de Jesús. Finalmente, los atacantes optaron por retirarse, no sin antes exigir una palabra de clave y proferir graves amenazas de regresar. Tras estos acontecimientos, la comunidad monástica inició un intenso proceso de discernimiento comunitario y personal sobre la difícil opción de permanecer en Argelia. Fratel Paul expresó claramente su convicción de que aquella dura prueba los transformaría haciéndoles transitar por las fronteras del martirio y de la esperanza. Guiado por esta entrega, en febrero de 1995 redactó una profunda reflexión personal acerca del límite que no se debía cruzar para evitar salvar la propia piel a costa de perder la vida. En un momento dado, regresó de manera temporal a Francia con el fin de prestar asistencia a su madre que se encontraba gravemente enferma. Una vez cumplido este deber familiar, volvió al monasterio de Tibhirine el 26 marzo de 1996, trayendo consigo plantas de faggio y algunas vanghe de recambio para el trabajo de la tierra.
El secuestro y el trágico epílogo
El destino definitivo de la comunidad se cumplió durante la noche comprendida entre el 26 y el 27 de marzo de 1996, cuando fratel Paul fue secuestrado junto a otros cinco monjes de la comunidad y al padre Bruno Lemarchand. Este último se encontraba de paso en el monasterio, habiendo llegado desde la comunidad de Fès para participar en la elección del nuevo prior. De aquel asalto nocturno se salvaron providencialmente el padre Amedée Noto, el padre Jean-Pierre Schumacher y un huésped que se encontraba alojado en el monasterio. Transcurrido un mes exacto desde el secuestro, el grupo armado difundió un comunicado asegurando que los rehenes aún se encontraban con vida, pero lanzando al mismo tiempo la amenaza de cortarles la garganta si las autoridades no liberaban a varios terroristas presos. La incertidumbre y la angustia internacional aumentaron cuando, el 30 de abril, se entregó a la embajada francesa en Algeri una audiocassetta que contenía las voces de los siete monjes secuestrados. El desenlace fatal se conoció de manera oficial el 23 mayo mediante un comunicado fechado el día 21 de mayo, en el cual se informó que a los religiosos les había sido cortada la garganta. Pocos días después, el 30 de mayo, los restos mortales de los monjes fueron hallados trágicamente en el ciglio de la strada que conduce a Médéa. En aquel macabro descubrimiento, solo las cabezas de los religiosos pudieron ser recuperadas, mientras que el resto de sus cuerpos permaneció inhallable. Las solenes esequie de los siete monjes se celebraron el 2 de junio de 1996 en el interior de la basilica de Nostra Signora d'Africa en la ciudad de Argel. Dichos funerales se desarrollaron conjuntamente con los del cardenal Léon-Étienne Duval, arzobispo emérito de Argel, quien había fallecido recientemente por causas naturales. Posteriormente, los restos mortales de fratel Paul y de sus queridos confratelli fueron trasladados y sepultados definitivamente en el cimitero monastico situado en el propio recinto de Tibhirine.
La causa de beatificación y la memoria litúrgica
El testimonio supremo de los siete trappisti de Tibhirine fue incluido en una amplia causa de canonización que comprendía en total a diecinueve candidatos a los altares. Todos estos candidatos compartían la condición de ser religiosos que habían sufrido el martirio a manos de la violencia desatada durante el dramático periodo conocido históricamente como los años neros en Argelia, abarcando las muertes acaecidas entre 1994 y 1996. Para avanzar en el proceso de reconocimiento eclesiástico, la inchiesta diocesana correspondiente se llevó a cabo en la ciudad de Argel desde el 5 de octubre de 2007 hasta el mes de julio de 2012. Los pasos formales culminaron de manera definitiva el 26 de enero de 2018, fecha en la cual el Papa Francisco autorizó formalmente la promulgación del decreto que reconocía oficialmente el martirio de los diecinueve religiosos. La ceremonia de beatificación de todo el grupo se celebró solemnemente el 8 de diciembre de 2018 en el santuario de Nostra Signora di Santa Cruz, situado en la ciudad de Orán. Aquella memorable celebración estuvo presidida por el cardenal Angelo Becciu, quien actuó en calidad de enviado especial del Santo Padre como Prefetto de la Congregazione delle Cause dei Santi. Dentro del calendario eclesiástico, la memoria liturgica establecida para honrar a todo este grupo de mártires, incluyendo por supuesto a los siete monjes trappisti, se celebra cada año el día 8 de mayo. D esta fecha fue elegida con profundo significado porque corresponde precisamente a la nascita al Cielo de los dos primeros religiosos del grupo que fueron asesinados, concretamente fratel Henri Vergès y suor Paul-Hélène Saint-Raymond. Así, la Iglesia recuerda perennemente la entrega generosa del Beato Paul Favre-Miville, nacido en Francia el 17 de abril de 1939 y entregado al martirio en Médéa, Argelia, el 21 de mayo de 1996, sellando con su sangre una vida consagrada a la oración, al trabajo y a la fraternidad evangélica.
Su camino hacia la clausura
Paul Favre-Miville nació en el seno de una familia francesa en Vinzier, durante el siglo veinte. Su relación con Argelia comenzó mucho antes de su vida monástica, cuando prestó servicio militar en aquel territorio bajo el grado de subteniente paracaidista. Esta experiencia temprana dejó una huella en su corazón que, años más tarde, le permitiría regresar a aquellas tierras no como un militar, sino como un hombre de paz.
En el año mil novecientos ochenta y cuatro, respondió al llamado del Señor ingresando en la abadía cisterciense de Tamié, tras un periodo previo de formación en Bonnevaux. Su vocación trapense se caracterizó por la sencillez, el trabajo manual y la oración constante. El espíritu de la orden cisterciense, centrado en la búsqueda de Dios a través de la liturgia y la comunidad, moldeó su carácter, preparándolo para el desafío que el destino le tenía reservado en el norte de África.
En el año mil novecientos ochenta y nueve, el beato Paul tomó la decisión de trasladarse al monasterio de Tibhirine, en Argelia. Aquella comunidad, inmersa en una realidad social compleja, se convirtió en su hogar definitivo. Allí, junto a sus hermanos de hábito, vivió con entrega absoluta, compartiendo la vida cotidiana con los habitantes del lugar y manteniendo la luz de la oración encendida incluso cuando las sombras de la inestabilidad política comenzaban a cubrir la región. Su presencia en Tibhirine fue un signo de esperanza y un puente de diálogo entre culturas y credos, demostrando que la vida monástica no es una huida del mundo, sino una forma profunda de estar presente en él a través del amor.
El testimonio del martirio
La vida del beato Paul Favre-Miville alcanzó su plenitud en la entrega total de su existencia. En el año mil novecientos noventa y seis, el monasterio de Tibhirine sufrió el asedio de la violencia cuando el Gruppo Islamico Armato perpetró el secuestro de los monjes. Paul, junto a sus hermanos, permaneció fiel a su vocación hasta el último instante.
El veintiuno de mayo de mil novecientos noventa y seis, su vida terrenal llegó a su fin al ser asesinado por sus captores en Médéa, Argelia. Este acto de violencia no pudo apagar el testimonio de fe que él y sus hermanos habían cultivado durante años. Su muerte, lejos de ser un final, se convirtió en una semilla de reconciliación y en un ejemplo de valentía cristiana para la Iglesia universal.
El reconocimiento de su martirio por parte de la Iglesia, ratificado por el Papa Francisco el ocho de diciembre de dos mil dieciocho, confirma que su sacrificio fue una ofrenda agradable a Dios. Hoy, su memoria nos invita a reflexionar sobre la importancia de la fidelidad a los compromisos asumidos ante el altar, incluso en las circunstancias más adversas. Su recuerdo sigue vivo en la oración de los fieles, recordándonos que el amor es más fuerte que cualquier forma de odio o persecución.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia la memoria liturgica del Beato Paul Favre-Miville?
Su memoria liturgica se celebra el 8 de mayo, fecha que coincide con la nacencia al Cielo de los primeros religiosos del grupo martirial.
Cuales son las fechas clave del nacimiento y la muerte del Beato Paul Favre-Miville?
Nació en Vinzier, en la Alta Savoia francesa, el 17 de abril de 1939 y falleció martirizado en Argelia el 21 de mayo de 1996.